Temblor y sosiego

Temblor y sosiego

Elvira Lindo había dejado el nivel muy alto con su anterior novela, ‘Lo que me queda por vivir’, publicada diez años atrás. Durante este tiempo, publicó un nuevo título de la serie de Manolito y tres libros deliciosos: ‘Lugares que no quiero compartir con nadie’ (una especie de diario), ‘Noches sin dormir’ (un diario) y ’30 maneras de quitarse el sombrero’ (un necesario acercamiento a destacadas mujeres de la cultura: Atwood, Munro, O´Brien, McCullers, Highsmith…). Regresa ahora a la novela y lo hace partiendo de aquel magnífico nivel de hace diez años. Partiendo de aquel nivel y, digámoslo ya, superándolo. ‘A corazón abierto’ es un exhaustivo acercamiento a la figura de sus padres, ya desaparecidos. Al amor que vivieron, a los viajes, a los trabajos, a las enfermedades, a las alegrías, a las desdichas, a los miedos, a las incógnitas, a las tormentas, al pasado… A la vida y a la muerte.

Un temblor nos sacude tras la lectura de esta hermosa e impactante novela,

Pero, siendo mucho, no sólo se trata de eso. La narradora, reflejando todo su pasado familiar, se encuentra consigo misma, desde la infancia hasta la madurez, desde aquella niña que esbozaba poemas hasta la actualidad, enfrentándose a todos los espejos imaginables (a los que nos reflejan y a los que están dentro de nuestras cabezas, que no siempre coinciden), enfrentándose a miedos y demonios, en una especie de catarsis que deja, tras su lectura, una sensación de inquietud, de temblor y, finalmente, de sosiego. Ese sosiego -no podía ser de otra forma- que proviene de las palabras que curan, que alivian, que resultan imprescindibles para cerrar etapas y abrir ventanas. Ventanas por las que entra la calma, la serenidad y ese sosiego aludido. Todo está amarrado, finalmente. No hay resquicios ya para que arañen de nuevo las heridas del pasado. La narradora ha dado un salto mortal para situarse, por derecho propio, ante el mundo y ante sí misma (ante todos los espejos, los que reflejan y los otros, los interiores), haciéndolo con una prosa donde la compasión por sus personajes y la altísima calidad de la misma son las notas predominantes de esta novela.

Están la madre (siempre añorada), los hermanos, la abuela (terrible mujer a la que la niña que se convertirá en narradora enseguida descubre que no quiere parecerse), el tío… Y está, naturalmente, el padre, esa figura que atraviesa con su inmensa personalidad todo el texto, y su constante aparición no viene motivada por llevar a cabo un ajuste de cuentas o lo que podría interpretarse como algo similar, sino como una manera de llegar a entender aquellos momentos que en vida del progenitor quedaron por definir, por entender, por asimilar. Y es ahí, en esa búsqueda por lo que aún queda por descifrar, donde la narradora se crece y, sin perder la perspectiva, se distancia, y ofrece su mejor reflexión sobre la vida de ese hombre que ya no existe físicamente y sobre la suya propia. La vida de una niña que empezó esbozando poemas y terminó convirtiéndose en una de las escritoras más importantes de este país. Y también sobre los tiempos (cercanos y no tan cercanos ya) de ese país, el nuestro, y esas costumbres que han ido evolucionando hasta llegar a este presente incierto y en constante cambio. Importante reto que, negro sobre blanco, ha quedado superado ampliamente.

Un temblor nos sacude tras la lectura de esta hermosa e impactante novela, como antes apuntaba. Luego, retorna el sosiego, que es la única manera en la que se puede seguir hacia delante sin miedo.

 

‘A corazón abierto’ está publicada, como el resto de su obra, por Seix Barral. Y llega el 3 de marzo a las librerías.

 

 

 

 

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