Me inquieta que la maternidad sea planteada como un derecho

Me inquieta que la maternidad sea planteada como un derecho

 

A lo largo de más de tres siglos de movimiento feminista las mujeres, que suponen el 51%, de la población mundial, han tomado conciencia para lidiar contra la opresión ejercida por los varones que alardean de su atávico privilegio, prerrogativa de la que disfrutan por vivir en el sistema patriarcal y que se les otorga en función de su sexo. Sus prebendas dependen de las coincidencias con la norma impuesta por el sistema por nacer hombre, por nacer con los genitales masculinos. La jerarquía sexual mantiene a los hombres en los órganos de poder y a las mujeres en una situación de subalternas con relación a los hombres.

Si nos centramos en nuestro país, las mujeres superan los 24 millones, de ellas, 2,3 millones tienen alguna discapacidad. Las mujeres con discapacidad han de enfrentarse a una opresión acrecentada por su condición de discapacidad. No voy a discutir si sufren opresión por ser mujeres y o discriminación por tener una discapacidad, lo que es innegable es que, al contar con sendas realidades, se encuentran en una posición de subordinación respecto a los varones con discapacidad y al conjunto de mujeres.

En artículos anteriores me he referido a la especial situación de las mujeres con discapacidad, que, al no resultar útiles al patriarcado, no se les inculca en la misma medida los mandatos patriarcales, sobre todo lo concerniente a los cuidados. Las mujeres con discapacidad congénita han crecido viendo a sus madres y hermanas realizando estas labores y asumen como propio de las mujeres ese rol. Mientras los hombres con discapacidad ven natural ser objeto de tal protección y desvelos, las mujeres se afanan en probar que pueden cuidar a sus criaturas como lo han hecho sus madres. Otras han pasado por encima del género, porque, al ser conscientes de su diferencia, no intentan emular ningún estereotipo patriarcal, admitiendo sin problemas su condición de asistidas. Estas pueden sentirse, en cierto modo, liberadas al no verse presionadas para avalar un mandamiento que para otras mujeres resulta ineludible.

Toda esta proclama viene a colación de una entrevista que le hizo Nuria Coronado Sopeña a la periodista con Síndrome de Treacher Collins Vicky Bendito. Me congratula que haya mujeres con discapacidad que destaquen y salgan a la luz. Necesitamos referentes y su actitud fresca y llena de optimismo puede servir de modelo a otras mujeres con discapacidad. Otra cosa muy distinta es que coincidamos en el discurso.

Me congratula que haya mujeres con discapacidad que destaquen y salgan a la luz. Necesitamos referentes y su actitud fresca y llena de optimismo puede servir de modelo a otras mujeres con discapacidad. Otra cosa muy distinta es que coincidamos en el discurso.

No me voy a referir a problemáticas de la discapacidad que salen en el vídeo y que no conciernen expresamente al feminismo.  Cómo no podía ser de otro modo, salió el tema de la maternidad.  Tras escuchar la entrevista que os invito a ver en youtube, le pedí a Nuria Coronado Sopeña el derecho a réplica y esto fue lo que le dije en respuesta a la entrevista en su Twitter:

«Estoy de acuerdo en algunas cosas: los prejuicios ajenos nos marcan mucho y nos condicionan. Me alegra que haya mujeres que se atrevan a esta sobreexposición. La discapacidad es muy variada y quién pueda hablar en público me parece muy bien que lo haga. El problema que veo es que para conseguir esos supuestos derechos necesitamos ayuda. La maternidad no es un derecho, el titular del derecho a ser cuidado y protegido es el niño, se olvida totalmente esa cuestión, que para que ese niño o niña tenga los cuidados a los que tiene derecho necesitara con toda probabilidad la intervención de otra persona, seguramente otra mujer y con toda seguridad su madre que ya no está en edad de cuidar a menores y que además se preocupa de cuidar a su hija.

En cuanto a las esterilizaciones forzosas, no conozco ningún caso. La pregunta que me hago es quién pide esas esterilizaciones y por qué.

Si la mayor parte de las que cuidan son mujeres, creo que serán ellas las que acudan a los juzgados para evitarse cuidar a madre y criatura. De hecho, lo primero que me dijo mi madre cuando supo que tenía vida sexual fue que «no le viniera con un bombo». Y lo entiendo. No me lo dijo mi padre, me lo dijo mi madre”

No se me ocurriría discutir ni oponerme a un deseo tan acuciante. No es mi intención y por supuesto no lo hago. Lo que me inquieta es que la maternidad sea planteada como un derecho y para ello, se recurra al argumento de los prejuicios hacia la mujer con discapacidad, diciendo que tener una discapacidad no incapacita para tener una vida autónoma ni para la crianza, pero parecen ignorar que el patriarcado somete a las mujeres, mediante la coerción o a través del fraude por presión emocional y social y para ello, busca mecanismos. Uno de esos mecanismos es la maternidad que supone una entrega absoluta a otro ser humano cuya vulnerabilidad hace que la mujer se olvide de su autocuidado. Y es precisamente lo que necesitan las mujeres con discapacidad, cuidar de sí mismas.

Al reconocer el derecho a la maternidad de las mujeres con discapacidad, tendríamos que luchar por todos los medios por hacer realidad ese derecho, así se  podría llegar a justificar prácticas como los vientres de alquiler,

Siguiendo esta línea argumental, el feminismo radical puede caer en una contradicción muy peligrosa para la consecución de sus fines. Al reconocer el derecho a la maternidad de las mujeres con discapacidad, tendríamos que luchar por todos los medios por hacer realidad ese derecho, así se  podría llegar a justificar prácticas como los vientres de alquiler, lo cual, junto la reproducción de roles sexuales, echaría por tierra gran parte de su corpus ideológico, al validar los roles de género, en vez de acabar con estos, y poner el derecho a la maternidad en primera línea de la agenda feminista de las mujeres con discapacidad.

Pero ¿qué lleva a reconocidas feministas radicales a dar voz a esa línea e ignorar otras más próximas a ellas?  Tal vez sea una disonancia cognitiva provocada por un efecto arrastre, puesto que esta línea es defendida por mujeres con discapacidad con cierto reconocimiento social. De ese modo, el patriarcado hace una carambola pe al llevar a las mujeres con discapacidad a autoconvencerse de su derecho a ser madres y arrastrar, según parece a parte del feminismo a apoyarlas en esta reivindicación.

Dicho esto, la pregunta es: ¿Qué rumbo queremos tomar?

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