Carmen Conde, la esencia de una poeta olvidada

Carmen Conde, la esencia de una poeta olvidada

Sonia Sánchez Martínez, Universidad Camilo José Cela

Al pensar en Carmen Conde debería venirnos a la memoria su presencia e inclusión en la Generación del 27, o que fue la primera mujer en ingresar en la Real Academia de la Lengua, o que escribió treinta y cinco libros de poesía, en verso y en prosa (en 1929 el primero y en 1988 el último); además de novelas, ensayos, teatro, biografías, memorias…

Carmen Conde, aunque a algunos nos resulte inverosímil, es una mujer que no encontramos en un libro de texto, una escritora que no aparece incluida en su generación, al igual que Concha Méndez, Rosa Chacel, Josefina de la Torre, Mª Teresa León o Ernestina de Champourcín.

Conde entabló amistad con escritores como Juan Ramón Jiménez, Azorín, Gabriel Miró, con sus coetáneas María Moliner y María Cegarra, con Dámaso Alonso, Jorge Guillén, Vicente Aleixandre y Ernestina de Champourcín, con Miguel Hernández, con Buero Vallejo, entre otros escritores e intelectuales del siglo XX.

Infancia y juventud en Cartagena y Marruecos

Nace en Cartagena el 15 de agosto de 1907. Recoge su infancia en su libro de poemas Empezando la vida: memorias de una infancia en Marruecos. En 1927 conoce al poeta Antonio Oliver Belmás con el que se casará en 1931. Al año siguiente, fundan la Universidad Popular de Cartagena con el fin de que la formación y la cultura llegara a todas las clases sociales.

Antonio Oliver y Carmen Conde en el Faro de San Pedro. Cartagena, agosto 1927.
Patronato Carmen Conde-Antonio Oliver / Pinterest

En 1929 publica Brocal donde aparecen el enamoramiento y el noviazgo con Antonio Oliver. En sus poemas hay una continua relación entre el yo y el tú poético. Emerge el erotismo en versos plagados de metáforas, comparaciones, metonimias y sinécdoques, exclamaciones e interrogaciones retóricas. Son poemas influidos por las corrientes vanguardistas y por el propio Juan Ramón. Influencias que seguirán en el brevísimo Poemas a María (1928) y en Júbilos (1933) poemas en prosa cargados de recuerdos.

Miguel Hernández, Carmen Conde y Antonio Oliver ante el molino del tío Poli, en Los Dolores (Cartagena), 24 de agosto de 1935.
Patronato Carmen Conde-Antonio Oliver / Pinterest

El impacto de la guerra

Cuando estalla la Guerra Civil, su marido se une al Ejército Republicano y ella sigue colaborando en la emisora de radio local y en el periódico Nuestra Lucha. Al año siguiente, Conde es alumna de Dámaso Alonso cuando estudia literatura en la facultad de Letras de la Universidad de Valencia, junto con su amiga Amanda Junquera, a la que había conocido en 1936.

La guerra transforma su poesía. Se hace más descarnada, al ver el sufrimiento ajeno como en Sostenido sueño (1938) o en Mientras los hombres mueren (1938-39), donde se vierte el desgarrador dolor que siente al ver a los muertos en la guerra.

Cuando acaba la Guerra, Oliver vive confinado en Murcia y Conde se instala en Madrid en casa del matrimonio Alcázar-Junquera. Cayetano Alcázar y Amanda Junquera se convierten en valedores de la poeta. Ellas habían mantenido una estrecha e íntima amistad durante los años de guerra y Conde se esconde en su casa, pues tiene miedo de ser reconocida.

Cayetano Alcázar, Carmen Conde, Amanda Junquera, Jorge Guillén y Antonio Oliver, Madrid, octubre de 1951.
Patronato Carmen Conde-Antonio Oliver / Pinterest

Al año siguiente, reside en El Escorial junto con Amanda, a quien el médico recomienda el aire de la sierra. Conde será la encargada de cuidar a su amiga hasta el otoño de 1941, año en el que el matrimonio alquila una vivienda al poeta Vicente Aleixandre. Conde se instala con ellos hasta 1945, cuando Antonio Oliver regresa a Madrid y se produce el reencuentro del matrimonio.

Una posguerra productiva

Los años 40, al igual que los 50 y 60, son literariamente muy productivos. Utiliza seudónimos como Magdalena Noguera y Florentina del Mar. En 1941 escribe Mío y Mi libro de El Escorial (Meditaciones), poemas en prosa, (todo lo escrito hasta ahora ha sido así) en los que la naturaleza que se funde con la voz poética, la palabra, Dios, el amor, y el yo y el tú poéticos son los temas de este brevísimo poemario.

Amanda Junquera junto a Carmen Conde, hacia 1940.
Patronato Carmen Conde-Antonio Oliver / Pinterest

A la muerte de Antonio Oliver, en 1968, Conde comparte de nuevo la vida con Amanda Junquera, que también se había quedado viuda. Quiero hacer notar que tanto José Luis Ferris (2007), biógrafo de Conde, como Francisco Javier Díez de Revenga (2008) señalan una relación íntima entre las dos mujeres. La deducen por las dedicatorias manuscritas que Conde escribe a su amiga, no solo en sus propias obras, sino también en libros ajenos; así como por los poemas que Conde le escribe y por la correspondencia que mantuvieron las dos amigas durante la guerra.

Esas notas y esas cartas ofrecen interés tanto biográfico como literario, así como el poema “Naranja” que Conde dedica a Amanda en 1936, poco tiempo después de conocerse, y que ha permanecido inédito hasta que la propia poeta lo incluyera en 1986 en su libro de Memorias; o el “Canto a Amanda” fechado el 14 de junio de 1945, uno de los poemas más claros y sinceros en los que la poeta manifiesta su sentimiento por su amiga.

En las décadas de los 70 y 80 escribe A este lado de la eternidad (1970) y le siguen otros 13 títulos donde encontramos los principales temas de su poesía: sus recuerdos, la naturaleza (el mar, los árboles, el río, el paisaje, la tierra), el yo y el tú poéticos, la mujer, la amistad, la juventud, la vejez, el destino, Dios, los ángeles y los arcángeles, la frustración, el amor, la experiencia amorosa, el erotismo, la sensualidad, el pesimismo, el dolor, la guerra, la posguerra, la muerte… Su palabra poética es de una belleza y riqueza abrumadoras, es brutal la esencia poética, así como las figuras literarias, la intensidad de sus sentimientos, el vínculo con la tierra o la necesidad de expresarse por medio de la palabra, del verso.

En el acto de su ingreso en la Real Academia Española. De izquierda a derecha, Gonzalo Torrente Ballester, Carmen Conde y Manuel de Terán. En la fila posterior, Emilio Alarcos y Rafael Lapesa. Madrid, 28 de enero de 1979.
Patronato Carmen Conde-Antonio Oliver / Pinterest

El 9 de febrero de 1978 fue elegida miembro de la Real Academia Española y toma posesión con el discurso titulado Poesía ante el tiempo y la inmortalidad, siendo ella la primera mujer en ingresar como académica. Abre su discurso con palabras de reconocimiento:

Mis primeras palabras son de agradecimiento a vuestra generosidad al elegirme para un puesto que, secularmente, no se concedió a ninguna de nuestras grandes escritoras ya desaparecidas. Permitid que también manifieste mi homenaje de admiración y respeto a sus obras. Vuestra noble decisión pone fin a una tan injusta como vetusta discriminación literaria.

Actualmente hay 8 mujeres de los 46 académicos que forman la institución. Ha habido 11 mujeres en total a lo largo de 300 años de historia.

Vive sus últimos años en una residencia en Majadahonda en Madrid y muere el 8 de enero de 1996.

 


Sonia Sánchez Martínez, Dra. Filología Hispánica. Profesora de Lengua y Literatura y su Didáctica y Didáctica de la Gramática en el Máster ELE, Universidad Camilo José Cela

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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