Yo casi vomito

Yo casi vomito

Hay quien, para justificar la violencia que se da estos días con motivo de la detención de Hasel, está hablando y escribiendo del movimiento sufragista.

A mí me avergüenza y me irrita enormemente:

  1. Que se comparen sesenta años de lucha enconada con cinco noches de algaradas callejeras. El sufragismo empezó en 1869 y el derecho al voto -en condiciones equiparables al de los hombres- se consiguió en 1928.
  2. Que se dé a entender que la violencia que puntualmente practicaron las sufragistas fue lo esencial de sus acciones y de su combate y se desvalorice, así, la lucha y el trabajo persistente y tenaz de tantas mujeres durante tantos años y en todos los frentes: creando agrupaciones, dando conferencias y mítines, escribiendo, provocando el debate público, interviniendo en todo lo que podían -e incluso en lo que no podían-, haciendo una labor de concienciación, explicación y extensión del movimiento, estructurando una corriente de pensamiento favorable, organizando manifestaciones, teniendo una presencia continua en todos lados… Así, miles de mujeres durante 60 años (¿os dais cuenta de lo que son 60 años de lucha o sois demasiado niñatos/as/es?).
  3. Que se compare un movimiento como el de las sufragistas, apoyado en un pensamiento muy ideológico, muy político, muy organizado, con estos grupos que toman las calles y que ni siquiera tienen claro el alcance y los límites de la libertad de expresión que dicen defender.
  4. Que se compare la represión tan feroz y tan persistente que sufrieron las sufragistas con la cárcel de este niñato procaz y de dudosa estabilidad emocional.
  5. Que se haga un paralelismo entre una lucha con tal alcance y trascendencia como es la consecución de los derechos políticos para la mitad de la humanidad, con el derecho a decir que el rey roba, (cosa que, además, ya sabemos de sobra…) y cosa por la que el susodicho no va a la cárcel.
  6. Que se haga un mártir de la libertad de un tipo que anda deseando el asesinato de cualquiera que no piense como él y que, para colmo, es un machista y un misógino.

A la gente con responsabilidades políticas que hacen estas comparaciones y alusiones, ni siquiera les pido que tengan un pensamiento sofisticado, capaz de darse cuenta de que hablar de violencia prescindiendo del contenido político y reivindicativo y de las circunstancias, es como hablar bien o mal de la lluvia: dependerá de cuánta caiga, dónde, en que momento, etc. Loar la violencia considerándola casi como prueba de progresismo revolucionario es olvidar que quien más violencia ha ejercido en nuestro país son los fascistas.

Pero, bueno, en último extremo, que, si quieren, aplaudan hasta con las orejas a los manifestantes de estos días y bendigan todos sus actos, pero que no tengan la desvergüenza de compararlos con el movimiento sufragista.

Que no sean tan deleznables, por favor.

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