Tribunal de UK considera si menores pueden dar consentimiento a ser tratados con bloqueadores de la pubertad

Tribunal de UK considera si menores pueden dar consentimiento a ser tratados con bloqueadores de la pubertad

Traducción del artículo de Alexandra Topping publicado en The Guardian el miércoles 7 de octubre de 2020: https://www.theguardian.com/society/2020/oct/07/court-hears-children-cannot-consent-to-puberty-blockers

 

NHS trust (el Servicio Nacional de Salud) se enfrenta a acciones legales a causa del único servicio de desarrollo de identidad de género para menores del Reino Unido

Keira Bell, en la entrada de the Royal Courts of Justice (Londres), donde ha demandado a la fundación de la clínica Tavistock and Portman del Sistema Nacional de Salud (NHS Trust). Fotografía: David Levene/The Guardian

 

El argumento de que los menores pueden dar su consentimiento informado a la prescripción de bloqueadores de la pubertad es un «cuento de hadas», según se ha dicho en el Tribunal Supremo.

Keira Bell, una mujer de 23 años que comenzó a tomar bloqueadores de la pubertad cuando tenía 16 años antes de su proceso de «destransición» a los 20 años, y la madre de una niña de 16 años con autismo que está esperando tratamiento, han denunciado su caso contra la clínica Tavistock y Portman del Servicio Nacional de Salud, que dirige el único servicio de “desarrollo de la identidad de género” (GIDS) para niños del Reino Unido.

El miércoles, sus respectivos abogados, que quieren que se les prescriban bloqueadores de la pubertad sólo después de una orden judicial, argumentaron que los niños que aún no han pasado por la pubertad no son capaces de comprender adecuadamente las «implicaciones médicas, psicológicas y emocionales de por vida» de tomar bloqueadores de la pubertad y hormonas sexuales cruzadas.

Los abogados de la Tavistock sostienen que el uso de bloqueadores de la pubertad rara vez se utilizan en menores de 13 años y que se trata de un «tratamiento seguro y reversible con un historial bien establecido».

En una audiencia celebrada en Londres, el abogado de ambas demandantes, Jeremy Hyam QC, sostuvo que en el 97% de los casos el uso de bloqueadores de la pubertad en menores conllevó un tratamiento posterior, y sostuvo que el tratamiento a base de bloqueadores hormonales para abordar la disforia de género «no tenía ninguna base adecuada para apoyarlo».

Sostuvo que «se desconoce en gran medida el efecto de los bloqueadores hormonales en la intensidad, la duración y el resultado del desarrollo de los adolescentes», y añadió: «Hay pruebas de que los bloqueadores hormonales pueden tener efectos secundarios importantes, como la pérdida de la fertilidad y la función sexual y la disminución de la densidad ósea».

La idea de que los menores son plenamente capaces de dar su consentimiento es «simplemente un cuento», dijo. «Nadie puede pensar desde la sensatez que un niño de 13 años o menor que no tiene capacidad dar su consentimiento legal a mantener relaciones sexuales sí tiene capacidad para dar su consentimiento informado a un tratamiento de dudosos beneficios… y con consecuencias de por vida».

Hyam dijo que el caso se centraba en si los menores podían dar su consentimiento informado al tratamiento y si la información que se les daba era apropiada. «Siendo jóvenes y con poca experiencia vital relevante, sostenemos que no hay manera de que puedan tomar una decisión informada sobre la pérdida de la función sexual», dijo. «Simplemente no es creíble».

Hyam dijo a la corte que la incidencia de las derivaciones a la unidad de identidad de género (GIDS) había aumentado en veinte veces, pasando de 97 en 2009 a 2.590 en 2018, y que el porcentaje de mujeres de nacimiento derivadas había aumentado durante ese periodo, alcanzando el 76% de los casos. Y añadió que el caso más joven es el de una niña derivado a la Tavistock en abril de 2020 con solo 10 años, mientras que la edad media era de 15 años y cuatro meses.

Al prestar declaración en la presentación del caso, Bell dijo que se había quedado «sin senos, con una voz profunda, vello corporal, barba, función sexual afectada y quién sabe qué más que no se ha descubierto». Tiene que vivir con el hecho de que, si tiene hijos en el futuro, no podrá amamantarlos. «Tomé una decisión impetuosa cuando era adolescente (como lo hacen muchos adolescentes) tratando de encontrar confianza y felicidad, pero ahora el resto de mi vida se verá afectada negativamente», dijo.

Fenella Morris QC, en representación de la fundación hospitalaria, calificó de “propuesta radical” el argumento de que los menores no pueden dar su consentimiento informado para que se les receten bloqueadores hormonales.

En sus alegaciones por escrito, argumentó que los demandantes trataban de «imponer una exclusión generalizada» de la posibilidad de que los menores de 18 años pudieran dar su consentimiento al tratamiento médico. Morris dijo que la mayoría de los niños derivados a la “unidad de identidad de género” entre marzo de 2019 y 2020 eran mayores de 12 años, y que sólo 13 de los menores (8%) derivados tenían menos de 13 años. El más joven tenía 10 años y tres meses.

Aceptó que el impacto a largo plazo de los bloqueadores hormonales no se conocía del todo -como cualquier droga usada durante menos de 50 años- pero argumentó que el uso de bloqueadores había sido «ampliamente investigado y debatido durante tres décadas».

Dijo que los demandantes querían revisar la prueba jurídica conocida como «competencia Gillick», que establece que el derecho de los padres a decidir sobre el tratamiento médico termina «cuando el menor alcanza el entendimiento y la inteligencia suficientes para comprender plenamente lo que se le propone». Los menores de 16 años debían tener el consentimiento de sus padres para el tratamiento, dijo.

Morris rechazó las pruebas aportadas por las demandantes, diciendo que carecían de peso para afirmar que la prescripción de bloqueadores de la pubertad está basada en evidencias insuficientes, añadiendo que «No tiene fundamento».

También dijo que antes del tratamiento, los jóvenes eran plenamente conscientes del impacto de los bloqueadores hormonales y se les «daba toda la información necesaria y apropiada […] y un apoyo muy considerable para ayudarles en sus procesos de reflexión». Y añadió que, lejos de contar con una evidencia escasa sobre el beneficio de los bloqueadores de la pubertad, su uso era «el enfoque clínico más ampliamente aceptado y preferido en las clínicas especializadas en temas transgénero de todo el mundo».

El mes pasado el Servicio Nacional de Salud (NHS) puso en marcha una revisión independiente del Servicio de Desarrollo de la Identidad de Género para Niños y Adolescentes (GIDS) y la Comisión de Calidad en la Atención (CQC) también debe llevar a cabo una inspección específica este otoño.

Se espera que la comparecencia ante la magistrada de la reina, Dame Victoria Sharp, el juez Lewis y la jueza Lieven dure dos días, y se espera que el juicio se realice en una fecha posterior. La audiencia continúa.

  • Este artículo fue corregido el 8 de octubre de 2020. Fenella Morris QC no aceptó que los bloqueadores hormonales fueran «experimentales», sino que aceptó que el impacto total a largo plazo de los bloqueadores hormonales no era totalmente conocido.
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