Violencia post separación contra mujeres y niños:  estrategias de los maltratadores y  responsabilidad institucional  ( 2 )

Violencia post separación contra mujeres y niños:  estrategias de los maltratadores y  responsabilidad institucional  ( 2 )

Desde hace muchos años se investiga, y cada vez más,  sobre la fuerte correlación entre la violencia de pareja contra la mujer y la violencia contra los hijos, estando documentada en múltiples trabajos y comunicaciones científicas y que oscila entre el 50-70 % o incluso más (1,2 ).    Esto es un importante problema de salud, que progresivamente está produciendo una mayor conciencia social y profesional de sus efectos negativos en las mujeres y los niños.

               La Red Internacional de Madres en Lucha, colectivo feminista francés de investigadoras, activistas y sobrevivientes ((https://reseauiml.wordpress.com/a-propos),  publica en su página web diversos artículos sobre la violencia post separación y el SAP, en Europa y América.  El título de la siguiente comunicación es representativa para muchas mujeres de la dificultad de romper con el agresor,  por los problemas judiciales que se le presentan, que hacen prácticamente imposible esta ruptura.

 

Controlar a las mujeres después de la separación o «ruptura imposible» (Bélgica).

En esta comunicación  se expone la situación en Bélgica, que firmó en 2012 y ratificó en 2016 el Convenio de Estambul, sin embargo han seguido contabilizado asesinatos de mujeres y niños en el contexto de la violencia conyugal. En el informe alternativo de la coalición «Juntos contra la violencia» enviado a Grevio en febrero de 2019, las organizaciones observan en la práctica que Bélgica no cumple con sus obligaciones en términos de combatir la violencia contra las mujeres y señala  que las autoridades judiciales no creen que la violencia contra la madre signifique que los niños también estén sujetos a la violencia, creen que la violencia se detiene tras la separación. Por lo tanto, los jueces tienden a considerar que un mal esposo no es necesariamente un mal padre.

Estas actuaciones se rigen por la ley 18 de julio 2006, que en casos de separaciones conflictivas promueven la elección preferencial de una residencia alterna, dejando la evaluación de la violencia y sus consecuencias a los jueces, siendo muy difícil proteger a las víctimas, ya que lo que se pretende es mantener a toda costa un vínculo entre el padre violento y sus hijos.  Cabe señalar que el trabajo preparatorio de esta ley hacía referencia explícita al Síndrome de Alienación Parental.

El informe alternativo de la coalición «Juntos contra la violencia» subraya con respecto al SAP:  En cuanto al Síndrome de Alienación Parental invocado en el trabajo preparatorio para la ley de 2006 y utilizado en la jurisprudencia, además de no tener una base científica, fortalece los derechos de los padres violentos con el pretexto de que el niño debe desarrollarse con sus dos padres y perpetúa la idea de que las acusaciones falsas son numerosas y que la violencia conyugal es rara. Esta idea tiende a desacreditar el discurso de mujeres y niños y confunde el conflicto y la violencia conyugal. En conclusión, el SAP contribuye al amordazamiento de mujeres y niños.

Poco después de la publicación de este informe, se publican resultados que confirman que para la mayoría de las mujeres víctimas de violencia conyugal, esta violencia continúa después de la separación.   Emmanuelle Mélan (3) en entrevistas con mujeres maltratadas señala que el 79% de las mujeres encuestadas declararon que sufrieron violencia después de una separación, que podría remontarse a más de 5 años, que la violencia posterior a la separación es principalmente psicológica y moral (acoso, control, amenazas de violencia física o muerte, denigración de niños, alianza con ellos o con quienes los rodean) con el fin de dañar y debilitar la integridad psicológica de las mujeres. El estudio muestra que la violencia también es económica (falta de pago de la ayuda) y solo ocasionalmente física.

Además, el estudio destaca que los niños son los instrumentos continuos de violencia durante los procedimientos judiciales. De hecho, el 80% de las mujeres tenían que enfrentarse a una pareja no colaboradora y desestabilizadora, que dificultaba las actuaciones y hacía que las cosas fueran dolorosas, utilizando a los niños para lograr sus fines.

También se identifican cuatro estrategias violentas (continuadas o frecuentes) y que provocan ansiedad para la madre:
-amenazar con perder la custodia de los niños (80% de los archivos);
-usar al niño para controlar y atrapar a la madre (89%);
-hacer una alianza con el niño contra la madre (92%);
-hacer acusaciones falsas y denigrar (92%).

El miedo estaba presente en un tercio de estas mujeres, que aumentaba (43 %) si se trataba de la seguridad de sus hijos.

Con respecto a los derechos de visita y la seguridad, el informe alternativo de la coalición “Juntos contra las violencias” recomienda:

-capacitar a jueces y abogados, así como a profesionales en la esfera psicosocial en los mecanismos de violencia y en la diferencia entre conflicto y violencia, en su persistencia después de la separación y en su impacto en los niños

-modificar la ley de 2006 sobre “alojamiento igualitario” para que los tribunales tengan en cuenta el impacto de la violencia conyugal en los niños en las decisiones relacionadas con el derecho de custodia, alojamiento, el ejercicio de la patria potestad y los derechos de visita (lugares seguros, horarios adecuados, etc.)

En octubre 2019, la ASBL Solidarité Femmes organizó una conferencia internacional en La Louvière sobre la violencia posterior a la separación: La imposible ruptura. Pensando en la seguridad de las mujeres y los niños en el contexto de la violencia posterior a la separación, que  invitó a un panel de expertos internacionales (Francia, Italia, Canadá).

Todos estos trabajos y otros muchos precedentes  ponen de manifiesto que la violencia posterior a la separación es de la misma naturaleza que la que existe previamente en la pareja, que continua tras la separación  y que se usa a los niños para hacer daño, convirtiéndose en instrumentos y objetivos de la violencia del padre.  Se insiste en diferenciar  y no confundir situaciones de conflicto y de violencia y también en la detección de situaciones de riesgo de la misma.

Los maltratadores utilizan diferentes estrategias para hacer daño  y mantener el dominio y el control sobre la pareja:   culpabilizar,  amenazar, menospreciar y desacreditar,  empobrecer,  hacer acusaciones falsas y denigrar,  manipular,  obstaculizar, desestabilizar  y provocar dolor, evitar que su ex pareja lleve una vida normal,  intentar destruir el vínculo madre-hijo, etc. 

El SAP es un instrumento de violencia contra la mujer y una estrategia para ocultar la violencia machista.  A las mujeres no se las cree y son culpabilizadas, castigadas y separadas de sus hijos que son entregados al maltratador y abusador, no pudiendo protegerlos.  El SAP amordaza a las mujeres que no denuncian.  A los niños no se les escucha ni se les cree.

El SAP es utilizado no solo por parejas o exparejas, sino por los trabajadores sociales y del sistema judicial.  Su aplicación en los juzgados produce en las victimas una violencia institucional que destroza vidas y produce la muerte en muchos casos.  Su aplicación en los tribunales tiene un sesgo importante de género contra las mujeres y niños.

 Los investigadores alertan a los gobiernos y sistemas judiciales sobre esta realidad y aconsejan se tengan en cuenta sus recomendaciones,  que se proteja a las mujeres y los hijos, que se garanticen sus derechos, que se tenga en cuenta el impacto de la violencia en los niños, etc.

Descripciones como  “el daño a los niños en los tribunales de familia ha alcanzado proporciones de crisis”,  “la epidemia problemática”, “un  silencio ensordecedor, la violencia ocultada contra mujeres y niños”,  “niños violados y abusados, el escándalo ignorado”,  etc  que proceden de autores prestigiosos de diversos países y hasta de la política,  revela la magnitud de esta problemática que afecta a los tribunales de justicia y que esta silenciada.

Para ello se debería asumir la separación de las víctimas y el agresor , no es posible compatibilizar dos cosas contrarias a la vez,  favorecer los derechos de los padres  violentos sobre los hijos, y exponer a tanto sufrimiento, peligro y muerte a las madres e hijos; es decir, exponer a situaciones de riesgo y pretender que no haya daño.

Según los expertos, lo  único que se ha demostrado eficaz y pone fin a la violencia y el abuso es la intervención judicial sobre el agresor (4),  y tiene sentido puesto que frente a la fuerza y abuso que ejercen los abusadores,  solo el poder de la justicia y la fuerza de la ley puede ponerle fin, y debería ser ejercida justamente sobre ellos, no contra las mujeres y niños.


BIBLIOGRAFIA

 (1) Consuelo Barea. El maltratador como marido y como padre. Ediciones Consuelo Barea. 2012.

 (2) Children exposed to intimate partner violence.  National Resource Center on Domestic Violence. 2002. https://vawnet.org/sites/default/files/materials/files/2016-09/NRC_Children-WebResources.pdf

(3)  Emmanuelle Mélan es investigadora de criminología en la UCL y trabaja a tiempo parcial en el colectivo y

refugio para mujeres víctimas de violencia conyugal (ASBL Solidarité Femmes) en La Louvière (Bélgica).
(4 )   Marie France Hirigoyen . El acoso moral. El maltrato psicológico en la vida cotidiana. Edit Paidos. 1999.  

 NOTAS  (*) La literatura científica utiliza diferentes términos para indicar  la violencia hacia la mujer.

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