El movimiento de mujeres de Corea del Sur: «No somos flores, somos fuego»

El movimiento de mujeres de Corea del Sur: «No somos flores, somos fuego»

 

Jen Izaakson y Tae Kyung Kim informan sobre el crecimiento del movimiento feminista radical que inspira a mujeres en toda Corea del Sur.

El otoño pasado, como parte de un grupo de trabajo de Cambridge tras ganar una beca de investigación, Jen Izaakson viajó a Corea del Sur para documentar el ascenso del feminismo radical y entrevistar a más de 40 activistas. Escribió este artículo junto con Tae Kyung Kim, feminista radical coreana de Seúl, que ahora vive y estudia en Berlín.

Noticias del creciente movimiento feminista en Corea del Sur han llegado a los medios occidentales, pero las raíces de este alzamiento radical no han sido descubiertas. Los principales medios de comunicación en Occidente suelen cubrir los aspectos del feminismo surcoreano que reflejan nuestros logros, haciendo menos visibles los logros específicos de las mujeres coreanas. En septiembre, más de 40 mujeres del movimiento feminista radical surcoreano fueron entrevistadas como parte de una investigación académica. Los resultados de esas entrevistas se exponen en este artículo. Debido a la brevedad de este, no podemos usar toda la información, pero hemos intentado incluir el material que mejor explique cómo surgió el movimiento; su contexto histórico, y qué tácticas, estrategias, y formaciones políticas constituyen al feminismo radical en Corea del Sur.

La violencia machista politiza y radicaliza

En 2016, el famoso caso Gangnam incitó la furia de las mujeres. Un hombre de 34 años llamado Kim Sung-min apuñaló a una mujer de 23 años (cuyo nombre está prohibido publicar) hasta que murió dentro de un baño mixto en un bar de karaoke. Kim Sung-min esperó dentro del baño y dejó a varios hombres entrar y salir hasta que llegó una mujer. En el juzgado explicó: «Lo hice porque las mujeres siempre me han ignorado». Esta explicación es similar a las que ofrecen otros “incels” (célibes involuntarios) que han cometido asesinatos violentos, pero en Corea del Sur las autoridades negaron que el motivo del asesinato fuera misógino, a pesar del testimonio del propio Kim Sung-min.

Como respuesta al asesinato, las mujeres invadieron las calles protestando fuera de la estación Gangnam y la zona cercana de Seocho-dong. Muchas de ellas no se consideraban feministas, pero la naturaleza del asesinato y la motivación misógina las politizó.

En 2018, el “molka” (grabar a las mujeres en secreto en baños, vestuarios o bajo la falda en público) se había convertido en un enorme problema en Corea. Las entrevistadas me dijeron que esto sucede, en parte, porque los hombres coreanos no tienen la seguridad en sí mismos para acosar a las mujeres en la calle, así que intentan aproximarse a las mujeres sexualmente de formas más “discretas”. A pesar de que hay leyes en contra de este tipo de voyerismo en Corea del Sur, la policía no suele aplicarlas. La situación llegó a un punto álgido cuando una joven estudiante fue acusada por fotografiar a un modelo desnudo en su escuela de arte. Según las mujeres que entrevisté, este hombre salía de las clases desnudo, así que los estudiantes veían sus genitales. Finalmente, una estudiante lo fotografió en clase y subió la foto a internet para denunciar su comportamiento. La arrestaron, juzgaron, encarcelaron y la obligaron a disculparse con el modelo, que dijo que ver las imágenes de él exponiendo sus genitales en público le había causado “daños psicológicos”. A ella en un principio le impusieron una multa equivalente a 18.000 euros, pero el exhibicionista insistió ante el tribunal para que la enviaran a la cárcel y la encarcelaron durante 10 meses.

Si tenemos en cuenta que los hombres usan cámaras espía con casi total impunidad, este incidente causó una enorme oleada de protestas contra el molka. Cientos de miles de mujeres, en su mayoría jóvenes, se juntaron, enfurecidas por el hecho de que las leyes contra el voyerismo se  usen contra las mujeres y no los hombres. Hasta hoy, 360.000 mujeres han participado en protestas contra las cámaras espías. Estas manifestaciones consisten en procesiones estructuradas, eslóganes políticos escritos en folletos y repartidos entre la muchedumbre, y emocionantes discursos en escenarios que animan a la multitud a comenzar los cánticos, a los que después se unen las manifestantes, llegando a un crescendo que suena como un canto de batalla. En algunas manifestaciones, las mujeres se suben al escenario para cortarse el pelo en público; otras veces tiran sus kits de maquillaje en bolsas de basura a modo de ceremonia.

Una necesidad de organizarse sólo con otras mujeres

Los hechos reales del asesinato de la estación Gangnam y las protestas contra el molka ocurrieron contra un telón de fondo basado en internet. En 2015 empezó en redes una guerra de palabras entre hombres y mujeres. Una discusión enorme se suscitó cuando el MERS (Síndrome Respiratorio de Oriente Medio) llegó a Corea del Sur. En DC Inside Gallery, un popular foro de internet con millones de usuarios en todo el país, hombres comenzaron hilos nombrando a una mujer coreana como la paciente cero, diciendo que había ido a Oriente Medio como prostituta y vuelto a casa infectada. Otros hombres se unieron y escribieron comentarios como “Las mujeres coreanas deben morir”, “Las mujeres coreanas se gastan el dinero frívolamente” o “Las mujeres coreanas son estúpidas y han transmitido el virus”. Las mujeres empezaron sus propios hilos en respuesta, hablando de su virulenta misoginia. Finalmente, se descubrió que el MERS había llegado al país a través de un hombre, y las mujeres invadieron los foros de los hombres, reivindicadas. Pero la misoginia no se olvidó.

Como respuesta, las mujeres crearon Megalia, una página parecida a Reddit pero libre de misoginia. Megalia se convirtió en un espacio online para construir relaciones entre mujeres, manteniendo la amistad y el humor en el centro. Se ha convertido en algo común entre mujeres llamarse unas a otras “vulvas” en el foro, con expresiones como “¡Bien hecho! Eres la vulva más fuerte” o “¡Es una idea brillante! Eres una gran vulva”. Sin embargo, Megalia tenía usuarios varones, y muchos de los moderadores de la página eran hombres gays, que en un principio sentían empatía con las mujeres por sus experiencias con la misoginia. Pero cuando las conversaciones empezaron a girar en torno a la misoginia de hombres gays y su cultura (como el drag), los moderadores empezaron a quitar los comentarios de mujeres.

La moderación del discurso femenino no es nada nuevo para feministas en Facebook, Mumsnet y Twitter. Las mujeres se han dado cuenta de que para tener discusiones libres y justas sobre la realidad de sus vidas y la misoginia que sufren, es necesario un espacio administrado por ellas mismas, sin moderadores varones. Esta experiencia demostró la necesidad de organizarse sólo con otras mujeres. Las mujeres empezaron a abandonar Megalia en manada, y en enero de 2016 miles se habían unido a un foro llamado Womad, que mis entrevistadas han descrito como un espacio «lesbofeminista radical».

La sorprendente prevalencia del lesbianismo en el movimiento surcoreano es uno de sus aspectos más significativos. Todas las activistas feministas con las que hablé en más de 40 entrevistas se identificaban como lesbianas.

En Corea del Sur, el feminismo radical y el lesbofeminismo están muy unidos, y de esto ha surgido el movimiento “4비” / “4B” (4비 se pronuncia más o menos como “4B”). El 4B se basa en cuatro reglas que orientan al movimiento feminista radical y que sirven como una guía que las mujeres puede seguir para perturbar al patriarcado y vivir vidas más seguras lejos de los hombres. Estas normas son, en términos generales, no casarse con hombres, no salir con hombres, no acostarse con / tener relaciones sexuales con hombres y no quedar embarazadas. Hoy, el movimiento 4B tiene unas 50.000 seguidoras.

En 2016, un estudio reveló que el 50 por ciento de las mujeres de Corea del Sur no ven el matrimonio como algo necesario (las mujeres en especial se han dado cuenta de que la realidad del matrimonio no es la prometida), lo cual ha llevado al gobierno a tomar medidas. Para responder a las preocupaciones expresadas debido al envejecimiento de la población y una baja tasa de natalidad, el gobierno surcoreano ordenó la creación de varias telenovelas que promueven una visión idílica del amor heterosexual. Además, reality shows como Heart Signal; We Got Married; Same Bed, Different Dreams y The Return of Superman fueron encargos cuyo objetivo era animar al matrimonio y a la reproducción. Estos programas tendían a seguir un hilo argumental en el que las parejas heterosexuales primero querían tener hijos, y de ahí pasa a la concepción, el embarazo y el nacimiento. Todo este proceso se representa de forma positiva.

Quitarse el corsé

Entre 2015-2016 y 2017-2018, las mujeres surcoreanas gastaron 53.500 millones de wones surcoreanos menos en productos de belleza y cirugías estéticas. En su lugar, invirtieron en coches y eligieron la independencia sobre la cosificación. Parte de este rechazo cultural a las prácticas de belleza femenina surgió del movimiento 4B, así como del movimiento Take Off the Corset (Quítate el Corsé). Inspirado por el libro Beauty and Misogyny (Belleza y misoginia) de Sheila Jeffreys (que en coreano se ha traducido como Corset: Beauty and Misogyny), el movimiento aboga por quitarse los “corsés” modernos: prácticas estéticas como la depilación, maquillaje, tacones, cirugías estéticas, pelo largo, dietas restrictivas, etc. Corea del Sur tiene una industria de cirugía estética enorme, en la que la intervención más popular es la cirugía de doble párpado, operación que altera los párpados para que tengan un aspecto más “occidental”. Similar al blanqueamiento de piel, este procedimiento con fines de lucro está motivado por el racismo, y puede llevar a complicaciones tras la operación, como la pérdida de los párpados, problemas de visión e incluso ceguera.

Muchas entrevistadas se refieren a este movimiento como el punto de partida de su viaje hacia el feminismo radical; dicen: “Me quité el corsé el enero pasado” o “Llevo dos años sin corsé”. Para las mujeres surcoreanas, el término backlash (contragolpe, reacción violenta) no se refiere a reacciones violentas contra el feminismo que vengan de fuera (como en Occidente), sino a una reacción más personal, en la que una mujer retrocede de nuevo hacia la feminidad. Una mujer me dijo: “Mi mejor amiga y yo nos quitamos los corsés en 2017, pero desde entonces ha tenido un contragolpe, y ha comenzado a llevar maquillaje otra vez por presiones familiares”.

Otras consignas frecuentes en el movimiento suelen girar en torno al poder y la determinación de las mujeres. Un grupo de entrevistadas firmaron una tarjeta para mí en las que escribieron: “Nos encontraremos en la cima”, “Ser ambiciosas” y “Somos la valentía de todas las demás”. Reconocí estas consignas en seguida porque suelen aparecer en las redes sociales de activistas. Un llamamiento popular es “Si no yo, ¿quién? Si no ahora, ¿cuándo?”. Esta consigna es una paráfrasis, tomada de Hilel el Anciano (Pirkei Avot 1:14), famosa figura babilónica en la historia judía.

Un fundamento histórico para una cultura centrada en las mujeres

Hay razones históricas y culturales que explican por qué el feminismo se ha desarrollado de esta forma en Corea del Sur. Las mujeres con las que hablé me explicaron que, históricamente, no ha existido la misma cultura de la caballerosidad masculina (la cortesía y protección social por parte de los hombres hacia las mujeres) que existe en Occidente, lo cual significa que no se finge que el dominio de los hombres no existe. En los años 50, los soldados que peleaban en la Guerra de Corea hacían que las mujeres caminaran sobre minas antes que ellos para comprobar cuáles eran los caminos seguros y para que ellas detonaran las bombas con sus cuerpos. Esta práctica histórica no se considera algo vergonzoso. Pregunté si, de haber sido coreano el Titanic, habría existido aquella norma de dejar bajar antes a las mujeres y a los niños a los botes salvavidas. Las respuestas fueron risas y una fuerte negación. Una entrevistada veía que la ausencia de caballerosidad masculina se ha traducido en menos amabilidad hacia las mujeres dentro de un sistema patriarcal. Al mismo tiempo, es más difícil que las mujeres sean vulnerables al matrimonio porque las consecuencias de este y la desigualdad en la relación están muy claras, incluso antes de la boda. No es que los hombres coreanos opriman más a las mujeres que los occidentales: es que su opresión es más abierta y sin tapujos. Como el dominio de los hombres se esconde menos, algunas entrevistadas argumentan que esto ayuda a las mujeres a detectar los problemas con el matrimonio y la domesticidad más fácilmente. Está mucho más claro lo que significa decidir casarse.

Otra entrevistada me explicó que, históricamente, se espera que las mujeres trabajen en el campo, y en ocasiones trabajan más que los hombres, así que a ellos no se les ve tanto como proveedores como en otros sitios. Las mujeres trabajan tanto dentro como fuera de casa. El beneficio económico de un marido, incluso uno con trabajo, no es tan grande como en las sociedades en las que a las mujeres tradicionalmente no se les permite trabajar, o en las que han tenido un acceso limitado al mercado laboral. Históricamente, en Corea había un sistema de clases muy estricto y las mujeres no tenían la oportunidad de casarse fuera de su clase y así ganar acceso a riquezas, como sí que ha sido posible en otros países. Al no existir estas ventajas, hay una razón menos para ver el matrimonio como algo a lo que una mujer debe aspirar. Estas condiciones históricas juntas producen en Corea del Sur unas políticas sexuales concretas que significan que es común que las mujeres rechacen el matrimonio debido a su conocimiento de los pros y contras de este.

Otra razón por la que ha tenido cabida y ha podido prosperar un movimiento radical de mujeres es que, literalmente, hay espacio para eso. En el último siglo se abrieron por todo el país universidades de mujeres y la mayoría de las ciudades albergan varias instituciones sólo para mujeres (algunas tienen hombres en el profesorado y a veces estudiantes varones de otras universidades pueden tomar un curso en el campus por un trimestre, pero hay toques de queda por la tarde y todos los hombres deben irse). En los edificios de la unión de estudiantes no pueden entrar hombres, ya sean profesores o familiares de las estudiantes. Hay zonas exclusivas para mujeres las 24 horas.

En algunas universidades de mujeres ha habido protestas de activistas por los derechos de los hombres (MRA por sus siglas en inglés), con pancartas que dicen cosas como “¡Mujeres, renuncien a sus bolsas de lujo!”. Por lo visto, en Corea del Sur el feminismo se ha desarrollado tan lejos de los hombres que algunos no saben bien a bien qué es lo que exigen las feministas; de ahí la ironía de que algunos MRA llamen a las mujeres a dejar de gastar dinero en artículos femeninos costosos. Mientras tanto, el movimiento feminista radical convoca a boicotear negocios que hagan publicidad sexista y alienta a las mujeres a consumir únicamente en restaurantes, bares o tiendas cuyas propietarias sean mujeres, para que así el dinero vaya a los bolsillos de otras mujeres.

Si bien las universidades de mujeres surgieron de un sentimiento cristiano que consideraba inapropiado que mujeres solteras se mezclaran con hombres, proporcionaron un suelo fértil para  que el feminismo floreciera. Muchos de esos campus están rodeados de calles frecuentadas sólo por mujeres, con tiendas y cafés llenos casi solamente de mujeres. A consecuencia de esa norma cultural, la mayoría de las ciudades tienen al menos un bar exclusivo para ellas (Corea del Sur aún no ha sido tomada por la política de la identidad de género, así que eso auténticamente significa exclusivos para mujeres).

La marginación inspira la organización política

El movimiento 4 B y las ideas feministas radicales se han extendido ampliamente por Corea del Sur en el último lustro, prendiendo en diferentes pueblos y ciudades a pesar de las diferencias culturales y políticas.

Daegu, la cuarta ciudad más grande del país, contrasta descarnadamente con su capital, Seúl. Podría decirse que Daegu es la ciudad más conservadora de Corea del Sur, y sólo tres de cada siete personas son mujeres, debido a los abortos selectivos por sexo. En Daegu los hijos varones son tan deseados que, si una familia tiene dos hijas segidas, a la segunda es frecuente ponerle un nombre que significa algo como “Deseando a un hijo varón” o “Por favor que el siguiente sea un niño”. Como los hombres superan numéricamente a las mujeres en proporción de cuatro a tres, la política sexual resulta conveniente. Mujeres habitantes de Daegu me explicaron que, mientras que las mujeres de Seúl pueden llamar a la policía para denunciar violencia doméstica, las de Daegu temen que la policía se ponga del lado del agresor e incluso cometa más violencia contra ellas.

A pesar de esto, las mujeres de Daegu son  inquebrantables. Hablaron de la negativa a usar maquillaje, a pesar de que eso trae consigo, casi con certeza, falta de empleo. La ciudad es más pobre que su vecina, Busan, y que Seúl, al norte, y sin embargo las feministas de Daegu se enfrentan organizándose al problema del desempleo por su rechazo a la feminidad. Han formado “cárteles” de mujeres y fondos comunes de recursos, comparten viviendas económicas entre varias y hacen campañas colectivas en las calles para alcanzar a más mujeres. Me describieron estos“cárteles” como grupos organizados, pero con estructuras abiertas y flexibles, y concentrados en el compromiso con la comunidad. Esto contrasta con lo que vemos en Occidente, donde el feminismo radical tiende a prosperar a través de pequeños grupos de amigas o amantes que funcionan juntas como red privada, más que organizarse principalmente en torno a alianzas políticas y participar en campañas y reclutamientos entre la población.

 

Corea del Sur tiene la mayor brecha salarial por sexo de todos los países de la OCDE (los 37 países más ricos según su PIB): las mujeres ganan, en promedio, un tercio menos que los hombres. Mientras que las feministas de Occidente que tienen empleos, propiedades y familias que les dan apoyo, y que no se enfrentan a discriminación directa por negarse a reproducir prácticas femeninas, dirán que no pueden ser feministas radicales abiertamente debido a la precariedad financiera y el miedo a represalias, las mujeres de Daegu (cuyo ingreso es precario y viven en una cultura de mucho mayor dominio masculino) perseveran. La experiencia de conocer a feministas en Daegu recalcó que la inseguridad social y económica no tiene que ser un impedimento para que alcemos la voz sobre temas feministas. Posiblemente la mejor situación económica de “feministas radicales” en Occidente (que tienen más que perder: carreras profesionales, respetabilidad, estatus, dinero) motive su anonimato en línea y su silencio en la vida pública.

En Corea del Sur, las leyes actuales permiten a una mujer realizarse un aborto sólo si cuenta con el consentimiento de un pariente vraón o de su novio, esposo o pareja

En Corea del Sur, las leyes actuales permiten a una mujer realizarse un aborto sólo si cuenta con el consentimiento de un pariente varaón o de su novio, esposo o pareja. Si una mujer se las arregla para abortar sin el permiso de un hombre (yendo al extranjero o pidiendo a un amigo que se haga pasar por el novio, por ejemplo), se enfrenta a un juicio y a encarcelamiento o bien una multa de aproximadamente $2.000. Las feministas han luchado arduamente para cambiar esta ley, y en abril el Tribunal Constitucional de Corea del Sur  dictaminó  que la ley que convertía el aborto en delito es inconstitucional. El tribunal le puso al Parlamento fines de 2020 como plazo para poner en práctica la nueva ley, algo que es una evidente victoria del movimiento.

En febrero se formó el Partido de la Mujer, que para marzo ya tenía 8.000 afiliadas, cantidad que ha crecido a 10.000 hasta este momento. El partido aspira a representar los intereses de todas las generaciones, así que tiene cinco líderes, de diferentes décadas cada una: una adolescente, y luego una mujer de veintitantos, otra de treinta y tantos, otra de cuarenta y tantos y otra de cincuenta y tantos. Aunque el partido obtuvo más de 200.000 votos, no pudieron ganar ningún escaño. Sin embargo, el Partido de la Mujer cuenta con un grandísimo apoyo, sobre todo de mujeres jóvenes, que, a diferencia de lo que pasa en Occidente, son las mayores defensoras del feminismo radical. Se calcula que, teóricamente, 60.000 muchachas habrían podido votar por el Partido de la Mujer, de no haber sido menores de dieciocho.

 

Cambiar el lenguaje cambia la cultura

En respuesta a recientes triunfos feministas, los activistas de los derechos de los hombres de Corea del Sur que se oponen al nuevo movimiento feminista han cambiado sus tácticas y empezaron a declarar que ellos simplemente quieren “igualdad”, y no esa “violenta” exclusión y esos prejuicios que según ellos propugna el feminismo radical. Esta adopción de la retórica liberal tiene un parecido muy notable con la de los transactivistas en Occidente, que se oponen a la priorización de las mujeres en el feminismo. Los hombres surcoreanos están relativamente organizados y en ocasiones pasan a la acción. Jae-gi, un hombre que inició un sitio web de activistas de los derechos de los hombres, se tiró de un puente para demostrar la difícil situación que viven los hombres por culpa del feminismo, y accidentalmente cayó sobre un pico dentro del agua que lo atravesó por el ano y le causó la muerte. A raíz de eso, Jae-gi se convirtió en un verbo que significa suicidio masculino, y las feministas les dicen a los activistas por los derechos de los hombres “Ve a ‘jae-girte’”, es decir, básicamente, “jódete y muérete”.

Puede parecer cruel, pero es un ejemplo del “reflejo”, una táctica con la que las mujeres emplean inversiones del lenguaje y un juego de palabras muy singular de la lengua coreana. La creación de verbos como “jae-girse” es respuesta directa al abuso verbal y físico que las mujeres sufren a manos de los hombres en línea y en la vida real.

Con más de un millón de palabras, el coreano tiene más del doble de vocablos que el inglés. Las reglas gramaticales del idioma permiten crear fácilmente nuevas palabras y exponer cómo la lengua se usa para suprimir a las mujeres. Para llamar a los progenitores, la palabra coreana es “부모님” (bu-mo-nim): “bu” significa padre y “mo” madre, y se coloca primero al padre porque el hombre se considera más importante. Las feministas coreanas han empezado a usar mejor el término “모부님” (mo-bu-nim), cambiando el orden, para que “madre” quede primero. La palabra “carriola” en coreano es “유모차” (yu-mo-cha): “yu” significa niña o niño, “mo” es madre y “cha” es silla de ruedas, lo que comunica que el cuidado de los bebés está reservado a las madres. Las feministas cambiaron la palabra a  “유아차” (yu-ah-cha): “yu-ah” significa niña o niño pequeño, así que se quita la palabra “madre” y ahora el significado es “silla de ruedas para bebé”. Muchas palabras admiten esta clase de ajustes que cambian totalmente el sentido.

El término “6.9” (literalmente el números 6.9) es otro ejemplo de un reflejo hecho por las mujeres para responder a una cultura que las valora de acuerdo con el tamaño de su cuerpo. “6.9” se refiere a la longitud promedio (en centímetros) del pene de un hombre coreano. Usar el término en perfiles de redes sociales o al responder argumentos de hombres es una manera de avergonzarlos tal como se busca avergonzar a las mujeres cuando los hombres hablan del tamaño de sus pechos u otras partes del cuerpo, y de menospreciar el poder que ellos creen tener en virtud de su pene.

Desafortunadamente también hay nuevos añadidos misóginos a la lengua, gracias a comunidades en línea como ILBE, donde los hombres publican fotos de parientas suyas desnudas para obtener caché y likes. Los usuarios han inventado expresiones como “Habría que golpear a las mujeres cada tres días como al pescado seco para hacerlas más deliciosas” y “Pon un foco adentro de la vagina y rómpelo”, que ha entrado ya al lenguaje coloquial.

Esta clase de expresiones se consideran banales en Corea del Sur, así que las jóvenes feministas coreanas crearon un nuevo lenguaje en respuesta, para redefinir términos que antes eran sexistas.

Las feministas radicales estratégicamente reorientaron el término “femenino” para que signifique mujeres fuertes, poderosas, ambiciosas. También redefinieron “masculino” para dar a entender celos, delgadez, juventud y deseo de adornarse. Estos reflejos del lenguaje le recuerdan a la gente cuántas expresiones sexistas usa diariamente sin siquiera percatarse, pero también engendra una fuerte percepción negativa de expresiones sádicas hacia las mujeres y las invierte con ayuda del humor. Con “feminidad” redefinido”, las mujeres coreanas se esfuerzan por alcanzar rasgos como la fuerza y la excelencia, concentradas en su propio desarrollo para lograr lo que ambicionan. El reflejo es un modo como ellas usan el lenguaje para quitarles el control a los hombres.

Un modelo para Occidente

El movimiento feminista surcoreano surgió de condiciones bastante misóginas en comparación con Occidente, pero con mejores oportunidades para la organización política, con lo que se creó una situación en que las acciones radicales no nada más eran necesarias sino viables. Estas circunstancias, únicas y contradictorias, produjeron condiciones sociales en las que las acciones radicales de las mujeres fueron posibles y urgentes.

El movimiento feminista surcoreano no está de acuerdo en todo, pero lo que lo distingue de Occidente es que las diferencias se debaten, no solo online sino en la vida real. Debatir directamente no es una fuerza destructiva que deba evitarse a toda costa, sino que se acepta como parte necesaria de la política. Gracias a la presencia de ese movimiento, próspero y real, existe una mayor capacidad de cooperar y compartir.

El movimiento feminista surcoreano surgió de condiciones bastante misóginas en comparación con Occidente, pero con mejores oportunidades para la organización política,

Las mujeres occidentales podemos aprender mucho de nuestras hermanas coreanas: su habilidad para organizarse colectivamente, su enfoque político, su innovación y su ingenuidad; sobre todo, su práctica de llevar la política a la calle.


ae Kyung Kim es estudiante en la Universidad Sungshin de mujeres. Síguela en Instagram o contacta con ella por correo electrónico a dohsmath@gmail.com


Jen Izaakson es candidata PhD CRMEP. Síguela en Instagram o envíale un correo electrónico: jenizaakson@gmail.com


Traducción de Montse Camarasa y Laura Lecuona

 

 

 

 

 

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