«La cancelación retroactiva de Julie Bindel (@bindelj). No por la parte que me toca, colega…»

«La cancelación retroactiva de Julie Bindel (@bindelj). No por la parte que me toca, colega…»

Traducción y publicación autorizadas. Texto original 

 

En las pocas ocasiones en las que he dado una charla con Julie Bindel siempre se presenta con un: «Soy feminista. No de las divertidas». Una de las dos cosas no es cierta.

Diga lo que diga, es ante todo feminista, no de meterse en Twitter y decir «interseccionalidad» cada dos palabras, no en el sentido de que el feminismo es para todo el mundo, por favor, no olvidemos acoger a peneportantes; tampoco del estilo que gusta a la clase media educada y lectora de The Guardian, vamos, ese que implica pocos cambios y cualquier cosa que resulte complicada se pasa por alto.

No, es una feminista que se adentra en los lugares más oscuros de la vida de las mujeres en todo el mundo. Habla con las que sufren terribles abusos, con las que son víctimas de la trata en la pubertad. Va a casas llenas de mujeres embarazadas en la India que viven encarceladas por ser vientres de alquiler para parejas blancas ricas. Habla con padres cuyas hijas han sido violadas y asesinadas. Entra en prisiones para ayudar a mujeres cuyas vidas no han sido más que miseria, prostitución, adicción y violencia machista.

Habla con las que sufren terribles abusos, con las que son víctimas de la trata en la pubertad. Va a casas llenas de mujeres embarazadas en la India que viven encarceladas por ser vientres de alquiler para parejas blancas ricas.

Yo misma solo he cubierto una mínima parte de estas cosas y puedo deciros que pasa factura. Pero a ella no la detiene. Creo sinceramente que ella y su compañera, la abogada Harriet Wistrich, han hecho más por ayudar a cambiar las cosas para las mujeres que han sufrido violencia machista que casi cualquier otra persona que conozca. Y soy feminista desde hace 103 años, recordad.

Harriet se dedica a cambiar la ley sin hacer mucho ruido. Trabajó en el caso de Worboys, el taxista violador, en la defensa de las mujeres que fueron engañadas y mantuvieron una relación sentimental con policías encubiertos, por las mujeres que fueron abusadas en el centro de detención de inmigrantes Yarl’s Wood, y también ayudó a sacar a Sally Challen de la cárcel. Estas son solo algunas de las cosas que ha hecho. Y todas ellas mientras vivía con alguien a quien llaman “predicadora del odio”. Pasmoso, vaya.

Así que entiendo perfectamente que Bindel sea una persona peligrosa. Un peligro para el patriarcado de toda la vida. Y ahora también parece que el nuevo patriarcado progresista no puede tragarla más de lo que podía el de antaño. Me niego a utilizar la palabra “woke”, ya que implica conciencia.

Hace tres años, dio una charla en una librería de Australia, con un gran número de asistentes. Leyó su libro sobre los horrores del tráfico sexual en el mundo, un tema que había investigado en profundidad. El público se mostró entregado y se vendieron muchos libros. Al nuevo patriarcado de izquierdas le gusta eso tan encantador que llaman trabajo sexual. Pues claro que sí, joder.

entiendo perfectamente que Bindel sea una persona peligrosa. Un peligro para el patriarcado de toda la vida.

Ahora, tres años después, parece que a la librería algo le “molesta” y ha emitido un comunicado en el que lamenta haber celebrado aquella charla porque Bindel es una autora “cuya postura actual es la de dividir a nuestra comunidad”.

¿Qué nuevo infierno es este? ¿Cancelación en la que ahora se altera el pasado? ¿Qué ha cambiado? Bindel siempre ha sido crítica con el género y también se ha disculpado por un par de cosas duras que dijo hace años. Yo estaba en la sala cuando lo hizo.

Por sus opiniones la han agredido físicamente, dejado de contar con su participación en actos y amenazado. Se han escrito barbaridades increíbles sobre ella, aunque admito que me decepciona que algunas no sean ciertas. Cuando leí que era la jefa de una red internacional de tráfico sexual de lesbianas, le pedí que me consiguiera una esposa y se negó en rotundo. Fuerte, ¿eh?

Lo único bueno que tal vez pueda salir de todo esto es que los tíos que dicen que la cancelación no existe se despierten de una puñetera vez.

Sí, tú, Billy Bragg y el resto de la pandilla. Supongo que ya no nos tomaremos más curris vegetarianos en plan íntimo porque te niegas a escuchar a las mujeres que no solo quieren mantener los derechos que ya tenemos, sino que quieren más aún. Sé que es un fastidio, ¿verdad? Y por cierto, ¿nos podéis mandar la lista de hombres a los que les ha pasado esto?

Aquí la espero.

Una vez más, no estoy en la situación de Bindel. A mí no me han cancelado. Simplemente decidí dejar un trabajo en el que ya no podía escribir lo que quería y en el que algunos de mis supuestos colegas no parecen entender el significado de feminismo, periodismo y activismo.

La vida de Bindel es una auténtica combinación de estas tres cosas, pero supongo que, por un fallo en la matriz, ese evento de hace tres años no se produjo y la gente no lo disfrutó. Vamos a borrarlo.

En serio. Si no veis lo que está pasando aquí, gente, estáis ciegos. Esto es una maniobra de la posverdad.

Y en cuanto a lo de feminista divertida, dejadme añadir que te partes de risa con Bindel. Siempre con la mejor comida, la mejor bebida, los mejores chismes. Habla y hace lo que dice.

Es una pena que no pueda caminar con tacones. Pero así es el feminismo, nunca suficiente para algunos.

Especialmente para el nuevo patriarcado zombi.

 

 

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