La ruptura del vínculo madre-hijo. La apropiación y desvalorización de la maternidad por el patriarcado.

La ruptura del vínculo madre-hijo. La apropiación y desvalorización de la maternidad por el patriarcado.

 

La relación madre-hijo/a, el  vínculo madre-hijo/a,  es de una importancia primordial para el ser humano a lo largo de su vida, para la familia y para la sociedad en general, pero su valor y trascendencia  parece que se han olvidado.  El vínculo madre-hijo/a  es la base de la estructura familiar, que nace del hecho biológico más extraordinario de la especie, y  que es a su vez la base de la estructura social.   La protección de ese vínculo es de capital importancia para que la madre y el hijo/a no sean dañados,  la estructura familiar se desarrolle sanamente y la estructura social no reciba los efectos perjudiciales de ese daño.

Ese vínculo siempre ha estado controlado por el padre, cuando es legítimamente de la madre, si bien se reconocía y asumía la importancia del vínculo madre-hijo y la importancia de la madre en la crianza.  Sin embargo,  después de la aprobación de las leyes de separación y divorcio de las parejas, y  la lucha por la igualdad de derechos de mujeres y hombres, se ha producido una reacción contraria de apropiación y desvalorización de la maternidad, al considerar que la igualdad de derechos de mujeres y hombres le daba el mismo derecho al hombre a apropiarse el vínculo y a sustituirla en la crianza.  Esta argumentación es errónea, en primer lugar, porque el padre y la madre pueden ser iguales como personas, pero no son iguales en sus naturalezas y atribuciones de padre y madre, son complementarios como figuras parentales, tienen capacidades diferentes y representan modelos diferentes para el hijo y  no se pueden igualar en la crianza, ni en la importancia del vínculo madre-hijo/a.

El considerar que el padre y la madre son iguales como figuras parentales, supone obviar lo que significa la maternidad y el vínculo madre-hijo. Si a los hijos los trajera la cigüeña y los dejara en la puerta de la casa y el padre y la madre estuvieran esperando al hijo en igualdad de condiciones, a lo mejor podrían intentar convencernos de esa igualdad parental. Pero es ella la que ha concebido, ha gestado, ha parido, ha amamantado a ese hijo, es su hijo/a. Para todo ese proceso la madre ha sufrido cambios físicos, fisiológicos, hormonales, hasta su cerebro cambia, toda su naturaleza se transforma para el nacimiento de ese hijo y para cubrir todas sus necesidades y protegerlo y está dotada por la naturaleza para ello.  Durante el embarazo existe una comunicación única entre ambos, que los nutre y los guía y los prepara para el encuentro tras el parto y esa comunicación continua después durante toda la vida. La unión madre-hijo/a es la unión más fuerte y con más riqueza y profundidad emocional y afectiva que ninguna otra relación humana, y  está marcada por el fuerte instinto de protección que la domina. La sabiduría de la naturaleza lo ha creado así, porque de ello depende la supervivencia de la especie.  El hombre no tiene esa experiencia, a lo más puede observarla.

En segundo lugar, está el argumento de la igualdad de hombres y mujeres, que por mucho que se reivindica no se consigue. Entonces, sin haber conseguido una igualdad real, que es controlada por el poder del hombre, quieren sin embargo apropiarse de lo que la naturaleza nos ha dado a las mujeres, es decir materializar un intercambio, cuando este no se ha producido, un intercambio ventajoso para ellos. Pero incluso, aunque se consiguiera ese modelo de igualdad social tampoco sería justo que ese vínculo se lo apropiaran, porque la madre tiene una condición de más que ellos no tienen y no les pertenece, esta es la cuestión.  El padre y la madre son diferentes en sus naturalezas y como figuras parentales, ella puede concebir, gestar, parir, etc. y establecer un vínculo, que ya existe antes del nacimiento porque lo lleva dentro, que es único e insustituible para la madre y el hijo.  El vínculo madre-hijo/a  es el  vínculo natural por excelencia, idóneo, único, irrepetible, privilegiado por la naturaleza, legítimo, y nunca se puede comparar con otros que lo puedan sustituir.

La figura del padre es importante y valiosa para el hijo, y cumple unas funciones que varían a lo largo del tiempo, según las necesidades y el desarrollo de los hijos,  pero esa figura no puede estar en contradicción ni oponerse a la importancia de la maternidad y del vínculo madre-hijo. No puede dañar, ni romper ese vínculo por el hecho de ser el padre, ni ejercer un poder por encima del derecho natural de esa unión.  Sus derechos no pueden contravenir los derechos de la madre y del hijo y desde luego no puede interferir en ese vínculo. No aceptar esto supone negar el derecho natural que le corresponde por naturaleza al vínculo madre-hijo.

Este planteamiento, lógico y de sentido común,  que anteriormente se entendía, ahora ya no se considera porque no interesa. Se dice que grupos de presión,  los llamados defensores de los derechos de los padres, un porcentaje pequeño de las poblaciones de los diferentes países, han conseguido presionando a los gobiernos cambiar las leyes que afectan a más de la mitad de la población, es decir a todas las mujeres y los hijos.  No sabemos quienes son o han sido estas personas que han conformado estos grupos,  ni sus argumentos o influencias, pero sí sabemos que la respuesta que se les ha dado ha sido discriminatoria en relación a las madres, que siendo una de las partes, no se ha considerado ni escuchado.  Tampoco sabemos las verdaderas razones en las que han basado sus peticiones, si han sido intereses económicos, ideologías, misoginia o venganza hacia las mujeres o incluso hombres violentos, que hacen presión interesada, simulando un derecho que nunca sería justo.  Porque si  reivindican sus derechos como padres, hay que contestar con firmeza que sus derechos como padres no están por encima de los derechos de las madres ni de los hijos, y que el vínculo madre-hijo es el vínculo legítimo por derecho natural y no puede romperse.  Pero además ese derecho no se puede establecer a la fuerza, por imposición, quiera o no quiera el hijo y la madre, y aún menos cuando continuamente se ve en sus conductas dominio, exigencias, control, manipulación, venganza, etc, actitudes que no son dignas de un verdadero padre.  Estas presiones sobre sus derechos contrastan con las de otros padres, que no son menos padres por ello, ni tienen menos derechos, y que sin embargo asumen en las separaciones que sus hijos se queden con sus madres y respetan el vínculo madre-hijo.

Resulta difícil de creer (si no fuera por los intereses creados) que la mayoría de países hayan asumido el discurso de estos grupos minoritarios, en un tema tan importante y valioso para el ser humano, para las madres y los hijos, que los va a afectar de por vida.  Tampoco se ha escuchado a las madres ni a los hijos, a grupos feministas, profesionales, investigadores, etc., que se han opuesto.

Se han hecho cambios legislativos en un tema tan importante, sin un consenso social, sin estudios previos que avalen su uso, sin considerar sus consecuencias, sin contar con las mujeres, sin escuchar a los hijos, rechazando el conocimiento científico, y los efectos en los hijos de la ruptura del vínculo y de la separación de la madre. No se ha tenido en consideración las edades de los hijos, que ha incluido hasta lactantes, niños con enfermedades graves, grandes distancias geográficas de un progenitor a otro, y otras circunstancias que aun siendo “cotidianas” ya serían bastante estresantes para adultos, como cambiar continuamente de casa, de costumbres, etc, en la etapa de la vida de mayor vulnerabilidad.  No se ha tenido en cuenta, que no se puede “legislar sobre el corazón humano”, ni contra la naturaleza de las uniones y personas.

Pero además tampoco se ha contemplado la violencia de género que subyace en las separaciones. Los gobiernos de casi todo el mundo han puesto en marcha unas medidas legislativas, sin considerar la violencia de género que las afecta,  ni darle respuesta adecuada cuando ha existido, a pesar de las abrumadoras cifras sobre la misma. La violencia de la pareja no se detecta en los tribunales en su verdadera dimensión, a no ser que sea muy llamativa; tampoco se identifica a los maltratadores ni se sancionan sus conductas adecuadamente. Incluso reconociéndola tampoco la consideran un impedimento para custodias o visitas. Tampoco se tiene en cuenta que los maltratadores piden la custodia compartida el doble de veces que los no maltratadores. A los operadores judiciales no se les ha formado en un tema tan complejo y delicado como la violencia de género, que incluso para profesionales expertos  puede ser difícil detectar.  Profesionales en el área del derecho, cuya formación académica y profesional no tiene nada que ver con el conocimiento sobre la complejidad de la conducta y mente humana, que no están capacitados para detectar y entender toda la complejidad de las conductas violentas, son los que están valorando la violencia de género.

Un tercer argumento que plantea la adopción de estas medidas tiene que ver con el control y dominio desde siempre del patriarcado sobre la mujer, que nunca ha aceptado la pérdida de poder y de privilegios, ni la igualdad del hombre y la mujer, y que enmascara este dominio. En “control coercitivo, como los hombres atrapan a las mujeres en la vida personal” Evan Stark  “ profundiza en las complejidades del control patriarcal, explicando cómo a medida que avanzaba la liberación de las mujeres, el control institucional (público) de las mujeres, se volvió más inaceptable socialmente, y se transformó en dominio sobre las mujeres dentro de sus hogares, descentralizado y oculto a la vista del público”. Esto explicaría lo que es difícil de explicar, y directamente plantearía que estos hechos representan una guerra encubierta de dominio, del ejercicio de poder del hombre sobre la mujer que siempre ha existido.

En este sentido, dotados por la experiencia de los siglos para la guerra y para establecer estrategias de dominio y control, han diseñado leyes que pareciendo igualitarias imponen los privilegios y el dominio del hombre sobre las mujeres y los hijos.  Así restablecen el control y sometimiento de la mujer, con conductas aleccionadoras, pero también utilitarias sobre la maternidad y los hijos. Sabemos que las guerras en todos los tiempos han estado marcadas por la trampa, el engaño y la mentira.  

Así las cosas, los gobiernos y el patriarcado que los sustenta, parece que han actuado  interesadamente para fortalecer los privilegios masculinos de poder y de dominio sobre la mujer, exponiendo a las madres y a los hijos, que representan y condicionan el futuro de los países y de la humanidad, a riesgos muchas veces graves, con desconsideración y desprecio hacia sus naturalezas y necesidades.  Se puede decir que la maternidad y el vínculo madre-hijo, han sido dañados por leyes injustas, hechas a la medida de los intereses de los hombres,  sin escuchar a las mujeres y a los hijos. Leyes impuestas que invisibilizan la importancia de ese vínculo, que se apropian y someten a su control, y obvian las necesidades en el desarrollo de los hijos, a cualquier edad,  y en su crianza donde aún es más esencial  la figura de la madre.

Porque esto nace en las separaciones y divorcios partiendo por la mitad a los hijos en las custodias compartidas, sin tener en cuenta su verdadero interés y su necesidad, o bien con apropiación exclusiva de las custodias. Los estados deberían plantearse las consecuencias derivadas de las separaciones de las madres y los hijos en las custodias compartidas y custodias paternas, que van contra la naturaleza de esta unión y que están ocasionando en todo el mundo un maremágnum de situaciones sin control y el medio para ejercer la violencia contra las mujeres y los hijos. Cuanto más se tarde en ello más sufrimiento dejará, más madres e hijos afectados de por vida y más responsabilidad de los gobiernos en este sufrimiento. En todo el mundo se intenta ahora solucionar estas consecuencias dramáticas, ese maremágnum, pero por caminos largos y complicados  que obvian el origen del problema, cuando la solución está en lo fácil y sencillo, en proteger la relación y la unión de la madre y los hijos y comprender su importancia.

La ruptura o el daño al vínculo madre-hijo/a y la apropiación y desvalorización de  la maternidad también afecta a los términos que la definen. El término madre o maternidad, se evita, se cuestiona, está devaluado,  ¡el hecho diferenciador de la naturaleza en relación al género,  con todo lo que supone, se invisibiliza!.  Si lo que no se nombra no existe, la maternidad y las madres no existen, están invisibilizadas.  Incluso hasta la literatura científica a veces  denomina a la madre  “figura primaria”, “figura protectora”, “progenitor” “cuidador” u otras denominaciones parecidas, como si otra figura pudiera sustituirla, fuera intercambiable o  estuviera ahí en las mismas condiciones que otra figura.  Pero no es así, la madre es figura única en relación al hijo.

La ruptura o agresión al vínculo madre-hijo/a, pone de manifiesto la desvalorización y apropiación de la maternidad por parte del patriarcado, lo que está ocurriendo desde hace tiempo, y esto representa el centro de la guerra contra la mujer, se apunta al corazón mismo de la mujer que son sus hijos/as, al corazón de la maternidad.

La desvalorización y apropiación de la maternidad se manifiesta en plantear que la maternidad y paternidad son iguales cuando no lo son, intentando confundir e igualar sobre los términos de derechos legales y biológicos-naturales, aprovechándose de la lucha por la igualdad de los derechos sociales de la mujer.

Se desvaloriza la maternidad cuando se legislan leyes que no la tienen en cuenta, siendo la protagonista, y ni se escucha a la mujer ni a los hijos/as.   Se desvaloriza la maternidad cuando se separa a un hijo/a de su madre por decisión judicial, en el ejercicio de esas leyes y a su “discrecionalidad”, sin tener en cuenta la naturaleza de esta unión.  Se desprecia y agrede la maternidad cuando  no se las cree,  ni se tiene en cuenta la violencia de género que sufren madres e hijos/as, que los obliga a continuar en la violencia del maltratador. Aún más cuando se le pone a la madre la trampa del SAP y no puede proteger y defender legítimamente a sus hijos de la violencia.

Igualmente se desvaloriza la maternidad cuando los Servicios Sociales arrebatan a los hijos/as de sus madres y los separan de sus familias,  para tutelarlos ellos o darlos a quien consideren, también producen una agresión inmensa en las madres y sus hijos/as, causándoles un daño profundo e  irreparable y rompiendo sus vidas para siempre, ¿no se pueden solucionar de otra manera muchos casos o de ayudar en situaciones de necesidad?.

También en los casos de “bebes robados” se ha manifestado el fuerte desprecio hacia las madres que lo han sufrido y hacia la naturaleza de la maternidad, marcando sus vidas para siempre.

La concepción de los vientres de alquiler supone otra desvalorización, apropiación,  desprecio y agresión hacia la mujer y la maternidad. Se habla del derecho a la filiación, ¿por qué no se tiene también en cuenta ese derecho para otras situaciones?.

Finalmente,  en mi opinión, que se considere que la madre “secuestre” a sus hijos es otro desprecio hacia la maternidad.  No se puede robar o secuestrar lo que es nuestro, y son nuestros hijos, ¿cómo es posible que esa vida que se ha hecho dentro de nosotras, que hemos concebido, gestado, alumbrado con dolor,  etc., que es nuestro hijo, se pueda considerar que la “secuestramos”?.  Es indignante y tremendamente doloroso ver esas imágenes crueles de separación, de arrancamiento de los hijos a sus madres, que se ven en los medios, ¿no hay otra manera de solucionar los conflictos o lo que sea de ley?,  no, solo  castigar y aleccionar,  ¿es proporcional el castigo a la ofensa?,  no, en esta respuesta también se manifiesta el desprecio hacia la maternidad.

Otras situaciones ocurren hoy continuadamente que trivializan la maternidad y la importancia del vínculo y relación madre-hijo, situaciones que son tratadas con dureza, frialdad, ligereza e irresponsabilidad en relación a su verdadero valor e importancia.

Sería deseable que una verdadera justicia se implantara en el futuro, y considerara  todas estas situaciones como graves atentados contra la maternidad, contra las madres y los hijos, especialmente contra el vínculo madre-hijo, y que diera otras respuestas que respetaran el derecho natural de esta unión.

El ataque a la unión madre-hijo/a es lo más grave que está viviendo hoy la mujer, por las terribles consecuencias que está teniendo sobre las madres y los hijos/as.  Esta agresión está en el centro de la guerra entre el patriarcado y la mujer, en el centro del corazón mismo de la mujer, especialmente en la ruptura del vínculo y la apropiación de los hijos.  Hoy, en esta sociedad profundamente corrompida, los niños, que son nuestros hijos/as, se han convertido en “objeto de deseo” y  “bienes de reparto”.

¿Qué dice el movimiento feminista?. Desde mi punto de vista, la respuesta del feminismo ante esta desvalorización y apropiación de la maternidad es controvertida cuando choca con concepciones previas sobre la realización de la mujer, que tradicionalmente rechazaban la maternidad. Esta falta de claridad ha supuesto un punto débil que puede ser atacado y de hecho lo es con total virulencia.  Si la mujer ha querido conseguir unas cosas desprotegiendo otras, no ha medido las consecuencias de sus planteamientos, ni su realidad, y en esta guerra al enemigo lo han metido en su territorio, en su dominio.  Porque hoy no es en el espacio exterior donde está la lucha más importante del Patriarcado contra la mujer, sino dentro de las casas, con las madres y los hijos.

Las mujeres han sido consideradas con toda clase de descalificaciones e insultos y mentirosas, rechazadas y acusadas cuando han sido maltratadas, vasijas para tener hijos para otros, mujeres que por ser pobres o necesitadas no pueden quedarse con sus hijos (cuando la humanidad ha venido al mundo en la pobreza), fabricas para pagar las pensiones, etc.  Pues bien, si tan valiosos son los hijos para la sociedad, que protejan la maternidad y a nuestros hijos.

En un mundo más justo la maternidad sería valorada y  considerada el mayor bien de la sociedad, y su mayor fortaleza,  las madres y los hijos serían protegidos y ayudados, no se atacaría su unión, ni se los separaría.

Los gobiernos deberían corresponder al beneficio social de la maternidad, y se debería facilitar social y laboralmente a la mujer esa contribución y ayuda en la crianza.

Los derechos de los padres no estarían en conflicto con los derechos de las madres y los hijos, los maltratadores serían identificados y penalizados y se aceptaría que no son buenos padres. No se expondría a los hijos a situaciones de riesgo con los mismos.

La maternidad sería respetada y  considerada una propiedad de la mujer. No se la apropiarían los hombres porque no les pertenece. Las madres no serían utilizadas para apropiarse de sus hijos, que no se podrían comprar ni vender, etc.

Todo esto debería ser así, pero que mal está el mundo, cuando esto que sería lo natural, se convierte en un sueño.


NOTA: mi profundo agradecimiento hacia las mujeres que han luchado por esto, que han sido y son un foco de luz, consuelo y esperanza para muchas.

 

 

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