La abolición del género nos hará libres

La abolición del género nos hará libres

Vivimos en una sociedad patriarcal, que se ha mantenido desde la prehistoria hasta nuestros días, en la que se ha establecido una jerarquía entre hombres, los que ejercen la autoridad; y las mujeres, las que estamos sometidas a esa autoridad. Este sistema jerárquico es un constructo social, que se ha reproducido a lo largo de la historia asignando papeles distintos en la sociedad a las mujeres y a los hombres: los roles de género. Tan arraigadas están estas creencias que hemos sustituido género por sexo, en nuestro lenguaje, cuando son realidades distintas.

El sexo es una realidad biológica. En el reino animal hay dos sexos: macho y hembra. El sexo lo determina un par de cromosomas sexuales: en mamíferos las hembras tenemos XX y los hombres tienen XY. Estos cromosomas determinan el sexo con el que nacemos y las diferencias sexuales entre machos y hembras.
En el caso de la especie humana, a las hembras se nos denomina mujeres y a los machos hombres. Como el sexo viene determinado en la fecundación, según el par de cromosomas sexuales que hayamos heredado, el sexo no se elige. Nacemos hombres o mujeres por azar de la naturaleza.
En cambio, el género no es una realidad biológica constatable, sino que es una construcción social a partir de una realidad biológica, el sexo.

Desde el momento de la concepción esperamos conocer el sexo del feto para decidir de qué color vamos a pintar su habitación, qué ropa le vamos a comprar o qué nombre tendrá. Así que cuando naces niño, naces en el mundo azul. No te ponen pendientes al nacer y te cortan el pelo. Azul y tonos oscuros serán los colores de tu ropa y de tus juguetes. No eres tan sensible y delicado como las niñas, llorar no te estará permitido porque es síntoma de debilidad, cosas de niñas.
En cambio, cuando nacemos niñas, nacemos en el mundo rosa. Nos dejan el pelo largo, nos ponen pendientes, el rosa predomina en nuestra ropa y juguetes y se nos educa afectivamente de forma distinta. Se cree que las niñas son más dulces y sensibles.

Vamos creciendo y las mujeres adoptan ese rol pasivo en la sociedad, sus tareas son reproductivas, sexuales; y las del hombre dominantes, la toma de decisiones el control de la sociedad. Para eso nos educaron desde la infancia con estos roles de género distintivos. Muñecas para ella, coches para él. Aprendemos que la maternidad y los cuidados son tareas nuestras mientras que los hombres aprenden a ser los proveedores de los que dependemos y por tanto los que dirigen y controlan nuestras vidas.

El sexo es una realidad biológica y el género es el conjunto de normas, creencias y formas de actuar que están en el imaginario colectivo y se asignan de forma educacional según el sexo con el que naces.
El sexo no es bueno ni malo, es natural y la forma de propagación de la especie.
El género es la creación del patriarcado para poder explotar a las mujeres de forma sexual y reproductiva relegando su papel en la sociedad a un rol de sumisión e inferioridad al hombre. El género dio comienzo al patriarcado y es lo que lo ha estado manteniendo hasta la actualidad; por eso el género es lo que queremos abolir las feministas para crear una sociedad más justa e igualitaria en la que las mujeres seamos iguales a los hombres y no subordinadas.
Y ahora nos toca analizar el punto más controvertido de las diferencias entre sexo y género. ¿Si el sexo no se elige, puede elegirse el género que es una construcción social?

Si bien es cierto que el género es cultural, está predeterminado y asignado al sexo con el que naces. De hecho, como hemos visto, precisamente se ha creado para diferenciar a mujeres y hombres. Por tanto tú no eliges tu género, es decir, no eliges el conjunto de roles que se te van a asignar desde que naces. Lo determina tu sexo.
El género nos oprime obligándonos a vivir de una forma determinada que no siempre es la deseada. Gracias a la lucha feminista, que nos va haciendo cada vez más libres, muchas niñas quieren el color azul y jugar al fútbol y muchos niños quieren llevar el pelo largo, pintarse las uñas y jugar con muñecas. La sociedad castiga con la discriminación o incluso con la exclusión social a quien osa desobedecer los roles patriarcales, pero que prefieras un «color de niña» o te gusten los vestidos no te convierte en niña. Tus cromosomas siguen siendo XY, tu sexo sigue siendo varón, como te dio la naturaleza. Y por mucho que te guste el rosa o las diademas no vas a cambiar con eso el rol que se te ha asignado al nacer según tu sexo, el género masculino. El género es mucho más que un color o un vestido, es un conjunto amplio de normas sociales que aprendes desde que naces y que, aunque vistas de rosa y te pongas purpurina, tu papel social es el de la dominación.

¿Si las mujeres pudiéramos elegir el género nos quedaríamos todas con el que está por debajo del otro? Creo que no. Lo que ocurre, es que el patriarcado para aferrarse a su poder, prefiere expandir las ideas de la identidad de género y crear niñas y niños transgénero antes que asumir que las niñas y niños, que las mujeres y hombres, somos iguales.
La abolición del género es lo que nos hará libres de ser y hacer lo que queramos.

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