El gran fantasma de la historia del feminismo: la «Sociedad Autónoma de Mujeres» de Barcelona

El gran fantasma de la historia del feminismo: la «Sociedad Autónoma de Mujeres» de Barcelona

 

 

 

 

 

En cualquier libro, capítulo de libro o artículo que leas sobre los orígenes del feminismo en el estado español, desde la vulgar «Wikipedia» hasta las fuentes más académicas, encontrarás la misma información, con muy pocas variantes: la primera sociedad organizada por y para mujeres, y por tanto, la pionera del feminismo, fue la «Sociedad Autónoma de Mujeres», fundada en Barcelona en 1891 por Teresa Claramunt, Amalia Domingo Soler y Ángeles López de Ayala.  A este dato se le añade en muchos casos que las tres dirigentes tenían ideas muy dispares, pues Claramunt era anarquista, Domingo Soler era espiritista y librepensadora, y López de Ayala era republicana y masona, y esa diversidad de ideologías le otorgaba al colectivo un carácter integrador que lo hacía muy atractivo para quienes han mantenido esta extraña genealogía. Pero la realidad fue bien distinta y a pesar de lo atrevido y transgresor que puede parecer, voy a intentar demostrarlo.

En primer lugar es preciso decir que Teresa Claramunt, al igual que su marido Antonio Gurri, o Teresa Mañé (Soledad Gustavo) y su marido Joan Montseny, y otros muchos como Anselmo Lorenzo o Josep Llunas, etc., eran anarquistas que también abrazaban el librepensamiento y el anticlericalismo, sin abandonar su ideología e intentando compaginar ambas formas de pensar. Solo un ejemplo:  con ocasión del Congreso Universal de Librepensadores de octubre de 1892 que se iba a celebrar en Madrid, un grupo de librepensadores de Barcelona emprendieron una campaña para que en ese evento estuviera representada la clase obrera catalana.  Entre otros actos, celebraron un mitin en el Circo Ecuestre de Barcelona el 28 de agosto donde intervinieron Josep Llunas (director de La Tramontana), Teresa Claramunt, su compañero Antonio Gurri, y Ángeles López de Ayala[1], demostrando con esto la afinidad que había entre ambas corrientes de pensamiento.

Tampoco quiero decir que no existiera una verdadera simpatía y admiración entre las tres mujeres mencionadas. Cuento una anécdota: cuando en octubre de 1895 Belén Sárraga le comentó a su directora y compañera de La Luz del Porvenir[2], Amalia Domingo Soler, que era conveniente que las mujeres librepensadoras y espiritistas celebraran un mitin para protestar contra las injusticias cometidas con el catedrático Odón de Buen y en favor de las escuelas laicas, y que quería contactar con Ángeles López de Ayala y con Teresa Claramunt, a Amalia Domingo le pareció muy buena idea, y a renglón seguido decía de Ángeles que, aunque no era espiritista, era «una buena obrera del Progreso, y que iría al patíbulo sonriente si creyera que su muerte era necesaria para redimir a la humanidad»;  y de Teresa Claramunt que era «la oradora del pueblo», y que no solo la «quería» sino que la «admiraba y respetaba mucho», manifestando que tenía «un profundo conocimiento de la humanidad».  Por tanto, Teresa era una mujer de una gran valía a los ojos de las librepensadoras barcelonesas, y el hecho de que fuera una obrera encarcelada y represaliada con frecuencia fue  motivo de continuas muestras de solidaridad.

Pero al margen de esto, en Barcelona no ha existido ninguna «Sociedad Autónoma de Mujeres» fundada por estas tres luchadoras. Únicamente se debe hablar de la Sociedad Autónoma de Trabajadoras de Barcelona y su Plano, que fue impulsada por Teresa Claramunt y que se registró en el Gobierno civil el 18 de marzo de 1891, siendo su presidenta la camisera anarquista Joaquina Matas, y la secretaria la obrera textil anarquista Teresa Claramunt. La importancia de Claramunt en esta Sociedad se comprueba por el hecho de que en los dos mítines que ofrecieron en abril para dar a conocer a la Sociedad, ella fue la que intervino en último lugar y expuso los fundamentos y objetivos del colectivo. La historiadora Rodríguez Calleja[3] ha documentado esta Sociedad Autónoma femenina y ha consultado la colección de El Productor (Barcelona)[4] donde se hacía su seguimiento casi semanal. Otro diario de ideología anarco-colectivista y escrito en catalán, La Tramontana (Barcelona)[5], también se sumó a dar publicidad de algunos actos y veladas de esta Sociedad femenina, especialmente anunciando sus reuniones mensuales. Tanto en un periódico como en otro, de forma sorprendente, a este colectivo de obreras se la comenzará a denominar como «Sociedad Autónoma de Mujeres», quizá porque fuera el nombre más popular o porque resumiera de forma más fidedigna el carácter femenino de la misma. De hecho, antes que su nombre, para La Tramontana lo importante de su irrupción en la sociedad barcelonesa era que dichos actos constituían el «primer meeting de donas» que se celebraba en la ciudad; que fueran obreras era lo de menos. El caso es que este nombre, Sociedad autónoma de mujeres, es el que también utilizarán en la prensa generalista de Barcelona en las contadísimas ocasiones en que se referirán a ella, desde La Vanguardia hasta El Diluvio y La Publicidad, dando lugar, así, al equívoco y la consiguiente confusión.

La «Sociedad Autónoma de Trabajadoras», aunque fue de inspiración anarquista, sus principales dirigentes lo eran y su seguimiento se hizo en dos medios anarquistas, también tenía entre sus afiliadas a obreras de otras ideologías más moderadas (como se comprobó en el segundo mitin del 26 de abril  en el Circo Barcelonés con asistencia de 1500 mujeres[6]), y por eso, quizá, se organizaron en su sede de la Calle Ferlandina nº 20 dos actos de debate y confrontación de ideas tan distintas como las ateas, materialistas y anarquistas frente a las espiritualistas y republicanas. Estas fueron las únicas veces en que Amalia Domingo Soler y Ángeles López de Ayala tuvieron relación con la Sociedad Autónoma, y solo por este motivo la han podido relacionar con ella, ¡nada menos que como fundadoras!; ayudado, sin duda, por el nuevo nombre con que las bautizaron la prensa.

La primera vez fue a mediados de diciembre de 1891, y lo recogía La Tramontana del 1 de enero de 1892. Comentaban la velada que la Societat Autónoma de Donas había celebrado en su sede social con la intervención de varias oradoras que defendieron ideas tan antagónicas como espiritismo y ateísmo en la cuestión religiosa, y republicanismo y anarquismo en el aspecto  político. Destacó la «gran armonía y tolerancia» que reinó en todo momento e informaban que quienes tomaron parte en el debate, entre otras, fueron Amalia Domingo, Ángeles López de Ayala y Teresa Claramunt, terminando con un «Nuestro aplauso a la Sociedad de mujeres».

La segunda ocasión fue un mes más tarde, el domingo 17 de enero de 1892. De nuevo es La Tramontana quien reseña la velada política y recreativa celebrada en la Societat Autónoma de Donas, donde subrayó la intervención de Ángeles López de Ayala explicando lo que era el republicanismo, y la «proletaria» Teresa Claramunt «cuyas palabras versaron sobre lo que era ser una atea y una anarquista, resultando una semi-controversia luminosa e interesante».

Como puede comprobarse, cuando han coincidido en una acto las tres mujeres eran para debatir sus ideas tan distintas, y por tanto es del todo imposible que fueran dirigentes de un mismo colectivo, cuando además Teresa Claramunt criticaba públicamente al republicanismo en sus numerosos mítines. Bien es cierto que las tres defendían la laicidad en todos los órdenes de la sociedad, defendían un librepensamiento de tipo progresivo donde la clase obrera estuviera representada, y las tres defendían la emancipación femenina. Pero Teresa Claramunt era una organizadora nata y ella fue, antes que ninguna, quien creyó en el carácter autónomo de la lucha de las mujeres. Amalia Domingo era un referente intelectual, qué duda cabe, pero con sus ideas espiritistas, su avanzada edad y su enfermedad invalidante, nunca hubiera liderado ninguna organización de mujeres. Ángeles López de Ayala, por otra parte, era una republicana y masona que se encontraba «como pez en el agua» en las sociedades masculinas que frecuentaba y tampoco en ese momento de su vida se hubiera lanzado a un proyecto autónomo femenino, y máxime cuando en abril de 1891 llevaba solo unos meses en la ciudad tras su paso por Santander.

Claramunt era otro tipo de mujer. Recordemos que ya en octubre de 1884 había fundado en Sabadell la Sección Varia de Trabajadoras anarco-colectivistas, de existencia muy efímera, siendo Teresa la secretaria junto con Gertrudis Fau y la presidenta Federación López Montenegro.  También estaba claro su carácter obrerista, tan alejado de Domingo Soler y López de Ayala, al asociar el nuevo colectivo autónomo de Barcelona con la participación en el 1º de mayo de 1891 y la lucha por la jornada de ocho horas junto a sus compañeros de clase. Teresa Claramunt, quien se consideraba «la esclava de un esclavo», solo concebía la liberación de la clase obrera si de forma paralela se producía la emancipación de la mujer. El feminismo obrerista que practicaba, llena de reminiscencias de los socialistas utópicos franceses, fourieristas y saintsimonianas[7], le hacía abrazar con fuerza la idea de que la mujeres obreras se organizaran de forma autónoma al margen de sus compañeros. Solo la llegada posterior de otra joven revolucionaria y librepensadora a Barcelona, Belén Sárraga de Ferrero, con lecturas previas de Proudhon, Flora Tristán y de Louise Michel, hizo posible que aunara autoorganización femenina y librepensamiento y se lanzara a organizar y presidir la Agrupación de Mujeres Librepensadoras en febrero de 1896, acompañada, esta vez sí, de Amalia Domingo Soler y Ángeles López de Ayala.

Pocos días antes del 1º de mayo de 1892 en Barcelona, la policía realizó «de forma preventiva» una redada deteniendo a casi una veintena de destacados anarquistas y registrando, requisando documentación y clausurando las sociedades obreras de ideas anarquistas. Entre ellas se encontraba, y así salió en toda la prensa, por vez primera (pues la información provenía del gobierno civil y era su nombre oficial), la Sociedad Autónoma de Trabajadoras de Barcelona,  con sede en la calle Ferlandina nº 20, primer piso. Es decir, la que la prensa anarquista llevaba más de un año llamando «Sociedad Autónoma de Mujeres».

Aunque fue levantada poco después la clausura del local, la Sociedad Autónoma de Trabajadoras tuvo una corta vida debido a la represión.  El 5 de febrero de 1893 se celebraba en el teatro Calvo-Vico de Barcelona un mitin de protesta universitaria. Al finalizar ocurrieron unos graves incidentes entre el numeroso grupo de personas que no había podido entrar. La Publicidad de Barcelona informó que entre ese grupo se encontraba Teresa Claramunt, «la fogosa oradora anarquista», y otra mujer muy conocida también, «la López de Ayala».  Teresa Claramunt, junto a su marido Antonio Gurri, y otros anarquistas fueron detenidos y solo el matrimonio y otros tres más fueron llevados a prisión y puestos a disposición de la autoridad militar. Esta situación debió influir en la Sociedad pues a partir de abril de ese año ya no aparecerán sus actos publicitados en La Tramontana, y quizá se disolvieran.  En el diario mencionado del día siguiente, Ángeles López de Ayala marcaba diferencias con el suceso tumultuoso y aclaraba en un comunicado que ella no estaba en el grupo de Teresa Claramunt, sino con unos amigos y que quiso entrar al local del mitin pero no se lo permitió un inspector de policía, ante lo cual desistió y se marchó de la puerta del teatro. ¿De verdad dirigían ambas un mismo colectivo femenino?

Por último, debo decir que si la «Sociedad Autónoma de Mujeres» hubiese existido tal como se menciona de forma insistente, en el semanario Las Dominicales del Libre Pensamiento, tan sensible a los logros feministas, se hubiera hecho alguna referencia alguna vez, e incluso la propia Ángeles López de Ayala, asidua colaboradora, hubiera escrito una crónica de la inauguración de ese nuevo colectivo que ella presuntamente dirigía, como hizo unos años más tarde con su Sociedad Progresiva Femenina, y el caso es que el nombre de la «Sociedad Autónoma de Mujeres» no aparece en ningún ejemplar del semanario madrileño, ni tampoco en La Luz del Porvenir dirigido por Amalia Domingo, ni la han mencionado ninguna de las librepensadoras que he podido leer.

¿Existió la «Sociedad Autónoma de Mujeres»?  Sí. Pero como forma en que la prensa se refería a la Sociedad Autónoma de Trabajadoras, y por tanto su fundación solo debe atribuirse a Teresa Claramunt y a otras compañeras suyas, obreras anarquistas. ¿Fue la «Sociedad Autónoma de Trabajadoras» un colectivo feminista a la mirada actual del siglo XXI, y por tanto debemos considerarla como pionera de este movimiento?  No hay duda de que así fue, pues el feminismo «obrerista» de Teresa Claramunt es indiscutible y su continua labor de promover la autoorganización de las mujeres, obreras o no, es un rasgo singular que lo define.

 


NOTA sobre el autor:

Manuel Almisas Albéndiz, inspirado por las autoras y profesoras Dolores Ramos, Luz Sanfeliu y Gloria Espigado, entre otras, lleva varios años estudiando el movimiento librepensador femenino, especialmente andaluz.  Ha escrito tres obras sobre esta temática: «¡Paso a la mujer! Biografía de Amalia Carvia», «María Marín Labrador, librepensadora y primera periodista de Cádiz» y «Dolores Zea y otras mujeres en los márgenes del librepensamiento», todas ellas publicadas en la editorial portuense «Suroeste». Antes de final de año dará a conocer su exposición «Librepensadoras andaluzas», con la que pretende hacer llegar a un público más amplio la vida y obra de estas pioneras del feminismo y el republicanismo en el estado español.


[1]      La Tramontana de 2 de septiembre de 1892, y Las Dominicales del Libre Pensamiento de 9 de septiembre de 1892.

[2]      Recogido en el ejemplar de La Luz del Porvenir (Barcelona) del 7 de noviembre de 1895.

[3]      Las trabajadoras ante la actividad societaria de 1891, de María Rodríguez Calleja, en Revista Arenal- Volumen 9, número 2. Parte sustancial de este trabajo está disponible en: https://serhistorico.net/2018/10/23/las-trabajadoras-ante-la-actividad-societaria-de-1891/

[4]      Fundado en 1887 y dirigido por Anselmo Lorenzo, comenzó como «Diario Socialista» y defendiendo «ideas ácratas-cooperativistas», y en julio de 1890 ya se denominó «Periódico anarquista».

[5]      Dirigido por Josep Llunas, un importante anarco-cooperativista de Barcelona, este «periódico político rojo» se fundó en febrero de 1881. Sus ejemplares pueden consultarse, aunque con una calidad cuestionable, en: http://www.cedall.org/Documentacio/Castella/cedall203505000_La%20Tramontana.htm

[6]      En El Diluvio (Barcelona) de la edición de tarde del día 27 de abril se puede leer una extensa reseña (págs. 4 y 5). Si bien es verdad que está mezclado con los mítines y reuniones de otros gremios de trabajadores, y comienza: «Las mujeres obreras…». Ninguna mención a su nombre.

[7]      Tomado de Mary Nash, Mujeres en el mundo. Historia, retos y movimientos. Madrid: Alianza, 2004   por Laura Vicente Valenzuela, en Teresa Claramunt, memoria y biografía de una heterodoxa. En ARENAL, 12:2; julio-diciembre 2005, 281-307.

 

 

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