«Una refrescante dosis de honestidad»

«Una refrescante dosis de honestidad»

 

DONNA M.

Nota del editor: esta carta hipotéticamente abierta fue publicada en un primer momento por su autora anónima en Medium, pero fue rápidamente retirada por considerarla «delito de odio«.

Nos pareció una refrescante dosis de honestidad, una bonita y creíble carta abierta de una madre a otras madres y padres (¡no al niño, por supuesto!) sobre cómo afrontar un momento complicado y peligroso en la crianza de los hijos, especialmente de los adolescentes «raros» que buscan su identidad con más ahínco que los demás y se arriesgan a cometer errores que dañan la vida de una manera nunca antes posible. La reproducimos en New Discourse con permiso de la autora.

Mi querido y encantador hijo:

Tengo que serte muy sincera: no eres trans, solo eres raro.

Parece algo cruel soltártelo ahora mismo. Está claro que no pasas por un buen momento y te sientes muy mal por muchas cosas. Veo que estás pasando una mala racha, y una de las primeras reglas de la maternidad es no añadir leña al fuego. Ahora mismo el mundo te pesa mucho. Tienes quince años. Estamos en plena pandemia. Pero allá voy de todas formas. Estoy a punto de echarte más cosas encima.

Cuando tenías dos años, eras un niño feliz, regordete y con pañales, y observabas el mundo con ojos cautelosos y el pulgar en la boca. Saltabas de alegría al ritmo de las clases de música infantil. Hablabas sin parar y nos contabas historias de tus peluches. Querías a tu hermana pequeña. Te encantaban las galletas y la pintura de dedos. Todo bastante normal.

Pero también empezaste a contar hasta mil cuando paseábamos. Y empezaste a gritar los nombres de las tiendas cuando íbamos en coche. Y preferías leer libros en vez de jugar con los otros niños de dos años en la guardería. Y odiabas sentarte en el círculo cuando te lo pedían. Y odiabas el tacto de los vaqueros. Y tenías grandes rabietas cuando perdías a cualquier tipo de juego. En definitiva, empezaste a dar señales de que eras… raro.

Los abuelos fueron los primeros en darse cuenta. Decían cosas amables como «No perdáis de vista a este», y nos enviaban enlaces a artículos del Wall Street Journal sobre niños prodigio. Y luego los otros padres de los grupos de juego empezaron a comentar: «Es muy intenso, ¿eh?». Y los profesores se dieron cuenta rápidamente. Empezaron a utilizar términos rebuscados como «desarrollo asíncrono».

En tercero de primaria nos dimos cuenta de que eras diferente, pero aún no nos dábamos cuenta de que eras raro. La verdad es que estamos acostumbrados a gente como tú. Nuestra familia está llena de ingenieros, artistas, músicos, programadores informáticos y un montón de «librepensadores». En las reuniones familiares siempre hay partidas de ajedrez, debates políticos y cuartetos en torno al piano. Así somos.

Además, tenías un pequeño pero sólido grupo de amigos. Estaban los Pokémon, luego Minecraft, luego Magic, luego Dragones y Mazmorras, luego Catán. Nunca eras el centro de atención, pero no estabas solo.

Pero luego, los primeros años de secundaria, las cosas empezaron a cambiar. En primero de la ESO, los estudios ya requerían más esfuerzo, y resultó que eras bastante desorganizado. La gente seguía llamándote inteligente, pero a los profesores les molestaba tu humor y les frustraba que no quisieras o no pudieras seguir las pautas de las tareas. Los compañeros de clase no apreciaban tus descripciones francas (aunque precisas) de sus esfuerzos. Y lo admito, nosotros también nos frustramos bastante contigo.

Entonces llegó la pubertad, con la triple maldición de acné, aparato dental y estirón a lo loco. Las chicas parecían tenerlo todo controlado (ya sé que no, pero lo parece). Y los chicos populares parecían saber exactamente qué hacer. Hablan de deportes entre ellos, presumen de sus hazañas románticas. Nunca se meten en líos por motivos estúpidos como olvidar una tarea tres veces seguidas. Tu ansiedad empezó a hacer acto de presencia, y parecía que te hacías más pequeño. Algunos de tus amigos dejaron de hacerte caso.

Así que te pasaste al bando de los rarunos. Bueno, no estoy segura de cómo os llamáis vosotros, pero así es como os habríamos llamado en mi época. En otros colegios son los frikis, o los chicos de teatro, los del club de mates, o los del artisteo. Aquí solían ir a parar los chicos gays, pero creo que ahora están más dispersos. Hay niños cuyos padres están pasando por momentos difíciles. Algunas chicas con anorexia. Unos cuantos chicos que son nerviosos y tienen arrebatos de ira. Chicos con un gran sentido del humor y un gran corazón.

Y algunos de estos chicos son realmente apasionados. Muy afectados y con razón por las injusticias del mundo. Y algunos de ellos son muy intensos. Y está claro que eso a ti te parece muy atractivo. Porque compartes algo de esa confusión y rabia por el mundo. Y aunque no estés seguro de lo que piensas o sientes, estás convencido de que no quieres estar en el lado equivocado. Desde luego, no eres como esos chicos populares con su encanto arrebatador y sus formas algo dominantes. No eres como ellos en absoluto.

En realidad, te pareces más a esas chicas tan alegres que hablan durante horas sobre sus ideas.  Bueno, así serías si te atrevieras a hablar. Y hay algo tan fascinante en esas chicas, pero no sabes del todo qué. De todos modos, nunca se te ocurriría hablar con ellas, porque sería raro. Porque tú eres raro. Nunca se te ha dado bien la cháchara, ni el contacto visual. Ni las chicas. Además, no querrías que se llevaran una impresión equivocada. Entiendes que tus compañeros están empezando a salir, pero tú no le ves sentido. El sexo sigue siendo asqueroso y raro para ti. Es mejor llamarte «asexual» o «pansexual» sin más. Es como una carta de libertad que te evita todo el lío. Y tu grupo de amigos te dice que eres superguay y valiente por ser capaz de decir eso de ti mismo.

Pero has caído en una depresión. Cualquiera puede verlo. Y los videojuegos ayudan. Y siempre hay que intentar batir el récord de velocidad de ese juego que se te da bastante bien. Y ese chaval en Reddit siempre tiene buenos trucos. Y la gente de ese tablón de anuncios parece entender tu humor.

Así que cuando uno de ellos publica un meme sobre los derechos trans, es lógico que te interese. ¡Eres curioso! ¡Vas por libre! No eres como los «normis» esos. Y el cuestionario de la web da en el clavo. Te sientes incómodo con tu cuerpo. No te gustan los deportes. Te preguntas cómo sería ser una chica. Siempre has sentido que hay algo diferente en ti.

Tienes razón. Hay algo diferente en ti.

Pero no eres trans, solo eres raro.

Así que estamos aquí para ti. Siempre estaremos aquí para ti. Pero esas personas online que te instan a «salir del cascarón trans» y apresurarte a tomar hormonas y pasar por cirugías no te conocen en absoluto. No saben que los niños superdotados, los niños con TDAH, los niños con autismo y los niños con Asperger tienen un desarrollo emocional y sexual más lento. No saben que hace falta tiempo y experiencia para descubrir la sexualidad, y que la mayoría de los y las adolescentes trans que buscan tratamiento médico ni siquiera se han masturbado o besado a alguien todavía. No saben que el 80 % de los niños y niñas trans acaban sintiéndose cómodos con su sexo de nacimiento si se les da tiempo. No saben que cada vez hay más personas que desisten y detransicionan a partir de los veinte. No saben que las hormonas frenan permanentemente su crecimiento, disminuyen su coeficiente intelectual y pueden causar infertilidad. No saben que esas hormonas se recetan para un uso fuera del indicado y que no hay investigaciones sobre los resultados a largo plazo. Ni siquiera saben que las investigaciones más recientes muestran que los resultados a corto plazo son claramente peores.

No se dan cuenta de que eres raro. Pero yo sí. Eres raro, cielo. Te darás cuenta en un año o dos. Pero no pasa nada. Todos somos raros. Y te quiero igual. Vas a estar bien.

 

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