“La paloma y el elefante”: Frida y Diego

“La paloma y el elefante”: Frida y Diego

 

 

Se sentía menudita al lado de él, frágil como una paloma, estéril e incapaz como mujer. A él lo percibia fuerte, poderoso como un elefante, el verdadero rey de la selva en que vivía. Frida medía casi 170 centímetros, Diego poco más de 180, esos escasos 10 centímetros en las representaciones que ella pintó se revelan distorsionados bajo una lupa emocional que contiene sentimientos de inferioridad, subjetividades  latentes en las obras de arte.

Contrajeron matrimonio al poco tiempo de conocerse. Ella, años antes, lo había observado pintando grandes murales, exteriores, admirados por todos. Ella pintaba óleos de pequeño formato, íntimos,  en interiores, que revelaban su mundo, sus sufrimientos y temores. Pese a gozar de la admiración de destacados pintores  e intelectuales de su época como André Bretón, Marcel Duchamp, pablo Picasso o Vasili Kandinsky jamás aceptó en su vida que su obra pudiese tener un interés general.

Cuando Frida y Diego se casaron ella tenia 22 años, él 43. Para Diego era su tercer matrimonio, para ella su gran amor. Frida buscaba protección y creyó encontrarla en él.  La poliomielistis infantil, y el accidente que la destrozó a los 18 años no fueron nada en comparación con la frustración por no poder gestar y el dolor que le ocasionó descubrir que su marido le era infiel con su hemana pequeña, Cristina.

En 1931, dos años después de casarse, Frida pintó el cuadro “Diego y Frida” , un óleo sobre lienzo de 100,01 cm x 78,74 cm. que se expone en el Museo de Arte Moderno de San Francisco.La pintura muestra a Kahlo de pie junto a su esposo y compañero artista.  Rivera, está retratado como pintor, sosteniendo una paleta y cuatro pinceles en su mano derecha mientras Kahlo inclina su cabeza hacia él. Ambos miran hacia el espectador, sin sonreír. Kahlo sostiene su chal rojo brillante con su mano izquierda. Rivera y Kahlo se toman de las manos en el centro del retrato. Rivera es físicamente mucho más grande que Kahlo. Los zapatos de él, enormes, están firmes en el suelo; los de ella, diminutos, parecen alzarla en puntillas, guardando equilibrio.  La paloma en la esquina superior derecha lleva una pancarta que dice:

“Aquí nos ves, yo Frida Kahlo, con mi querido esposo Diego Rivera. Pinté estas imágenes en la encantadora ciudad de San Francisco, California, para nuestro compañero, el Sr. Albert Bender, y fue en el mes de abril del año 1931”.

Frida Kahlo,  se representó a sí misma como la esposa del gran artista, Rivera. Tras años de infidelidades, en 1939 Frida se divorció,  le abandonó, le perdonó, intentó  vengarse, pagarle con la misma moneda sin darse cuenta que no era su naturaleza, que se consumía, que la única forma de dejar de sufrir era alejarse, definitivamente, a su mundo de símbolos, de sueños eternos, de caricias al alma y convertirse, definitivamente, en una estrella que contemplase el universo, inmune, perpetua, eterna.  Se despidió escribiendo en una carta. Solo tenia 47 años :

«Espero alegre la salida y espero no volver jamás”.

Nacimiento de un icono

 La vida de Magdalena Carmen Frida Kahlo Calderón estuvo marcada por el infortunio de sufrir un grave accidente en su juventud que la mantuvo postrada en cama durante largos periodos, llegando a someterse hasta a 32 operaciones quirúrgicas.  Su vida fue  poco convencional y  su obra pictórica giró,  temáticamente,  en torno a su biografía y a su propio sufrimiento. Fue autora de 150 obras, principalmente autorretratos, en los que proyectó sus dificultades por sobrevivir. La obra de Frida es una de las pocas que no fue eclipsada por la de su marido, también pintor, Diego Rivera.

Frida y Diego   se influyeron mutuamente. Ambos compartieron el gusto por el arte popular mexicano de raíces indígenas, inspirando a otros pintores mexicanos del periodo postrevolucionario.

Gracias a una invitación de André Bretón expuso sus obras en Francia en 1939. Bretón intentó convencerla de que eran surrealistas, aunque Kahlo no lo aceptó pues, según declaró,  su arte “no pintaba sueños sino su propia vida”.

Una de las obras de esta exposición, el “Autorretrato-El marco”, que actualmente se encuentra en el Centro Pompidou, se convirtió en el primer cuadro de un artista mexicano adquirido por el Museo del Louvre.

A  Frida Kahlo le costó admitir que su obra pudiese tener un interés general,  aunque gozó de la admiración de destacados pintores e intelectuales de su época como Pablo Picasso, Vasili Kandinsky, André Bretón o Marcel Duchamp.

Tras su fallecimiento, su obra alcanzó fama y verdadero reconocimiento internacional, especialmente entre 1980 y 1890. La cantante Madonna se hizo coleccionista de sus obras que, actualmente y también se utiliza impresa en muchas prendas femeninas.  Frida Khalo es un icono para el feminismo.

Frida fue la tercera hija de Matilde Calderón, mexicana, y del fotógrafo Guillermo Khalo, inmigrante alemán nacionalizado mexicano. ​Sus dos hermanas mayores fueron Matilde (nacida en 1899)  y Adriana (nacida en 1902). Su hermano Guillermo nació en 1906 pero tan solo sobrevivió unos días.

Frida nació en julio de 1907 en Coyoacán  y, solo once meses después, en junio de 1908, nació su hermana menor, Cristina. Ella fue su constante compañera y la única de las hermanas Kahlo que dejó descendencia. Además, Frida tuvo tres hermanas mayores por parte del padre: Luisa (nacida en 1894), María (nacida en 1896 y fallecida a los pocos días de nacer) y Margarita, todas hijas del primer matrimonio de su padre con María Cardeña Espino y de la que enviudó.

La personalidad de Cristina Khalo era antagónica a la de Frida. Era sumisa, inculta y siempre se encontraba opacada por el ímpetu revolucionario y transgresor de Frida. Eso no fue impedimento desatar la pasión del marido de Frida, Diego Rivera.

Cristina fue la única de las Kahlo que dejó descendencia, sus hijos Isolda y Antonio vivían con ella y con Frida y Diego a cambio de ser la que proporcionara todos los cuidados a Frida, así como de ejercer de ama de llaves o realizar las tareas domésticas.

A su vez, Cristina era, en muchas ocasiones, la musa para las obras de Diego, para quien posaba desnuda, muestra de ello es la “Figura del conocimiento”, mural en el que Rivera retrata a Cristina desprovista de ropa y con flores que simbolizan la feminidad y la pureza.

 

Poliomielitis, fútbol y boxeo

 La vida de Frida estuvo marcada desde muy temprana edad por el sufrimiento físico y las enfermedades que padeció. El primero de estos infortunios consistió en una poliomielitis que contrajo en 1913, con tan solo 5 años, dando inicio a una serie de sucesivas enfermedades, lesiones diversas, accidentes y operaciones. Esta primera enfermedad la obligó a permanecer nueve meses en cama y le dejó una secuela permanente: la pierna derecha mucho más delgada que la izquierda. Animada por su padre y como parte de su rehabilitación, Frida practicó diversos deportes, algunos poco usuales en la sociedad mexicana de su época para una niña, como fútbol o boxeo.

La evidente limitación motriz, así como las constantes operaciones quirúrgicas y tratamientos médicos hicieron que Frida se desarrollara de modo diferente y con frecuencia se viera impedida de participar con otros niños. Varios de los cuadros que luego pintara en su vida adulta reflejan la temática de la soledad de su infancia.

Un ejemplo es la obra de 1938 “Cuatro habitantes de Ciudad de México” un óleo sobre metal de 32,4 x 47,6 cm, que muestra una pequeña niña sentada sobre una superficie en altura y ataviada con tehuana. La niña parece abandonada y triste, chupándose el dedo con desolación.

En otro cuadro de ese mismo año “Niña con máscara de muerte” o “Ella juega sola” Frida pintó  dos versiones que muestran a una pequeña niña de unos cuatro años de edad con una máscara de calavera que transmite un gran sentimiento de soledad.

Durante toda su vida, Frida manifestó sentimientos ambivalentes hacia su madre, de amor y odio pero hacia su padre siempre fueron  de mucho cariño y cercanía. La relación se hizo  más estrecha tras la enfermedad de poliomielitis de ella, puesto que fue su padre quien principalmente la acompañó en sus ejercicios y la guio en los programas de rehabilitación. Frida, a su vez, fue testigo de los continuos y misteriosos desmayos de su padre, para los que en su temprana infancia nadie le ofreció explicación alguna. Se trataba de  frecuentes ataques epilépticos  que sufría su padre como secuela de una temprana lesión cerebral. Con el tiempo, Frida aprendió a prestarle asistencia en estas circunstancias y finalmente se enteró de su causa. La experiencia compartida de lidiar contra el infortunio de las enfermedades, unieron  a padre e hija con un lazo muy fuerte de solidaridad y empatía.

En el Colegio Alemán, en 1921,  obtuvo  su certificado escolar y en 1922 ingresó en la Escuela Nacional Preparatoria de Ciudad de México, prestigiosa institución educativa que, poco antes, había comenzado a admitir estudiantes de sexo femenino. De un total de dos mil alumnos, tan solo eran treinta y cinco niñas.  En aquellos años aspiraba a estudiar medicina.

 

Los Cachuchas

 En la Escuela Nacional conoció a futuros intelectuales y artistas mexicanos, como Salvador Novo  y formó parte de un grupo de alumnos conocidos como “Los Cachuchas”, llamados así por las gorras que usaban. A este grupo solo pertenecían dos mujeres que eran Carmen Jaime y la propia Frida. “Los Cachuchas” eran rebeldes, se autodefinían como un grupo político, crítico de la autoridad, protestaban contra las injusticias y se movilizaban por las reformas del sistema escolar. Además, se divertían y gastaban bromas en la escuela con gran entusiasmo. Su actividad y posición política giraba entre las ideas anarquistas y revolucionarias románticas.

En 1927 Frida plasmó sobre la tela una escena típica de sus encuentros con estos amigos. Con estilo cubista transmite, con ayuda de símbolos, la atmósfera grupal y los intereses de los miembros del grupo.

A comienzos de 1925, Frida trabajó como aprendiz en el taller de grabado e imprenta de Fernando Fernández Domínguez, un amigo de su padre que, en medio del trabajo, le enseñaba a dibujar copiando grabados de Anders Zorn, pues creyó  haber detectado en ella dotes especiales para este arte.

 

 

Perdida de la virginidad

 El 17 de septiembre de 1925, Frida sufrió un grave accidente cuando el autobús en el que ella viajaba fue arrollado por un tranvía, quedando aplastado contra un muro y completamente destruido. Tenía 18 años. Cuando regresaba de la escuela a casa junto a Alejandro Gómez Arias, su novio de entonces. Su columna vertebral quedó fracturada en tres partes, sufriendo además fracturas en dos costillas, en la clavícula y tres en el hueso pélvico. Su pierna derecha se fracturó en once partes, su pie derecho se dislocó, su hombro izquierdo se descoyuntó y un pasamanos la atravesó desde la cadera izquierda hasta salir por la vagina. Al respecto, Kahlo comentó que esta fue la forma brutal en la que  perdió  su virginidad. La medicina de su tiempo la atormentó con múltiples operaciones quirúrgicas (por lo menos 32 a lo largo de su vida), corsés de yeso y de distintos tipos, así como diversos mecanismos de estiramiento.

Aparte de la experiencia en el taller de Fernando Fernández Domínguez, Frida no había mostrado antes de su accidente ningún interés especial por la pintura. Tampoco seguía con mayor interés la asignatura de artes plásticas en la escuela. La batalla contra las secuelas de la poliomielitis la hacían inclinarse más bien por actividades deportivas. Mientras más se moviera y más ejercicio físico sistemático hiciese, mejores eran sus posibilidades de recuperación. Tras el accidente, en cambio, trató de moverse lo menos posible para ayudar a la sanación. Es así como la pintura cobró un lugar central en su vida. Durante su larga convalecencia comenzó a pintar de manera más constante.

En septiembre de 1926 pintó su primer autorretrato al óleo que dedicó a Alejandro Gómez Arias, su novio entonces. En esta primera obra emprendió una dinámica que continuaría el resto de su existencia: reflejar en sus cuadros los sucesos de su vida y los sentimientos que le producían.

En 1927 su pintura se volvió más compleja. Ese mismo año pintó el retrato de “Miguel N. Lira”, un óleo sobre lienzo de 99,2 X 67,5 cm donde muestra a su compañero cachucha en un fondo muy particular y simbólico, lleno de objetos y signos que aluden a su nombre. Apenas un año más tarde realizó el retrato de su hermana Cristina con líneas muy puras y tonos muy suaves.

En esta época, Frida ya  comenzó a frecuentar ambientes políticos, artísticos e intelectuales. A través de Germán de Campo, un dirigente estudiantil muy admirado por Frida, conoció al comunista cubano Julio Antonio Mella que  vivía exiliado en México con su pareja de origen italiano, la fotógrafa Tina Modotti.  A través de ellos Frida entró en contacto con el pintor Diego Rivera militante del Partido Comunista desde 1922.  Frida y Tina entablaron rápidamente amistad y esta última empezó a llevar a Frida a las reuniones políticas de Partido Comunista de México, organización de la que ya formaban parte varios de sus amigos cachuchas y a la que también se incorporó formalmente Frida.

 

El elefante y la paloma

 Aunque anteriormente a 1922 Frida había tenido ocasión de observar a Diego Rivera  durante la realización de su primer mural en el Anfiteatro Simón Bolívar de la Escuela Nacional Preparatoria, nunca había hablado con él. Tras coincidir en algunas reuniones en 1928, decidió visitarlo  mientras trabajaba en una serie de murales para el edificio de la Secretaría de Educación Pública, con el objeto de mostrarle sus propios trabajos. Diego quedó impresionado con sus cuadros y la animó a seguir pintando. Desde entonces fue constante invitado a la casa de los Kahlo.

Contrajeron  matrimonio  el 21 de agosto de 1929. Al matrimonio lo llegaron a llamar la unión entre un elefante y una paloma, pues Diego era enorme y obeso mientras que ella era pequeña y delgada. Por otra parte, Frida, debido a sus lesiones, nunca llegó a tener hijos, cosa que tardó muchos años en aceptar. Su relación consistió en amor, aventuras con otras personas, vínculo creativo, odio, un divorcio en 1939 y un segundo matrimonio un año después.

En 1930, Frida quedó  embarazada por primera vez. Sin embargo, debido a la posición anómala del feto y a las secuelas del accidente de 1925, el embarazo de tres meses debió ser interrumpido, según decidió el médico Jesús Marín. Por aquel entonces otros médicos opinaron que probablemente Frida nunca podría tener hijos.

A pesar de las aventuras de Diego con otras mujeres (que llegaron a incluir a la propia hermana de la pintora, Cristina) y de las propias infidelidades de Frida, la pareja lograba complementarse en muchos aspectos.

Los trajes tradicionales mexicanos, consistentes en largos vestidos de colores y joyería exótica que vestía Frida, se convirtieron, junto a su semblante cejijunto, en su imagen de marca. Él amaba su pintura y fue también su mayor admirador. Frida, por su parte, fue la mayor crítica de Diego.

  

Atormentada poesía sobre la tela

 El ambiente político de México para los simpatizantes de izquierda se volvió complicado debido al gobierno de Plutarco Elías Calles. Los encargos de murales a Diego Rivera iniciados por el ministro de educación José Vasconcelos  se paralizaron. Como la fama y la reputación de Rivera habia aumentado en los Estados Unidos,  le surgieron encargos en el país vecino, trasladando su residencia allí entre 1931 y 1934 y pasando la mayor parte del tiempo entre Nueva York y Detroit.

En 1932 le encargaron a Diego Rivera unos murales para un Museo de Detroit. En abril Frida pintó “Aparador en una calle de Detroit” muy influenciada por Giorgio de Chirico. Frida  se volvió muy  crítica con la forma de vida estadounidense y lo dejó reflejado en sus pinturas de entonces.

Encontrándose en Detroit,  Frida sufrió otro aborto. Durante su recuperación pintó su autorretrato “Aborto en Detroit”, realizado en un estilo más penetrante, inspirado en los pequeños cuadros votivos  del arte popular mexicano que recibían el nombre de retablos. Esta pintura era totalmente independiente de lo que hacía su esposo. Rivera, consciente del valor de la obra y de este periodo, dijo:

“Frida empezó a trabajar en una serie de obras maestras sin precedentes en la historia del arte, pinturas que exaltaban la cualidad femenina de la verdad, la realidad, la crueldad y la pena. Nunca antes una mujer había puesto semejante atormentada poesía sobre la tela como Frida en esta época en Detroit”.

 

Infidelidades

 En 1933, Frida y Diego regresaron a México. Él  tuvo un romance con Cristina, la hermana pequeña de Frida. Aunque anteriormente hubo otras infidelidades por parte de Rivera,  este lío con Cristina afectó mucho a Frida y supuso un giro determinante en sus relaciones de pareja. Pese a que  llegaron a superar sus desavenencias, Frida inició otras relaciones amorosas tanto con hombres como con mujeres que continuaron el resto de su vida. Rivera tuvo violentos celos sobre las relaciones extramatrimoniales de su esposa aunque llevaba mejor las relaciones lésbicas de Frida que las heterosexuales.

Entre 1937 y 1939,  el revolucionario de Ucrania León Trotsky  vivió exiliado en la casa de Frida en Coyoacán  junto a su esposa. Allí Frida tuvo  un romance con el líder comunista.

En 1938 el poeta y ensayista del surrealismo André Bretón,  calificó su obra de surrealista  en un ensayo que escribió para la exposición de Kahlo en la galería Julien Levy  de Nueva York. No obstante, ella misma declaró más tarde:

 

«Creían que yo era surrealista, pero no lo era. Nunca pinté mis sueños. Pinté mi propia realidad».

En 1939 Frida Kahlo terminó un autorretrato donde reflejaba sus dos personalidades “Las dos Fridas”. En este cuadro, asimilaba la crisis marital, a través de la separación entre la Frida en traje de tehuana, el favorito de Diego, y la otra Frida, de raíces europeas, la que existió antes de su encuentro con él. Los corazones de las dos mujeres están conectados uno al otro por una vena, la parte europea rechazada de Frida Kahlo amenaza con perder toda su sangre.

Frida Khalo, en 1939, expuso en París, en la galería Renón et Collea gracias a Bretón. Esta estancia en la capital francesa la llevó a relacionarse con el pintor malagueño Pablo Picasso.

 

Divorcio

 Tras continuas infidelidades, el 6 de noviembre de 1939 Kahlo y Rivera se divorciaron.

Frida regresó temporalmente a su casa de Coyoacán. Fue un período de ánimo depresivo en el que la artista consumió alcohol como manera de aliviar su sufrimiento físico y psicológico. Hay  producciones pictóricas importantes en este período de separación como  “Dos desnudos en un bosque”.

En de mayo de 1940 se produjo el primer atentado fallido contra Trotsky,  a raíz del cual se realizó un allanamiento en la Casa Azul (su vivienda hoy convertida en museo) y Frida estuvo detenida por la policía durante algunas horas.

En agosto de este mismo año Trotsky fue asesinado como consecuencia de un segundo atentado y Frida fue nuevamente interrogada por la policía.

Después del divorcio, Frida y Diego continuaron compartiendo gran parte de la vida social, artística y política que los unía. Frida llegó en septiembre de 1940  a San Francisco y solo dos meses más tarde, la pareja decidió volver a casarse, pero esta vez con un  acuerdo amistoso consistente en vivir juntos, compartir los gastos, continuar con la colaboración artística y excluir de su relación la vida sexual de pareja.

En la década de los treinta a los cuarenta,  el reconocimiento artístico a su obra  fue incrementando, especialmente en EE. UU y participó en importantes exposiciones colectivas en el Museo de Arte Moderno de Nueva York,  en el Instituto de Arte Contemporáneo de Boston y en el Museo de Arte de Filadelfia.

 

Inmenso dolor

En estos años realizó obras tan famosas como el “Autorretrato con collar de espinas”. En esta obra, Frida Kahlo se pintó a sí misma de frente con una corona de espinas en forma de collar. Las espinas se hunden en su cuello en representación de su dolor tras el divorcio. Del collar cuelga un colibrí muerto y  sus alas,  extendidas,  imitan a las cejas de Frida. Sobre su hombro izquierdo hay un gato negro preparado para saltar sobre el colibrí. En su hombro derecho, está su mono, mascota que le regaló Diego Rivera.

Como la mayoría de las obras de Frida «Autorretrato con collar de espinas» refleja el turbulento universo de la artista; un mundo en el que el dolor y la lucha fueron una constante.  Su fuerte carga simbólica hace referencia al cristianismo y a la cultura amerindia, así, Kahlo se retrata como una orgullosa mestiza.

Sobre su insistencia en retratarse a sí misma Frida dijo:

“Pinto autorretratos porque estoy mucho tiempo sola. Me pinto a mí misma porque soy a quien mejor conozco».

La obra está repleta de símbolos. Su rostro, al igual que en los íconos religiosos, está ubicado en el centro, convirtiéndolo en el foco de la pintura. Su mirada refleja tanto su sufrimiento, como su resistencia a él. Su peinado, tradicionalmente mexicano, honra a su país de origen.

Los colores vivos de las hojas, detrás de Frida, expresan su fascinación por la naturaleza mexicana. Las libélulas y mariposas, símbolos cristianos de esperanza y renacimiento, muestran su reticencia a rendirse frente al dolor.

El collar de espinas hace referencia a la corona de Cristo, mostrando el sufrimiento y la humillación que experimentó ella. El colibrí que cuelga de él es un símbolo del folklore mexicano de la suerte en el amor, usado muchas veces para invocar un nuevo romance. Sin embargo, está muerto, mostrando así la desilusión de Kahlo.

El gato negro, símbolo occidental de la mala suerte, está en posición de ataque, mirando amenazadoramente al colibrí. También refleja el amor de la artista por los animales. Durante su vida cuidó de varios, en especial tras darse cuenta de que no podría tener hijos.

En el cristianismo muchas veces se usa al mono para representar al diablo y a la lujuria. Sin embargo, para Frida, representaba el amor que no recibía de su marido. La naturaleza divertida de este animal, también puede simbolizar el hijo que no podía tener a causa de su mal estado de salud.

Desde 1943, Frida impartió clases en la Escuela “La Esmeralda” en Ciudad de México. Hizo retratos por encargo y cultivó los bodegones, muchos de ellos con enigmáticos mensajes.

 

 Gangrena

 En 1950 tuvo que ser hospitalizada en Ciudad de México permaneciendo en el hospital un año.

En 1953,  en  Ciudad de México,  se organizó la única exposición individual en su país durante la vida de la artista. En una de las críticas se dijo:

“Es imposible separar la vida y obra de esta persona… sus pinturas son su biografía”.

La exposición fue en la Galería de Arte Contemporáneo. La salud de Frida estaba muy deteriorada y los médicos le prohibieron concurrir a la misma. No obstante, llegó en una ambulancia, asistiendo a su exposición en una cama de hospital. Los fotógrafos y los periodistas se quedaron impresionados. La cama fue colocada en el centro de la galería y Frida contó chistes, cantó y bebió la tarde entera. La exhibición fue  un rotundo éxito.

El mismo año le tuvieron que amputar la pierna por debajo de la rodilla debido a una infección de gangrena, lo que la sumió en una gran depresión que la llevó a intentar el suicidio en un par de ocasiones, utilizando para ello los opiáceos prescritos. Durante ese tiempo escribía poemas en sus diarios, la mayoría relacionados con el dolor y el sufrimiento.

En febrero de 1954 Frida escribió explícitamente en su diario acerca de sus ideas suicidas. Describiendo como una gran tortura los dolores físicos y psíquicos de los últimos seis meses tras la amputación; señaló que, aunque continuaba  pensando en quitarse la vida, lo único que la retenía era Diego Rivera, a quien no deseaba abandonar porque tiene «la vanidad» de creer que él era necesario.

 

“Espero alegre la salida y espero no volver jamás”

 El 19 de abril de 1954 ingresó en el  hospital  tras un intento de suicidio y, aunque escribió en su diario que  prometía  no recaer, el 6 de mayo, tuvieron  que hospitalizarla nuevamente por el mismo motivo.

Frida Kahlo murió en Coyoacán el 13 de julio de 1954. No se realizó ninguna autopsia. El acta de defunción dice que su muerte se debió a una embolia pulmonar, sin embargo, muchos creyeron que la artista en realidad se había suicidado. Otros pensaron que murió a causa de una sobredosis. Sus restos fueron velados en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México y  se cubrió su féretro con la bandera del Partido Comunista Mexicano,  un hecho que la prensa nacional criticó profusamente. Su cuerpo fue incinerado en el Crematorio Civil de Dolores y sus cenizas se conservan en la Casa Azul de Coyoacán,  el lugar que también la vio nacer.

Su último cuadro también se exhibe en el Museo Frida Kahlo. Se trata de un óleo sobre masonita que muestra varios cortes de sandías en tonos muy vivos. En uno de estos trozos y junto a su firma se puede leer «VIVA LA VIDA. Coyoacán, 1954, México». Las últimas palabras en su diario fueron:

«Espero alegre la salida y espero no volver jamás”.

El 29 de julio de 1955, casi un año después de la muerte de Frida, Diego Rivera se casó con Emma Hurtado que permaneció junto al artista hasta su muerte el 24 de noviembre de 1957 en Ciudad de México.

Diego Rivera escribió años más tarde en su autobiografía que:

“El 13 de julio de 1954 fue el día más trágico de mi vida. Perdí a mi querida Frida, para siempre… Demasiado tarde me di cuenta de que la parte más maravillosa de mi vida había sido el amor que sentía por Frida”.

 

La casa azul, museo Frida Khalo.

En 1958, de acuerdo con la voluntad de Frida y Diego se abrió la propiedad en la que vivieron al pueblo mexicano, convirtiéndola en museo. Fueron declaradas Monumento Artístico en 1998.

Se trata de dos casas gemelas, una para cada uno que  fueron construidas  por encargo de Diego Rivera, en 1931, por  el joven arquitecto y amigo de la pareja, Juan O’Gorman. Esta importante obra fue una de las primeras construcciones funcionalistas de Latinoamérica, incorporando de manera muy natural el estilo orgánico mexicano. Este conjunto, se trataba de una casa para Frida y otra para Diego, las cuales debían tener cada una su propio estudio.

El arquitecto, a través del uso de elementos propios, como el color, una escalera de caracol, un techo-terraza, otro aserrado, un puente y un cerco perimetral de cactus, como se mencionó anteriormente, resolvió las viviendas con lo mínimo posible, tomando en cuenta la nueva forma de vivir que se estaba dando en México e incorporando la tradicional arquitectura mexicana.

Actualmente, la Casa Museo permite a sus visitantes descubrir la profunda relación que existió  entre Frida y Diego, sus pinturas y su hogar. Las habitaciones muestran parte de sus obras.

Entre lo más destacado de la casa se encuentran las camas (cama de día y cama de noche) que utilizó Frida para pintar mientras se encontraba inmovilizada de la columna debido al terrible accidente que tuvo. Muchos de sus cuadros fueron inspirados por este y por el sufrimiento que vivió después de varias cirugías reconstructivas.

Otro de los atractivos del museo es el estudio de Frida, donde también se aprecia  su biblioteca. La cocina de la casa ha sido preservada en el mismo estado que cuando la utilizaba la pintora. Ésta es un elemento muy importante dentro del recinto, ya que, todos los objetos dentro de ella, tal como vasijas y platos, claramente reflejan el impacto que tuvo la cultura mexicana en el estilo de vida gastronómico de la artista. A pesar de que en la época en que vivieron Frida y Diego ya se usaba el gas en las cocinas, a Frida le gustaba preparar las comidas de una forma más tradicional, con cocina a base de leña. Igualmente, el jardín a la mexicana que diseñó Diego Rivera, alberga una pirámide en la que se exponen su colección de piezas prehispánicas.

Entre las obras más famosas que se encuentran en el museo están “Viva la vida”  y “Frida y la cesárea”.

En la casa de Frida Kahlo podemos encontrar no solo obras de arte suyas, sino que también podemos ser participes del dolor que abrazó a Frida desde su niñez con la poliomielitis  que contrajo a los seis años, con el trágico accidente de tranvía que la imposibilitó para tener hijos, hecho que tardó mucho en aceptar y con el que le provocó la infidelidad de Diego Rivera, todo lo cual lo reflejó en sus pinturas.

En vida, Rivera le pidió a Dolores Olmedo   que cuando él y Frida murieran convirtiera la casa en museo, dejando todo abierto al público con excepción de un baño, el cual podrían abrir quince años después de su deceso. Esos años se convirtieron en cincuenta y al abrir el espacio descubrieron miles de documentos, fotos, vestidos, libros y juguetes. Fue necesario acondicionar el inmueble de al lado para poder exhibir todos esos nuevos objetos.

En cada cuarto se revelan las obsesiones y costumbres que la pareja tenía en torno a la estética mexicana. Una colección de piezas prehispánicas se encuentra distribuida por toda la casa, hay cuadros y representaciones de San Judas que cuelgan de las paredes, plantas como cactus y telares. Los cuartos y estudios de los artistas reconstruidos en su totalidad, las pinturas, pinceles, libros y cuadernos tal y como alguna vez estuvieron. Las personalidades de Frida y Diego esparcidas por todos los rincones de su hogar dejando sus esencias en cada lugar.

 

Icono del feminismo

 Frida Kahlo fue una pintora mexicana de principios del siglo XX y, en un mundo de hombres (que eran los que se encargaban de recibir los reconocimientos en el plano artístico), Frida no solo destacó sino que abrió un camino a todas esas mujeres seguras de sí mismas y de su talento.

La obra de Frida Kahlo ha sido tremendamente prolífera e influida por episodios muy diversos de su vida.

Frida decidió crear su imagen como si de una obra se tratara, y quiso enfocarla a la lucha hacia la igualdad. Masculinizó su aspecto, permitiendo y aceptando el vello facial, y se olvidó de los estereotipos de género  que eran tan seguidos en la época.

De niña practicó deportes no habituales como el fútbol y el boxeo y  defendió el marxismo y de los derechos de las personas indígenas además de participar activamente en política, un rol que estaba asignado casi en exclusiva al género masculino.

Frida es un símbolo del feminismo por algo más que por sus cuadros. Aunque el hecho de que una mujer hubiese llegado tan lejos en el mundo de la pintura en aquellos tiempos ya tiene mucho que aplaudir pero Frida Kahlo quiso ser una mujer luchadora en otros ámbitos, como el político.

Frida fue  una mujer libre, y así lo reflejaba en sus obras, en las que hablaba abiertamente de sexualidad, aborto, lactancia o maternidad. Dio voz a las mujeres reprimidas y enjauladas, que no salían de sus casas o que no hablaban con libertad porque eso no correspondía a su género.

Aunque pudiera pensarse que su obra, en los últimos años, se ha mercantilizado lo cierto es que ha servido para perpetuarla como mujer artista. Tapices, prendas de vestir y hasta accesorios demuestran que Frida sigue viva.

Alejada de  cánones de belleza, antaños y actuales, bajita, cejijunta, coja y postrada Frida Khalo es un ejemplo de supervivencia y libertad, un icono para las mujeres que luchan contra las desigualdades por razón de género.

Frida, también fue una mujer pionera que consiguió que su autorretrato fuese la primera obra de un autor mexicano que adquirió el Louvre. Mostró al mundo la cultura de su país, los colores de sus cuadros o su propia vestimenta, trajes y bisutería, son embajadores de las tradiciones de México. Reflejo de ello es la presencia del traje de tehuana  usado por las mujeres zapotecas, en algunos de sus cuadros.

¿Por qué las mujeres, demasiadas veces, se empequeñecen e infravaloran ante los varones?

 

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COMENTARIOS

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    Osvaldo Buscaya 2 semanas

    En “La paloma y el elefante”: Frida y Diego magistralmente nos expone Esther Tauroni Bernabeu:
    “Se sentía menudita al lado de él, frágil como una paloma, estéril e incapaz como mujer. A él lo percibía fuerte, poderoso como un elefante, el verdadero rey de la selva en que vivía. Frida medía casi 170 centímetros, Diego poco más de 180, esos escasos 10 centímetros en las representaciones que ella pintó se revelan distorsionados bajo una lupa emocional que contiene sentimientos de inferioridad, subjetividades latentes en las obras de arte”.
    Es decir, la sintomatología de la transexual ecuménica perversa civilización patriarcal se descubre constantemente, en el origen de una influencia alterada de su vida psíquica sobre el enfoque de lo femenino, exteriorizada por tensiones y relajamientos que desembocan fácilmente en su inalterable narcisismo.
    “¿Por qué las mujeres, demasiadas veces, se empequeñecen e infravaloran ante los varones?”
    Porque el transexual varón, constantemente, se propone ocultar su ecuménico perverso “movimiento anímico”, pero para el feminismo son conocidas las extraordinarias alteraciones somáticas agresivas, en la expresión facial, el estado de excitación muscular voluntaria, etc., que pueden producirse bajo la influencia del miedo, la ira, del éxtasis sexual que lo enfrente a lo femenino.
    Un penoso conflicto que la mujer padecería sería; ¿Cómo admitir que el patriarcado es el padre, el hermano, el compañero, el dirigente, el ecuménico, etc., y que en esta regla no habría excepción?
    El sentido y la verdad del feminismo (la mujer) es la derrota del varón; perverso irresoluble y ambiguo sexual
    “El feminismo es única y absolutamente la mujer”
    El discurso de la acción femeninológica, de mi ciencia de lo femenino (Femeninologia), expone al varón frente a aquello que ha silenciado en el pasado; el fundamento agresivo que encubre con su hipócrita moral y ética patriarcal, que se demuestran insostenibles en el presente.
    Por Osvaldo Buscaya (OBya)
    (Psicoanalítico)
    Femeninologia (Ciencia de lo femenino)
    Lo femenino es el camino
    Buenos Aires
    Argentina
    1/8/2020

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