Menudo timo…

Menudo timo…

 

Sabemos que lo natural no puede cambiarse, lo cultural, sí.

Constatamos que el ser humano es bípedo y eso no podemos cambiarlo, pero sabemos que esta realidad no obliga a correr maratones. Sabemos que las mujeres tenemos capacidad de gestar, pero que no por ello estamos fatalmente abocadas a la maternidad. Sabemos que, por naturaleza, nuestro aparato fonador nos permite hablar, gritar, cantar, pero que, tanto la lengua que empleamos, como la ópera, el silencio de los cartujos, Concha Piquer o Edith Piaf, etc. son culturales. Sabemos que somos una especie genéticamente sexuada, pero sabemos que, a partir de ese dato genético natural, se ha fabricado un constructo social que nos formatea para adaptarnos a lo que el patriarcado define como hombre o mujer (desde llevar o no tacones hasta atender o no a los hijos).

Sabemos, sí, que la naturaleza nos condiciona y por eso ningún humano podrá nunca jamás vivir sin oxígeno.

Pero sabemos igualmente que el homo sapiens no es solo naturaleza sino –y, ante todo- cultura. Y sabemos que lo cultural si es mutable.

Sabemos que los constructos sociales (verbi gratia, el capitalismo, el patriarcado, las formas políticas de gobierno, la democracia, las clases sociales, las religiones, el racismo, etc. etc.) no son naturales sino culturales. Por consiguiente, podemos transformarlos y cambiarlos. Y eso hemos hecho a lo largo de la historia, como demuestra que ya no vivamos en una sociedad estamental, que ahora las mujeres puedan votar o que no se queme a los herejes, etc.

Todo esto lo sabemos, sí, pero NO SABÍAMOS -y en eso consiste la GRAN REVELACIÓN de Nuria Abalao– que los constructos sociales SE PUEDEN ELEGIR. Sí, queridas amigas y amigos, según Nuria Abalao, lo que no es natural sino constructo social, se puede elegir.

La cito (cita literal): “un constructo social puede ser una elección no hay nada innato que te ate a un determinado destino de género” (falta la puntuación, pero se entiende ¿no?). O sea: nada nos ata a un determinado constructo social, podemos elegir otro.

Fijaos en qué error vivíamos: creyendo que, como dijimos antes, los constructos sociales se cambian y transforman –después de penosas luchas y empeños que, a veces, duran siglos-, pero ignorando que se pudieran elegir. Como un vestidito, vaya.

Es un desastre para la humanidad que Abalao haya nacido ahora. De haber nacido hace 4000 años, habría podido evitar el sufrimiento de millones y millones de personas. Supongamos, por ejemplo, que Nuria hubiera nacido en Mesopotamia y les hubiera revelado a los sumerios eso de que los constructos sociales se eligen: no habría existido la esclavitud porque es de suponer que todo el mundo hubiera elegido el constructo social de ser libre (aunque, claro, le habría pisado el negocio de Espartaco a Hollywood y a Kirk Douglas).

Y lo mismo digo con el racismo. Aunque con los negros aún estamos a tiempo: urge comunicarles la buena nueva para que así puedan elegir otro constructo social.

¿Y qué me decís del constructo social capitalista? Pues no llevan tiempo los trabajadores (esos a los que Marx llamaba proletarios) y sus organizaciones haciendo el ridículo… Vamos, por favor: intentar dinamitar esa estructura cuando basta con que, quienes quieran, elijan otro constructo…

Ahora bien, permitidme que os diga: quienes se llevan la palma de la estupidez (y me incluyo) somos las mujeres. Anda que no tenemos delito… Cierto, nosotras no elegimos ser mujeres: cuando nacimos, vieron nuestros genitales y dijeron: “Es niña” y a partir de ahí se dedicaron a marcarnos lo que teníamos que hacer, lo que no, cómo debíamos comportarnos, etc. etc. pero ahora que ya sabemos que podemos elegir ¿Cómo no elegimos ser hombres? Además, con la nueva ley, ni siquiera tenemos que cambiar nada de nuestro aspecto, ni consultar con ningún profesional, ni tomar hormonas -que eso da un poco de yuyu- ni dejar de ir a la peluquería a ponernos rulos (si eso nos divierte), ni ná de ná. Bastará con declararnos. Es como la varita mágica del hada madrina: nos declaramos y ya lo somos. Y, si lo somos, ganaremos más, no tendremos que ocuparnos de la casa, dejaremos de ser acosadas y maltratadas, gozaremos de ciertos privilegios… En fin, todo son ganancias…

Entonces ¿a qué esperamos? ¿Es que somos masocas?

¡Ah! ¿Decís que solo funciona en una dirección? O sea, por ejemplo, a Elsa Ruíz –ese ser- sí le funciona: presume de genitales masculinos al tiempo que dice ser mujer. Tan “divertido cóctel” le da fama y dinero. Pero si una señora cualquiera, harta de explotación, llega a su casa o al trabajo y se declara hombre, no le va a servir de nada: la familia le seguirá exigiendo que haga la cena y en el trabajo no le van a pagar más.

Pues vaya timo esto de la elección de constructo social ¿no?

 


Nota: Nuria Alabao es antropóloga. Pasma que una antropóloga diga que los constructos sociales son electivos… (aunque ya sabemos que tener una carrera solo significa que pudiste estudiar, no que tuvieras que entender lo que estudiabas). Y lo que es peor: coordina la sección de Feminismos de CTXT.

 

 

 

CATEGORÍAS
Comparte

COMENTARIOS

Wordpress (0)
Disqus ( )