8m: Feminismo Vigilante

8m: Feminismo Vigilante

 

Finalmente, la llamada “Ley Trans” no va al Consejo de Ministro para el día 8 de Marzo.

Al parecer, ha predominado la opinión de que el borrador de ley que ha circulado no proporciona la debida seguridad jurídica y presenta problemas normativos, entre otras cosas, porque puede estar definiendo derechos que colisionen con otros previamente reconocidos.

En contra de lo que afirman algunas corrientes minoritarias, ese frenazo no supone ningún tipo de problema para el movimiento feminista. Más bien todo lo contrario: el 8M es el día de reivindicación de la agenda feminista y no el de la diversidad, para la cual ya existen otras fechas como el 17 de mayo, Día Internacional contra la homofobia, la transfobia y la bifobia.

Coincido con Samantha de las Heras en que el feminismo, como el socialismo, son movimientos emancipatorios del patriarcado y del capitalismo, respectivamente, que combaten la opresión de un grupo social a otro, al que se subordina sin que haya causa natural o justa que lo justifique. En ambos movimientos hay diferentes posturas, corrientes y propuestas, y esa pluralidad los enriquece. Y lo mismo que a nadie se le ocurriría cuestionarla en el socialismo, no hay por qué negarla o temerla en el feminismo.

En el caso del feminismo, lo importante es que sus distintas sensibilidades coinciden en su lucha contra la opresión por razón del género. Ese es su «sustrato común», como lo expresó Jane Freedman en su artículo ¿Unidad o conflicto?, y eso es lo relevante y lo que cementa a sus diversas corrientes: el patriarcado y su eliminación.

Pero ese no es un sustrato vacío. Las feministas entendemos que el género es el constructo social que se hace sobre el sexo, es decir, cuando nacemos se constata el sexo y es la sociedad la que nos recuerda el género que debemos cumplir. Sin embargo, según la teoría queer en la que se sustenta el actual borrador de la ley, el sexo se asigna y el género se siente. Pero, ser mujer no es un sentimiento, sino que tenemos sentimientos. No somos mujeres porque lo sintamos, sino porque lo experimentamos, porque nuestro cuerpo de mujer experimenta el sexo que poseemos y, además, experimenta la opresión del género que se nos asigna. Por ello, la postura más progresista a este conflicto de la autodeterminación es la aceptación de la realidad material y la eliminación de las barreras discriminatorias, si las hubiera, para que cada cual se exprese como desee y cada persona ya adulta transforme su cuerpo dentro de unos límites bioéticos consensuados.

No somos mujeres porque lo sintamos, sino porque lo experimentamos,

Hay que recordar constantemente la famosa recomendación de Simone de Beauvoir a las feministas: hay que estar siempre vigilantes porque la agenda feminista es frágil como el cristal. Hay que estarlo para que el testigo que implica esa agenda pase de generación en generación manteniendo y ampliando el imprescindible conocimiento de la realidad, los conceptos con los que se construye el discurso feminista y la historia de la lucha por dar soporte y conformar los derechos de las mujeres. Y vigilante también para que los debates sobrevenidos, como el que está creando tanta polémica ahora no perturben ni despinten los contenidos sustantivos de la agenda feminista: desde la violencia contra las mujeres, incluida por supuesto la prostitución, a la brecha digital, pasando por cualquier tipo de discriminación laboral, política, económica o social.

Tras los avances innegables conseguidos en los últimos decenios nos encontramos ahora ante amenazas inusitadas. Ha nacido una especie de neopatriarcado de tintes anarco-libertarios, que no liberales, que exacerban el individualismo y el egocentrismo.  En aras de un supuesto ejercicio de libertad se alientan propuestas que no significan en realidad sino la mercantilización más exagerada del cuerpo de las mujeres: el alquiler de sus vientres, la regulación de la prostitución, el consumo sin control de pornografía y la promoción de todo tipo de valores y conductas que tan negativamente están afectando a las relaciones afectivo-sexuales de nuestra juventud.

Se viene tratando de consolidar un marco moral que da prioridad a la preferencia individual frente al interés colectivo que es el justifica y da soporte a propuestas como las que contiene la mal llamada “Ley Trans”.

Afortunadamente, el empuje neoliberal de estos planteamientos no ha dejado de tener respuesta y en los últimos 30 meses las feministas hemos hecho un trabajo espectacular para recorrer un camino en el que hay mucho que agradecer por la impagable labor de análisis y de accesibilidad a un debate tan complejo, con tantas implicaciones finales en la vida de las mujeres.

En primer lugar, a muchas jóvenes radicales más conectadas con el contexto canadiense y europeo que empezaron a denunciar cómo esos conceptos aparentemente liberadores del transactivismo estaban penetrando en sectores asociativos y círculos feministas incluso persiguiendo y acosando a mujeres feministas. Hay que agradecer también a las referentes que estuvieron aguantando el acoso y la humillación mediática desde diferentes frentes: XVI Escuela Rosario Acuña, Contra el Borrado de las Mujeres, confluencia feminista y a otras muchas organizaciones y federaciones que se pusieron de forma incansable a organizar encuentros, y a plataformas espontáneas como #respentenalasmujeres.

Frente a un conflicto que socava las bases del movimiento de mujeres, el feminismo ha respondido con trabajo conceptual, tesón, organización y apoyo

Frente a un conflicto que socava las bases del movimiento de mujeres, el feminismo ha respondido con trabajo conceptual, tesón, organización y apoyo. La mayoría de las mujeres estamos más activas, más vigilantes, más participativas que nunca, incluso en plena pandemia. Sabemos de la gravedad del momento presente. Y hemos conseguido abrir el debate al público general. Debemos seguir así porque este no es un problema que incumbe sólo a las feministas, incumbe a toda la sociedad, a la sociedad en su conjunto.

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