Capitana Anita Carrillo, ejemplo de mujer republicana

Capitana Anita Carrillo, ejemplo de mujer republicana

Anita Carrillo no fue una mujer cualquiera. Tampoco fue una joven militante comunista de última hora tras la euforia por la victoria del Frente Popular. Todo lo contrario.

Cuando tenía poco más de 30 años, en los primeros tiempos de la Segunda República, ya organizaba a las mujeres de su pueblo, Cortes de la Frontera (Málaga), en la Agrupación socialista de la que era una destacada dirigente junto a su marido José Torrealba, siendo perseguida por el caciquismo imperante en el municipio, disfrazado de «radicales».  Poco después, en la campaña electoral de noviembre de 1933, primeras elecciones en las que iban a votar las mujeres, se volcó en la candidatura del socialista Manuel García Prieto, en cuyo diario La Razón (Antequera) colaboró con frecuencia. En esas frenéticas jornadas Anita Carrillo se subió a la tribuna en los pueblos de la Serranía de Ronda y del Valle del Genal (Alpandeire, Alhaurín, Gaucín, Júzcar, Faraján, Coín, Casares, y otros muchos, sin olvidar, por supuesto, Cortes) llamando a las mujeres a votar y a luchar por la revolución social, por la república y el socialismo.

Después de la Revolución de Octubre de 1934 en Asturias, y de la consiguiente represión del gobierno de Lerroux y Gil-Robles, Anita se marchará a La Línea y abandonará el PSOE para incorporarse al radio del Partido Comunista de la localidad campogibraltareña. Allí continuará con su labor de organizar a las mujeres linenses y convirtiéndose en dirigente comunista de la localidad y de la provincia gaditana, teniendo su momento más álgido en su intervención en la Plaza de Toros de Cádiz como representante del PCE con ocasión del 1º de Mayo de 1936, y al clausurar con un discurso la III Conferencia Provincial del PCE en junio de 1936.

Cuando los generales fascistas se alzaron contra la República el 18 de julio, Anita fue obligada por su marido a refugiarse tras la verja de Gibraltar como hicieron cientos de linenses, pero al tener conocimiento de que habían fusilado a José Torrealba, se disfrazó de «inglesa estrafalaria», y volvió a La Línea para recuperar y honrar su cuerpo. Allí se enteró por boca de sus camaradas que José estaba vivo y había logrado huir a la zona de las huertas a la espera de que llegara el ejército republicano para restablecer la legalidad. En vista de que pasaban los días, y esto no ocurría, el grupo de huidos decidió refugiarse en Gibraltar para, desde allí, embarcarse rumbo a Málaga donde el pueblo trabajador y antifascista había conseguido desbaratar la intentona golpista del general Patxot Madoz.

En Estepona Anita Carrillo se convirtió en miliciana de la Compañía de milicias populares que comandaba su marido José. Miliciana como otras muchas mujeres, es verdad, que se incorporaron a la lucha en los frentes de Málaga, Granada o Córdoba en aquel agosto de 1936.  Pero Anita había sido una experimentada dirigente, primero socialista y después comunista, con grandes dotes oratorias y organizativas, y con una gran convicción en sus ideas revolucionarias, por lo que al formarse en octubre de 1936 el Batallón «México» de milicias antifascistas, como resultado de la agrupación de varias compañías de ideología comunista, Anita se convirtió en la «Responsable político» de la Tercera Compañía que capitaneaba su marido José Torrealba. La labor de los responsables o comisarios políticos era de una gran importancia para la moral de los milicianos en los frentes de guerra con una gran mortandad, y para lo cual era fundamental que subieran a la trincheras y acompañaran a las vanguardias para motivar y estimular la valentía de los soldados, muriendo muchos de ellos en ese cometido. Por eso Anita fue felicitada en varias ocasiones al destacarse en los frentes de El Chorro (Álora) y de Estepona. No se conoce que en los frentes andaluces ninguna otra mujer ocupara un cargo como este en esos terribles meses del principio de la guerra.

En las semanas de descanso que su Batallón pasaba en Málaga, Anita siguió militando e interviniendo en diferentes mítines para dar moral a la población y en especial a las mujeres que se habían constituido en un elemento fundamental en la retaguardia para una guerra que ya se preveía larga. Su ejemplaridad no pasó desapercibida y al acabar el año 1936,  en el proceso de reorganización de las milicias en el nuevo Ejército Popular, Anita Carrillo se convirtió en capitana de una compañía de ametralladoras del Batallón que de nuevo mandaba su marido José. Así, con esa graduación, y como comandante en funciones por heridas de Torrealba en el frente de Estepona, Anita organizó la evacuación de heridos del Hospital de Málaga ante la inminente toma de la ciudad por las tropas rebeldes los primeros días de febrero de 1937, siendo herida, ella misma, en la trístemente famosa «Desbandá» de refugiados que penosamente transitaban por la «carretera de la muerte» que les conducía a Almería, a la zona republicana.

Ya restablecida, la escritora y diputada Margarita Nelken la entrevistaba en la revista Estampa en marzo de 1937 convirtiéndola en una heroína republicana.  Pero de nada sirvió su popularidad. Los mandos militares de la República habían decidido retirar a todas las mujeres que tuvieran mando en tropa como era su caso.  Desde ese momento su gloriosa vida de capitana republicana acabó en el más absoluto de los olvidos.  Quizá fue reclutada para el servicio de inteligencia republicano como agente femenino, como fue propuesta por el mando debido a su valía y arrojo, pero de cualquier manera su vida acabó en el exilio de Tánger, detenida y procesada por el franquismo, y fallecía en 1974 en la calle Embajadores de Madrid en el más terrible de los abandonos. Ella, que lo dio todo por la República y por el proletariado, terminó en un osario del Cementerio de la Almudena de Madrid porque nadie solicitó sus restos. ¿Se conoce una injusticia tan triste y tan grande para una impresionante figura, referente y ejemplo de mujer republicana?


Artículo inspirado en: «Capitana Anita Carrillo, ejemplo de mujer republicana», de Manuel Almisas Albéndiz. Editorial Suroeste, El Puerto (Cádiz), septiembre de 2020.

 

 

 

 

 

 

 

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