David frente a Goliat en el Sahara Occidental

David frente a Goliat en el Sahara Occidental

 

David venció a Goliat en una lucha profundamente desigual en la que parecía imposible el desenlace que tendría lugar. Pero esto no es más que una leyenda. La realidad es tozuda y pocas veces la justicia y la razón del más débil bastan para triunfar sobre la sinrazón y el poder del más fuerte.

Esta es la situación que vive el pueblo saharaui desde hace más de cuarenta años. Víctima del expolio de ingentes cantidades de bienes en forma de fosfatos, pesca, arena, petróleo… por el país vecino, Marruecos, a pesar de las reiteradas condenas de organismos internacionales como la Organización de Naciones Unidas y su Consejo de Seguridad, el pueblo saharaui resiste incansable y se niega a perder la esperanza.

Año tras año, la ONU pone en evidencia su inoperancia y el escaso valor que hoy tiene una organización que nació como una esperanza de Paz y Justicia. Ante el sentir consciente de los pueblos que se saben fuertes en la fraternidad, la ONU prorroga por un año más su propio compromiso de celebración de un referéndum sobre el Sáhara. Treinta años de aplazamiento en aplazamiento, de promesa incumplida en promesa incumplida y de fracaso en fracaso.

Mientras, el derecho del pueblo saharaui a decidir sobre su independencia se sigue aplazando en un carrusel de indignidad, indiferencia y violación.

El 29 de abril de 1991, el Consejo de Seguridad de la ONU, de acuerdo con las propuestas realizadas tanto por Marruecos como por el Frente Polisario, encargaba una Misión: preparar las condiciones precisas para la celebración de un referéndum en el que el pueblo saharaui decidiera sobre su autodeterminación o su integración a Marruecos tras un periodo de transición. A pesar del compromiso de países como Bangladesh y Egipto de aportar los contingentes necesarios para realizar esa transición con garantías de paz, parece que treinta años no son suficientes para preparar el escenario adecuado y habrá que esperar uno más. Tan larga espera solo evidencia el fracaso de la Misión pacificadora y la falta de voluntad en el cumplimiento del compromiso adquirido y firmado.

Tiempo suficiente para que el pueblo saharaui se hubiera aburrido de esperar. Lejos de ello, y con la fuerza que otorga el saberse en posesión de la razón y asistido por la defensa de sus derechos, el Frente Polisario redobla sus legítimos esfuerzos incrementando la presión sobre la zona ante el alto el fuego, roto por Marruecos el pasado 13 de noviembre del 2020.

El califa marroquí, cómodo ante esta pasividad de la ONU, continúa negándose a aceptar la celebración de un referéndum que dé voz al pueblo saharaui. Propone un estatus de autonomía que le permitiría mantener el control de un territorio que le depara enormes beneficios. Entretanto, la ONU cede a la presión, al inmovilismo y a la falta de voluntad política de Marruecos y prolonga un año más la espera por el referéndum que reconocería el derecho del pueblo saharaui a su autodeterminación, condenando al fracaso su propio papel de intermediación. Un conflicto que, bajo el prisma del reconocimiento de los derechos humanos y el Derecho Internacional, tendría solución, ha quedado totalmente enquistado.

El Sáhara Occidental no es una finca que pueda ser vendida ni cedida a terceros. Tras la marcha de España hace más de cuarenta años, en realidad un abandono del pueblo saharaui a su suerte, el gobierno de Marruecos no ha parado de usar la fuerza y la intimidación para apropiarse de un territorio que no le corresponde. Frente a la última sentencia del Tribunal General de la Unión Europea (TUE) declarando nulos el acuerdo pesquero entre la UE y Marruecos y las exenciones arancelarias a productos agrícolas y pesqueros por incluir el Sáhara Occidental, el rey marroquí se atreve a lanzar amenazas veladas para cambiar el curso de la sentencia. Sus últimas declaraciones asegurando el rompimiento de intercambios comerciales entre su reino -conviene no olvidar el profundo sentido feudalista del país- y los países europeos que muestren “posiciones vagas o ambivalentes” frente a sus aspiraciones de apropiación del Sáhara Occidental solo tienen un nombre bien definido en el Derecho Internacional. Una demostración de fuerza antes de que la sentencia se haga firme el próximo 16 de diciembre.

Ceder ante semejante presión solo sería una clara señal de debilidad y entreguismo por parte de Europa que, cómo la historia bien demuestra, abriría la puerta a mayores presiones y amenazas por parte marroquí en una espiral de oprobio e injusticia antidemocráticas. Por su propia salud y dignidad, Europa no puede permitirse el lujo de ceder ante semejantes amenazas.

Entretanto, el pueblo español, siempre solidario y sensible para con sus hermanos saharauis, se dispone a emprender una nueva marcha sobre Madrid el próximo 13 de noviembre recordando el rompimiento del alto el fuego que este mismo día provocó Marruecos con la ocupación del paso de Guerguerat y la carretera que une Marruecos con Mauritania. Un alto el fuego que venía manteniéndose desde los acuerdos de 1991.

El próximo 16 de diciembre la Unión Europea tendrá que decidir entre ceder a las amenazas y presiones del gobierno marroquí o la defensa de los derechos humanos y la dignidad de los pueblos recurriendo o no la sentencia del TUE. Eligiendo entre David y Goliat.

 

 

 

 

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