Preguntas y respuestas sobre pornografía (parte II)

Preguntas y respuestas sobre pornografía (parte II)

Continuando con nuestro trabajo sobre pornografía, en esta segunda parte nos detenemos en las propias “actrices”, los abusos que pasan y su sufrimiento. De nuevo con el formato de preguntas que, como en la entrega anterior, Maddi Beguiristain Garaikoetxea hizo a Mujeres por la Abolición.

 Las directoras porno “feministas” que son entrevistadas dicen que en el porno es legítimo representar todo tipo de fantasías porque se trata exclusivamente de ficción. ¿Qué opina de que en el porno se simulen situaciones de violación u otro tipo de escenas agresivas?

Para empezar, lo que ocurre ante una cámara NO ES FICCIÓN, le está ocurriendo a una mujer real, de carne y hueso. Y escenificar una situación de terror, miedo, algo tan terrible como una violación, o tener que simular una escena físicamente violenta, no puede desligarse de lo que sucede en la realidad, en la vida de estas mujeres.

Aunque se esté actuando o fingiendo, lo que se está relatando es palpable, y que una mujer tenga que gritar “por favor, no me violes” mientras un hombre la penetra, resulta, cuanto menos, atroz.

Escenificar algo tan horrendo puede llevar a las mujeres a revivir situaciones horribles, o incluso a sufrir mucha angustia por tener que interpretar algo tan cruel.

Por otro lado, para los hombres que “actúan” y para los hombres que “consumen” esos vídeos y esas escenas, esto supone que disfrutan, que sienten placer, se masturban y tienen orgasmos viendo cómo hay mujeres que sufren. Y el sufrimiento que ellos viven con placer, con el que ellos se corren, en sus mentes no deja de ser real.

Lo que deberíamos preguntarnos es: ¿Es acaso legítimo, razonable o ético, que haya hombres que disfruten imaginándose y viendo a mujeres siendo violadas? ¿De verdad podemos creer que esto puede ser compatible con una sexualidad sana (ya no digo ni feminista)?

-¿Existen mujeres que disfrutan el porno? ¿Cómo puede ser eso si en su opinión se trata de algo perjudicial para ellas?

Hay una frase fantástica de Lierre Keith que ayuda a comprender el que haya algunas mujeres que puedan “disfrutar” de su propia subordinación. Dice: “Lo brillante del patriarcado… (es que) no sólo naturaliza la opresión. También sexualiza los actos de opresión. Erotiza la dominación y la subordinación. Las institucionaliza como masculinidad y feminidad. Es decir, naturaliza, erotiza e institucionaliza la dominación y la subordinación. Lo brillante del feminismo, es que nos dimos cuenta”.

Efectivamente, las mujeres pueden llegar a naturalizar la opresión a tal extremo que den no sólo por normales, sino incluso como deseables, las relaciones sexuales basadas en la dominación-sumisión, y puedan así disfrutar del porno.

Pero es precisamente por esto que el feminismo debe cuestionar incluso el deseo, porque el deseo se construye, y porque a las mujeres, mediante la construcción de la feminidad, se nos ha enseñado a erotizar y disfrutar de nuestra propia subordinación. Las feministas creemos que esto no sólo es cuestionable, sino que ha de cambiar, porque supone una forma de mantener el status quo, y de hacer que las mujeres soporten todo tipo de violencias (en este caso la violencia sexual) y en todos los ámbitos (incluso en el ámbito de la pareja).

Citando a Patricia Hill-Collins, “las formas contemporáneas de opresión no fuerzan a las personas, rutinariamente, a someterse. En cambio, articulan un consentimiento hacia la dominación, de modo que perdemos la habilidad de cuestionarla y, por tanto, nos coludimos en nuestra propia subordinación”.

Por ende, la aceptación de la violencia que entraña la pornografía es la puerta a la aceptación de la violencia, en general, en las vidas de las mujeres. Por eso las feministas decimos que la pornografía “es real”, porque sus consecuencias son muy reales.

 

  • ¿En qué se diferencia el porno con una escena de sexo en una película? ¿Por qué considera una admisible y la otra no?

Las escenas de sexo que vemos en las películas, normalmente, son también un reflejo de las relaciones sexuales heterosexuales coitocentristas y falocentristas. Suelen mostrar actos sexuales centrados en el placer masculino, y exhiben una supuesta hipersexualidad femenina que, sabemos, no tiene nada que ver con la realidad (no hay más que ver los estudios sobre la brecha orgásmica, que demuestran que las mujeres heterosexuales son las que menos orgasmos obtienen, con respecto a otras mujeres, y también con respecto a los hombres, tanto hetero como homosexuales).

A este respecto, la “sexualidad en el cine” se asemeja a la sexualidad pornográfica. Al fin y al cabo, ambas se rigen por los mandatos del patriarcado.

 

No obstante, el objetivo de la pornografía es más explícito. Pasa de normalizar o naturalizar los roles de la masculinidad dominante (otorga poder absoluto a los hombres, en la escena y en sus casas) y de la feminidad sumisa (somete a las mujeres), a construir una sexualidad basada en estos roles.

La pornografía es uno de los pilares de los roles sexuales, del género. “El porno” idealiza una sexualidad en la que sólo entiende la interacción entre los sexos basada en una jerarquía. La pornografía es inconcebible fuera del marco de la opresión de las mujeres por parte de los hombres.

“El porno”, per se, es sexista, y condena a las mujeres a la servidumbre sexual, tanto a las “actrices” violadas frente a una cámara, como a las mujeres (e, incluso, niñas) que, a posteriori, padecerán eso en sus relaciones sexuales.

Y, por último, “el porno” es una de las bases, a día de hoy, de la cultura de la violación. Lo es, incluso de manera más firme que el sexo en las películas (aunque, como ya sabemos, en ellas lleguen a mostrarse también escenas de violaciones reales, como la de María Schneider en “El último tango en París”), porque lo hace sin máscara, sin camuflaje. “El porno” es explícitamente brutal, cruel, feroz… porque busca serlo, y porque quienes lo hacen saben que eso es lo que quieren los hombres.

Porque los hombres se acostumbran, y necesitan, y buscan actos sexuales cada vez más perversos y violentos, para satisfacer su deseo de poder. Y, para ello, se vuelcan en la pornografía, que les permite encontrar escenas cada vez más salvajes: desde violaciones (ni siquiera escenas en las que se “fingen”, sino violaciones reales, como sabemos que tienen páginas como Pornhub), sadomasoquismo, pederastia…

Por último, en la pornografía, las cámaras se dirigen hacia los orificios de las mujeres, porque imaginar a las mujeres, en su conjunto, haría que los hombres, quizá, atisbaran que, tras esos “agujeros” por donde han de penetrarlas, hay una persona.

La idea de la pornografía, su finalidad, es simple y llanamente deshumanizar a las mujeres hasta tal punto que los hombres puedan follarse sus agujeros sin pensar en lo que le pueda estar ocurriendo a quien los tiene, porque desaparece ese “quien”, y pasa a ser un “que”, un “algo”; la pornografía permite a los hombres no ver a las mujeres como seres humanos. La pornografía es un arma cargada y letal contra la empatía que un hombre pudiera mostrar a quien debiera ser su igual.

Como dice Gail Dines, “los sistemas ideológicos crean justificaciones para la desigualdad”, y “el porno” es un pilar fundamental para la desigualdad sexual y su justificación, hasta el punto de haber secuestrado por completo la sexualidad.

Dines explica que “El porno está, hoy en día, tan imbuido en nuestra cultura, que se ha convertido en un sinónimo de “sexo”, hasta el punto en que criticar el porno supone ganarse la etiqueta de “anti-sexo”… ¿Pero qué pasa si eres una feminista que es pro-sexo, en el verdadero sentido de la palabra: en el sentido de que eres pro-diversión, pro-placer, pro-lo maravilloso que puede llegar a ser el sexo, pero estás en contra de la pornografía (una forma de sexo que degrada, deshumaniza; un sexo que es típico y genérico, porque no se basa en la fantasía individual, el juego o la imaginación, sino que es el resultado de un producto industrial creado por aquellos que no se excitan con el contacto humano, sino con las ganancias que obtienen en el mercado)?”

La industria de la pornografía tiene un poder inmenso, no sólo económico, sino también de control social, que es mayor que la de la industria del cine. Imaginemos qué significa esto.

  • ¿Es posible destruir el patriarcado si mantenemos la pornografía?

Evidentemente, no. Para acabar con el patriarcado es imprescindible, a su vez, acabar con toda forma de explotación sexual y reproductiva de las mujeres.

El patriarcado se fundamenta sobre el uso y, en el contexto del capitalismo, la mercantilización de la sexualidad y capacidad reproductiva de las mujeres. Cuando las mujeres son mercancía, algo que se puede obtener, algo a lo que se puede tener acceso previo pago, es porque las mujeres son concebidas como un grupo con una autonomía menor. Es porque nuestra libertad se ve restringida por los mandatos de la sociedad patriarcal, que nos convierte a las mujeres en la propiedad privada de los hombres.

La pornografía, al igual que la prostitución, no sólo es una vulneración clara de los DDHH de las mujeres, sino que es un atentado contra los cuerpos de las mujeres. Porque, efectivamente, prostitución y pornografía son la misma cosa: porque una es prostitución grabada, la pornografía, y la otra es a la que acuden los hombres que, gracias a la educación que reciben en la pornografía, buscan liberar sus deseos de dominar, violentar, violar… a mujeres en carne y hueso, la prostitución.

Como bien dice Andrea Dworkin, cuando habla de la explotación sexual de las mujeres, dice: “Prostitución: ¿qué es? Es el uso del cuerpo de una mujer para el sexo por parte de un varón. Él paga dinero, él hace lo que quiere. En el minuto que te mueves de lo que es la realidad, te mueves de la prostitución al mundo de las ideas. Hay mucho que discutir, pero estarás discutiendo ideas, no prostitución. La prostitución no es una idea. Es la boca, la vagina, el recto, penetrado usualmente por penes, algunas veces por manos, objetos, por un varón, y luego otro, y otro, y otro y otro.  Eso es lo que es.

Les pido que piensen sobre nuestros cuerpos, si pueden hacerlo fuera de lo que los pornógrafos han creado en sus mentes, las monótonas y muertas bocas y vaginas y anos de mujer. Les pido que piensen concretamente en sus propios cuerpos usados de esa manera. ¿Cuán sexy es? ¿Es divertido? La gente que defiende la prostitución y la pornografía quiere que sientan una pequeña emoción cada vez que piensen en algo clavado en una mujer. Yo quiero que sientan los tejidos delicados de su cuerpo que están siendo abusados. Yo quiero que sientas lo que se siente cuando pasa una y otra y otra y otra y otra y otra vez. Porque eso es lo que es la prostitución.

La prostitución es, en sí, un abuso del cuerpo de la mujer. Las que decimos esto somos acusadas de ser simples. Pero la prostitución es muy simple. En la prostitución, ninguna mujer se mantiene entera. Es imposible usar un cuerpo humano de la manera en que se usa el cuerpo de las mujeres en prostitución y tener un ser humano entero al final de eso, o durante, o al principio. Es imposible. Y ninguna mujer se completa después.”

  • En definitiva: ¿Qué papel juega el porno en el feminismo? ¿Pueden ir de la mano?

El feminismo, en su defensa de las libertades y derechos de las mujeres, tiene como única vía el abolicionismo de cualquier forma de explotación sexual de las mujeres.

Es decir, que no podemos quedarnos en la superficie, y pensar que “el porno puede cambiar”. Parafraseando a Audre Lorde, “las herramientas del amo no destruirán la casa del amo”; o sea, la pornografía en ningún momento nos será de utilidad a las mujeres, ni conseguirá ninguna forma de “liberación sexual”, puesto que su objetivo primordial es la de perpetuar una sexualidad machista, misógina, y eso es incompatible con una sexualidad libre, sana, ni mucho menos feminista.

Haciendo otra vez alusión a lo que explica Sheila Jeffreys sobre la pornografía como propaganda, dice Susan Brownmiller que “la pornografía, como la violación, es una invención masculina dirigida a deshumanizar a la mujer para reducirla a un objeto de acceso sexual y no a liberar su sensualidad de inhibiciones familiares o moralistas… La pornografía representa la esencia pura de la propaganda contra la mujer.” Es decir, la pornografía es, y será siempre, violencia contra las mujeres y, por ello, contraria al feminismo.

Asimismo, según afirma Helen Longino, “La pornografía miente cuando dice que nuestra vida sexual (la de las mujeres) es o debe estar subordinada al servicio del hombre, que nuestro placer consiste en darle placer a los hombres y no a nosotras mismas, que somos depravadas, y que estamos dispuestas a ser objeto de violación, esclavitud, tortura y asesinato. La pornografía miente explícitamente acerca de la sexualidad de la mujer, y a través de tales mentiras fomenta aún más mentiras acerca de nuestra humanidad, nuestra dignidad y nuestra personalidad”.

El feminismo es un movimiento de liberación de las mujeres como clase sexual, y para la consecución de esa liberación, hay que acabar con todo aquello que sostenga al patriarcado: la prostitución, la pornografía, los vientres de alquiler, el género…

Por eso, y para poder vivir nuestra sexualidad libremente, hay que ser feministas, y hay que abolir la pornografía.

 

Mujeres por la Abolición

 

 

 

 

 

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