Los trucos discursivos del posmo-inclusivismo: “esencialismo”, “agencia” e “interseccionalidad»

Los trucos discursivos del posmo-inclusivismo: “esencialismo”, “agencia” e “interseccionalidad»

El proyecto político cuir-transgenerista ya ha penetrado en todas las instituciones formales e informales de nuestra sociedad. Al publicar estas líneas, el gobierno amenaza con aprobar una Ley LGTBI  cuyo borrador modifica 30 leyes vigentes, desactivando la categoría sexo en buena parte de la legislación; además, introduce en España la autodeterminación de género y el delito de odio por expresar oposición a la doctrina de la identidad de género (en un país en el que la misoginia no solo no es delito, sino un deporte nacional). La flamante Ley Rhodes ya ha introducido en nuestro sistema jurídico la amenaza legal de retirada de la patria potestad a madres y padres que se opongan al sentir de identidad de género de sus hijas. Hay leyes trans en 13 comunidades autónomas, y 14 protocolos educativos autonómicos que introducen el adoctrinamiento transgenerista en los centros educativos, las “realidades trans” invaden los medios de comunicación ya sea en debates y magazines o en programas de ficción.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Parece magia pero no lo es. El proyecto político transgenerista-posmo-patriarcal lleva décadas gestándose en los think tank de poderosos organismos, incluidos colectivos LGTBIQ+ , la Academia internacional y agencias de derechos humanos. En los inicios del siglo XXI, ya se había construido la nueva visión del género que iba a ser el pilar de esta “revolución” involucionista, y el proyecto tenía los apoyos políticos, la financiación, y las herramientas discursivas para convertirse en el fenómeno global, multicultural, interseccional y letal para el feminismo que estamos presenciando.

En este artículo voy a analizar algunas de las herramientas discursivas posmo-inclusivas que han allanado el camino a la agenda cuir y su proyecto de neutralización del feminismo.

La posmo-progresía actual tiene un sofisticado discurso trufado con un arsenal de palabras “talismán”. Un talismán tiene poderes mágicos que protegen a quien lo lleva, y es así como estas palabras funcionan: poseen el aura del conocimiento “iniciado” (normalmente iniciado en la academia), solo los iniciados comprenden su complejidad y sus secretos matices, y se confía en que tan poderosas palabras indicarán a sus seguidores la senda hacia ese deseado “nuevo paradigma“ de izquierdas, tan difuso y tan borroso (y tan parecido al neoliberalismo) que solo es posible diferenciarlo de los demás componentes de la sopa neoliberal por ese mismo neolenguaje transcuirposmo inclusivo que ostentan.

Una de las palabras talismán favoritas es “esencialista”. Nos dicen que “en lo queer hay también una crítica al feminismo esencialista como política identitaria”  y que “el proyecto queer es un intento de radicalizar el feminismo, de desencializarlo: no, no hay nada “natural” en ser mujer y por tanto, nada significativo que las diferencie de las que se sienten mujeres o desean serlo aunque hayan nacido sin vagina”. Al parecer el feminismo cuir es ahora el portaestandarte de la misión antiesencializadora del feminismo.

“Esencialista” tiene ya una larga historia en el feminismo como improperio dirigido a quienes pensamos que la biología sí es importante, y que nacer con un aparato reproductor femenino  sí te hace mujer. Yo estoy acostumbrada hace años a esta acusación, pero tiene gracia que ahora se esté tachando de esencialistas a quienes han sido durante décadas las garantes del antiesencialismo en el feminismo. Algo extraño sucede cuando las etiquetas –que nunca son justas pero suelen ser orientativas– son usadas como armas arrojadizas y además se convierten en monigotes ideológicos. Junto a esencialista, también ha hecho fortuna en los debates feministas de los últimos tiempos la expresión “repliegue identitario” que vendría a ser la consecuencia del esencialismo: una mujer esencialista, y por lo tanto alienada, seguramente “caerá en la trampa” del repliegue identitario, es decir, de preocuparse solo de las cosas que afectan a su grupo identitario.

Resulta cansino tener que repetir que el feminismo NO es una lucha identitaria. Ser mujer NO es una identidad. Somos la mitad de la humanidad nacida con sexo mujer. Y la experiencia en el mundo de las que nacemos mujeres es bien diferente de la de quienes nacen hombres. Por eso, para el feminismo, la experiencia de las mujeres es punto de partida y punto de llegada de su lucha. Por otra parte, el feminismo aspira al universal bienestar y dignidad de las mujeres, por eso, no solo NO es un error que su agenda se limite a la defensa de aquello que es propio de ellas, sino que, al contrario de lo que pretenden quienes quieren minar el feminismo, es precisamente la defensa del valor de ese análisis del mundo basado (para variar) únicamente en las experiencias y el conocimiento de las nacidas con sexo mujer la finalidad política del feminismo.

Repliegue identitario, esencialismo, victimismo, paternalismo, la lucha feminista como capricho separatista, el reproche por no construir alianzas (es decir, por no cambiar nuestra agenda para poner en su lugar la de ellos) y la posición “privilegiada” de algunas mujeres según el análisis interseccional……estas son algunas de las acusaciones con las que el discurso posmo trata de desprestigiar el feminismo y destruir su sujeto político.

El concepto de “interseccionalidad” (otra palabra talismán) designa la interrelación existente entre diversos ejes de desigualdad como clase social, edad, raza o etnia, género, orientación sexual, etc. de manera que podamos comprender cómo interactúan esas formas diversas de discriminación y de violencia que concurren en las personas según su condición y su posición en la sociedad. Interseccionalidad es un concepto fundamental del discurso posmoinclusivista como lo demuestra el hecho de que la “atención a la discriminación interseccional y múltiple” sea uno de los principios rectores (Art. 3) de la ley LGTBI que el gobierno tiene entre manos.

En el artículo “La herida interseccional”, extraído del libro Interseccionalidad. Desigualdades, lugares y emociones, se explica cómo al hacer política interseccional, surge la dimensión emocional, y esto suele ser causa de conflictos: cuando una persona o grupo toma conciencia política e identifica las causas de su opresión, resulta que alguien, haciendo uso del análisis interseccional, coloca a esa persona o grupo en la posición de opresora en otro eje de desigualdad. Esto, obviamente provoca malestares y resistencias. Como ejemplo de este tipo de conflictos se nos ofrece el de una mujer CIS blanca heterosexual que ha sufrido violencias de género a lo largo de su vida, y que cuando se la identifica como blanca europea racista puede ofenderse y no aceptarlo: la mujer tendrá que “confrontar los privilegios de ser blanca y tener apellidos autóctonos cuando va a buscar trabajo, de ir por la ciudad sin miedo a que la policía te pida los papeles o de tener un pasaporte europeo cuando hace turismo por América Latina – unos privilegios que te colocan en la posición de opresora o de privilegiada cuando tú te sientes oprimida”. Este es el ejemplo con el que se nos ilustra lo que es la herida interseccional. Es tan válido como cualquier otro. Pero me pregunto por qué el caso ilustrativo elegido no ha sido, por ejemplo, un varón gay color canela que se ha comprado 2 criaturas mediante la explotación reproductiva de mujeres. ¿Por qué cada vez que hablamos de opresiones múltiples nos vamos siempre al mismo personaje opresor: la mujer CIS blanca racista y burguesa? Que las hay, claro. Pero como feministas deberíamos priorizar los ejemplos de varones opresores, y hay un amplio catálogo donde elegir, de todos los colores y nacionalidades.

Siguiendo con el ejemplo del gay color canela que ha comprado 2 criaturas: posiblemente él haya identificado ser objeto de discriminación en los ejes raza y orientación sexual, y hasta es posible que tenga una conciencia política formada al respecto. Pero en lo relativo al eje sexo y su posición en él, podemos asumir, a juzgar por su desacomplejado uso de la explotación reproductiva, que su conciencia como opresor es nula. Y si bien quizá a veces sufra discriminación por ser moreno o gay, su estatus de varón con dinero le garantiza en la mayoría de las situaciones un trato respetuoso, y también le permite satisfacer su deseo de ser padre sin que haya una madre de por medio.

en lo relativo al eje sexo y su posición en él, podemos asumir, a juzgar por su desacomplejado uso de la explotación reproductiva, que su conciencia como opresor es nula.

En lo referente a la opresión en el eje sexo, este hombre, como la mayoría de los hombres sobre el planeta a día de hoy, exhiben una alegre y firme voluntad de ignorarla, normalizarla y celebrarla. Por eso, cuando aplicamos la política interseccional a los varones, es muy probable que en lo referente al eje sexo ni siquiera se produzca esa hipotética incomodidad o malestar que la herida interseccional designa. Muchos ni siquiera comprenderán de qué se está hablando, ya que lo que las feministas designamos como privilegios, ellos lo ven natural, y 10.000 años de patriarcado les avalan. Puede incluso que algunos hombres de los que sí toman  conciencia política de la opresión en el eje sexo, lo hagan sintiéndose ellos los oprimidos por las mujeres. De hecho, aplicando el análisis interseccional tal y como nos invitan a hacer los Artículos 3 y 4 del borrador de la Ley LGTBI,  un hombre que se autoidentificara como mujer estaría sufriendo una doble o triple discriminación (ganando por goleada en opresión a las cismujeres), y el tener vagina ya no sería una causa de opresión tal y como vienen constatando los estudios feministas desde hace ya varios siglos, sino un privilegio de las mujeres CIS.

En relación a la herida interseccional, y con el ejemplo de la mujer CIS blanca en la mente el citado texto sigue: “La gestión de estos privilegios es una cuestión compleja que requiere autocrítica y una actitud que implica aprender, no cuestionar, reconocer y actuar…….Partir de la base de que tu posición te sitúa en un lugar desde el que no puedes comprender bien las dinámicas de la desigualdad por ese eje. Porque no lo has sufrido, porque seguramente no le has prestado atención cuando ocurría en tu entorno….

Es difícil que el gay comprador de criaturas, y los hombres en general, se cuestionen sus privilegios por sexo, y puede que lleguen a aplicar la autocrítica y la actitud de “escuchar y aprender” en conflictos laborales o étnicos, pero en lo referente al contrato sexual, es poco probable. Por el contrario, las mujeres blancas, negras y tostadas, lesbianas y heteros hemos sido socializadas desde pequeñas para empatizar, culpabilizar y cargar resignadamente sobre nuestras espaldas con todos los males y los pecados del universo. Así ha sido siempre. La política interseccional nos anima a las mujeres a escrutinizar hasta el último rincón de nuestra recién nacida conciencia política antes incluso de que los hombres aterricen en el reconocimiento de lo que es la base y la matriz de todas las discriminaciones: su privilegio por sexo. Es este el motivo por el que donde más provechosamente funciona la herida interseccional como herramienta de análisis de opresiones múltiples es con la señora CIS blanca: es a ellas a las que se les interpela para que hagan autocrítica, las que deben culpabilizar por tener un pasaporte europeo cuando hacen turismo, porque ellas rápidamente reconocerán su privilegio, y puede que hasta se callen. La posmopolítica interseccional aplica con precisión la caja de herramientas político-sociológica de manera que la posición opresora verdaderamente cuestionada es la de la mujer estándar del país. Y su voz no solo se cuestiona porque sea una “privilegiada”, sino porque “vivir una opresión proporciona una perspectiva epistémicamente privilegiada para hablar sobre esta, pero no para hablar de todo ni en nombre de todo un grupo social”; es decir, ninguna mujer puede hablar en nombre de “las mujeres“. De nuevo se nos invita a callar…… esto es algo que conocemos de muy antiguo.

La política interseccional nos anima a las mujeres a escrutinizar hasta el último rincón de nuestra recién nacida conciencia política antes incluso de que los hombres aterricen en el reconocimiento de lo que es la base y la matriz de todas las discriminaciones: su privilegio por sexo.

Tras la falsa apariencia de una talibana exigencia de conciencia y justicia social, la actual política posmo-interseccional en realidad no aspira a exponer la opresión que ejercen los varones que compran criaturas o que explotan y maltratan a mujeres, sino sobre todo a señalar y cuestionar a las demandantes feministas y su incómoda agenda. El concepto de interseccionalidad fue necesario para analizar la realidad de las feministas afroamericanas que lo idearon, en ese contexto y frente al feminismo liberal el concepto de interseccionalidad tiene un profundo sentido feminista, universalista. Pero como tantos otros conceptos y análisis desarrollados por el feminismo éste también ha sido malversado, y está siendo usado en contra del feminismo, pero no el liberal sino el radical.

Volviendo a La herida interseccional,  se concluye que “situarse en un marco interseccional en los espacios políticos implica reconocer que todo el mundo sufre opresiones y tiene privilegios y, por tanto, los marcos mentales de «buenos y malos», «oprimidos y opresores» o «víctimas y agresores» en general pierden sentido”. Con esta reflexión llegamos al meollo del asunto: La política interseccional viene a relativizar la existencia de buenos y malos, oprimidos y opresores, víctimas y victimarios………Vale. La eliminación de las víctimas. Éste sí es uno de los objetivos políticos reales del la posmo-interseccionalidad como herramienta del nuevo patriarcado generista.

La cuestión de las víctimas y los victimarios ha sido maravillosamente analizada por Kasja Ekis Ekman en su libro El ser y la mercancía que en esta parte del análisis será mi referencia. En el libro se explica cómo el discurso de la trabajadora sexual está basado en el  trastocamiento del concepto de víctima: “la trabajadora sexual no es una víctima, sino una persona fuerte que sabe lo que quiere”….…“La <abolición de la víctima> es el grito de batalla de los partidarios de la prostitución”.  La abolición de la víctima consiste en negar la condición de víctima, y en estigmatizar a quienes se presentan como tales; con estas dos operaciones, además de negar a las víctimas, se logra de carambola hacer desaparecer a los victimarios. Son estrategias milenarias que han sido usadas por todos los regímenes opresivos del planeta y por todas las formas y agentes de explotación; pero en nuestras avanzadas y “democráticas” sociedades estas operaciones simbólicas se hacen de manera mucho más sofisticada, con discursos aparentemente racionales, e incluso haciendo gala de empatía, modernidad y anticolonialismo. Nos cuenta Kasja cómo la antropóloga Heather Montgomery que estudió a niñas y niños prostituidos en Tailandia, no los presenta como víctimas, sino como personitas que “habían hallado un sistema ético que les permitía vender públicamente sus cuerpos y mantener intactas su humanidad y sus virtudes”; y aunque en la descripción de su situación nos cuenta que a menudo presentaban contusiones, consumían drogas y tenían enfermedades de transmisión sexual, la antropóloga expresa su convicción de que la vivencia de estas niñas no puede juzgarse según parámetros psicológicos occidentales.

Recuerdo unas jornadas sobre explotación reproductiva en las que consulté a una jurista una duda relativa a los contratos de las mujeres que alquilan su vientre. Ella me contestó que no le gustaba el planteamiento victimista de mi pregunta. Me quedé pensando en ello. Ahora entiendo que si no somos capaces de superar la visión neoliberal odiadora de las víctimas, siempre presta a negar la realidad y la profundidad de la opresión, no podremos hacer un buen análisis feminista.

El orden neoliberal odia a las víctimas. Exige un orden simbólico que niegue su existencia, porque el sujeto del orden neoliberal es el agente invulnerable. Para negarlas, por una parte, se insiste machaconamente en la asociación entre víctima y persona débil: nos convencemos de que la víctima es por definición débil, pasiva e indefensa, y ser víctima se convertiría así en un defecto moral, en la incapacidad de gestionar adecuadamente las oportunidades que la vida ha puesto en nuestras manos (y sobre todo en nuestros cuerpos). Ya no hay víctimas, hay personas flojas y victimistas; las mujeres categorizadas como víctimas serían, en realidad, mujeres no suficientemente “emancipadas”, sin las cualidades superiores necesarias para tener agencia. El orden neoliberal no quiere víctimas, necesita mujeres que cuando vendan sus cuerpos y cuando alquilen sus vientres crean ser libres, estar empoderadas y tener agencia.

Y con “agencia” llegamos a la otra palabra talismán del discurso posmoinclusivo. “Agencia” resuena en el ámbito de las Ciencias Sociales con un clin clin seductor….con el sex appeal de ser eso que hay que tener. Agencia es hoy una manera cool y blanqueada de decir Poder. Poder, pero enrollado. El Poder es malo y opresor, pero la agencia es buena. El Poder es difusamente impersonal, la agencia es empoderantemente personal. Kasja señala cómo la frase “no son víctimas, son agentes” es uno de los mantras favoritos para hacer desaparecer a las víctimas: se saca a relucir que muchas personas categorizadas como víctimas no actúan en la realidad como seres pasivos y resignados, sino que, al contrario, son asertivas y valientes, han tomado la riendas de su destino….Mediante este argumento asistimos a un nuevo truco discursivo que nos presenta lo que son estrategias de resiliencia para la supervivencia como evidencias de una agencia libre y empoderada. “Es agente, no víctima” la frase “vuela por los aires como una semilla de diente de león y se siembra por todas partes”.  Pero esta omnipresente oposición víctima/ sujeto-agente es otro truco retórico: Lo opuesto a una víctima no es un sujeto, es un agresor. Alguien no es víctima por lo que él o ella misma haga o deje de hacer, sino por lo que otra persona hace con o sobre ella.

Y esto nos lleva de nuevo al meollo de la cuestión, al punto donde el discurso tramposo de la agencia converge con el discurso manipulador de la interseccionalidad, porque el objetivo de ambos es blanquear al victimario, ocultarlo, no hablar de él. La finalidad de tanto contorsionismo discursivo es borrar y desmaterializar las relaciones de poder realmente existentes, la violencia y la coerción que hacen que las víctimas sean víctimas, y los victimarios, agresores y opresores. Si desde un punto de vista interseccional pierden sentido los marcos mentales de «buenos y malos», «oprimidos y opresores» o «víctimas y agresores», entonces se produce la completa relativización y puesta en suspenso de todas las relaciones de poder. Y si desde la óptica de la agencia, ser víctima es una elección y un defecto moral, entonces el rol del victimario no es relevante, y podemos prescindir del análisis de los abusos y de la explotación. Ambas operaciones tienen como resultado el blanqueamiento del victimario.

En el fragor del debate trans se ha dicho que las feministas “estamos cómodas en nuestra condición de víctimas y consideramos las políticas públicas feministas como privilegios que no queremos compartir con otras que están peor”. Cuando se acusa al feminismo de victimista y de defender privilegios, se están aplicando todos los trucos discursivos que acabamos de analizar: la estigmatizadora confusión entre ser víctima y ser victimista, y la tramposa división de las mujeres en privilegiadas / no privilegiadas como si no hubiera nada sustancial que nos una a todas. Todo ello con el fin de cuestionar las políticas feministas como una necesidad social cuya causa y finalidad es combatir la opresión que las mujeres sufren por el hecho de haber nacido mujeres. Hay que insistir de nuevo en que las mujeres sí somos víctimas por el hecho de nacer con sexo mujer: 7 mujeres víctimas del terrorismo machista solo en el pasado mes de mayo, por mencionar solo los casos que acaban en asesinato. Obviamente, no todas las mujeres son víctimas del patriarcado en la misma medida, de hecho, ser funcional al Poder patriarcapitalista neoliberal es la manera más rápida de ser una privilegiada, y priorizar la agenda de las mujeres siempre va a colocar a quien lo haga en una posición difícil. Las enormes diferencias de grado en que el patriarcapitalismo afecta a unas y a otras es la razón por la que el feminismo solo puede ser universal, y eso no significa que haya que dividir a las mujeres en grupos identitarios interseccionales, sino todo lo contrario.

cuando la mayor preocupación de un feminismo son sus alianzas y sinergias con las agendas de los varones hay que aplicar la hermenéutica de la sospecha.

Un feminismo antiburgués, antifascista, inclusivo, asambleario, defensor de los derechos humanos, menfriendly, rebelde y disfrutón, suena muy tentador. Como una rave. Pero cuando la mayor preocupación de un feminismo son sus alianzas y sinergias con las agendas de los varones hay que aplicar la hermenéutica de la sospecha. Un feminismo rebelde sí, ¿pero rebelde en relación a qué? ¿A las directrices de los compañeros de militancia? No. ¿A los mandatos del sistema neoliberal? No. ¿A las recomendaciones de la ONU y de la UE? No. En realidad, la rebeldía propuesta lo es solo respecto a la autoridad del feminismo histórico y su agenda. La defensa de los objetivos políticos de una izquierda que no se ha apartado nunca un centímetro de su androcentrismo, y de la agenda “de género” de unas instituciones globales que hoy más que nunca son la expresión pura del neoliberalismo, no es un programa político que pueda defender nadie a quien le importe la realidad de las mujeres, y para que eso quede claro el próximo 26 J las feministas saldremos a la calle.

 

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COMENTARIOS

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    Osvaldo Buscaya 1 mes

    Es Delito de Lesa Humanidad el abuso sobre la niñez, la trata, el proxenetismo y sus consecuencias, como toda violencia de género.
    “Las fuertes resistencias contra lo femenino no serían de índole intelectual, sino que proceden de fuentes afectivas; la irresoluble perversión no sublimada y ambigüedad sexual del varón que posee la decisión final en éste esquema, donde lo masculino sigue siendo la ley”. Osvaldo Buscaya
    a) {El proyecto político cuir-transgenerista ya ha penetrado en todas las instituciones formales e informales de nuestra sociedad. Al publicar estas líneas, el gobierno amenaza con aprobar una Ley LGTBI cuyo borrador modifica 30 leyes vigentes, desactivando la categoría sexo en buena parte de la legislación; además, introduce en España la autodeterminación de género y el delito de odio por expresar oposición a la doctrina de la identidad de género (en un país en el que la misoginia no solo no es delito, sino un deporte nacional). La flamante Ley Rhodes ya ha introducido en nuestro sistema jurídico la amenaza legal de retirada de la patria potestad a madres y padres que se opongan al sentir de identidad de género de sus hijas. Hay leyes trans en 13 comunidades autónomas, y 14 protocolos educativos autonómicos que introducen el adoctrinamiento transgenerista en los centros educativos, las “realidades trans” invaden los medios de comunicación ya sea en debates y magazines o en programas de ficción.}
    Pues, la ecuménica perversa transexual civilización patriarcal, se nos opone con la objeción siguiente: Que hasta los escépticos más empedernidos reconocen que las afirmaciones de la cultura, ética y moral del transexual patriarcado no pueden ser rebatidas, teniendo a su favor la tradición y la conformidad de todos los varones. Sin embargo, desde los albores del feminismo, hoy, no están en condiciones las mujeres de complacerse en engañarse a sí misma, suponiendo que con estos “fundamentos” del ecuménico perverso transexual patriarcado se sigue una trayectoria mental plenamente correcta: Hoy, el feminismo no puede conducirse ni basar sus juicios y opiniones en “fundamentos” tan pobres como una Ley LGTBI.
    El sentido y la verdad del feminismo, es la derrota del varón; perverso irresoluble y ambiguo sexual
    Lo femenino es el camino
    Osvaldo Buscaya
    Psicoanalítico (Freud)
    Aspectos esenciales e inéditos del Siglo XXI
    Buenos Aires
    Argentina
    21/6/2021

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