La valoración de la violencia de genero por los expertos judiciales (II)

La valoración de la violencia de genero por los expertos judiciales (II)

La violencia contra la mujer implica también a los hijos que de forma directa o indirecta son también víctimas. Desde hace tiempo la literatura científica lo estudia y múltiples estudios recogen su elevada frecuencia. Por ello se considera que debería ser crucial en los procedimientos de custodia, pero en la práctica, lo que las investigaciones demuestran y las legislaciones ordenan no se tiene en cuenta en los tribunales de familia.

En el artículo de S. Jeffries (2016) “En el interés superior del abusador: control coercitivo, procedimientos de custodia de los hijos y evaluaciones de «expertos» que guían las determinaciones judiciales” (1), se revisan los estudios existentes en Australia, Reino Unido y EEUU sobre las valoraciones de la violencia de genero por los expertos que asesoran a los tribunales de familia.
“En la determinación judicial del interés superior del niño parece tener más peso los derechos de los padres abusadores que la seguridad de los niños. Los funcionarios judiciales no son expertos en violencia doméstica y los asesores familiares «expertos» pueden proporcionar al tribunal evaluaciones independientes de la violencia doméstica, que guían estas decisiones. Sin embargo, numerosas investigaciones cuestionan la experiencia de estos expertos para comprender la naturaleza del control coercitivo de la violencia y muchas de las opiniones judiciales son reflejo de estas evaluaciones”.
Se podría esperar que los expertos judiciales, por el hecho de ser considerados como tal, deberían tener una formación y experiencia que los capacitara para valorar la violencia de género, pero la información que aportan depende más de sus creencias que de los hechos o la realidad, señalando que “el mayor predictor de las recomendaciones de visitas o custodias fueron las creencias de los evaluadores sobre la violencia doméstica”.
He aquí un resumen de la última parte del artículo mencionado: La evidencia “experta” en los procedimientos de custodia de menores: ¿qué nos dice la investigación?

Los funcionarios judiciales no son expertos en violencia doméstica (*) y solo pueden tomar decisiones sobre la base de la evidencia que se les presenta. Sin embargo, la violencia doméstica ocurre en la privacidad del hogar y el control coercitivo dificulta su divulgación, por lo que los funcionarios judiciales confían en los supuestos normativos sobre género y violencia doméstica y en la orientación de los expertos.

La investigación en Australia revela la falta de consideración adecuada de la violencia domestica de estos informes (300 archivos), que acreditan escasamente las denuncias o no abordaron la exposición y el impacto de los niños a la violencia doméstica, y el posible riesgo futuro para el niño y la madre (20 sentencias). El control coercitivo se consideró como un «conflicto» mutuo de los padres, conflicto considerado el responsable de los actos extremos de violencia doméstica por parte de los padres contra las madres, y del impacto negativo en los niños. Incluso en los pocos casos en que el control coercitivo se reconocía, los efectos adversos para los niños se ignoraban, minimizaban o descontextualizaban de la violencia, y no se tuvieron en cuenta los riesgos potenciales para los niños puestos al cuidado de los maltratadores.

Las mujeres se consideran en relación a estereotipos de género que niegan su credibilidad, los evaluadores parecían tener una comprensión limitada o nula de la violencia de género y sus impactos. Las madres se referían como hostiles o irresponsables en su crianza y responsables de la alienación parental.
El resultado fue la re-exposición potencial de niños y madres víctimas a la violencia doméstica a través de órdenes de crianza que no valoraban adecuadamente las denuncias de violencia doméstica. En lugar de priorizar la seguridad infantil, las evaluaciones de los informes familiares examinados construían el interés superior del niño en términos de mantener la relación padre / hijo, incluso si ese padre era violento.

En los EEUU un cuerpo emergente de investigación explora las evaluaciones de custodia en casos de violencia doméstica, que consisten en encuestar / entrevistar a evaluadores y / o realizar análisis de contenido de sus informes al tribunal.
Los resultados de este cuerpo de investigación muestran una tendencia al sesgo de género, a estereotipos y malentendidos sobre la naturaleza de la violencia doméstica y su impacto en las víctimas. Los evaluadores de custodia frecuentemente no documentan ni entienden la naturaleza y el riesgo de controlar la violencia de manera coercitiva; cuestionan la credibilidad de las madres atribuyéndoles denuncias falsas o infladas; etiquetan a las víctimas como progenitores «hostiles» o «alienantes» y descontextualizan los síntomas del trauma en víctimas de violencia doméstica.

Como se informó anteriormente, la investigación sugiere que los funcionarios judiciales a menudo no tienen en cuenta la violencia doméstica al evaluar el interés superior del niño en los procedimientos de custodia de menores. Esto mejoraría si se denunciara el abuso, las denuncias fueron investigadas adecuadamente y sus recomendaciones las tuvieran en cuenta. Sin embargo, los evaluadores no discuten sobre la violencia doméstica en las evaluaciones de custodia, incluso cuando hay evidencia sustancial de que se ha producido. Además, hay falta de comprensión sobre la naturaleza del control coercitivo y el riesgo continuo que representa para las madres y sus hijos.
Un estudio con 102 evaluaciones de informes demuestra que los evaluadores de custodia no exploran la violencia doméstica como una «forma de atender las necesidades de seguridad del niño», por lo que al no abordar la violencia doméstica como un factor de riesgo claro para la seguridad de los niños, los evaluadores de la custodia no lograron «cumplir con el estándar del interés superior del niño»

Los evaluadores de custodia frecuentemente no documentan ni entienden la naturaleza y el riesgo de controlar la violencia de manera coercitiva; cuestionan la credibilidad de las madres atribuyéndoles denuncias falsas o infladas; etiquetan a las víctimas como progenitores «hostiles» o «alienantes» y descontextualizan los síntomas del trauma en víctimas de violencia doméstica.

Otro estudio con encuesta a 607 evaluadores compara el conocimiento de los evaluadores sobre control coercitivo y relación de alto conflicto. Se señala que la mayoría recomienda la custodia compartida independientemente del tipo de violencia y que este hallazgo fue «preocupante dado los mayores riesgos asociados con el control coercitivo de la violencia y la mayor probabilidad de que este tipo de violencia continúe incluso después de la separación y el divorcio».
Un análisis de 69 archivos de casos y entrevistas con 15 evaluadores, señala que pocos evaluadores entendieron la violencia doméstica como control coercitivo. La mayoría lo vio como un conflicto mutuo, lo explicó como un problema de mal control de los impulsos / manejo de la ira o como resultado de la provocación de la víctima. Como resultado, la mayoría de las evaluaciones continuaron recomendando arreglos de custodia y visitas que no protegían a la madre y los niños de nuevos abusos

La reconstitución del control coercitivo en términos de culpar a las víctimas y reclamaciones de conflicto mutuo deriva del enfoque de interacción / sistemas familiares para la violencia doméstica. Desde esta perspectiva, la violencia doméstica se ve como resultado de interacciones recíprocas dentro de la familia. Por lo tanto, la violencia dentro de este contexto debe analizarse desde “la perspectiva de las relaciones familiares, sin que haya una víctima y un perpetrador claros”. Esto contrasta abiertamente con lo que se entiende sobre el control coercitivo de la violencia y, cuando lo utilizan los evaluadores de custodia, puede poner a las mujeres y los niños en un riesgo crítico de daño.

Un trabajo con 23 evaluadores descubrió que los evaluadores de custodia tendían a provenir de cualquiera de las dos perspectivas (interacción/sistemas familiares o control coercitivo) y que el enfoque teórico adoptado se alineó con las creencias sobre la relevancia de la violencia doméstica para las decisiones de custodia, la credibilidad de las acusaciones de las víctimas y, en última instancia, sus recomendaciones a la corte.

El discurso dominante de los evaluadores con enfoque de interacción / sistemas familiares fue el de la violencia doméstica inducida por el estrés, normativa, mutua, el resultado de un «conflicto» en la relación y, por lo tanto, es probable que termine después de la separación. Si bien reconocieron que sí existía el control coercitivo de la violencia, consideraron que era poco frecuente en los procedimientos del tribunal de familia. Más bien fue algo que sucedió «allá afuera» entre una minoría de personas particularmente «violentas, malvadas y horribles». De hecho, cuando se enfrentaron a un escenario de control coercitivo, parecían incapaces de reconocerlo y simplemente lo volvieron a etiquetar como «conflicto», sin tenerlo en cuenta en sus evaluaciones.

desmoralizador ver que las vidas de las mujeres y sus hijos no pueden escapar del maltratador y están en manos de personas que no están capacitadas ni cualificadas para valorar la violencia contra ellos

Este grupo de evaluadores no creía que el abuso conyugal fuera relevante para la custodia de los hijos, que veían la relación de un padre con su pareja como algo separado de la relación con sus hijos, no reconocieron que los maltratadores podrían carecer de habilidades parentales positivas y todo implicaba que el abusador podía ser co-progenitor «independientemente de la violencia doméstica» Sin embargo, se expresó preocupación por la «volatilidad emocional de la madre», que puso en duda la capacidad parental de las madres maltratadas. Además, todos expresaron «inquietudes acerca de las madres que hacen acusaciones falsas o exageradas de violencia doméstica, que eran ‘comunes y decididas'». Este problema suscitó una mayor aprehensión en torno a la capacidad parental de las víctimas y la capacidad de co-progenitor de manera efectiva con el padre. Las recomendaciones resultantes hechas a los tribunales priorizaron la paternidad compartida y la relación padre / hijo con poca mención de las preocupaciones de seguridad cuando se alegó violencia doméstica.

Los evaluadores que utilizaron el control coercitivo para comprender la violencia doméstica subrayaron que «el poder y el control de los compañeros masculinos» era «fundamental para la dinámica de la violencia doméstica en la mayoría de sus casos». Para estos evaluadores, identificar el control coercitivo fue crucial porque era muy relevante para la custodia de los hijos. Expresaron su preocupación por la capacidad para controlar coercitivamente a las madres para ser buenas madres, los efectos negativos en los niños de vivir con violencia doméstica y la posibilidad de que ocurra el abuso infantil directo simultáneo. También afirmaron la opinión de que las acusaciones falsas en el contexto de disputas de custodia eran raras entre las madres, pero estimaron que más del 50% de los hombres afirmaron falsamente ser víctimas de violencia doméstica. La violencia doméstica fue más «minimizada o subestimada» por las víctimas que «alegada falsamente». Si bien «consideraban que el contacto continuo entre padres e hijos era importante para los niños, priorizaban la seguridad de las víctimas» en casos de control coercitivo, recomendando, por ejemplo, visitas e intercambios supervisados. También se desaconsejó la custodia compartida o las visitas nocturnas con los perpetradores.
Estas investigaciones se confirman por los resultados de un estudio cuantitativo a gran escala con una encuesta a 465 evaluadores de custodia, que se llevaron a cabo para determinar qué factores estaban asociados con sus recomendaciones. Se descubrió que la creencia en acusaciones falsas de violencia doméstica estaba significativamente relacionada con otras creencias sobre este tipo de abuso y visitas y custodias, incluyendo que las madres alejan a sus hijos del otro padre; las madres dañan a los niños si no colaboran con el maltratador; y la violencia doméstica no es importante para considerar en las decisiones de custodia y visitas. Es probable que estas creencias provengan de evaluadores que adoptan un enfoque de sistemas familiares.

En contraste, los evaluadores que dijeron que explorarían hipótesis sobre el comportamiento de control coercitivo y las consecuencias para la salud mental de vivir con este tipo de violencia tenían más probabilidades de creer que la violencia doméstica es importante en las decisiones de custodia, las madres no hacen acusaciones falsas y negarse a ser colaborador no daña al niño. Además, creer en acusaciones falsas de violencia doméstica estaba relacionado con las recomendaciones para los arreglos de custodia o visitas que aumentarían el contacto entre abusador e hijo. De hecho, el mayor predictor de las recomendaciones de custodia o visitas fueron las creencias de los evaluadores sobre la violencia doméstica. Aquellos que tenían lo que se presentaba como una visión de los sistemas familiares eran, por ejemplo, más propensos a recomendar a padres abusivos que tienen la custodia de sus hijos (creer en acusaciones falsas de violencia doméstica estaba relacionado con las recomendaciones para arreglos de custodia o visitas que aumentarían el contacto entre abusador e hijo).

Finalmente, otro estudio de 18 archivos de casos relacionados con violencia doméstica, señaló que los evaluadores no «describían ni explicaban de manera consistente la naturaleza y el contexto de la violencia que ocurría». En cambio, «hicieron exactamente lo contrario»: ocultaron, descartaron o explicaron la violencia doméstica. Este silenciamiento de la violencia doméstica en los informes de los evaluadores se produjo de una o más de las siguientes maneras:
La mencionan de manera superficial o limitada a uno o dos incidentes, sin considerar un patrón continuado. Se concentra solo en la violencia física. Se valora subjetivamente, sin explorar las circunstancias y los factores de riesgo asociados con el abuso. La violencia fue atribuida a otras razones como alto conflicto, problemas de salud de mental y referencias a la alienación parental. Usan pruebas psicológicas no diseñadas para detectar violencia o su impacto en las victimas, y los resultados los utilizan como predicciones futuras. Se utilizan supuestos como hechos y sacan conclusiones que no representa lo que está sucediendo. No relacionan la dinámica de la violencia con la capacidad para ser padres. Se niega el impacto en los niños. La violencia doméstica se construía con frecuencia como «algo del pasado» y algo que las víctimas adultas y sus hijos solo necesitaban «superar» y «pasar».

Como era de esperar, dadas las formas en que la violencia doméstica fue ocultada, descartada o explicada los autores hacen recomendaciones que «parecían tener poca o ninguna relación con los problemas que la violencia doméstica creó para los niños y sus madres». Más bien, «las recomendaciones de los evaluadores parecían más vinculadas a sus propias ilusiones sobre el futuro que a las realidades actuales de la violencia doméstica». Esto fue a pesar del hecho de que la violencia reportada en los archivos del caso involucraba el control continuo de la violencia coercitiva.
Por lo tanto, los conceptos erróneos del evaluador sobre la violencia doméstica y el uso de estereotipos de género pueden poner a los niños en mayor riesgo a través de las recomendaciones de que los perpetradores tengan un contacto significativo con sus hijos. En el proceso, las madres también pueden estar expuestas a más violencia doméstica. Los conceptos erróneos del evaluador se han atribuido a la falta de capacitación especializada en violencia doméstica en torno al control coercitivo y los métodos y fuentes de información que deben recopilarse durante las evaluaciones. Los evaluadores que utilizaron el control coercitivo informaron una amplia capacitación y educación sobre violencia doméstica. En contraste, aquellos que emplean la teoría de los sistemas familiares informaron poca capacitación en violencia doméstica ( es decir, 1–3 seminarios a ninguna capacitación formal en los últimos 5 años).

La investigación que explora las experiencias de las víctimas proporciona información adicional sobre el proceso de redacción de informes y su impacto en las madres e hijos, los resultados confirman los estudios de los evaluadores.
En el Reino Unido, un estudio de 34 entrevistas con mujeres víctimas de violencia doméstica informaron de una percepción negativa de la redacción de informes y recomendaciones con resultados de riesgo para las mujeres y sus hijos: minimizaban la violencia de las ex parejas, minimizaban los impactos de vivir con violencia doméstica en los niños, se separó la violencia de los hombres de su paternidad, se priorizó el contacto de hombres violentos y sus hijos con atención inadecuada a los daños y riesgos, se prestó una atención inadecuada a las necesidades continuas de seguridad y bienestar de las mujeres, no entendian el impacto de la victimización en la crianza de las mujeres, y creían las versiones de los hombres abusivos a pesar de que los perpetradores de violencia doméstica son manipuladores altamente calificados.

En los EEUU 24 víctimas entrevistadas informan que la violencia doméstica fue ignorada o minimizada en las evaluaciones de custodia y en las decisiones posteriores; se señalaron los problemas de salud mental materna para cuestionar su credibilidad y capacidad de crianza; y los resultados negativos de la custodia de los hijos se atribuyeron en parte a las limitaciones en el proceso de evaluación de la custodia, es decir, que el proceso fue unilateral e incompleto porque se basó en fuentes limitadas de información.

Los maltratadores no se consideran como tal, sino confiables y creíbles a pesar de que está demostrado que son mentirosos y manipuladores altamente cualificados y que se hacen las víctimas.

El artículo termina señalando que a pesar del conocimiento existente y de los cambios legislativos, “el derecho de familia probablemente está fallando a niños y madres víctimas de violencia doméstica”. En todas las circunstancias los jueces son responsables de sus decisiones, pero los evaluadores también deben asumir su responsabilidad al contribuir a conceptos erróneos judiciales que motivan actuaciones peligrosas.
“Mantener las relaciones de los padres abusivos con sus hijos es la consideración principal en las determinaciones del interés superior del niño. Para lograr esto a menudo ante pruebas abrumadoras de lo contrario, el poder judicial y los redactores de informes «expertos» deben hacer que el control coercitivo del abuso y la intimidación «desaparezcan». El control coercitivo se ignora o minimiza, se reconstruye como intrascendente (ej. se ignoran los impactos y los riesgos), se reconstituyen como otra cosa (ej. violencia mutua) y se engloban bajo narrativas de género alternativas que cuestionan la credibilidad de las mujeres pero no la de los hombres (ej., las mujeres manipulan y mienten, los hombres deben ser tomados al pie de la letra)”.

Me llama la atención que la valoración de la violencia de género por los expertos judiciales dependa de aspectos subjetivos como sus creencias, convicciones o aplicación de teorías que no explican la violencia de género a pesar de su importancia. En ellos se constata poca formación en violencia de género y control coercitivo, falta de capacitación y actualización, no entienden la violencia de pareja ni comprenden el riesgo para las víctimas y los hijos. En sus informes la violencia es ocultada, ignorada o minimizada, la limitan solo a violencia física o atribuida a otras razones, por ej. conflicto de pareja, salud mental o alienación parental. No se investiga sobre los hechos y circunstancias y recurren a pocas fuentes de información. Las pruebas que utilizan no están diseñadas para violencia, pero los resultados los usan como predictores. Se utilizan supuestos como hechos y sacan conclusiones que no representan lo que sucede.
El foco del problema se pone en las mujeres víctimas, a quienes se les atribuye falta de credibilidad, con denuncias falsas o infladas. Se consideran hostiles y alienantes, que alejan a los hijos del padre. Se las acusa de negarse a colaborar con el maltratador. El síndrome postraumático de la madre lo desconceptualizan.

Los maltratadores no se consideran como tal, sino confiables y creíbles a pesar de que está demostrado que son mentirosos y manipuladores altamente cualificados y que se hacen las víctimas. Consideran que su problema es que tienen mal control de impulsos y de la ira, y que son provocados por la víctima.
Se niega los efectos de la violencia en los hijos y no se valora como actúa el maltratador en la crianza. Consideran que la violencia no afecta al hijo, por lo que no se impide el contacto o las custodias. No se valora el riesgo y el Impacto en los niños y madres, ni se les protege y da seguridad. La violencia se considera algo intrascendente, que tiene que pasar página, algo del pasado que hay que superar.
Estas valoraciones son contrarias al conocimiento científico sobre violencia de género y ajeno a su realidad. Los profesionales que basándose en la teoría familiar sistémica interpretan erróneamente la violencia de pareja, ignoran y ocultan su existencia. Si una teoría no es válida para conocer la realidad no puede aplicarse a su estudio. El control coercitivo nace del estudio de campo con mujeres maltratadas cuyo conocimiento conceptualiza la violencia coercitiva. La teoría familiar sistémica es una construcción teórica que por analogía intenta conocer la dinámica familiar, considerada como un sistema emocional y relacional entre sus miembros.

Es tremendamente desmoralizador ver que las vidas de las mujeres y sus hijos no pueden escapar del maltratador y están en manos de personas que no están capacitadas ni cualificadas para valorar la violencia contra ellos, profesionales y expertos que en muchos casos no creen en la violencia de género, o que tienen conocimientos limitados, sesgados, equivocados, basados en teorías o convicciones que niegan o no comprenden su realidad.
Estos estudios son el reflejo de una realidad que están viviendo también otros países en el mundo, urge abordar este problema que está costando “sangre, sudor y lágrimas” a las víctimas, en otra área del derecho o de la vida esto no se consentiría. La violencia de género debería ser valorada por equipos forenses muy especializados y experimentados en violencia de género, que pudieran detectar y acreditar la situación de violencia y permitir liberar a las víctimas.


(1) In the best interests of the abuser: coercive control, child custody proceedings and the “expert” assessments that guide judicial determinations (2016) S. Jeffries. Escuela de Criminología y Justicia Criminal, Instituto Griffith de Criminología (Australia). https://doi.org/10.3390/laws5010014
( * ) la literatura científica utiliza diferentes términos para referirse a la violencia contra la mujer

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    Beni 3 meses

    Asistimos a una falta total de sensibilidad, empatía, pérdida de razón, sentido crítico y manipulación que nos ha devuelto a los peores tiempos de la inquisición. Donde se ha normalizado el señalamiento, la discriminación, el peor sexismo, mientras en nombre de la «igualdad y la no discriminación» se comete en las leyes de género la mayor violación de derechos humanos fundamentales de nuestro tiempo.
    Un teléfono contra el maltrato que ni tan siquiera atiende el maltrato hacia niños ancianos y personas vulnerables si no son mujeres. Ni tan siquiera atiende el maltrato a mujeres cuando es por su pareja mujer.
    Solo atiende llamadas si es para denunciar hombres heterosexuales.
    Nadie nunca jamás en un país que respete las leyes de la lógica, la razón y los DD HH fundamentales aceptaría un teléfono para denunciar negros, homosexuales o inmigrantes.
    Si se creara un teléfono de emergencias (016) donde cualquier persona pudira llamar para denunciar delitos, pero solo para denunciar negros o blancos, inmigrantes etcétera, nos daríamos cuenta de la gravedad de las leyes de género, en las cuales esta es solo es una de las cientos de medidas gravísimamente discriminatorias y sexistas creadas. Entre las que se encuentran tribunales «especializados» donde se «juzga» a las personas por su sexo.
    Los hombres heterosexuales son señalados públicamente desde las instituciones de forma directa e indirecta. Se les compara pública e impunemente con el coronavirus, se dicen barbaridades incalificables como que la violencia y la maldad está en el ADN del hombre, o que celebrar el día del hombre sería cómo celebrar el día del terrorista.
    Llamamientos para denunciar pero solo a hombres heterosexuales, tras haberles puesto en la otra cara de las leyes de género.
    Las leyes de género son graves y numerosas discriminaciones sexistas que han sido instauradas y normalizados en la sociedad a fuerza de repetir millones de veces falsos conceptos como «discriminación positiva» o «leyes de igualdad». Y a la vez señalar y criminalizar con términos de «violencia machista», «terrorismo machista» a todo el sexo masculino heterosexual, aplicando responsabilidad, señalamiento y discriminaciones colectivas ante delitos que son exclusivamente individuales. Delitos que son expuestos a todas horas, en todos los medios para su criminalización, mientras se oculta la violencia cuando la sufren ellos.
    Hay una diferencia infinita entre concienciación y criminalización. Y tras la creación de las leyes de género, las pretendidas campañas de concienciación e igualdad, son solo campañas de criminalización y la palabra «igualdad» un insulto más añadido a un crimen sexista cometido contra inocentes.
    Las leyes de género son el efecto más aterrador de la ventana de Overton: (adelantelafe.com/la-terrible-ventana-overton-legalizar-cualquier-cosa/), donde cualquier barbaridad o crimen de estado es posible en cualquier época y lugar consiguiendo que sea visto como normal y necesario por una sociedad manipulada que se sumará a la injusticia. Siendo el 8M el ejemplo más terrorífico de manipulación de la sociedad para imponer una ideología.
    Una inmensa marabunta que se manifiesta desde el gobierno a los ciudadanos para imponer su Ideología política de género en que lo pide una multitud que ellos mismos han creado y alimentado. Con el insulto y broma macabra de decir hacerlo «por la igualdad», ignorando las gravísimas discriminaciones de estas leyes. Millones de personas alentadas desde el propio gobierno, que lejos de poner el grito en el cielo para que se restablezca la igualdad ante la ley que jamás debió dejar de existir, lo hace para absolutamente lo contrario, pedir aún más discriminaciones contra los hombres.
    Conviene no olvidar jamás que la persecución antijudía, el apartheid, en su momento también fueron legales. Crímenes de lesa humanidad en su momento vistos como algo normal y necesarios por una población manipulada en el odio tras dibujar a negros y judios como una lacra y un problema de estado, y la utilización del estado, los medios, y las instituciones para su demonización y señalamiento.
    De la misma manera se dirige ahora contra los hombres heterosexuales tras la creación del estigma de género, que supone la aplicación del mismo delito penal de autor en leyes y tribunales de excepción.
    Los hombres heterosexuales son señalados y perseguidos como los nuevos negros y judíos con cribados en centros de salud, desde las farmacias, desde Carrefour con la campaña mascarilla 19, desde todas las empresas públicas y privadas e instituciones. Desde todas y cada una de las instituciones, sindicatos, casetas púrpura en cualquier evento, desde las aulas absolutamente desde todos los ámbitos.
    El concepto «violencia machista» es el ejemplo más aterrador de la normalización del odio impuesto por un estado y plasmado en las cientos de aberraciones de las leyes de género.
    «Violencia machista», o «violencia migrante» son estigmas de odio, señalamiento y discriminacion muy graves. Da igual si se aplica contra hombres, inmigrantes, sexos, géneros o razas.
    Estamos en las leyes de género en un gravísimo ataque sexista sin precedentes, en un nuevo apartheid, donde lo más aterrador es que pasa inadvertido, disfrazado en «ley de igualdad» y sustentado por una industria multimillonaria.
    Donde los hombres tienen valor cero. Pueden ser señalados con total impunidad, insultados, despreciados y tratados como la más inmunda basura simplemente por si acaso.
    Por si acaso algún hombre en presente, pasado futuro, en la otra vida, en sueños o en el más allá pudiera estar maltratando a alguna mujer.
    Los hombres no son virus. No son bestias inmundas que tienen retenidas, humilladas, vejadas en sus casas a las mujeres y a quienes haya poco menos que exterminar para liberarlas.
    También son personas. Son todas y cada una de las personas que están en la otra cara de las leyes de género, los tribunales de excepción especializados creados contra ellos, el pacto de Estado, el decreto, 3 de agosto, el «solo si es sí» y las cientos de aberraciones criminales de estas leyes y esta ideología que aplica responsabilidad colectiva y castigos colectivos ante delitos individuales.
    El desprecio por la vida y la dignidad humana alcanza el esperpento cuando una crisis humanitaria tan tremenda provocada por el coronavirus es utilizada para ejercer aún más señalamiento sobre quienes en las leyes de género y sus múltiples aberraciones ya han sido desposeídos de toda dignidad humana.

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    Beni 3 meses

    Hace unos días, el titular de un medio gallego publicó que, «a pesar de ser solo el 12% de la población, los afroamericanos cometen el 70% de los delitos».
    El medio se vió obligado a eliminar el tweet que hacia referencia a su propio artículo por la avalancha de críticas. La gente argumentó señalamiento racista.
    Pudiera parecer que la sociedad no tolera el menor atisbo de racismo, sexismo o señalamiento.
    Pero es muy al contrario.
    Quienes se escandalizan ante una estadística, conviven cada día con el mayor ejercicio de señalamiento, hipocresia y violación de derechos humanos consumado en un país europeo en pleno siglo XXI.
    Al que incluso con la crisis sanitaria que estamos sufriendo dedican ingentes cantidades de dinero desde una industria de señalamiento y violación de derechos fundamentales multimillonaria.
    Asistimos cada día a las cifras de la criminalización al hombre que procuran engrosar incluso cuando el hombre es inocente o incluso él la víctima, y frente a esto nadie se escandaliza.
    Ante el artículo publicado en La Voz de Galicia rápidamente arden las redes y multitud de personas indican algo tan obvio como que culpable de un delito es solo quien lo comete.
    Indistintamente de su sexo, su género, su raza, color de piel, de estadísticas, o de mayor o menor número, solo es culpable el autor del delito.
    Aquí saltaron las alarmas ante una estadística.Y el medio, ante tal avalancha de críticas, se vió obligado a borrar el tweet.
    Sin embargo nadie da la voz de alarma por el atentado sexista que se está produciendo en España y en los paises donde se exportó esta aberración legislativa que se viene cometiendo y agrandando cada día contra el hombre heterosexual desde la creación del estigma de género.
    La creación de un nuevo apartheid que ha normalizado en la sociedad el odio, la psicosis, el señalamiento y la violación gravísima de Derechos Fundamentales por razón de sexo, mientras llaman «igualdad» esta barbaridad incalificable.
    La aplicación del derecho penal de autor, donde al varón heterosexual se le juzga en tribunales de excepción o «especializados» repartidos por toda España, mientras todos y cada uno de los medios de comunicación, políticos y «ministerios de igualdad» actúan como altavoces del odio, el señalamiento y la criminalización cuando un hombre comete un delito mientras callan cuando la violencia la sufren ellos.
    El hombre no solo es señalado desde medios, instituciones, gobernantes.., sino que se han creado contra él verdaderas aberraciones legislativas.
    Nos escandalizamos porque se publican unas estadísticas.Y es cierto que nadie se debe ser señalado por su sexo, género o raza, puesto que los delitos solo pueden tener responsabilidad individual, y aplicar un estigma que suponga discriminación o señalamiento colectivo es un grave atentado sexista, racista o xenófobo.
    Sin embargo no se ha creado una ley contra la «violencia migrante».
    No se han creado tribunales de excepción donde poner en duda la palabra de quién acusa a inmigrantes, negros o blancos sea considerado «violencia institucional», como ocurre criminalmente en España. No se «especializa» a los jueces de forma obligatoria en «perspectiva de raza», ni una sola de las cientos de gravísimas discriminaciones que se aplican contra el hombre heterosexual desde la creación de las leyes de género.
    Son cientos las barbaridades legislativas, y que aún pedían aumentar con el «solo si es sí», en el 8m, y por lo que no les importo arriesgar la salud de millones de personas. Les iba la vida extender este crimen convertido en el más macabro y multimillonario negocio.
    El hombre como sexo es señalado por el presidente del gobierno, desde los «ministerios de igualdad», desde todos y cada uno de los medios, televisión, instituciones. Se lleva un cómputo anual en todos los medios de comunicación y un computo total desde que se crearon en el año 2004 las leyes de autor, los tribunales, y las incontables aberraciones sexistas de estas leyes.
    Y esto no es solo una estadística de criminalización, sino la mayor violación de derechos fundamentales plasmada y visible en las leyes de género, en sus tribunales de excepción, destruyendo la igualdad ante la ley, la presunción de inocencia, y la imparcialidad de la justicia. Los tres pilares básicos en que se sustenta un Estado de derecho y lo diferencia de una inquisición o ataque sexista o racista.
    Quién justifica las leyes de género en una diferencia en número de delitos también habrá de decir que número es necesario para que se cree esta misma ley que discrimine y normalice el señalamiento sobre negros, blancos, homosexuales, extranjeros.
    Quizás así se dé cuenta del crimen atroz contra inocentes y ataque sexista gravísimo que se está cometiendo en las leyes de género.
    Tremenda aberración sexista son las leyes de género, que instrumentalizan para el odio cada delito cometido por un hombre tras haber creado tribunales de excepción y se lleva cómputo oficial de delitos cometidos en el año y desde que se creó este crimen de estado contra ellos.
    Si solo una de las cientos de graves discriminaciones creadas contra el hombre heterosexual desde que se instauró el derecho penal de autor de las leyes de género se aplicara contra negros, blancos, homosexuales o extranjeros es cuando seríais conscientes de este gravísimo crimen sexista e infinita hipocresía.
    Un teléfono contra el maltrato que ni tan siquiera atiende el maltrato hacia niños ancianos y personas vulnerables si no son mujeres. Ni tan siquiera atiende el maltrato a mujeres cuando es por su pareja mujer.
    Solo atiende llamadas si es para denunciar hombres heterosexuales.
    Nadie nunca jamás en un país que respete las leyes de la lógica, la razón y los DD HH fundamentales aceptaría un teléfono para denunciar negros, homosexuales o inmigrantes.
    Si se creara un teléfono de emergencias (016) donde cualquier persona pudira llamar para denunciar delitos, pero solo para denunciar negros o blancos, inmigrantes etcétera, muchos serían conscientes de la gravedad de las leyes de género, en las cuales esta es solo es una de las cientos de medidas gravísimamente discriminatorias y sexistas creadas.
    Las leyes de género serán estudiadas como uno de los mayores crímenes contra la humanidad junto a la persecución antijudía y el apartheid, aún más grave por producirse en un supuesto país constitucional democrático europeo en pleno siglo XXI.
    Crimen sexista de lesa humanidad que utiliza sus mismas leyes, los mismos tribunales de excepción o «especializados» y todos y cada uno de los medios e instituciones para el odio, la psicosis, el señalamiento y la criminalización al hombre heterosexual que ya ha dado lugar a violaciones esperpénticas de derechos humanos fundamentales.

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    Beni 3 meses

    NO EXISTE LA VIOLENCIA DE GÉNERO. Cuando esta denominación se utiliza para aplicar gravísimas y numerosas discriminaciones contra sexos, géneros razas o colectivos.
    Porque los asesinatos y delitos cometidos por hombres, mujeres, blancos o negros no pueden representar jamás a un sexo, género o raza, sino a los despreciables individu@s que de cualquier sexo los cometen.
    Si se aplican discriminaciones genéricas contra ellos, como ocurre en las leyes de género contra los hombres heterosexuales, se está cometiendo un gravísimo atentado sexista o racista.
    No puede existir jamás una discriminación genérica para penalizar, señalar, estigmatizar y discriminar a un sexo, una raza o colectivo. Porque este término y sus leyes se utilizan para señalar, crear psicosis institucional y leyes gravísimamente discriminatorias contra millones de personas inocentes. Personas que no son culpables del sexo con el que nacen ni de delitos cometidos por algunos con su mismo sexo.
    Las leyes de género son el delito penal de autor, la máxima expresión de sexismo, racismo aplicado contra los varones por el propio estado, que ha creado psicosis y terror en la población, poniendo los delitos cometidos por el hombre hasta en la sopa mientras se ocultan cuando son ellos las víctimas para responder al multimillonario negocio creado con unas leyes demoníacas que se retroalimentan por la terrible injusticia que provocan. Las leyes de género provocan el problema, y por su injusticia evitan la tan necesaria concienciación.
    Una violación sexista o racista de derechos humanos fundamentales jamás podrá formar parte de una solución, sino de la multiplicación del problema y una masacre inútil contra millones de personas inocentes.
    Leyes e ideología que nada tiene que ver con la igualdad, que trata de contabilizar cuantos más casos mejor, pero solo cuando es un hombre culpable, para inducir en la población el pensamiento de que el hombre heterosexual es el mismísimo Satanás, y sus armas demoníacas son el machismo y el heteropatriarcado.
    Jamás una tan gravísima violación y discriminación de derechos humanos fundamentales estuvo «fundamentada» en tamaña falacia, que intenta convencer de que el hombre es una especie de orco que tiene retenidas, vejadas, secuestradas a las mujeres a quien hay poco menos que exterminar, para liberarlas. Un monstruo que actúa porque se cree superior a ellas o las considera de su propiedad.
    Jamás habra existido mayor insulto y ataque contra la dignidad humana como la ideología de género y sus leyes.
    Por desgracia la violencia forma parte de lo más despreciable del ser. Pero de seres individuales.
    Poner sexo, género, raza, a la violencia y maldad humana, y discriminarles ante la ley, ya se hizo contra las personas de raza negra en el apartheid, o durante la persecución antijudía. Y ahora en «el género»se está haciendo esto mismo contra los hombres.
    Se creó el mismo odio contra ellos.
    También negros y judíos fueron considerados un problema de estado.
    También la persecución antijudía o el apartheid en Sudáfrica en su momento fueron legales.
    Se crearon los mismos tribunales de excepción o «especializados»que ahora en el género han sido creados únicamente para «juzgar» en juicios rápidos hombres heterosexuales cuando son denunciados por sus parejas femeninas o desde los centros del odio y el señalamiento tales como farmacias, centros de salud,centros comerciales etc.
    Las gravísimas discriminaciones de género son solo contra hombres heterosexuales. Las parejas homosexuales de hombres o mujeres soluciónan sus problemas ante tribunales imparciales, pero también les deja desprotegidos con una ley menor.
    Cuando se destruye la igualdad ante la ley desaparece el estado de derecho, que queda convertido en un ataque sexista racista ejercido por el propio estado.
    No es en absoluto cuestión de números o de un tipo de delito específico, sino que hombres y mujeres debemos ser iguales ante la ley. Porque igual de grave que una violación o maltrato es condenar inocentes por algo tan grave que jamás han cometido. Lo cual iguala exactamente a hombres y mujeres y hace imperiosa la absoluta necesidad de que todos seamos iguales ante la ley y todos debamos tener derecho a presunción de inocencia y derecho a un juicio absolutamente imparcial sin que se aplique jamás ningún tipo de «perspectiva de género» (o de raza) contra nadie. La única perspectiva que se debe aplicar de forma obligatoria a los jueces es la perspectiva de imparcialidad total y absoluta.
    Una ley justa y de concienciación debe proteger a todas las personas sin discriminación alguna, indistintamente del sexo, género, número de delitos, o raza al que pertenezcan. De lo contrario no es posible la concienciación ni la justicia, y el problema es la ley.
    Sin embargo las leyes de género están basadas en la discriminación. No proteje a todas las personas por igual, sino que se ha creado contra la mitad de la población española, resultando por su injusticia absolutamente inútil y no protegiendo absolutamente a nadie, y destrozando la necesaria concienciación que tiene que estar basada en justicia y exacta y estricta igualdad.
    Tribunales creados únicamente para «juzgar» hombres heterosexuales repartidos por toda España, donde los jueces además son «especializados» de forma obligatoria en «perspectiva de género» contra el varón, y donde cuestionar la palabra de una mujer ante la de un hombre, podría ser considerado «violencia institucional»
    Se aprobó incluso que la mujer no tenga necesidad de presentar denuncia o relación sentimental, lo cual destruye completamente el derecho a defensa de cualquier varón.
    Cuando desaparece la igualdad ante la ley, desaparece el estado de derecho. Se convierte en una inquisición donde se condena por sexo, género, o raza. La justicia y el estado se convierten en instrumento de terror al servicio de ideologías.
    No podemos creer que la violencia tiene género porque estamos satanizando, señalando y discriminando a millones de hombres.
    Tampoco podemos aceptar jamás que la violencia tiene raza porque
    estamos satanizando y señalando a millones de personas, blancos, negros, o amarillos que son inocentes.
    Compartir genitales o color de piel con quién comete un delito no convierte en culpables al resto de individuos con sus mismas características, y jamás tendrían que sufrir la más mínima discriminación por lo que hagan otros.
    La violencia y la maldad humana no tiene género. Ni sexo, raza, ni color de piel.
    Si ponemos sexo, género, raza, color de piel.., a la violencia y a la maldad humana estamos cometiendo un señalamiento y un crimen sexista-racista contra millones de personas inocentes desde su nacimiento.
    Ningún sexo, género o raza merece un pecado original heredado sin que sea un gravísimo atentado contra los derechos humanos fundamentales.
    Todos condenamos la violencia y la sufrimos como lo más ruin inhumano y despreciable del ser, Pero ello no nos ha de permitir jamás cometer un crimen sexista aberrante e inútil contra millones de personas inocentes.
    El hombre heterosexual no es un monstruo al que hay que deconstruir. También son personas. Son todas y cada una de las personas que están en la otra cara de las leyes de género, su gravísima discriminación y el continuo señalamiento público de satanización creado contra ellos.

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