¿Por qué NO nos deprimimos? (I)

¿Por qué NO nos deprimimos? (I)

 

La pregunta no es insustancial pues, en efecto, andamos sobradas de motivos para la depresión.

Después de llevar años aguantando gobiernos reaccionarios y misóginos contra los que hemos peleado, no solo para obtener nuevos derechos sino para no perder algunos de los ya conseguidos, teníamos puestas muchas esperanzas en este gobierno de izquierdas.

Hoy, casi dos años más tarde, nos sentimos decepcionadas, traicionadas, tristes. Y no es porque fuésemos ilusas y esperásemos que el gobierno obrara milagros. Sabemos que el patriarcado lo impregna todo, que es urdimbre básica de la sociedad y que, por lo tanto, no resulta posible desmontarlo de la noche a la mañana. Sabemos -porque el feminismo acumula trescientos años de experiencia en ello- que combatirlo, debilitarlo, ganarle terreno, no es fácil. Sabemos que no basta con unas cuantas disposiciones por contundentes y ajustadas que sean… Pero, precisamente porque sabemos lo anterior, también sabemos que hay que presentar batalla continua y desde todos los ángulos y en todos los campos, con tesón y contundencia.

Pero el Ministerio de Igualdad vive obsesionado y obcecado por la ley trans. Es el único asunto para el que no escatima esfuerzos, al que constantemente promociona de todas las formas posibles: con actos institucionales, con declaraciones, eventos, propaganda…

el Ministerio de Igualdad vive obsesionado y obcecado por la ley trans. Es el único asunto para el que no escatima esfuerzos,

Es el único para el que este gobierno ha tomado medidas efectivas (sin ni siquiera considerar las repercusiones negativas sobre los derechos de las mujeres). Y cuando decimos el único es tal cual: ¿qué se ha hecho para combatir la violencia misógina, las agresiones sexuales, la pobreza femenina, la pornografía, la prostitución, la compra de bebés mediante el alquiler de úteros, la explotación doméstica, la doble jornada, los abusos de todo tipo que padecen millones de mujeres? Pues publicar tuits y poco más.

Así, por ejemplo, si queremos cambiar el mundo, la coeducación ha de constituirse en columna vertebral y eje de todo el sistema educativo. Pero, desgraciadamente, sigue siendo asunto marginal, dejado a la buena voluntad del profesorado. Mientras que, por el contrario, en los centros de enseñanza, se imponen protocolos, se imparten cursos, se distribuye material destinado a alumnado, personal docente y Ampas con contenidos claramente esencialistas, retrógrados y acientíficos basados en aquella creencia tan cristiana de que somos cuerpo y alma y que, por supuesto, lo fundamental es el alma. De modo que la realidad biológica resulta irrelevante ¿Al alumno le gustan “las cosas de niña”? Está claro, es niña. Y a la inversa. La maniobra consiste, pues en esencializar y sacralizar los roles de género. Hasta la iglesia es ya más progresista que el transactivismo…

Las feministas llevamos años luchando por romper los corsés de género, haciendo, por ejemplo, campañas contra los juguetes sexistas o repitiendo incansablemente que ni el rosa, ni la dulzura, ni los volantes, ni la docilidad son cosas de niñas, que nada les está vetado por serlo, que pueden y deben realizar todas sus aspiraciones.
Pero, a pesar de haber minado considerablemente los mandatos patriarcales, seguimos sometidas a ellos. Esto, quizá confusa pero profundamente, lo saben todas las niñas, todas las jóvenes, todas las mujeres (y, por supuesto, todos los hombres). ¿Cómo escapar? Las feministas proponemos un camino que conlleva enfrentamiento y transgresión tanto en lo social, como en lo personal (contra los propios miedos y principios emocionalmente interiorizados). Frente a tan exigente combate, el transgenerismo promete, por el contrario, una solución inmediata y radical, una especie de varita mágica: convertirse en niño.

Así, hace pocos días, en televisión, un señor proclamó que su niña de once años se había declarado niño. Él estaba muy orgulloso porque, además, siempre había querido tener un hijo. Rápidamente, el conductor del programa felicitó a ambos y alabó la valentía de la criatura…

No hace falta ser psi para entender el asunto: si eres una cría que buscas la aprobación y el cariño de tu padre, sabes que el hecho de que seas niña lo frustra. Al declararte niño ganas su estima; tanto, que te hace protagonista, te mienta en la televisión (¡en televisión!), te convierte en héroe. Si, en vez de eso, optaras por ser una rebelde que se opone a los mandatos de género y pelea para conquistar una vida de mujer plena y no sometida, seguramente tendrías problemas y encontronazos, no solo con tu querido papá sino con buena parte de tu entorno. Si, llegada a la adolescencia, lejos de primar los deseos de otros, te rebelaras contra la tiránica imposición de gustar y reivindicaras tus propias aspiraciones, puede que sufrieras mofa, befa y escarnio y, por supuesto, nadie alabaría tu valentía y menos aún la elogiarían en la tele …

Y alguien puede preguntar ¿y qué hay de malo en querer agradar a tu propio padre? Pues que convertirse en niño no es como estudiar una determinada carrera para complacerlo. Supone medicarse de por vida, amputarse y, en último extremo, abocarse a la frustración de que los demás hombres te consideren de segunda porque no tienes “lo que hay que tener” (y que ellos valoran tantísimo).

Esta es la cruda realidad que cualquier persona de buena voluntad y dos dedos de frente sabría si no estuviese ahogada en campañas propagandísticas tramposas.

Las feministas sabemos, además, que esas opciones, lejos de debilitar la estructura patriarcal, la refuerzan.

Esto lo sabemos nosotras, pero ¿qué poder es el nuestro frente a la maquinaria oficial y gubernamental y la de los medios de comunicación de masas?

Mañana seguiremos ahondando en la pregunta que nos hacíamos al principio: ¿Por qué no nos deprimimos?

 

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COMENTARIOS

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    Osvaldo Buscaya 1 día

    “Advierto que, Facebook me imputa que mis comentarios infringen sus Normas comunitarias, restringiendo mis publicaciones, no obstante publicar, el suscripto, consideraciones sobre reales situaciones”.
    a) {Hoy, casi dos años más tarde, nos sentimos decepcionadas, traicionadas, tristes. Y no es porque fuésemos ilusas y esperásemos que el gobierno obrara milagros. Sabemos que el patriarcado lo impregna todo, que es urdimbre básica de la sociedad y que, por lo tanto, no resulta posible desmontarlo de la noche a la mañana. Sabemos -porque el feminismo acumula trescientos años de experiencia en ello- que combatirlo, debilitarlo, ganarle terreno, no es fácil. Sabemos que no basta con unas cuantas disposiciones por contundentes y ajustadas que sean… Pero, precisamente porque sabemos lo anterior, también sabemos que hay que presentar batalla continua y desde todos los ángulos y en todos los campos, con tesón y contundencia.}
    Pues, el pensamiento del varón, sobre la mujer, sigue su precedente infantil, pues, en su primera infancia descubrió su “superioridad” fálica entrando en relación con quienes le rodeaban y posteriormente aplica éste “método”, con igual propósito, a toda mujer que a su paso encuentra: Personificar todo aquello que comprende el dominio físico como preparación del dominio psíquico, es un impulso “natural” del varón, como motivo y génesis de la peculiaridad del pensamiento de la transexual ecuménica perversa civilización patriarcal, en su sometimiento de la mujer.
    b) {Así, hace pocos días, en televisión, un señor proclamó que su niña de once años se había declarado niño. Él estaba muy orgulloso porque, además, siempre había querido tener un hijo. Rápidamente, el conductor del programa felicitó a ambos y alabó la valentía de la criatura…No hace falta ser psi para entender el asunto: si eres una cría que buscas la aprobación y el cariño de tu padre, sabes que el hecho de que seas niña lo frustra. Al declararte niño ganas su estima; tanto, que te hace protagonista, te mienta en la televisión (¡en televisión!), te convierte en héroe. Si, en vez de eso, optaras por ser una rebelde que se opone a los mandatos de género y pelea para conquistar una vida de mujer plena y no sometida, seguramente tendrías problemas y encontronazos, no solo con tu querido papá sino con buena parte de tu entorno. Si, llegada a la adolescencia, lejos de primar los deseos de otros, te rebelaras contra la tiránica imposición de gustar y reivindicaras tus propias aspiraciones, puede que sufrieras mofa, befa y escarnio y, por supuesto, nadie alabaría tu valentía y menos aún la elogiarían en la tele …}
    Pues, lo femenino debe temer al varón y “encargarle” su “protección” como “principios y afirmaciones”, no obstante los hechos y relaciones de la realidad exterior en el sometimiento, el abuso, el femicidio, etc.: Es interesante, ver en el transexual ecuménico perverso patriarcado como bajo las premisas de su “sistema”, descarga los conflictos engendrados en su infancia por el conflicto paternal, jamás superados luego por entero, y ser conducido a una solución generalmente aceptada por la mujer, en su sometimiento; esa suerte de “ilusión” del varón en su superioridad, induce a la mujer en el error de su inferioridad. Mi Ciencia de lo femenino (Femeninologia) es esencial en el sentido, que la ilusión impuesta por el varón respecto de su superioridad sobre la mujer, se adhiere a la idea delirante en su característica genuina de tener su punto de partida en el deseo infantil del varón, del cual se deriva, apareciendo en abierta contradicción con la realidad al sostener la inferioridad estructural de la mujer, que en realidad es un error. En cambio, la ilusión del feminismo en no considerar inferior a la mujer, no es falso, no obstante ser, aun, irrealizable.
    Mi Femeninologia *Ciencia de lo femenino es la serie de configuraciones que con mi conciencia voy recorriendo constituyendo, más bien, la historia que desarrollo en la formación de mi conceptualización. Es decir, una suerte de escepticismo consumado, que en realidad sería, el propósito de no rendirme, a la autoridad de los pensamientos de otro, sino de examinarlo todo por mí mismo ajustándome a mi propia convicción; o mejor aún, producirlo todo por mí mismo y considerar como verdadero tan solo lo que yo hago.
    Hoy, como ese infante entre los 4 a 5 años adaptando mi pensar en la realidad, interpretando mi actividad onírica.
    El sentido y la verdad del feminismo (la mujer) es absolutamente la derrota del varón; perverso irresoluble y ambiguo sexual.
    Correspondería que, quienes se adjudican representar el psicoanálisis en el orden mundial y
    local, evaluar el proceso iniciado al comienzo del año 2020 en el programa del poder global del patriarcado sobre la masa planetaria en el Siglo XXI.
    Buenos Aires
    Argentina
    24 de noviembre de 2021
    Osvaldo V. Buscaya (OBya)
    Psicoanalítico (Freud)
    Femeninologia *Ciencia de lo femenino

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