Una comparativa política-discursiva entre Laurentis y Butler

Una comparativa política-discursiva entre Laurentis y Butler

Una comparativa política-discursiva entre Laurentis y Butler, desde materialidad representada de la experiencia del sujeto mujer(es) al deseo de la performatividad

 

Teresa Laurentis como Judith Butler posicionan sus argumentos sobre el análisis de género desde un feminismo radical post- estructuralista y bajo la crítica del sujeto social de la modernidad, en atención a las prácticas discursivas foucaultianas y las representaciones que son efecto de las relaciones de poder legetimadas en una estructura heteronormativa universal.

Laurentis desarrolla su análisis con anterioridad a Butler, pero ambas tienen como preocupación las implicancias de los determinismos que generan la realidad que habitamos y buscan las formas de resistencia del sujeto ante la diferencia sexual.

Así Laurentis identifica que la diferencia sexual tiene limitaciones en la idea “universal” de la mujer frente al hombre y que al mismo tiempo, no considera las diferencias entre la(s) mujer(es) en las experiencias de raza, clase y sexo, sino que por el contrario, establece un modelo sobre ser mujer y  la idea de la constitución de su sujeto en el género, como forma de las representaciones lingüísticas y culturales, que son producto del resultado de un conjunto de efectos desarrollados en las “tecnologías políticas” sobre los cuerpos y la repetición de las prácticas cotidianas, que determinan los comportamientos y las relaciones sociales. Lo que en una lógica discursiva de poder (Foucault, 1977) instalan subjetividades, obedeciendo a un orden semiótico de las realidades sociales en cada persona, familia e institución. Entonces, el sexo pasa a ser una materia que requiere del cuerpo social en su totalidad y virtualmente de sus individuos, que se ponen en la óptica de su vigilancia y son reproducidos en el sistema sexo-género (Rubin,1986).

Por su parte, Butler, señala que la diferencia sexual constituye una crítica formuladas en ideas esencialistas sobre las identidades de género y que han sido sostenidas en los determinismos de la naturaleza biológica, debido a que se han arraigado en la clasificación de relaciones heteronormativas y en la performatividad simbólica de los cuerpos, y que tiene lógica respecto a lo que plantea inicialmente Laurentis sobre las representaciones.

Al respecto, es posible encontrar en estas limitaciones sobre la diferencia sexual cuatro propuestas bajo el análisis de Laurentis, las que se evidencian en un orden decreciente de auto-evidencia y que a continuación, se plantean vinculantes a los argumentos desarrollador por Butler respecto a:

  1. i) El género es (una) representación.

Laurentis señala que el género es un término clasificatorio y en su análisis, lo usa como una representación en un sentido amplio y de ejecución, en la significancia de la diferencia de ser “hombre y mujer” dentro del mencionado sistema sexo-género Entendiendo, que la reproducción de un lenguaje de símbolos o de valores culturales (Foucault,1977), determinan la desigualdad en cada sexo según valores y jerarquías sociales, con el fin del control político y económico de las relaciones sociales. Por tanto, la representación de género es una construcción que se podría resignificar y también ser reformulada por su “representación”.

Butler de forma similar, con posterioridad sostiene que la representación de género ha tenido la funciones de operacionalizar el procedimiento político y producir las estructuras jurídicas, que solventan la idea de sujeto dentro de la universalidad patriarcal. Por lo que, hay que considerar las intersecciones políticas y culturales que las producen y sostienen sobre un lenguaje (Foucault, 1977), que aparentemente muestra o distorsiona el deber ser de la categoría mujer, que descansa en la subjetividad del sistema de poder desarrolladas por las prácticas excluyentes y legitimadoras de la desigualdad.

  1. ii) La representación del género es su construcción. 

Laurentis señala que la ideología estructuralista de Althusser, podría asemejarse al género, por su vínculo en la forma de las representaciones que se dan en los espacios públicos y especialmente, en la función de constituir individuos como sujetos. De esta manera, “el género no es más que la configuración variable de posiciones sexo-discursivas” y que traspasa los espacios público- privado considerando la autonomía y las distintas formas de interacción de clase, que condicionan la posición de ser mujer. Por lo que “la construcción del género es el producto y el proceso de ambas, de la representación y de la auto-representación”, de lo que se podría deducir que cada relación y cada práctica podría ser capaz de generar el cambio para salir del orden binario.

En este punto, también es posible vincularlo respecto a Butler y su análisis sobre la categoría de mujer “como identidad y del discurso del sujeto político” que busca la representación política, y donde propone que “la invocación performativa de un «antes» no histórico se convierta en la premisa fundacional, que asegura una ontología presocial de individuos que aceptan libremente ser gobernados(as) y, con ello, forman la legitimidad del “contrato social” (Pateman, 1995), por lo que los(as) sujetos podrían resignificarse más allá de los límites universalistas de la construcción de ser hombre o mujer, como lo evidencia Laurentis ante la representación auto- representación.

iii) La construcción del género continúa hoy tan diligentemente como en épocas anteriores. 

Laurentis se refiere a la forma de cómo la sexualización del cuerpo se desarrolló en las  “tecnologías del sexo” para la polaridad masculina y femenina, las que se afianzan en el discurso de la heteronorma sobre la ideología de la opresión de las mujeres (Wittig, 1992), para perpetuar las relaciones desiguales en el tiempo. “Aunque los términos de una construcción diferente de género también subsisten en los márgenes de los discursos hegemónicos, ubicados desde afuera del contrato social heterosexual e inscriptos en las prácticas micropolíticas, estos términos pueden tener también una parte en la construcción del género, y sus efectos están más bien en el nivel “local” de las resistencias, en la subjetividad y en la auto-representación”. Y que como consecuencia, implica relevar la propia experiencia como método crítico del feminismo sobre la conciencia de género y los determinismos biológicos.

En este sentido, Butler señala que el lugar de las mujeres y la búsqueda de la identidad común, son un problema porque no buscan un significado, sino sólo una descripción y una representación, donde no se puede “separar al «género» de las intersecciones políticas y culturales en las que constantemente se produce y se mantiene” y que se asocia a la idea la opresión de las mujeres en las diferentes culturas, en un feminismo universalista frente a una hegemonía patriarcal y de oposición binaria. Sin embargo, el género es complejo y queda abierto en el tiempo a crear otras identidades que se puedan instalar indistintamente y reordenar para los objetivos del momento asimétricamente.

  1. iv) La construcción del género es también afectada por su deconstrucción. 

En este último punto, Laurentis plantea que es necesaria “una postura radical de la conciencia feminista de las mujeres y sobre los discursos dominantes de género”, para eliminar la diferencia sexual, reconociendo a otras mujeres y reposicionar la subjetividad que ha estado al servicio del sujeto masculino y así, generar otros discursos heterogéneos que puedan permear la ideología y sustituirla. Por tanto, señala “si la desconstrucción de género inevitablemente produce su (re)construcción, la pregunta es ¿en qué términos y cuáles son los intereses de quiénes producen la de-re-construcción?”. Donde Butler, propone que las sexualidades deben ser alternativas desde el deseo, para una de-construcción discursiva independiente del sujeto hombre – mujer, a través de la performativad y la resistencia a la identidad de género, que sostiene a la estructura del sistema en una heteronorma, pero ¿varía la fórmula de la desigualdad binaria o es la continuidad de la apropiación de la experiencia y sujeto político de las mujeres, y sobre qué intereses?

Referencias bibliográficas

Butler, Judith. 2001 (1990). El género en disputa. México: Paidós. Capítulo 1. “Sujeto de Sexo/Género/Deseo”. Pág. 33 – 67.

De Lauretis, Teresa (1989). Tecnologías del género. Tomado de Technologies of Gender. Essays on Theory, Film and Fiction, London, Macmillan Press, 1989, págs. 1-30. En línea « http://www.patrimoniocultural.gob.cl/Recursos/Contenidos/Museo%20Nacional%20de%20Bellas%20Artes/archivos/De%20Lauretis%20-%20Tecnolog%c3%adas.pdf»

 

CATEGORÍAS
Comparte

COMENTARIOS

Wordpress (0)
Disqus ( )