Malas estrategias de sensibilización contra la Violencia de género.

Malas estrategias de sensibilización contra la Violencia de género.

El pasado 6 de junio de 2020 el Ministerio de igualdad hizo público el Pliego de prescripciones técnicas para la contratación de un servicio de creatividad, diseño, realización y producción de una campaña de concienciación social contra la violencia de género dirigida a la población adolescente para 2020.

En él se explica que el objetivo es crear una campaña publicitaria contra la violencia de género dirigida a adolescentes, que, según el mismo pliego, se entiende como tal la población comprendida entre los 7 y los 22 años. La empresa que asuma este trabajo deberá presentar “propuestas concretas de branded contents y de marketing con influencers”. A continuación, se explican detalles técnicos como la difusión y el formato en el que debe poder reproducirse el spot para que pueda emitirse en distintos formatos y en redes las redes sociales.

El Anexo II del pliego citado es lo que ha llamado mi atención y la de otras compañeras feministas. En él consta que el objetivo principal de la campaña es “fomentar una educación afectivo-sexual sana”. Y que, en consecuencia, “la población adolescente cuestione si educación afectivo-sexual que están recibiendo, sobre todo a través de TV e internet, con una cultura de la sexualidad cimentada sobre la dominación de la mujer y la sexualización de la violencia, es sana o si fomenta roles de género nocivos defendiendo la normalización de una sexualidad deseada y consentida, en un plano de igualdad, y donde no exista miedo a expresar el rechazo a determinadas conductas, así como la falta de consentimiento.” Hasta aquí de acuerdo, pudiendo sólo apuntar la redundancia que supone hablar de “roles de género nocivos.”

A continuación, se insiste en el “target”, es decir, en el grupo al que va dirigida esta campaña, y se especifica que serán las personas cuya edad se encuentra entre los 7 y los 22 años. La franja de edad me parece demasiado amplia. En primer lugar, considerar adolescentes, siquiera preadolescentes, a niños/as de siete años resulta llamativo. Y no sólo llamativo: preocupante. La infancia está siendo acortada con celeridad lo que, sin ser experta en pedagogía, me hace sospechar que implica que muchos niños y niñas están experimentando vivencias y recibiendo información antes de lo que su madurez permita comprender y asumir racionalmente. Creo, por supuesto, que la educación sexual debe comenzar a edades muy tempranas y que es imposible obviar los estudios que señalan los ocho años, sino antes, como la edad en la que un porcentaje significativo de niños y niñas acceden a contenidos pornográficos por primera vez. Ahora bien: si la campaña y la información que se dirige a niños y niñas de 7, 8, o 9 años debe ser la misma que conciencie a un adulto de 22, o contendrá información inasumible para los niños/as o será inocua para los jóvenes.

La campaña debe denunciar cualquier forma de violencia machista, advirtiéndose que el concepto de violencia de género como la que se produce en el ámbito de la pareja o ex pareja ha sido ampliada a otras formas de coacción y violencia que ejercen los hombres sobre las mujeres, por el hecho mismo de ser mujeres. Ahora bien: supongo que este pliego tendrá fecha de caducidad y tendrá que ser revisado si se aprueba la llamada ley  trans (que en realidad es una ley para dar reconocimiento jurídico al genero como identidad) , pues ya no se podrá hablar de violencia específica sobre el sexo femenino en tanto que considerarlo una realidad material será contrario a la ley, lo mismo que impugnar el género como herramienta de opresión, pues pasará a ser una identidad respetable al gusto del sujeto.

No sólo se dan instrucciones respecto al contenido, también respecto al formato. Se pide que se salga del tono institucional y que sea “rompedor”. Sorprende que desde las instituciones públicas se afirme que el tono “institucional” sea descartado, pero no se especifica a qué se refieren con “rompedor”.

Todo se aclara en el ejemplo que se aporta al final de lo que debe ser una campaña adecuada contra la violencia machista y, en concreto, contra la violencia sexual: nada más y nada menos que el spot promocional del “Salón erótico de Barcelona” que tuvo lugar en 2018. En este video promocional se subraya que los niños/as y adolescentes no reciben educación sexual del profesorado ni de sus padres; que en caso de recibirla es muy poca y que la pornografía es el lugar en el que buscan respuestas a todas sus dudas, por lo que acaban normalizando las conductas sexuales machistas y violentas que aparecen en ella en tanto que las asumen acríticamente como el modelo correcto y no tienen otras herramientas que les permitan concluir que no están observando una relación sexual igualitaria, libre y placentera sino pura violencia.

Pero, ¿pretende este spot denunciar la pornografía como institución patriarcal? ¿Pretendía el Salón erótico de Barcelona denunciar la violencia física, sexual y psicológica que se encuentra en el ADN de la pornografía que no es sino “prostitución filmada”? ¿Pretendía el evento en cuestión concienciar de las consecuencias de la pornografía y luchar por su inmediata abolición? Nada más lejos de la realidad. De hecho, afirmaba todo lo contrario: que la pornografía puede ser feminista y un instrumento de liberación. En el anuncio puesto como ejemplo de una buena campaña contra la violencia machista por el Ministerio de Igualdad se exculpa, en realidad, a la pornografía de cualquier efecto real sobre la población. Es así porque en él se califica al porno como el “libro de instrucciones” que toman como referencia los adolescentes, pero, a la vez, se le cataloga como “libro de ficción” que tergiversa la sexualidad y que, al tomarse como ejemplo a seguir, produce distorsiones en la adecuada visión de la sexualidad. Es decir, el problema no es la pornografía, sino su mala comprensión por parte de los adolescentes que toman como modelo la ficción.

Sin embargo, la pornografía no es ficción y sus efectos no se deben a una mala recepción de su contenido sino a su contenido mismo. Es, repito, “prostitución filmada”. Los actores y las actrices son personas de carne y hueso y las prácticas sexuales, violentas y humillantes que muestran, a diferencia de lo que ocurre en lo que sí es ficción, son reales. Persiguiendo la excitación de quien las observa, esa misma persona querrá experimentarlas y dirigirá su excitación sexual a la posibilidad de reproducirlas en sus relaciones sexuales. La pornografía reproduce violencia. La pornografía es una institución patriarcal. La pornografía es, como la prostitución y en palabras de Ana de Miguel, una escuela de desigualdad. Por eso, dicho spot de apariencia transgresora que acaba con un “ahora mandamos nosotras” ni conciencia contra la pornografía, ni la impugna como práctica ni institución patriarcal ni lamenta que niños, jóvenes y adultos la consuman aprendiendo de ella cómo ejercer violencia contra las mujeres. En dicho Spot simplemente se le pretende dar una falsa imagen transgresora y pseudo feminista para que la prostitución y la pornografía sigan siendo instituciones patriarcales que gocen de cada vez mayor aceptación, simplemente porque antes, durante y después de ejercer y recomendar ejercer la misma humillación, violencia y dominio contra las mujeres se advierta en un susurro sin convencimiento: “pero esto no es de verdad.”

¿Es ese el modelo que considera adecuado el Ministerio de Igualdad? ¿Un modelo que de boquilla anima a acabar con las relaciones de dominación sobre las mujeres pero sin interpelar a la pornografía que las produce? ¿Este es el estilo “rompedor”: mostrar felaciones o penetraciones anales al “target” de 7 a 22 años pero advertirles después que es como un cuento y que no lo imiten en sus casas? ¿Este es el estilo “no institucional”: el que prima el morbo y el impacto frente al mensaje claro y comprometido que sensibiliza contra las violencias machistas fruto de una estructura de poder?

¿Este va a ser el “estilo diferente y potente”: el que ya no se basa en recomendaciones de guionistas, actrices, cineastas y teóricas concienciadas contra la violencia de género que han realizado campañas con un exquisito respeto a la imagen de la víctima, concienciando sobre la violencia machista en todas sus expresiones pero sin caer en ningún morbo o imagen escabrosa? ¿Así es como se va a denunciar la cosificación sexual de las mujeres: tomando como referente un salón erótico: un evento misógino y neoliberal cuya razón de ser es la pornografía, cuyo motor es la humillación sistemática de las mujeres?

¿Esto es lo que debe “fijarse en el imaginario colectivo”: una denuncia aparente al patriarcado cuya verdadera finalidad es dar apariencia transgresora y aceptable a la pura misoginia? ¿Este es el fin: denunciar de boquilla la pornografía pero mostrarla al mismo tiempo como aliada del feminismo? ¿Para qué consultar a guionistas, directoras, actrices y teóricas feministas expertas por su formación y experiencia en la prevención de violencia de género?

Frente a la experiencia, la coherencia, el rigor y compromiso acreditado en esta causa a través de sus trabajos, se prefieren, y cito textualmente, “propuestas de marketing con influencers”. ¿Para qué el rigor? ¿Para qué consultar a asociaciones feministas teniendo youtubers? ¿Para qué las expertas que llevan años estudiando cómo crear contenidos audiovisuales que sensibilicen y prevengan la violencia contra las mujeres? Para nada. Sólo cuenta el golpe de efecto, “lo rompedor”. Nada que huela a academia, nada fruto de ninguna asociación dedicada al estudio pausado; que no se consulte a nadie sospechoso/a de trabajo riguroso y esforzado.

Mucho mejor que las campañas las hagan influencers y expertos en tik-tok; mucho mejor seguir el marketing neoliberal y misógino del salón erótico de Barcelona; mucho mejor primar la forma morbosa y falsamente rompedora frente a un mensaje claro y directo que interpele y remueva conciencias.

Malas horas las que atraviesa el feminismo. Triste el día en que se dejó de apostar por la eficacia del trabajo, el estudio y la experiencia como brújula a la que deben atender siempre las instituciones a la hora de hacer políticas contra la desigualdad entre los sexos. Bueno será el día que se vuelva a valorar el trabajo esforzado y riguroso; el día en el que los golpes de efecto superficiales, oportunistas, irreflexivos y con lamentables consecuencias, no tengan cabida en nuestras instituciones. Sólo desde lo público se combaten las injusticias. No convirtamos las herramientas de transformación social (políticas de igualdad) en la anécdota bochornosa del día. Ya se cuentan por decenas en unos pocos meses. Y cansa. Y responderemos. Ya lo estamos haciendo.

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