De qué hablamos cuando hablamos de libertad y trabajo sexual: el clasismo que subyace tras los argumentos regulacionistas

De qué hablamos cuando hablamos de libertad y trabajo sexual: el clasismo que subyace tras los argumentos regulacionistas

 

Texto de Mónica Iglesias Fernández y  María González Merino

Resulta cuando menos chocante que en el debate en torno al sistema prostitucional y, en concreto, a la necesidad de su abolición o regulación, haya tantas voces de mujeres (entre las que encontramos las de muchas académicas) justificando la regulación de lo que ellas llaman «trabajo sexual» y los puteros de todas las épocas, «la profesión más antigua del mundo».

¿Será que, si en lugar de defender este argumento mujeres que además se definen como feministas, lo hicieran los verdaderos actores de este crimen, es decir, los hombres que se lucran y los que disfrutan de la explotación de miles de mujeres y niñas, sería más evidente la verdadera naturaleza de la prostitución?

«En Alemania, según señala la doctora Ingeborg Kraus, la trata de mujeres ha aumentado un 30% desde que en el año 2002 se legalizó la prostitución, con un total de 3.500 prostíbulos registrados». LEER MÁS

En todo caso, parece que de momento no será necesario que proxenetas y puteros salgan a la palestra a defender sus beneficios económicos ni sus privilegios sexuales pues, como decíamos, siempre hay mujeres dispuestas a argumentar bajo una aparente objetividad por qué los hombres deben tener derecho a continuar comprando mujeres para su disfrute.

Pero no a todas las mujeres, claro. Solo a aquellas que, «dentro de su contexto y situación vital, deciden que el trabajo sexual es una opción mejor que otras»  (María Valvidares, La Nueva España, 30/08/2020). ¿Y qué mujer podría decidir que esa es su mejor opción? Desde luego, no aquellas que tuvieran garantizada su seguridad económica. El clasismo que desprende esta afirmación entronca directamente con el caciquismo secular de nuestro país y, si la despojamos de todos sus circunloquios, viene a decir:  «que se prostituyan las pobres, si no pueden o no saben hacer otra cosa». Una idea  —como puede verse— muy poco feminista, desde luego nada revolucionaria y que no hace más que reforzar la desigualdad.

Sin embargo, esta es una frase textual extraída de una extensa entrevista a María Valvidares, profesora de Derecho Constitucional de la Universidad de Oviedo —titulada «Hay que regular la prostitución porque hay mujeres que deciden que el trabajo sexual es  su mejor opción» y publicada en La Nueva España (30/08/2020)— en la que, por enésima vez, se intenta trazar una clara línea divisoria entre la trata con fines de explotación y el «trabajo sexual libremente ejercido».

«Se calcula que en España ejercen la prostitución un número cercano a las 350.000 mujeres de las cuales el 80% son extranjeras en situación de migración irregular provenientes de Brasil, Colombia, Nigeria, Rumanía, Rusia y Ucrania».  LEER MÁS

En la misma se alude a la necesidad de regular la prostitución para «garantizar la situación de mayor protección a derechos como la vida y la integridad física y moral, o al derecho a la salud que sea posible».

Este lacónico y preciso «que sea posible» indica que incluso para una defensora de la regulación resulta evidente que no es posible garantizar en su totalidad  la integridad física y moral y, mucho menos, el derecho a la salud cuando tu destino es ser penetrada reiteradamente por ano, vagina y boca.

«Para la investigadora y psicóloga clínica alemana Ingeborg Kraus, la prostitución es violencia sexual: “Fisting, sexo anal sin protección, juegos con heces y orina… No se puede regular eso. Solo se puede abolir la prostitución”». LEER MÁS

Porque por mucho que se eluda tratar la realidad de la prostitución, por mucho que se empeñen en hablar de «prestación de servicios», por mucho que pretendan convencernos de que es posible separar lo que «te hacen» de «lo que eres», esta es, en última instancia, la relación que se establece entre el putero y la mujer prostituida.

«Las condiciones laborales de las prostitutas han “empeorado en años recientes”. En  Alemania, con legislación regulacionista,  “se ofrece un número significativamente mayor de servicios en condiciones de mayor riesgo y a cambio de menos dinero que hace 10 años”.» – Andrea Weppert, trabajadora social. LEER MÁS

¿Hace falta explicar por qué ninguna mujer elegiría para sí misma esta suerte si no estuviera sometida a una brutal necesidad económica, o si antes no ha sido víctima de un proceso reiterado de abuso y maltrato, o si no ha conocido desde niña más horizonte vital que ese?

«Detrás de una elección existe una construcción social que nos empuja a ello y no siempre es la pobreza económica, también puede ser la violencia sexual en la infancia o la adolescencia. Ese es otro factor importante en la creación de la identidad de puta». – Amelia Tiganus, superviviente y activista. LEER MÁS

Solo haciendo abstracción de este contexto desde una posición de privilegio se puede hablar de «prostitución libremente elegida» y escribir párrafos tan absolutamente vacíos de contenido como el siguiente:

«Como constitucionalista, me resulta incomprensible que se afirme que es irrelevante el consentimiento de las mujeres, por considerarlo viciado bien por la necesidad económica, por la propia alienación que la prostitución –se dice- genera, o porque se trata de una institución patriarcal que expresa la desigualdad. (…)¿Se quiere considerar a las mujeres, una vez más, como personas sin capacidad de autodeterminación, tal y como ha hecho históricamente la normatividad social y jurídica? ¿A todas las mujeres, o solo a las más pobres? ¿Se rechazarán todas las decisiones que tomen, o solo las vinculadas con la prostitución? Cuando una mujer decide migrar a otro país, dejando su lugar de origen, a miles de kilómetros, a su propia familia, para cuidar a nuestros hijos o nuestros padres, ¿alguien duda de que lo hace por necesidad económica? ¿Debemos negarle, en ese caso, su proyecto migratorio?» (María Valvidares, 30/08/2020)

Puesto que es el feminismo radical el único que está denunciando la violencia estructural que representa el sistema prostitucional y, consecuentemente, reclamando la abolición de la prostitución, debemos suponer que es al feminismo radical a quien María Valvidares acusa de tratar de relegar a las mujeres a la condición de seres incapacitados para decidir sobre su propio destino.

No es nueva esta estrategia, tan común a los defensores del statu quo de cualquier época. Para los esclavistas, las abolicionistas que propugnaban el fin de ese cruel sistema de explotación llevarían la desgracia a la vida de los esclavos; para los patronos, eran los sindicalistas quienes abocarían al hambre a la clase trabajadora cuando reclamaban mejoras en sus condiciones de vida. Y proxenetas y puteros han encontrado en el regulacionismo un inesperado aliado que culpa a las propias feministas de odiar a las mujeres prostituidas y de llevarlas a la ruina. Y mientras, señala con el dedo acusador a las feministas, ignora sitemáticamente todos los estudios y testimonios que desmienten su discurso sobre la «prostitución libremente elegida» y oculta convenientemente el programa que defiende el abolicionismo.

«Durante 18 años he trabajado con estas mujeres y no he conocido ni una sola que lo hiciera porque quería». – Lea Ackerman, fundadora de SOLWODI (Solidarity with Women in Distress). – LEER MÁS

Por tanto, independientemente de las intenciones subjetivas de quienes sostienen este tipo de argumentos, es indudable que, por encima de todo, están colaborando en el mantenimiento del sistema prostitucional y de la desigualdad estructural entre mujeres y hombres. Cuando quien esto hace es, además, mujer y se pretende feminista, nos vienen a la mente las palabras de Beauvoir: «El opresor no sería tan fuerte si no tuviera cómplices entre los propios oprimidos».

 

CATEGORÍAS
Comparte

COMENTARIOS

Wordpress (1)
  • comment-avatar
    Osvaldo Buscaya 4 semanas

    a) {En todo caso, parece que de momento no será necesario que proxenetas y puteros salgan a la palestra a defender sus beneficios económicos ni sus privilegios sexuales pues, como decíamos, siempre hay mujeres dispuestas a argumentar bajo una aparente objetividad por qué los hombres deben tener derecho a continuar comprando mujeres para su disfrute.}
    Pues, regular la prostitución, es nada más y nada menos que legitimar directamente y aceptar un modelo de relaciones asimétricas entre hombres y mujeres: sistema de subordinación y dominación de las mujeres, anulando la dura labor del feminismo de varios decenios, para mejorar la lucha contra la narcisista paranoica transexual ecuménica perversa civilización patriarcal. Legitimar la prostitución se convierte en un soporte más del control narcisista paranoico transexual ecuménico perverso patriarcado y de la sujeción sexual de las mujeres; efecto negativo sobre las mujeres y las niñas que están en la prostitución, y sobre el conjunto de las mujeres como grupo.
    b) {Porque por mucho que se eluda tratar la realidad de la prostitución, por mucho que se empeñen en hablar de “prestación de servicios”, por mucho que pretendan convencernos de que es posible separar lo que “te hacen” de “lo que eres”, esta es en última instancia la relación que se establece entre el putero y la mujer prostituida.}
    Pues, la prostitución reafirma y consolida las definiciones narcisistas paranoicas del transexual ecuménico perverso patriarcado sobre las mujeres, cuya función sería la de estar al servicio sexual de los hombres y así educar a nuestros hijos e hijas con mujeres tras los escaparates como mercancías como futuro laboral de nuestras hijas. El narcisista paranoico transexual ecuménico perverso patriarcado exige reglamentar la prostitución y así integrarla a la economía de mercado, siendo una alternativa aceptable para las mujeres: siendo ocioso remover las causas y las “costumbres” sociales que aceptan que las mujeres deben ser prostituidas, normalizando la prostitución para las pobres.
    Un penoso conflicto que la mujer padecería sería; ¿Cómo admitir que el patriarcado es el padre, el hermano, el compañero, el dirigente, el ecuménico, etc., y que en esta regla no habría excepción?
    El sentido y la verdad del feminismo (la mujer) es la derrota del varón; perverso irresoluble y ambiguo sexual
    “El feminismo es única y absolutamente la mujer”
    El discurso de la acción femeninológica, de mi ciencia de lo femenino (Femeninologia), expone al varón frente a aquello que ha silenciado en el pasado; el fundamento agresivo que encubre con su hipócrita moral y ética patriarcal, que se demuestran insostenibles en el presente.
    Por Osvaldo Buscaya (OBya)
    Psicoanalítico (Freud)
    Femeninologia (Ciencia de lo femenino)
    Lo femenino es el camino
    Buenos Aires
    Argentina
    1/11/2020

  • Disqus ( )