El abuso contra las mujeres como madres

El abuso contra las mujeres como madres

 

En las separaciones de las parejas, la violencia de la pareja íntima continua ejerciéndose a través de los hijos/as, que se consideran como una extensión de la madre. Evan Stark lo considera “abuso de conyuge tangencial” (1), que ocurre después de la ruptura como un medio para controlar, porque el abusador ha perdido otras herramientas de dominación que tenía mientras vivía con la mujer.

En las relaciones humanas siempre se han establecido relaciones de poder de unos sobre otros, y sobre las parejas y los hijos estas relaciones de poder ejercidas por el hombre se han aceptado social y culturalmente, y se han ejercido de una amplia variedad de formas según las características de las personas y sus valores.
Sin embargo, en las relaciones de pareja donde existe violencia de género, el ejercicio de poder se establece usando la fuerza y contra la voluntad de la mujer, que no acepta voluntaria y libremente esa relación. Esto ocurre en el control coercitivo, y aunque se nutre de las mismas fuentes culturales y sociales aceptadas de las relaciones familiares e íntimas, existen diferencias en su forma de actuar y sus efectos. En el control coercitivo la fuerza se ejerce a través del dominio con el objetivo de tener poder y control sobre la víctima, de forma intencional y utilitaria, y con un efecto maligno y destructor.

Por eso es violencia, violencia coercitiva, hay abuso y una intencionalidad de hacer daño y de someter a la mujer, hasta anularla, destruirla y hacerla depender del abusador. No hace daño por casualidad, el sufrimiento que ejerce sobre la víctima lo ejerce voluntariamente, le da poder sobre ella, al degradarla él se agranda, al abusar de ella obtiene beneficio, satisfacción y poder. No considera a la mujer de forma independiente y con derechos, sino como una persona que dependa de él, a quien pueda utilizar en su beneficio, sin importarle las consecuencias destructivas sobre ella. Por ello la victima está coaccionada, limitada en sus derechos, autonomía y dignidad como persona. No es libre, vive como en un régimen de terror y esclavitud, como si estuviera apresada y fuera un rehén del abusador.
Cuando la mujer se separa todo ese mecanismo se dispara, y los hijos/as se convierten en una oportunidad de seguir ejerciendo esa fuerza, a quienes se controla y maltrata para que ese daño ejerza un efecto en la madre. El efecto de ese daño y sufrimiento en la madre le hace sentirse con poder, el poder da dominio, y ese dominio lo puede regular con sus actuaciones.

A algunas personas les puede parecer exagerado, extraño o excepcional que un padre deliberadamente pueda hacerle daño a su hijo/a para hacerle daño a la mujer, porque se piensa que la relación con el hijo/a es diferente de la relación con la madre, que la relación con la madre es pasional y por tanto actúa motivado por la misma. Sin embargo, ahí está la realidad, el daño se ejerce de forma deliberada, premeditada, con la intención de hacer el máximo daño posible. Se ve en los medios con los asesinatos a las parejas y / o a los hijos/as, que se ejercen con saña, de forma desmedida, con el máximo nivel de crueldad y daño posibles, en escenas que reflejan el odio, la rabia y la venganza del agresor. Pero además esto refleja solo la punta del iceberg de las conductas destructivas de estos hombres con las mujeres y los hijos/as, que en vida los tienen sometidos al mismo terror y en las separaciones hay rabia y deseos de resarcirse y ejercer represalias, de vengarse y hacer sufrir. Al hijo/a lo ve como una extensión de la madre, como una persona que sabe es valiosa para hacerle daño a la madre, aunque también sea su hijo. En la actualidad, la imagen de la paternidad está sobrevalorada, y no se cuestiona ni en los casos de que sea una paternidad destructiva o abusiva, física o sexualmente.

Pues bien, cada vez se tiene más conocimiento y conciencia sobre la naturaleza y forma de actuar de la pareja abusadora y violenta, hay demasiada sangre, demasiado dolor, demasiadas vidas rotas para siempre, que no se entiende no se les ponga fin. Los profesionales e investigadores de todo el mundo trabajan para visibilizar esta violencia, para que su conocimiento sirva para que se pongan medios y se luche contra ella.

Al hijo/a lo ve como una extensión de la madre, como una persona que sabe es valiosa para hacerle daño a la madre, aunque también sea su hijo.

En el control coercitivo la violencia contra la mujer se ejerce a través de los roles y estereotipos de género, y entre ellos sobre la mujer como madre. Un aspecto de creciente importancia en la literatura científica refleja como la violencia de la pareja actua sobre el vínculo madre-hijo y la crianza de la madre. El abusador intenta romper o dañar ese vínculo, distanciar a la madre del hijo o poner impedimentos para el contacto y la unión. En relación a la crianza de la madre, interfiere y abusa de la misma, y se situa como referente de como tiene que ser y actuar, invadiendo las competencias y capacidades naturales de la madre sobre la misma y sobre su instinto.

Women´s Aid, (organización inglesa de lucha contra la violencia de mujeres y niños) (2), dice “los abusadores utilizan estrategias para socavar las relaciones madre-hijo/a como parte de su abuso, para reducir el apoyo entre ellos y mantener el dominio en el hogar. Atacar las identidades de las mujeres como madres es una táctica de control utilizada por los maltratadores, quienes explotan las expectativas sociales de lo que hace una buena madre. Se ha demostrado como infligían ataques deliberados contra la identidad de sus parejas como madres competentes, amenazando con denunciar a las mujeres ante las autoridades de protección infantil”. En “Maternidad y abuso doméstico” (2017) (3), Women´s Aid revisa esta tendencia de la literatura científica y entre otras, cita la publicación de S. Heward-Belle (2017) (4) “Explotar a la “buena madre «como una táctica de control coercitivo: agresiones domésticas violentas de hombres contra mujeres como madres»(5).

He aquí un resumen de “maternidad y abuso doméstico” de Women´s Aid:
La investigación ha documentado múltiples estrategias directas e indirectas que socavan la maternidad y la relación madre-hijo. Estas estrategias contra la maternidad a menudo comienzan antes de la concepción y el parto, y puede incluir el rechazo anticonceptivo, la coerción del embarazo y la intimidación o presión con respecto a la toma de decisiones reproductivas.

La capacidad de una madre para el cuidado puede verse comprometida por el miedo, la depresión o el control de sus recursos. La autoridad materna puede verse socavada, al menospreciar e insultar a la mujer frente a sus hijos, y coaccionar o manipular a los hijos para que participen en menospreciarla e insultarla. También la degradan haciendo cambios de roles donde las madres son tratadas como niños y los niños como adultos.

Los maltratadores pueden controlar el tiempo que una madre y su hijo pasan juntos; y se les impida disfrutar del tiempo juntos en sus propios términos, privando tanto a la madre como al niño de una valiosa fuente de apoyo y comodidad.
Los maltratadores pueden interferir directamente en la crianza de la mujer, obligándola a ser madre en un estilo con el que no se siente cómoda.
La separación de una pareja abusiva no significa necesariamente el fin del abuso y los ataques a la relación madre-hijo, los maltratadores pueden continuar infligiendo abuso a través de los acuerdos de contacto infantil que pueden tener un gran impacto en los niños y su relación con sus madres.
Los maltratadores también pueden denunciar en los servicios de protección infantil a sus parejas o ex parejas como «madres no aptas».
A pesar de estos ataques sostenidos contra la maternidad y la relación madre-hijo, la investigación sugiere que la mayoría de las madres que sufren abuso doméstico son tan efectivas como las mujeres no abusadas, a pesar de los obstáculos que enfrentan.

A pesar de las estrategias de las madres para actuar de manera efectiva frente al abuso doméstico, las autoridades como la policía, la protección infantil y el trabajo social a veces identifican a las madres abusadas como culpables por ‘no proteger a sus hijos’ del abuso, culpable de elegir una pareja abusiva y de ‘elegir’ permanecer en relaciones abusivas. Esta actitud no comprende la dinámica del abuso doméstico (incluido el peligro de abandonar una relación abusiva), culpa erróneamente a la mujer y no responsabiliza al maltratador de sus acciones.
Este problema se ve agravado por los enfoques contradictorios que se ejercen en la práctica frente al abuso doméstico, la protección infantil y el contacto infantil, pues el abuso doméstico es tratado como un problema completamente separado para la capacidad de crianza de un maltratador por parte de los servicios y las autoridades, como los tribunales civiles que se ocupan de acciones familiares. No es raro que una mujer tenga una orden de protección contra un maltratador y el tribunal le ordene facilitar los contactos. Esto se debe a suposiciones incorrectas de que el abuso se detendrá en la separación, y que el contacto con ambos padres es lo mejor para el niño a pesar de los antecedentes de abuso doméstico. Persiste la suposición de que las «pobres parejas» pueden ser «buenos padres», a pesar de una fuerte evidencia de lo contrario. Esta suposición continúa colocando a las mujeres y sus hijos en situaciones inseguras.
Muchas investigaciones sugieren que las relaciones sólidas y de apoyo madre-hijo son un factor protector importante para ayudar a las madres y a los niños a sobrevivir y recuperarse del abuso doméstico. Para que las intervenciones y el apoyo sean efectivos, es esencial que los servicios y las autoridades tengan en cuenta los efectos nocivos del abuso doméstico en la maternidad y la relación madre-hijo; reconocer los vínculos entre el abuso de un maltratador y su crianza, hacer que los maltratadores rindan cuentas, y que los servicios de apoyo se centren en fortalecer la relación madre-hijo.

Estas conductas abusivas de los maltratadores, que están reconocidas por ellos mismos en la investigación científica, que forman parte de un patrón de conductas verdaderamente intencionadas para hacer daño a la unión madre-hijo, no se tienen en cuenta. Me llama la atención que precisamente los maltratadores, los que no son buenos padres, tengan que ser los censores de lo que es una buena madre.

También el abuso y la invasión que ejercen sobre las competencias y capacidades naturales de la mujer en la crianza, un área que le pertenece por derecho natural, se le vuelve en contra a la mujer. Es decir, el tratamiento diferenciado del hombre y la mujer, los privilegios y el beneficio para ellos, para la mujer la discriminación y el perjuicio. Cada madre tendrá un estilo de crianza diferente según sea ella, su aprendizaje sobre la misma y sus circunstancias, pero el amor, el vínculo con el hijo y su protección es único para cada hijo, y no hay otra figura superior a ella en relación a su hijo, y esto es lo realmente importante.


BIBLIOGRAFIA. NOTAS
(1) Evan Stark. Coercive Control: How Men Entrap Women in Personal Life. Oxford: Oxford University Press, 2007.

(2) Women´s Aid. Organización benéfica inglesa de lucha contra la violencia contra mujeres y niños. Fundada en 1974, ha trabajado de forma directa en la red nacional de refugios, y a la vanguardia en la promoción de leyes, políticas de protección de las víctimas y de aumentar la conciencia en la sociedad del abuso que se minimiza, ignora o malinterpreta. Han luchado activamente para que el control coercitivo se convierta en un delito. https://www.womensaid.org.uk/what-we-do/

(3)https://womensaid.scot/wp-content/uploads/2017/09/MotheringDomesticAbuse.pdf

(4) Sue Heward-Belle es profesora titular en la Universidad de Sydney (Australia). Reconocida líder en investigación de violencia doméstica y familiar, con casi 30 años de experiencia en los campos de violencia doméstica y protección infantil. Ha trabajado en múltiples estudios y proyectos en estas áreas, entre ellos sobre el ejercicio de la paternidad de hombres violentos del país. https://www.sydney.edu.au/arts/about/our-people/academic-staff/susan-hewardbelle.html

(5) Heward-Belle (2017), S. ‘Exploiting the ‘good mother’ as a tactic of coercive control: Domestically violent men’s assaults on women as mothers’, Journal of Women and Social Work, 1-16. https://doi.org/10.1177/0886109917706935

(*) NOTA. La literatura científica utiliza diferentes términos para referirse a la violencia contra la mujer.

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