¡No llamen pornografía a la explotación infantil filmada!

¡No llamen pornografía a la explotación infantil filmada!

La UE es el territorio donde más concentración de delitos de abusos filmados contra menores se registra: cerca del 90% de los sitios web. Alemania, donde la prostitución está legalizada, reconoce más de 30.000 sospechosos que podrían formar parte de una red internacional de brutales agresiones a la infancia, grabadas y distribuidas principalmente en países de habla germana. En Alemania también se descubrió el mes pasado otra red de tortura infantil para difundir imágenes; y en ese mismo país emergió hace poco el descubrimiento de las adopciones de niños y niñas huérfanos o pobres, facilitadas por las autoridades  a criminales pederastas desde 1970 a 2003. La cadena de horrores vivida por esas criaturas y otras en diferentes circunstancias es lo que se graba, es lo que se consume, es lo que da un dinero más ilegítimo que ningún otro, y lleva a la destrucción de menores.

Ninguna grabación de abusos sexuales (que es en lo que consiste la pornografía) puede aceptarse, porque está basada en la falta de deseo, con lo cual no es sexo, en la aceptación como recurso por vivir con precariedad, en la humillación y la dominación; pero si a esto añadimos la vulnerabilidad, soledad, carencias, desconocimiento y hambre de la infancia, ya no existe más denominación que la de crímenes grabados. Y esto, el visionado de crímenes contra menores ha ido aumentando en las fechas de confinamiento por la pandemia. La empresa más conocida por lucrarse con estos delitos se encargó de ofrecer “contenido gratuito” a los pornoadictos en las épocas de mayor reclusión domiciliaria. ¿Para quién era gratuito? Para las criaturas no, desde luego, porque, como alertaba la ONU, han aumentado los casos de abusos contra niñas y niños por parte de su familia y cuidadores. La sensibilidad social ante los depredadores/usuarios de esta macro web hizo que en varios países se pidiera su retirada de internet, sin que haya tenido éxito. Mientras, los registros internacionales de entidades que se dedican a la erradicación de la explotación infantil difundida online, señalan un aumento del 90% del uso de esta y otras  páginas, así como las denuncias de agresiones a menores en las casas.

España sigue la misma tónica de la UE, y  a los pocos días del confinamiento se había detectado una subida del 25% en la conexión de páginas de explotación sexual infantil  y en un mes se llegó al 73%.

Los barridos policiales detectando redes de depredadores infantiles con material grabado y fotografías no han cesado, pero internet sigue huérfano de control y los criminales buscan además la continua actualización de sus métodos para escabullirse. En este momento las aplicaciones más extendidas , con más de 100 millones de instalaciones en todo el mundo, han aumentado un 46% con respecto al año pasado y se camuflan ofreciendo colgar vídeos de adolescentes bailando , cuando en realidad se ha comprobado que lo usan criaturas desde los 8 años. Con ello, se abre la posibilidad a la obtención de material gráfico y captación para la prostitución.

Con esta situación, local e internacional, que apenas hemos esbozado, cabría esperar que la nueva Ley orgánica de protección a la infancia y adolescencia frente a la violencia, aprobada el 9 de junio para iniciar su tramitación parlamentaria, recogiera la realidad de la violencia extrema que supone la pederastia en internet ¿No se conoce esta ley como Ley Rhodes precisamente porque Rhodes sufrió abusos sexuales en la infancia? En esta Ley no se habla del abuso sexual intrafamiliar, que representa el 80% del total de personas ASI (Abusos Sexuales en la Infancia). Tampoco se trata en la ley sobre el consumo de pornografía por parte de menores, ni de la violencia que se fomenta en ellas contra las niñas, ni de las plataformas sobre desnudos, masturbación o chantajes a chiquillas. Lo más singular es que al ser el anteproyecto de ley tan reciente como para destinar un apartado a Nuevas Tecnologías (Capítulo 7, art. 42), no exista la prevención de detección de las víctimas de pederastia, ni se nombre el término, ni tampoco colaboración con instituciones y organismos experimentados en localizar crímenes de pederastia en internet. ¿Acaso se puede ignorar la violencia de los abusos sexuales a menores que se graban como “pornografía”? Se ha perdido una gran ocasión.

Mientras emerge parte de esta realidad que destruye a la infancia, se promueve la legitimación de estos crímenes mostrándolos como “atracción sexual” a través del MAP. No se trata de ninguna tendencia nueva, es el ancestral patriarcado que busca términos para abusar hasta la destrucción de niñas y niños cada vez más pequeños.

 

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