¿Qué es ser mujer?

¿Qué es ser mujer?

 

Esta es la pregunta que las actuales responsables del Ministerio de Igualdad no saben responder. La pregunta que queda siempre en el aire, y sin embargo su respuesta es sencillísima, y hasta hace nada cualquiera la sabía. Cualquiera que no esté dentro de la secta queer.

Hasta finales del siglo XX qué es ser mujer, más allá de las consideraciones sociológicas y culturales, y de la manoseada cita de Simone de Beauvoir, era ser la hembra de la especie humana. Y en consonancia con ello ser hombre era ser el macho de esa especie.

Esta simple definición se basaba en lo que la biología, la genética, la embriología, la endocrinología y cualquier área que usase el método científico concluía que ser macho o hembra de la especie humana era una evidencia basada en aspectos observables, medibles y cuantificables, incluidas las alteraciones que se pudiesen dar en el proceso embriológico.

Hasta la Real Academia Española lo tiene claro. Mujer, del latín mulier, -ēris es la persona del sexo femenino. ¡Del sexo! No del género, ni del sentimiento, ni de me visto de…, ni de me pongo el pronombre que me sale del… Nada de eso. Mujer: sexo femenino. Punto.

Hasta finales del siglo XX qué es ser mujer, más allá de las consideraciones sociológicas y culturales, y de la manoseada cita de Simone de Beauvoir, era ser la hembra de la especie humana.

En la psicología diferencial y de la personalidad este asunto de qué es ser mujer u hombre también había ocupado el interés desde su inicio como ciencia diferenciada de la filosofía o la medicina, especialmente en lo referente a cómo se manifiesta esa diferencia en actitudes, intereses personales y comportamientos. Y para conocer esas diferencias, si es que las había, se elaboraron escalas que identificasen qué era ser mujer y qué ser hombre, y qué aspectos les hacía diferentes o eran coincidentes.

Así, en los tests de personalidad se incluyeron escalas que medían el grado de masculinidad y feminidad (escalas MF) de los sujetos a los que se les aplicaba; entendiendo que esas escalas eran un continuo de más masculino a más femenino, y por medio estaban “los matices”.

Un clásico de estas escalas MF es el Inventario Multifásico de Personalidad de Minnesota (MMPI, en siglas inglesas). Este test, de 1942, se creó para valorar aquellos rasgos que indicaban “anormalidad psicológica inutilizadora” (Hathaway y MacKinley, 1967).

Las preguntas de la escala MF eran sobre trabajos, hobbies, libros, etc. Puntuaban (+) las altas en M y (-) las altas en F. También existían neutras (0), que no puntuaban. Una puntuación alta en M era si tenías opiniones del tipo “la mujer no puede ser inteligente”. A la inversa, creencias igualitarias, preocupación por los demás, interés por la poesía o el arte equivalían a puntuaciones altas en F. Lo que equivalía a considerar como femenino la idea de la igualdad social de los sexos, la dedicación artística o los cuidados personales.

La masculinidad también se asociaba a ser racional, dominante, y poco emocional, salvo el enfado agresivo. Y una alta feminidad se daba si se mostraba sumisión, apego a la casa, pudor, etc. Lo que viene siendo un hombre con todos sus atributos y una mujer de su casa.

Con el tiempo y los cambios sociales estas escalas se mostraron como lo que eran: sexistas y sin ninguna base que no estuviera sustentada por los prejuicios sociales de qué roles, sentimientos y actividades son los adecuados a cada sexo. En definitiva, las descripciones de la escala de MF reproducían el modelo social de los roles de género y aseguraban que mediante el uso de un test de diagnóstico clínico se podría detectar a “los invertidos” para su tratamiento. Así, se llegaba a un modelo de salud mental donde el sexo biológico, el psicológico,  los roles y el deseo heterosexual (el único admisible como saludable) estaba en orden o mostraban una sospecha de desviación. Se hacía con todo ello totum revolutum donde lo biológico, lo identitario y lo social debían estar alineados y en armonía.

Este tipo de escalas MF han mostrado tan poca consistencia interna como validez de constructo que nadie que se precie en la profesión las usa a día de hoy, ni les da la más mínima credibilidad, quedando como una curiosidad histórica y para estudio de los filósofos de la ciencia.

Pero todo hecho social se repite, y en este caso, en palabras de Marx, “como una miserable farsa”. Y la farsa aparece de la mano de la teoría queer, que estableciendo que se es lo que se desea ser y el sexo es preformativo y lo que cuenta es el género sentido, la escala MF revive aunque sea con otra acepción: la del espectro sexual.

Si ante la realidad biológica del sexo binario, la psicológica de la identidad sexual y la social de la masculinidad y feminidad por los prejuicios asociados del género asignados al sexo, en donde todo debía ser masculino o femenino para ser “sano”, sin matices, y si los había -la homosexualidad- eran patológicos, aparece el espectro sexual que queriendo invalidar el binarismo convierte a la orientación homosexual en una patología en la que aquélla es el síntoma de una persona atrapada en un cuerpo que no le corresponde; de modo que si queremos que esa persona viva de verdad su orientación sexual hay que reajustar ese cuerpo, porque ya no eres un gay, sino una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre al que le gustan los hombres. Y a la inversa, no eres una mujer a la que le gustan las mujeres, sino una mujer encerrada en el cuerpo de un hombre.

Y si lo “gracioso” de la escala MF era que la homosexualidad masculina se convertía en la validación de la feminidad de las mujeres, donde si no eres “macho-macho” y te deslizas hacia lo “femenino”, eres un afeminado, el ser gay era una forma de ser mujer, por lo que sería “lógico” que si eres gay sigas en ese proceso de aceptación y llegues a ser una “mujer completa” dirían hoy los teóricos de lo queer; y así se justifica que te hormones, operes y mutiles hasta que tu cuerpo -de hombre o de mujer- se adecue al que ese estereotipo de género dice que es.

Si entre los años 40 a 70 y aún más tarde, los psicólogos proponían terapias de conversión para los casos de homosexualidad, en el inicio de siglo XXI los defensores de la diversidad proponen lo mismo pero por otros métodos: cirugía y hormonación. Lo que ven como aberrante en la terapia de conversión -y lo es-, lo consideran como lo más normal del mundo si el que se hormona es un menor, se le mutila el pecho o los genitales. Todo muy lógico.

A tal punto llega este desvarío que hasta en unas jornadas pretendidamente científicas de divulgación bajo el título de Desgranando Ciencia en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Granada los días 21 a 23 de noviembre de 2019, Mario Peláez-Fernández, presentado como Sassy Science, en su ponencia «Cómo a taconazos se puede cambiar (un poco) el mundo» presentaba junto a una serie de mujeres científicas ignoradas históricamente (Hedy Lamarr, Rosalind Franklin, Lise Meitner, Jocelyn Bell, Katherine Johnson) la foto de Alan Turing. Y lo explicaba así: “porque como decía la Jedet, todas somos reinas” (minuto 05:18). Y si lo dice Jedet, el pensador occidental más profundo desde la muerte de Bertrand Russell, qué podemos decir los demás.

https://www.youtube.com/watch?v=tfF5s-R0X0g

Así que ya lo sabéis: ser gay te convierte en una “reina”. Ser gay es ser una mujer –un afeminado dirían en la escala MF-, pues este es el nivel de la “divulgación científica con tacones” en una facultad de ciencias de una universidad pública, y avalada por una organización que presume de escepticismo.

Casi cincuenta años después de que las escalas MF quedasen archivadas en el baúl de la psicología reviven gracias al espectro sexual.

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COMENTARIOS

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    Osvaldo Buscaya 1 semana

    “Advierto que, Facebook me imputa que mis comentarios infringen sus Normas comunitarias, restringiendo mis publicaciones, no obstante publicar, el suscripto, consideraciones sobre reales situaciones”.
    a) {Esta es la pregunta que las actuales responsables del Ministerio de Igualdad no saben responder. La pregunta que queda siempre en el aire, y sin embargo su respuesta es sencillísima, y hasta hace nada cualquiera la sabía. Cualquiera que no esté dentro de la secta queer.}
    Pues, en la globalización, el transexual ecuménico perverso patriarcado con su poder cultural y educativo, hoy, impone un destino artificial; la transexualidad en oposición al juego anterior de la diferencia sexual; el juego de la indiferencia sexual. Es el “leitmotiv” de la liberación, que hace reposar sobre el artificio de cambiar de sexo, el juego de la indumentaria, lo gestual; lo característico de los travestis.
    b) {Así que ya lo sabéis: ser gay te convierte en una “reina”. Ser gay es ser una mujer –un afeminado dirían en la escala MF-, pues este es el nivel de la “divulgación científica con tacones” en una facultad de ciencias de una universidad pública, y avalada por una organización que presume de escepticismo.
    Pues, en todos los casos, operación quirúrgica, signo u órgano, estamos ante prótesis que impulsa el transexual ecuménico perverso patriarcado como destino; modelo lógico seductor de la transexualidad. Así, seremos todos transexuales, en potencia, al androide con sus variantes andróginas, pues precisamente para el perverso ecuménico patriarcado lo transexual y la transpolítica coinciden en la misma diferencia irónica para eliminar la batalla del feminismo (la mujer) inimaginable hace pocos años, llevándonos a la cultura, a la educación sexual, a la política al lado del travestido.
    Mi Femeninologia *Ciencia de lo femenino es la serie de configuraciones que con mi conciencia voy recorriendo constituyendo, más bien, la historia que desarrollo en la formación de mi conceptualización. Es decir, una suerte de escepticismo consumado, que en realidad sería, el propósito de no rendirme, a la autoridad de los pensamientos de otro, sino de examinarlo todo por mí mismo ajustándome a mi propia convicción; o mejor aún, producirlo todo por mí mismo y considerar como verdadero tan solo lo que yo hago.
    Hoy, como ese infante entre los 4 a 5 años adaptando mi pensar en la realidad, interpretando mi actividad onírica.
    El sentido y la verdad del feminismo (la mujer) es absolutamente la derrota del varón; perverso irresoluble y ambiguo sexual.
    Correspondería que, quienes se adjudican representar el psicoanálisis en el orden mundial y
    local, evaluar el proceso iniciado al comienzo del año 2020 en el programa del poder global del patriarcado sobre la masa planetaria en el Siglo XXI.
    Buenos Aires
    Argentina
    16 de noviembre de 2021
    Osvaldo V. Buscaya (OBya)
    Psicoanalítico (Freud)
    Femeninologia *Ciencia de lo femenino

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