Cierto: hoy, como ayer, hay que hacer políticas feministas

Cierto: hoy, como ayer, hay que hacer políticas feministas

Publica un artículo Beatriz Gimeno en diario.es titulado “Notas para pensar y hacer políticas feministas hoy”.

Comparto con ciertos asertos, pero me voy a centrar en los desacuerdos. Lo hago precisamente porque pienso -como ella- que el debate es necesario.

  1. Insiste, una vez más, en que las disidencias que se dan entre feministas se deben a disputas por la hegemonía ¿qué es eso de hegemonía cuando hablamos del movimiento feminista? Debería saber que el movimiento feminista NUNCA ESTUVO EN PODER DE NINGÚN PARTIDO, NI CONTROLADO POR NINGUNO, si bien siempre militaron en él mujeres de diversos partidos que, según los momentos, tuvieron más o menos influencia (así, en los años posteriores al franquismo, PCE, PTE, ME, LCR, etc. y, luego, en los últimos 20 años, PSOE). O sea, el movimiento feminista siempre ha tenido su propia agenda que nunca ha acoplado a la de los partidos. Han sido los partidos -o diversas personalidades que militaban en ellos- los que, según los casos, han promovido, acompañado o atacado nuestra agenda.
  2. Lo de «jóvenes y viejas» es un mantra (digo mantra porque no se basa en ningún estudio estadístico) que ya da un poco asquito. Me hace gracia que Gimeno haya olvidado que lo mismo sostenía hace unos pocos años con respecto a la prostitución. Lo sé porque ambas lo conversamos. Recuerdo que fui a verla a la Asamblea de Madrid donde era diputada desde hacía poco. Beatriz creía entonces que el asunto de la prostitución era prácticamente una batalla perdida. Según me dijo, para la mayoría de las jóvenes la idea de libertad sexual iba unida a prostitución libre. Pues resulta que, en menos de cinco años, las feministas hemos conseguido que esa ideología liberal ya no sea la dominante, sino que, hoy, muchas jóvenes piensan como yo (que soy vieja). Cierto, otras siguen pensando como mi bisabuela: “los hombres, ya se sabe, tienen sus necesidades y no se puede ir contra eso”. Añaden, claro está, un toque supermoderno-progre-guay: el de “los derechos de las prostitutas”.

Conclusión: en los debates feministas, la línea divisoria no se da (nunca se ha dado) entre jóvenes y viejas.

Indudablemente, las potentes movilizaciones feministas de los últimos años han atraído a muchas mujeres de todas las edades (la mayoría jóvenes, cierto). Estas mujeres se acercan al feminismo con entusiasmo porque, por fin, encuentran una explicación a su malestar y respuesta a su sentimiento de rebeldía. Lógicamente, vienen sin formación feminista, sin haber recapacitado, contrastado opiniones, sin haber leído nada. Pero no olvidemos que, el hecho de que el movimiento feminista no tenga estatutos, ni estructura jerárquica, no significa que sea una simple emoción, sino que, por el contrario, se asienta en un potente corpus de pensamiento y de análisis filosófico, sociológico, histórico, etc. Y se nutre en un gran acerbo de experiencia y en una larga tradición de lucha.

Yo no creo que los/las jóvenes por el simple hecho de serlo, tengan una sapiencia innata, como no creo que los años, sin más, enseñen sabiduría. Creo, eso sí, que el feminismo tiene un objetivo claro: la liberación y la emancipación de las mujeres. Tal objetivo cobra matices nuevos en cada momento histórico y en cada país y, por supuesto, adapta sus tácticas y sus estrategias a las circunstancias. Pero creo, igualmente que esas variables no pueden significar ninguna renuncia ni ningún entreguismo a modas del momento.

  1. Un tercer punto del artículo me irrita. Habla de que “algunas” –ella no, claro- intentan polarizar los enfrentamientos entre feministas, pero, acto seguido, las (nos) categoriza como “contrarias a los derechos trans”. Da por hecho, pues, que, oponerse a la movida y las leyes transgeneristas, equivale a oponerse a los derechos de las personas transexuales… Nos está diciendo, así, tal cual, que la única manera de dar derechos y dignidad a esas personas pasa por convertir el género en categoría esencialista al tiempo que baladí. Nos está diciendo que para “no odiar a las transexuales” hemos de abandonar uno de los pilares del feminismo, a saber, el convencimiento de que, en base a nuestro sexo, el patriarcado nos asigna y nos impone un género, es decir, un conjunto de obligaciones, limitaciones, coacciones y corsés. El feminismo lucha por destruir -no por multiplicar- esa imposición y, por lo tanto, no considera que el género sea una simple categoría epidérmico-folclórica, un deseo optativo, sin más. Pero Beatriz nos dice que, si no aceptamos que cualquiera, sin pasar por ningún tipo de control, solo “por sus santos cojones” pueda declararse mujer mientras presume de genitales masculinos, significa que odiamos a las personas transexuales. Nos está diciendo que, si no aceptamos que estas personas autodeclaradas accedan a ayudas y a medidas especiales de protección -que las mujeres no tienen o solo tienen después de aportar diversas certificaciones- es porque somos crueles.

Gimeno es inteligente y lleva años en política, cuesta creer, pues, que la burda caricatura que hace de quienes no pensamos como ella sea producto de ingenuidad.

Pues aprovecho para, a mi vez, preguntarle: el Ministerio ¿cuándo va a promover alguna medida, propuesta de ley, campaña de educación, etc. etc. que se centre en las necesidades reales de los 24 millones de mujeres que hay en España? ¿alguna proposición concreta que combata la prostitución? ¿la precariedad del empleo femenino? ¿que potencie la lucha contra la violencia machista o la especial consideración que merecen las mujeres que cuidan, que padecen enfermedades propias de nuestra anatomía, las doblemente machacadas por tener alguna discapacidad, las que son ninguneadas y acosadas, las extranjeras, las gitanas, etc. etc.? En eso consiste “hacer políticas feministas hoy”. Y seguro que, si el Ministerio se centra en ellas, conseguirá un amplio acuerdo del movimiento feminista.

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