Baronesa “noire”: Una mirada feminista a la serie política del momento

Baronesa “noire”: Una mirada feminista a la serie política del momento

Baron Noir, la serie política del momento, narra las peripecias de Philippe Rickwaert, miembro del Partido Socialista Francés, representante en el Parlamento y alcalde de Dunkerque, y de otros compañeros/as y rivales políticos a lo largo de 3 temporadas (hasta ahora no hay confirmación de una cuarta). La serie se emite en España en HBO y la producción es de Canal + Francia. A pesar de que la serie es excelente, no saltó a la fama en España hasta este año, coincidiendo con el estreno de la tercera temporada.

Que el Presidente Sánchez la recomendase al Vicepresidente 2º Pablo Iglesias hizo que durante el confinamiento se empezara a hablar de ella. Y que, evidentemente, fuera vista por cualquiera al que le interese la política. O por cualquiera al que le interesen las historias humanas, porque al fin y al cabo esta serie va de esto. Un lado humano, con todo lo bueno y malo que implica, plagado de universales shakespearianos; amor, odio, traición, venganza, ambición, lucha por el poder, etc.

Es una serie digna de análisis de la vida política en Francia, desde lo local hasta lo europeo. Pero valdría perfectamente para la vida política española por sus similitudes. Hasta ahora las grandes series políticas venían de Estados Unidos, con un sistema político e institucional muy diferente al nuestro, donde apenas hay vida de partidos o donde apenas se tratan aspectos de la vida local.  Con Baron Noir cualquier persona alejada de la política pensaría que un militante de un partido o activista podría reconocerse en muchas de las situaciones narradas en la serie: campañas electorales, congresos, primarias, la negociación de las listas electorales, financiación ilegal, afiliados fantasma que votan en las primarias, sacar la publicidad del contrario de los buzones o arrancar carteles y el famoso “dime la participación en estos dos colegios” para deducir los resultados.

La serie es sobresaliente, para mí la mejor serie política, incluso por encima de mi adorada “El Ala Oeste” que narra el “deber ser”. Baron Noir es realidad pura. Sin vestimentas, sin maquillaje, sin caretas. Baron Noir baja a las entrañas de la política, toca fibra más allá de la excelencia intelectual, que también la tiene con debates muy interesantes en el contexto del devenir de la izquierda en un mundo global y posmoderno. Es un enfrentamiento entre el viejo y el nuevo mundo y entre la vieja y la nueva política.

Sin embargo, la serie no es perfecta. Si la ves con las gafas violetas te cabrearás en algunos episodios, vemos por qué.

Atención, si no habéis visto la serie, SPOILERS. Si habéis visto la serie os invito a reflexionar sobre ello. Si no la habéis visto todavía os invito a verla de manera inmediata y, después, leer el análisis.

Si analizamos la serie con perspectiva feminista comprobaremos que los personajes femeninos tienen una relación política y personal con el protagonista de la serie, Philippe, todo gira en torno a él.  No obstante, tan protagonista es él como Amélie Dorendeu, porque es su antagonista, su rival y a la vez su líder. No se puede entender el arco de transformación de Philippe sin Amelie y viceversa. La serie se construye desde la evolución paralela de sus carreras políticas y el final es claramente el broche que cierra el círculo y explica mejor este binomio que se retroalimenta. Amelie llega al poder, según Philippe, gracias a él. Y no podrá soportar que ella pierda la confianza en él. Ese es el leit-motiv de la serie durante gran parte de las 3 temporadas. Cómo Philippe recupera la confianza de Amelie y su capacidad de influencia en el poder.

Amelie Dorendeu, magistralmente interpretada por Anna Mouglalis, es “la Baronesa noire”, es la figura que alimenta el amor y el odio del protagonista, la que mueve al personaje durante toda la serie. Sin embargo, los guionistas nos la muestran en un segundo plano, más fría, más distante, casi sin principios políticos-una perfecta tecnócrata que solo quiere mantener el poder- y muy sola. Porque si hay algo que caracteriza a las mujeres de esta serie es su soledad. Mujeres que renuncian a sus vidas personales por la política. ¿Os suena?

A mi juicio, el personaje de Amelie es muy maltratado por sus propios guionistas. Amelie demuestra una mayor visión de Estado y sacrificio que cualquiera de los protagonistas masculinos, muchas veces más cercanos a adolescentes- en sus luchas ególatras internas- y a pesar de ello, con todos los sacrificios que hace, deciden darle un final que no se corresponde con su sacrificio. La moraleja que se puede llegar a sacar es “cuidado si entras en política porque acabarás sola y destrozada”.

Es curioso que no es hasta el final de la tercera temporada cuando Amelie se confiesa feminista y estudiosa del feminismo, recordando sus lecturas de adolescente en la casa de su abuela: Beauvoir y Friedan. Puede que sea una especie de homenaje final metido a calzador en ausencia de la agenda feminista a lo largo de toda la serie.

Y aunque el nivel de tragedia de Véronique Bosso no llega al de Amelie, este personaje, Véronique, es el más utilizado por los protagonistas varones (y barones) de la serie. Segunda de a bordo de Philippe, es traicionada y utilizada por sus compañeros de partido y sus rivales. Primero como Teniente de Alcalde, sacrificada por el que fuera su mentor y jefe (Philippe). Luego, en el Elíseo, la única que presenta su dimisión cuando no está de acuerdo con que la izquierda se alíe con el centro liberal. Finalmente, siendo la única persona de su partido con representación institucional se aparta de las primarias. Aunque la traicionan constantemente ella sigue siendo fiel a aquellos que la han traicionado.

Es curioso que cuando salta el escándalo de corrupción en la Temporada 1 sean Veronique y Amelie las que se alían para acabar con los corruptos de su partido. Un pequeño momento de lucidez ética y de idealismo en la serie protagonizada por ellas dos.

Véronique es sin duda, junto a Cyril Balsan, los personajes más fieles a sus principios políticos y morales.

En tercer lugar, tenemos a la hija de Philippe, Salomé Rickwaert, que le humaniza. El personaje a través del que Philippe se redime. Su Pepito Grillo particular. Un personaje con mucha personalidad que aporta un grado de debilidad al “infranqueable Barón negro”.

Ya en la tercera temporada, la brillante analista política y experta en demoscopia aparece como apoyo de Philippe para que alcance sus objetivos políticos. Más brillante que el protagonista, aparecerá siempre a su sombra.

Baron Noir es una serie que se caracteriza principalmente por su realismo. Y como serie que intenta reflejar esa realidad política, el papel de las mujeres se corresponde, por desgracia, bastante con la realidad. Siguen en un papel secundario, a pesar de que una de ellas ostente el mayor poder del Estado, dependientes argumentativamente del líder o líderes masculinos y sometidas al escrutinio público de una manera más intensa que sus compañeros varones.

A la sombra del líder, acusadas de “malvadas” y “ambiciosas”, a las que se les exige más. Sacrificadas en listas o como líderes por el bien común, sacrificando también sus vidas privadas por conseguir sus metas políticas. Y al final ¿para qué? Para la gloria de otros.

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