Otras formas de violencia machista

Otras formas de violencia machista

 

 

Dentro de algo más de una veintena de días conmemoraremos el Día Internacional contra la Violencia hacia las mujeres. Concretamente será el 25 de noviembre. Y, como cada año, aparecerán datos y más datos sobre las violencias que se ejercen contra las mujeres y también, y es justo decirlo, contra las criaturas.

Su conmemoración es necesaria para seguir sensibilizando a la población en general, pero también ha de servir para que, quienes siguen negando que las violencias específicamente machistas existen, aprendan a distinguir en sus discursos esos tipos de violencias.

A pesar del trabajo realizado por el movimiento feminista en las últimas décadas, hay que seguir realizando tareas de pedagogía para ir definiendo estos tipos de violencias y, de ese modo, caminar con paso firme hacia su erradicación.

En este tiempo de estudios, intervenciones, sensibilización, movilizaciones, etc. no han faltado los traspiés ni las involuciones. Y ahora parece que nos encontramos en uno de esos momentos.

A la gente negacionista de las violencias machistas se unen aquellas gentes que niegan el sexo y buscan satisfacer su deseo de un género autoasignado, mayoritariamente hombres que, al reasignar su género, pueden acabar ocupando espacios de seguridad para las mujeres y agredirlas. Estamos hablando de baños públicos, módulos penitenciarios específicos para mujeres en los cuáles su integridad física está garantizada, etc. Y todo ello con permiso de las actuales dirigentes del Ministerio de Igualdad.

Buscar el enfrentamiento entre el feminismo y el colectivo transexual es una estupidez porqué, al menos con la información que manejo, sus reivindicaciones han ido de la mano hasta que el movimiento transgénero ha irrumpido con fuerza buscando el enfrentamiento y que sus reivindicaciones (recordemos, sus deseos) sean convertidos en ley, pasando por encima de las mujeres, a quienes pretenden borrar como sujeto político específico. Una neolengua está haciendo correr ríos de tinta con ese objetivo. Las amenazas e insultos a quienes pretendemos desnudar esos objetivos de borrado de mujeres y hablamos de abolición del género como elemento opresión y de dominación hacia las mujeres, son constantes en las redes y de una violencia inusitada.

Esto, también es violencia machista, porque se ejerce contra las mujeres por haber nacido mujeres. Y es denunciable. Porque los deseos, son deseos y el sexo es el sexo con el que una persona nace. Es algo biológico que permite construir una anatomía completa de ese ser humano en base a su sexo biológico.

En el Estado Español ya existe un procedimiento legal para el cambio de sexo. No estamos hablando de un vacío legal. Hablamos de una legislación desde la que se puede ejercer el derecho al cambio de sexo a partir de una serie de requisitos y de controles. La simple decisión y sin requisitos ni controles conlleva peligro, incluso de muerte para otras mujeres puesto que viene dada por el deseo y no por la necesidad.

Esto no es como ir a la peluquería a teñirse el pelo de otro color, que deja de ser un deseo reversible, puesto que, en el peor de los casos, dejas de teñirte y el cabello vuelve a su color original. El deseo del género autoasignado va mucho más allá de un teñido de cabello. Lleva implícito que, con el ejercicio de la realidad de ese deseo, se pueden vulnerar derechos de otras personas: las mujeres. Y lo que es peor de todo, que van de la mano de una institución que debería velar por los derechos de las mujeres en particular: el Ministerio de Igualdad. Triste, muy triste de verdad para quienes venimos luchando desde hace décadas para que la equidad entre mujeres y hombres avance y no retroceda con lo que ahora está ocurriendo.

Y ahora nos encontramos con la ultraderecha que niega la existencia de las violencias machistas y con una izquierda posmoderna que favorece que los deseos puedan tener rango de ley, en detrimento de los derechos de las mujeres. Andamos como los cangrejos, hacia atrás en lo que a derechos y libertades de las mujeres se refiere.

Y todo ello, aderezado con una Iglesia siempre reticente a que las mujeres seamos las únicas que podamos decidir sobre nuestros cuerpos y nuestras maternidades y, por tanto, siempre contra lo que ellos llaman la “ideología del género” que no es ni más ni menos que la reivindicación de la libertad sobre nuestros propios cuerpos y maternidades.

El panorama se presenta crudo ante este nuevo Día Internacional contra las Violencias hacia las Mujeres, pero no nos queda más remedio que seguir en estos espacios de pedagogía y de reivindicación de la eliminación de todas las violencias machistas que se ejercen contra las mujeres, incluidas estas nuevas formas de violencias que desde el Ministerio de Igualdad nos quieren imponer. Triste, pero real.

Cuando desde el feminismo se afirma que el machismo no entiende de política y que, por tanto, se puede ser machista de derechas o de izquierdas siendo hombre o mujer, nos estamos refiriendo, precisamente a esto. Una mujer joven, formada, pretendidamente de izquierdas que está permitiendo el crecimiento de un movimiento que potencia la misoginia y el abono del patriarcado con lo que ello significa para las mujeres. Y, por tanto, fomentando una nueva forma de violencia machista hacia las mujeres. Y decir esto no es transfobia, se llama feminismo y sentido común.

Un nuevo frente se abre para el feminismo. Lo hemos de abordar sin miedo y con mucha pedagogía, pero con la valentía que nos da saber que somos muchas y que las más jóvenes vienen por detrás con mucha fuerza. ¡¡¡Ánimo!!!

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