Fan de las XL

Fan de las XL

Son Nía Cortijo y Marta Sitja, una pareja artística que va por el mundo haciéndonos disfrutar, pensar y reir, aunque a veces lo de reir es por no llorar. Como dicen en su web (lasxl.com): todavía no lo sabes, pero las necesitas.

Hace tres años se me aparecieron mágicamente. Una amiga me dijo: mañana vamos al teatro Luchana a ver un espectáculo de humor feminista que te partes de la risa. Y ese mismo día por la noche me wasapeó Esteban Cortijo, de mi pandilla juvenil en Cañamero (Cáceres): he venido a Madrid a ver a mi hija Nía, que está actuando esta temporada en el Luchana, te gustaría. ¡Y resulta que ese era justamente el espectáculo para el que yo ya tenía entrada!

Efectivamente, mi amiga tenía razón, te destornillas de risa desde el principio al final. Hay que ir a verlas, hay que escucharlas y difundirlas, porque el feminismo con humor entra. Así que, ni corta ni perezosa, me he metido a entrevistadora aficionada

Dicen que se llaman las XL no solo por rebelión ante el asunto de las tallas sino porque reivindican la grandeza en todas sus formas. Hay que empoderarse y vivirse desde un lugar de grandeza  en cuanto a capacidad y todo lo demás que se pueda y te deje la vida, dice Nía. Y porque son dos letras, dos, como nosotras, añade Marta.

Esto último me suena un poco a coña, igual es que deben estar cansadas de la preguntita obvia, pero yo sigo en mi papel y voy a la segunda pregunta obvia: ¿Y cómo os conocisteis?

Me cuentan que se conocieron en Granada, en una sala que se llama El Apeadero, allá por 2005. Tenían un grupo de mujeres, «Las Chotillas», y hacían espectáculos infantiles, cabaret, música, claqué y todo tipo de experimentos escénicos. Y desde 2011 son las XL ellas dos solas. Pues sí que habéis llegado lejos desde Cañamero, les digo. No creas, dice Nía, las generaciones anteriores tuvieron que ir mucho más lejos a buscarse la vida, tú fíjate.

¡Uau, me encanta que esta chica reivindique la memoria de nuestra gente!

Nía dice que hacen humor feminista con música en directo. Marta lo define como teatro con contenido feminista y con humor. Poseso, que decimos en nuestro pueblo.

Les digo que son unas destroyers. Para mí esto es un piropo en toda regla, porque verdaderamente me encanta cómo arremeten contra todos los prejuicios y las formas de comportamiento que se nos imponen a las mujeres, eso que en el feminismo llamamos «mandatos de género».

– Marta: Se trata simplemente de decir las verdades por su nombre.

– Nía: Destrozamos los estereotipos sobre el amor romántico, sobre lo que es ser hombre o ser mujer, pero siempre con una perspectiva constructiva, vitalista y de fuerza a la persona. Tratamos de entender la incongruencia pero a la vez hacernos responsables de cambiarla.

En fin, que las dos comprenden lo que yo quiero decir con destroyers, pero se sienten más identificadas con constroyers. ¡Qué buena palabra hemos inventado entre las tres!

¿Sus grandes éxitos? Quizás el gran hit es «El clítoris me hace feliz». Pero ahora tienen otra que también pega fuerte: «Mátate tú primero», que va de la violencia machista. Lo bordan, y mira que es difícil hacer humor feminista con este asunto. Ambos temas están en Youtube.

Les digo que han tenido valor para ir por delante de la ola feminista, que cuando empezaron sería más difícil decir ciertas cosas… ¿Reacciones?

-Nía: La gente se escandaliza, claro, porque, cuando te ves confrontada con todo esto, sabes que es verdad y te da vergüenza.

Pero la gente de vuestra generación lo entiende a la primera, no?

– Marta: Uy, pero aún así, los estereotipos siguen estando ahí. Muchas no se atreven a ir con los pelos en los sobacos o en las piernas, siguen/seguimos atrapadas en el amor romántico… Y los estereotipos hacen sufrir a las mujeres. Una chica nos dijo que se había sentido feliz y empoderada al vernos, porque ella siempre había sido la gordita… Otra nos vino a dar las gracias porque la primera vez había ido a ver el espectáculo con su pareja y a raíz de eso se separaron de buen rollo, estaba encantada.

Es que uno de sus blancos es el amor romántico y los estragos que causa en las mujeres. Tienen una parte que es verdaderamente para troncharse, se llama «Yonkis del amor». Me cuentan que tomaron ese título de un libro de Lucía Etxebarría.

– Marta: es que nos han enseñado a poner el amor en el centro de nuestra vida, mientras que a los hombres no. Hay que cambiar la educación para dejar de meter a las mujeres en la cabeza que sin pareja no eres nada.

Ya, ¿pero y las mayores qué hacemos?

– Nía: Tenemos que desaprendernos, aunque es difícil. El feminismo es una brújula para saber hacia dónde ir y hacia dónde no ir, pero tengo que ser respetuosa con mi propio progreso. El camino es largo, a veces maravilloso y otras no.

¿Y los hombres cómo reaccionan ante vuestros espectáculos? Porque veo que no me decís nada…

– Nía: Oh, sí, muchos también están encantados. En general la acogida de la gente ha sido espectacular, brutal. Bueno, un hombre se mostró ofendido porque en «El clítoris me hace feliz» decimos «pequeños capullos» ¡Por favor, que era una broma! Otro nos dijo que todo esto ya lo sabemos, que no contábamos nada nuevo… y yo le contesté que lo importante era si él había disfrutado del espectáculo.

Les digo que eso me recuerda ese libro tan divertido de Rebecca Solnit, «Los hombres me explican cosas». Yo es que me parto con los mansplainers. ¡Qué haríamos sin ellos!

– Marta: Otro vino a quejarse de su pareja, decía que ella tenía que venir a ver nuestro espectáculo porque estaba mal con su cuerpo y no comprendía todo lo que nosotras estábamos transmitiendo… Pero eso no me gustó del todo porque…

– Nía: sí, era como responsabilizarla a ella en lugar de comprender la presión del sistema y lo difícil que es superar todo eso…

Definitivamente creo que estas chicas son unas feministas de tomo y lomo que combinan el desafío al sistema con la comprensión profunda de la situación y las dificultades por las que atravesamos las mujeres, empezando por cada una de nosotras mismas. Esto me fascina.

El espectáculo que yo vi se llamaba «abandónate mucho», y ahora me cuentan que tienen uno nuevo: «degenérate mucho». Pues en este sí que no deben de dejar títere patriarcal con cabeza, les digo. ¿De qué va?

– Nía: tiene el mismo esquema que el anterior pero es ya más teatral, más vestido, con más despliegue. Y está lleno de conciencia. El anterior era más una vomitera de todo lo que habíamos aprendido del feminismo, especialmente sobre el amor romántico. Ahora conocemos mucho más el movimiento feminista. Así que en este pasamos desde la infancia a la edad adulta a través de momentazos. Sudamos la gota gorda.

– Marta: cuestionamos la construcción social del género, cómo nos han educado, cómo educamos, desde que ellos juegan con pistolas y nosotras con muñecas hasta la sexualización en la adolescencia, o cómo hemos vivido la feminidad, la masculinidad, la maternidad…

-Nía: La fuerza que tiene es la de la verdad. Pero cuando hablamos de lo personal y nos exponemos, lo que nos mueve es el emblema feminista «lo personal es político», no una crónica amarillista sobre nuestras vidas. Este matiz es muy importante para mí, porque somos actrices y son personajes que dan para contar una historia.

Desde luego que articulan lo pesonal y lo político, la música y el humor, todo según nos van llevando de sobresalto en sobresalto.. ¿Cómo conectáis tan bien con la gente?

– Marta: Porque nuestro espectáculo es como la vida misma, la verdad absoluta como nos sale de las tripas. La gente se engancha porque no estamos representando a nadie, hacemos de nosotras mismas, y esto gusta, ver a dos personas que se abren en canal, literal y metafóricamente, enseñando nuestros miedos, nuestras mierdas y nuestras peleas.

Me cuentan que les encanta actuar en los colegios, institutos, prisiones, en los pueblos…

– Marta: eso da mucho subidón, ir a sitios donde sabes que van a ver por primera vez a dos mujeres reivindicando su sexualidad y removiendo conciencias… Porque al Teatro Luchana la gente ya sabe a lo que va, pero es importante llegar también a gente que quizás no ha tenido la oportunidad de ver otros enfoques…

– Nía: por ejemplo, a raíz de que salimos en televisión, algunas madres nos escribieron para darnos las gracias, nos contaron que sus hijas sufrían mucho a causa del estereotipo de belleza femenina.

Les digo que sería fantástico que vinieran a actuar a Cañamero.

– Nía: Claro. Yo, como extremeña exiliada, tengo esa espinita clavada de todas las cosas que las extremeñas y extremeños estamos haciendo fuera y que nuestra tierra podría acoger. Sería sencillo porque el vínculo personal es muy fuerte. ¡Y sería emocionante!

Pues a por ello vamos. Y mientras, ¿qué le decís a la gente de nuestro pueblo?

– Marta: ¡que queremos ir a verles!

– Nía: Y que apostemos por la cultura local, más en estos tiempos. Me gustaría darle un toquetazo a la gente para que, en vez de comprar cosas que vienen de la otra punta del mundo, miren lo que tienen al lado. Y que apuesten por la cultura, que somos un sector con el culo al aire siempre. Tenemos que despertar conciencias, que la gente diga: en vez de verme otra serie, voy a hacer cosas que además me conectan con mis vecinos/as, con mis paisanos/as…

Ha sido un verdadero placer, queridas destroyers y constroyers. La próxima en Cañamero.

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