Parole, parole, parole…

Parole, parole, parole…

Reflexiones en torno al documento del Ministerio de Igualdad titulado “Consulta pública previa a la elaboración de un proyecto normativo consistente en una ley para la igualdad plena y efectiva de las personas trans”.

Los spin doctors saben que cualquier manipulación ha de asentarse y basarse en la adulteración del lenguaje (conocen al dedillo 1984 de Orwell).

Y por eso, los transactivistas, sabiamente aleccionados, además de haber inventado una neolengua, repiten obsesivamente esta santa trinidad: igualdad, libertad, diversidad.

Porque, claro ¿cómo denigrar tales principios? Incluso quienes realmente actúan en contra de ellos, aparentan loarlos, apostillando, eso sí: “Libertad, no libertinaje”, “igualdad y libertad, pero bien entendidas”, “todos somos iguales porque todos somos hijos de dios”, etc.

¿Y quién se opone a la diversidad? ¿acaso no aporta color a la grisura de vidas devoradas por el trabajo, el transporte y la rutina?

Como irrefutablemente prueba la historia, la libertad, la igualdad y la diversidad que hoy tienen las mujeres se deben a la lucha feminista. Y por eso mismo, no soportamos que el significado se adultere.

Igualdad. Debemos preguntar: “Cuando decís ‘igualdad plena y efectiva de las personas trans’ ¿cuál es el grupo de referencia? ¿igualdad con quién y en qué? Si la ley estipula que basta con una autodeclaración para cambiar oficialmente de sexo ¿podremos las demás personas, en pro de la igualdad, cambiar también los datos del DNI a nuestra conveniencia? ¿lugar o fecha de nacimiento, por ejemplo? Antonelli dice que ella sabe quién es ¿las demás personas no sabemos quiénes somos? ¿por qué no voy a saber yo que soy una veinteañera?”

Si niños/as y adolescentes podrán decidir su sexo (en fin, su género), hormonarse y operarse sin permiso de adultos responsables y sin consultar psicólogos ni médicos, entonces, igualmente y en pro de la igualdad, los/las menores también podrán libremente tomar cualquier otro tipo de hormonas, medicamentos, sustancias u operarse de lo que deseen (reducción de estómago, por ejemplo, si se ven gordos/as).

la táctica complementaria consiste en llevar todo al terreno emocional, evitando a toda costa análisis racionales.

La igualdad exige que, si en los centros escolares hay protocolos especiales para “detectar” y tratar a posibles trans, también los haya para ayudar a paliar las dificultades que encuentran emigrantes, minorías étnicas, homosexuales, pobres, etc. (máxime teniendo en cuenta que son muchas más personas).

Si se financian programas que aleccionan en un sexismo digno de oscuras épocas fascistas ¿Por qué no se financian programas que luchan contra tan brutales y retrógradas prédicas?

Si nos niegan todo esto (que, en efecto, nos niegan), es evidente que quienes sufren discriminación y desigualdad no son las trans sino las demás personas.

Libertad. El neoliberalismo lleva décadas repitiendo una y otra vez y de mil formas que somos libres, libres y libres. La pregunta es ¿libres para qué? Nos dicen que para que cada cual se enfrente a los “infortunios”. ¿Cómo? “Emprendiendo”. ¿Emprender qué y con qué recursos? Responden: “Ah, eso es personal. Tú verás. Busca en ti misma, todo el mundo tiene algo con lo que comerciar (si eres mujer, está clarísimo: tu cuerpo)”. Finalmente ¿qué es libertad para el neoliberalismo? pues poder vender (para comprar, no basta con tener libertad, hay que tener dinero).

Del mismo modo, para los transactivistas, ser hombre o mujer, es también libre decisión individual.

Caso práctico: señora casada, con dos hijos, trabajo mediocre, sueldo, no digo ya miserable, sino justito, agobiadísima de llevar todo el peso de la casa y el cuidado de la familia a sus espaldas… ¿qué salidas tiene? Con la nueva ley podrá ir al juzgado y declararse hombre. ¿Tan maravillosa libertad cambiaría su vida? No. Sí la cambiarían, por ejemplo, leyes y medidas de mejoras laborales y de servicios sociales, de conciliación o de educación antipatriarcal. La cambiaría saber que, si harta de su marido (o harta de ser abusada, explotada, ninguneada, incluso maltratada) decide dejarlo, recibirá ayudas para cuidar de los hijos y para pagar piso, comida, luz.

Diversidad. Según parece, todas las personas somos iguales, salvo las trans… Yo me parezco como dos gotas de agua a Halle Berry (más quisiera), o, si me apuráis, a Dwayne Johnson. O sea, por ejemplo, en mi pueblo, como no hay trans, carecemos de diversidad, todas somos idénticas…

En llegando a este punto, podéis preguntar: si tan fácilmente se desmonta la manipulación lingüística ¿por qué tanta gente se la traga?

Ah, porque la táctica complementaria consiste en llevar todo al terreno emocional, evitando a toda costa análisis racionales. Las trans (todas, hagan lo que hagan y digan lo que digan) son presentadas como desprotegidas víctimas. Por el contrario, quienes no comulgamos con el transgenerismo somos calificadas como seres sin entrañas. Es más: dicen que si nos oponemos a estas leyes es porque odiamos a las personas transexuales.

¿Estoy asegurando que el Ministerio de Igualdad manipula de manera fría y consciente? Quizá no. Quizá ya tengan estas tácticas tan incorporadas a su “ser político” que ni las detectan.

Sea como fuere, resulta deprimente constatar que la nueva (¿?) política usa los mismos métodos tramposos que el politiqueo de siempre. Cierto, en otros aspectos, innovan: se nota que crecieron viendo concursos y programas de telerrealidad: Gran Hermano, Hotel Glam, ¿Quién quiere casarse con mi hijo? y otras Operaciones Triunfo. Así es que, para justificarse, no apelan a la legitimidad democrática (que sin duda tienen). No. Presumen de adhesiones por mail, sms o whatsapp. Como Eurovisión, vaya. Es de suponer que, cuando no haya confinamiento y la gente esté de nuevo por las calles, refrendarán sus políticas de diversidad (y folclore) con encuestas a la entrada de Zara o de El Corte Inglés.

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