Control del feminismo y guerras de partidos

Control del feminismo y guerras de partidos

 

Cierto, los partidos se hacen la guerra (con mayor o menor intensidad), pero maticemos dos cosas:
1. Nadie puede controlar al movimiento feminista
2. Este problema que nos crea la ley -y más ampliamente la ideología- trans no es una guerra de partidos. No todas las militantes de Podemos son pro ley trans, ni todas las del PSOE se oponen a ella.

Veamos con más detenimiento el primer punto. Cualquiera que, de cerca o de lejos, haya militando en el feminismo sabe que es incontrolable. Sí, puede que, concretamente, la asociación de un pueblo, de un barrio o una asociación “temática” o sectorial esté controlada por un partido u otro, pero el movimiento feminista es incontrolable. No hay manera de controlar un movimiento que no tiene junta directiva, ni estructura orgánica, ni comité ejecutivo, ni estatutos, ni declaración programática, ni “ná de ná”.

No todas las militantes de Podemos son pro ley trans, ni todas las del PSOE se oponen a ella.

¿Cómo avanzamos? Pues por consenso más o menos generalizado. Y hasta llegar a ese consenso (que nunca es absoluto), lo que se vive es un debate intenso y continuo en el que se van decantado propuestas y posiciones ¿Se votan? No. ¿Se pueden imponer? Tampoco. Es un movimiento dialéctico donde una mayoría (siempre difusa) se abre camino y adopta uno u otro punto de vista. Así es como se deciden los temas de la agenda y, dentro de esos temas, cuál es el núcleo más perentorio en torno al que han de girar las movilizaciones.
Yo creo, además, que la mayoría de las feministas no pertenecen a ningún partido. Seamos claras: esa cantinela de que el movimiento feminista está controlado por el PSOE es una gran memez. Cierto que algunas de las leyes más avanzadas y determinantes para las mujeres se promulgaron cuando gobernaba el PSOE. Eso es innegable. Pues, quien quiera competir en ese terreno, que lo haga: que promulgue leyes de peso y transcendencia que nos favorezcan y promuevan nuestra liberación. Entonces, tampoco controlará el movimiento feminista, pero tendrá un lugar en nuestra historia.

esa cantinela de que el movimiento feminista está controlado por el PSOE es una gran memez.

Respecto al segundo punto, cabe decir que es totalmente absurdo presentarlo como guerra entre partidos. Como ya apunté, la mayoría de las feministas no somos militantes de ningún partido. Y, como también señalé, no todas las militantes de Podemos son pro ley trans, ni todas las del PSOE se oponen a ella.
Se saquen o no los ojos las militantes de uno y otro partido, el transgenerismo y la posición del movimiento feminista ante él no queda constreñido a esos enfrentamientos.

Es miserable intentar reducir el debate a una pugna partidista. Es ruin y solo indica que “cree el ladrón que todas somos de su condición”. Y no. Este es un debate ideológico, que atañe al fundamento mismo del feminismo. Si ser mujer es una elección ¿qué sentido tiene luchar por cambiar lo que ser mujer significa? Con elegir ser hombre, pues ya.
No voy a volver a explicar lo que es el género, pero sí reafirmaré que es un corsé espantoso, no un abriguito de quita y pon. Lo que queremos las feministas es acabar con los géneros, no que sean electivos.

Y creemos que salvaguardar los derechos de las personas transexuales poco tiene que ver con la autodeterminación. Autodeterminación que, en todo caso, sería un hiriente privilegio que obtendría un grupo y dejaría en inferioridad de condiciones al resto de la población.

Ciertamente este es un debate duro, pero no partidista. No se debate el control del movimiento feminista.
Se debate:

  • Si el feminismo han de dedicarse a defender derechos de este o aquel colectivo o si ha de centrarse en defender los derechos de las mujeres.
  • Si es de recibo polarizarse en la defensa de los deseos de un grupo minoritario aún a costa de perjudicar los intereses de la mitad de la población.
  • Si, el sexo y el género pueden ser electivos y bajo qué condiciones pueden serlo.
  • En definitiva, si las mujeres podemos o no elegir nuestra sumisión o si la única forma de acabar con ella es luchando colectivamente contra el patriarcado.
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