Madre solo hay una (y, al paso que vamos, pronto, ninguna)

Madre solo hay una (y, al paso que vamos, pronto, ninguna)

Como bien sabemos, durante siglos y siglos las mujeres han estado condenadas a la maternidad. Y digo condenadas porque, lo quisieran ellas o no, tal era su sino, su función social: casarse y tener hijos. ¿Cuántos? “Todos los que dios quisiera” pues, según la Iglesia católica, el único fin de la sexualidad es la procreación. En consecuencia, usar métodos anticonceptivos equivale a boicotear los planes divinos (¡!¡¡). Para Roma, el placer por el placer constituye un pecado, aunque, claro está, la “carne es débil”. Ojo, la carne viril, por supuesto. La de las mujeres es solo el receptáculo -tanto en su variante matrimonial como en su variante prostituyente- de la “debilidad” masculina.

A medida que la iglesia fue perdiendo poder (en la mente de las personas, pues en el plano político y económico lo sigue teniendo) el control de la natalidad aumentó. Actualmente, solo un reducidísimo club de superfans tiene “los hijos que dios les manda”.

Por otra parte, el feminismo peleó y sigue peleando por la conquista de los derechos de las mujeres y, entre ellos, la capacidad de autogobernar nuestras vidas, nuestro cuerpo, nuestro placer y, por supuesto, la decisión de tener hijos o no.

Queda mucho camino por recorrer, pero hoy, una mujer puede, sin que la lapiden, decir que no quiere ser madre.

Desde finales de los 60, en España, el índice de natalidad empezó a descender de manera continua. Ahora, como consecuencia de la pandemia, se ha desplomado. Así, entre diciembre y enero se inscribieron 13.141 bebés menos que el año anterior, una caída del 23%. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), es la más radical desde que se tienen registros.

Ante estos datos, las alarmas se disparan.

Pero observamos que, al hablar del problema, los medios evocan en abstracto las “consecuencias sociales y también psicológicas de la pandemia”. Rara vez analizan este fenómeno poniendo el foco en las circunstancias y los condicionantes concretos que viven la mayoría de las mujeres.

¿Baja el índice de natalidad porque las mujeres deciden libremente no tener hijos? nada de objetar. Pero, nosotras, las feministas, nos tomamos muy en serio lo que significa “libremente”. No tragamos la “libertad” promocionada por el neoliberalismo. La libertad solo existe cuando no hay amenazas, sanciones, chantajes, miedos, necesidad…

Curiosamente, tres de cada cuatro españolas dicen querer tener al menos dos hijos. Concluimos, pues, que la baja natalidad no se origina en la libre elección. Las razones son otras.

Miramos los índices de paro. Sabemos que, “normalmente”, las mujeres lo padecen en mayor medida que los hombres, pero, cuando se destruyen empleos, como está ocurriendo con la pandemia, para ellas es una hecatombe. Según el INE, la tasa de paro actual de los hombres es del 14,07 frente al 18,13% de las mujeres. Cuatro puntos porcentuales más…

Cabe preguntarse ¿quién se lanza a tener hijos careciendo de empleo estable?

La discriminación en la contratación y promoción de mujeres es notoria y todo el mundo la conoce, salvo, según parece, quienes deben cortar tales prácticas.

Así, recientemente, he sabido de este caso: una empresa necesitaba un/a conserje. En opinión de quienes debían decidir, había una candidata adecuada, pero desde “instancias superiores” llegó la consigna -no escrita, por supuesto, para no dejar huellas- de que, dada su edad, se “corría el peligro” de que pudiera quedarse embarazada. Resultado: el trabajo fue para otro candidato, un joven de 25 años… ¿Tiene edad para ser padre? Sí, pero, aunque en teoría el permiso de paternidad se distribuye entre padre y madre ¿alguien duda de quiénes mayoritariamente cargan con la crianza? O ¿alguien duda de que a ningún atleta le va a ocurrir lo que a Ona Carbonell ante los Juegos de Tokio?

¿Alguien se pregunta -de buena fe- por qué se está retrasando cada vez más la edad de la primera maternidad? (ahora ya está en 32,3 años).

Sí, la ley prohíbe discriminar laboralmente a las madres o futuras madres, pero todo el mundo sabe que se practica de mil maneras. Entonces, la pregunta es ¿qué disposiciones toman los poderes públicos para acabar con esas triquiñuelas?

Pues Díaz Ayuso, en una más de sus ayusadas, constituyó una comisión para “diseñar una estrategia regional para fomentar la natalidad” ¿Quién cree que de esa comisión -compuesta por 17 hombres y 5 mujeres- van a salir medidas efectivas?

Irene Montero criticó tan aberrante composición (bien por esa crítica) y, además, twiteó: “la natalidad se fomenta con vivienda, empleo digno y escuelas infantiles”. Estoy de acuerdo, pero me pregunto: ¿a quién se lo dice? ¿No se ha enterado de que es ella la Ministra de Igualdad? Claro, ser ministra no significa tener una varita mágica que solucione los problemas, pero, si eres ministra, debes decir: “Para fomentar la natalidad, estamos trabajando en solucionar los problemas de vivienda, empleo digno y escuelas infantiles. Sabemos que, lamentablemente, no podremos cambiar la situación de manera radical y en un plis-plas, pero estos son los pasos que ya hemos dado y estos los que vamos a dar; estas las medidas que estamos negociando con tales y cuáles ministerios”.

Porque, si no, cabe preguntarse ¿a quién le está echando el sermón?

Conclusión: para que las mujeres que desean ser madres den el paso, se requieren cambios reales. Ahora mismo, incluso muchas que ya tienen hijos, deben estar arrepentidísimas. Máxime cuando sabemos que la pandemia ha agravado no solo el paro sino la carga mental y física y el estrés de las madres. Porque sí, cierto, toda la sociedad ha padecido el shock traumático, pero los estudios demuestran que, durante el confinamiento, han sido mayoritariamente ellas quienes se han encargado de las teleclases y los teledeberes de los hijos, de entretenerlos y calmarlos. Son ellas las que han servido de “saco de boxeo” para que los demás miembros de la familia descargaran su frustración y mal humor.

Las feministas pedimos, pues, que los poderes públicos se dejen de cuentos y de lamentos y tomen medidas. YA.

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