Fortaleza ante la diversidad funcional:  María Blanchard

Fortaleza ante la diversidad funcional:  María Blanchard

 

A las mujeres con diversidad funcional, se las identifica por características biológicas fuera de lo normativo, se las  despoja  de su género y desacredita  como mujeres.

Esta estigmatización las sitúa en no ser consideradas como totalmente humanas, en ser cosificadas, propiciando todo tipo de discriminación sobre ellas.

Desde el nacimiento, se les niega  la educación sobre su cuerpo, la sexualidad y disfrute de ésta, los métodos anticonceptivos, la reproducción y la maternidad.

La Macroencuesta de Violencia contra la Mujer  realizada en 2015 contiene los siguientes datos  destacables:

  • Un 23% de mujeres con diversidad funcional manifiesta haber sufrido violencia física, sexual o miedo frente a un 15% de mujeres sin diversidad funcional
  • El 20,6% de mujeres con discapacidad declaran que su pareja le ha insultado o hecho sentirse mal.
  • El 14,7% declaran que a lo largo de su vida le ha sucedido que su pareja le ignoraba o trataba con indiferencia.
  • El 9,7% declaran que su pareja le impide/impedía tomar decisiones relacionadas con la economía familiar y/o realizar las compras de forma independiente
  • El 7,3% de mujeres con diversidad funcional declaran que su pareja le ha abofeteado o tirado algo que pudiese hacerle daño, un 7,4% le ha empujado, agarrado o tirado del pelo, un 4,6% le ha dado patadas, arrastrado o pegado y un 2% le ha intentado asfixiar o quemar y le ha amenazado con usar o ha usado una pistola, cuchillo o alguna otra arma.

Comprobamos, pues, que en todas estas formas de violencia las mujeres con diversidad funcional tienen un porcentaje significativamente mayor que el resto de mujeres.

Las mujeres con diversidad funcional casi duplican la tasa de riesgo de pobreza extrema en comparación con el resto de la población, presentan resultados de mayor exclusión social en prácticamente todos los indicadores, su salario medio es casi 2000 euros  anuales  al de los varones con diversidad funcional.

La violencia que se ejerce sobre las mujeres con diversidad funcional es una cuestión que no suele ser abordada habitualmente en foros feministas y que, aún compartiendo muchos aspectos en común, presenta una serie de variables dignas de ser tenidas en cuenta.

Hay  estudios que demuestran que las mujeres con diversidad funcional son víctimas de abuso y violencia en una escala mucho mayor que las mujeres sin ella. La violencia contra las mujeres y las niñas con diversidad funcional no es sólo un subconjunto de la violencia de género: es una categoría interseccional relacionada con la violencia de género y aquella basada en la diversidad funcional.

La construcción androcéntrica, heteronormativa y productivista de la sociedad confluye con el hecho de la discriminación histórica que sufren las mujeres con diversidad funcional, con algunos factores en común, dando lugar a un riesgo extremadamente alto de violencia contra ellas.

La discapacidad  es una construcción social que actúa clasificando y actuando sobre cuerpos no normativos, tratándolos como “patológicos”, “raros” e incidiendo  en las capacidades y no en los Derechos Humanos.

Muchas de las variantes de violencia contra las mujeres con diversidad funcional no han sido visibles como violencia de género debido a que se da predominancia a la discriminación por razón  de diversidad funcional.

La realidad  es que no se respeta a las personas con diversidad funcional y por esa misma causa se ha favorecido y perpetuado la discriminación, que ya es en sí un acto de violencia.

A propósito de mujeres diversas y percibidas en su existencia como personas discapacitadas y por ello víctimas del acoso, el desprecio, la burla y la humillación por su condición física, rescato y visibilizo a una de las grandes, posiblemente la más grande pintora española: María Blanchard.

Bautizada con el nombre de María Eustaquia Adriana Gutiérrez-Cueto y Blanchard,  firmó sus obras como María Blanchard.

Nació un  6 de marzo de 1881 en el seno de una familia de la nueva burguesía de Santander. Fue la tercera de cuatro hermanas, por delante de ella Aurelia y Carmen y Ana la pequeña.  La suya era una familia acomodada y culta; el abuelo paterno, Castor Gutiérrez de la Torre, fue el fundador de “La abeja montañesa” y su padre, Enrique Gutiérrez-Cueto, de “El Atlántico”, un diario liberal que dirigió.

María nació deforme, a consecuencia de la caída que sufrió su madre embarazada al bajarse de un coche de caballos. Esta deformidad, resultante de una cifoescoliosis  con doble desviación de columna, condicionó  parte de su vida. Como explicó su prima Josefina de la Serna, María «tan amante de la belleza, sufría con su deformidad hasta un grado impresionante».

María creció acostumbrada a las miradas de los demás, a que la señalaran con el dedo y a que los otros niños la llamaran bruja. Pero desde muy pequeñita también, descubrió algo que aliviaba el dolor que le provocaba su enfermedad y le hacía sentirse bien: María pintaba y dibujaba durante horas y horas las flores de los hermosos jardines de su ciudad, tanto y tan bien que, en 1903, a la edad de 22 años, sus padres le animaron a viajar a Madrid para estudiar con Emilio Sala,  pintor de renombre en la época.

Tras su primera formación, en 1906 pasó al estudió de Fernando Álvarez de Sotomayor y  participó en  la exposición de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando hasta que dos años después consiguió la  tercera medalla de pintura con la obra Los primeros pasos. Su magnífica trayectoria propició que la diputación de Santander y el ayuntamiento de su ciudad natal le concedieran unas becas que utilizaría para proseguir sus estudios en París.

Emprendió  el viaje a la capital francesa  en el año 1909, donde acudió a la Academia Vitti y fue discípula de Anglada Camarasa y Van Dongen que orientaron su trabajo hacia el color y la expresión, dejando atrás las restricciones de la pintura académica en la que había iniciado su carrera. En París se sintió libre.

En la academia conoció y entabló estrecha amistad con Angelina Beloff,   joven artista rusa, con la que en el verano de ese mismo año viajó a Londres y Bélgica, donde coincidieron  con el muralista mexicano Diego Rivera, compañero de Frida Khalo.  Los tres volvieron a París instalándose en una vivienda que compartieron. María comenzó a contactar con el círculo de la vanguardia cubista, sobre todo con Juan Gris y Jacques Lipchitz.

En marzo de 1915, invitada por Ramón Gómez de la Serna, participó en la muestra que se organizó en Salón de Arte Moderno de Madrid, allí recibió todo tipo de burlas y desprecios por parte del público y la crítica. Después se trasladó a Salamanca donde ejerció como profesora durante un corto periodo de tiempo ya que, a consecuencia del rechazo y humillaciones que sufría por parte de sus alumnos, decidió abandonar España e instalarse definitivamente en París.

Cautivada por el cubismo analítico, María Blanchard nunca llegó, en sus obras, a descomponer totalmente las formas, aunque sí lo asimiló en su manufactura de ricos colores. En esta época pintó La mujer con abanico, Naturaleza muerta y Mujer con guitarra. Presentó varias obras en el “Salón de los Independientes de París” y con su obra La Comuniante obtuvo un gran éxito de la crítica.

 

Posteriormente expuso  en la Galería Centaure de Bruselas en 1923 donde las críticas no pudieron  ser más elogiosas, con lo que se le abrió un importante mercado en Bélgica y le llevó a asentarse en ese país. Allí firmó un  contrato con su marchante Lheon Rosemberg, lo que le supuso  una cierta seguridad económica.

Por motivos laborales María Blanchard se distanció durante un tiempo de su gran amigo, y también pintor, Juan Gris. La repentina muerte de él,  le provocó un gran dolor, que se transformó  en un abatimiento general y un grave estado depresivo. Buscó consuelo en la religión y se vio inmersa en una etapa de misticismo, de entrega religiosa, que le llevó a pensar en entrar a un convento, idea de la que finalmente desistió. A pesar de sus crisis religiosas personales, María siguió  pintando incansablemente.

La proximidad de algunos familiares que se trasladaron a vivir cerca de ella lograron que María, pese a encontrarse cada día más triste y enferma, lograse pasar algunos días más animada por el calor que recibía pero el esfuerzo económico de la sobrecarga seguían mellando en su ánimo y salud.

La debilidad pasó factura a María que contrajo tuberculosis antes de cumplir los 50 años falleciendo el 5 de abril de 1932 la más grande y enigmática pintora que ha tenido España.

Su entierro fue como su vida, rodeada de pocos y sencillo. Además de algunos amigos y familiares la acompañaron un buen número de indigentes y vagabundos a los que la artista había auxiliado a lo largo de muchos años.

En la necrológica publicada en L’Intransigeant puede leerse: «La artista española, ha muerto anoche, después de una dolorosa enfermedad. El sitio que ocupaba en el arte contemporáneo era preponderante. Su arte, poderoso, hecho de misticismo y de un amor apasionado por la profesión, quedará como uno de los auténticos artistas y más significativos de nuestra época. Su vida de reclusa y enferma, había por otro lado contribuido a desarrollar y a agudizar singularmente una de las más bellas inteligencias de ese tiempo».

Al enterarse Federico García Lorca  de su deceso  le dedicó, en ese mismo año, una conferencia que dio en el Ateneo de Madrid, la   Elegía a María Blanchard, que decía, entre otras frases:

 

” (…) La lucha del ángel y el demonio estaba expresada de manera matemática en tu cuerpo.

(…) Bruja y hada, fuiste ejemplo respetable del llanto y claridad espiritual.

(…) Te he llamado jorobada constantemente y no he dicho nada de tus hermosos ojos, que se llenaban de lágrimas, con el mismo ritmo que sube el mercurio por el termómetro, ni he hablado de tus manos magistrales.

(…) Porque eras jorobada, ¿y qué? Los hombres entienden poco las cosas y yo te digo, María Blanchard, como amigo de tu sombra, que tú tenias la mata de pelo más hermosa que ha habido en España.”

Deforme, bruja, jorobada, humillada y vejada a lo largo de su  corta vida María Blanchard fue un ejemplo de mujer sensible, generosa y gentil, además de la máxima representante de la vanguardia española, en cuyas obras transmite la melancolía y tristeza de una existencia cargada del estigma de la incapacidad y la enfermedad. Una de sus obras La convaleciente es un buen ejemplo, un pastel sobre cartón de 100 x 73 cm ejecutado en 1926 y que actualmente se expone en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía en Madrid.

La protagonista del cuadro es una o un joven, sus cabellos cortos y prendas holgadas evitan el género. Es un retrato anónimo de una persona de edad indefinida. Su rostro ovalado y ojos entornados nos descubren  a alguien extenuada, abandonada a su suerte, recostada en un sillón de mimbre, con la cabeza reposando en un almohadón. Su cuerpo, semiprotegido por una manta, nos dice que necesita calor y que por ello está cerca de la ventana a través de cuyos cristales se filtran rayos de sol. Sus manos, cruzadas encima de su regazo, transmiten resignación.

Junto a ella, sobre la mesa, la jarra de agua y el cuenco, compañeros inseparables de la tuberculosis, evitan la sequedad y hacen más llevadero el siguiente golpe de tos. Totalmente neutra la pared del fondo invita a pensar que no está en una vivienda sino en una casa de curación, de reposo, aislada.

La luz ilumina un rostro creado a base de manchas de colores, contrastadas y fundidas, jaspeadas. María Blanchard consigue con una gama de colores ocre acentuar el dramatismo de la enfermedad a la par que inferir calidez a la escena representada. Sin ninguna duda es un autorretrato emocional, triste, solitario, abatido, enfermo que relata sus sentimientos en una infancia prolongada hasta el final de su vida, la de una situación anímica melancólica y eterna.

Dos años después de terminar esta conmovedora pieza María Blanchard falleció a consecuencia de la tuberculosis. Ella sabía, conocía y había sentido el significado de la enfermedad y sus secuelas y la había aceptado con resignación y recogimiento. El cuadro pudo ser un grito de liberación anticipado al fatal desenlace.

María Blanchard fue y es un ejemplo de fortaleza ante la adversidad, de excelencia en la diversidad, de intelecto ante la incapacidad. Su obra pese a las circunstancias, difícilmente hubiera podido ser de más calidad pero su vida, si la sociedad estuviera más preparada, seguro que más placentera.

Las mujeres hemos estado y estamos formando parte de esa población vulnerable por razón de género pero, en el caso de las mujeres con diversidad funcional la administración  debe poner medidas directamente orientadas a ellas por su doble condición de víctimas. Es necesario que se activen protocolos específicos ante la violencia machista y no se deriven los casos, como suele suceder, a los servicios sociales.

Las mujeres con diversidad funcional deben recibir ayuda para poder tomar el control de sus propias vidas. Deben suprimirse las prácticas, extendidas hasta hoy, de esterilización y abortos forzosos. Los y las profesionales de los servicios de información, emergencias, sanidad, policía e instituciones jurídicas han de formarse para que la atención sea inclusiva y reciban, ellas, un trato digno, respetuoso y que proteja su intimidad.

No pueden ni deben escatimarse recursos para potenciar el talento de las mujeres, menos aún  para empoderar a mujeres con diversidad funcional, tras la cual se esconden genialidades como la de María Blanchard, pintora española con  la que la historia del arte tiene una deuda: darle su posición de artista de primera fila de la vanguardia y que la sociedad, primero por ser mujer y segundo por su estado de salud, le privó.

 

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COMENTARIOS

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    Osvaldo Buscaya 5 meses

    Es Delito de Lesa Humanidad el abuso sobre la niñez, la trata, el proxenetismo y sus consecuencias, como toda violencia de género.
    “Las fuertes resistencias contra lo femenino no serían de índole intelectual, sino que proceden de fuentes afectivas; la irresoluble perversión no sublimada y ambigüedad sexual del varón que posee la decisión final en éste esquema, donde lo masculino sigue siendo la ley”. Osvaldo Buscaya
    EstherTauroni Bernabeu, describe excelentemente el juego actual de la ecuménica perversa civilización patriarcal, al suscitar la huella reconocida impresa en el perverso varón; esa imagen desde luego de esencia perversa puesto que ejerce la opresión, pero que con su poder sustrae sus rasgos de la mirada de la comunidad. Sin embargo, el feminismo (mujer) descubre esos rasgos en un retrato común al perverso patriarcado: imagen del castrador, del todopoderoso, terrible castigador, imagen y reflejo de si como perverso varón.
    “Hay estudios que demuestran que las mujeres con diversidad funcional son víctimas de abuso y violencia en una escala mucho mayor que las mujeres sin ella. La violencia contra las mujeres y las niñas con diversidad funcional no es sólo un subconjunto de la violencia de género: es una categoría interseccional relacionada con la violencia de género y aquella basada en la diversidad funcional”, pero el hipócrita transexual ecuménico perverso patriarcado, “ignora” esa imagen que el mismo presenta con su conducta y que se reproduce incesantemente: hipócritamente la “ignora” en los dos sentidos de la palabra; que lo que repite en su conducta perversa, no lo tenga por suyo en su simulación y que “desconoce” lo importante de la imagen, cuando evoca el recuerdo representado por ella; abuso, violación, femicidio.
    Por eso el sentido y la verdad del feminismo (la mujer) es absolutamente la derrota del varón; perverso irresoluble y ambiguo sexual.
    Mi Femeninologia Ciencia de lo femenino es la serie de configuraciones que con mi conciencia voy recorriendo constituyendo, más bien, la historia que desarrollo en la formación de mi conceptualización. Es decir, una suerte de escepticismo consumado, que en realidad sería, el propósito de no rendirme, a la autoridad de los pensamientos de otro, sino de examinarlo todo por mí mismo ajustándome a mi propia convicción; o mejor aún, producirlo todo por mí mismo y considerar como verdadero tan solo lo que yo hago.
    *Hoy, como ese infante entre los 4 a 5 años adaptando mi pensar en la realidad, interpretando mi actividad onírica . . .
    Por Osvaldo Buscaya (Bya)
    (Psicoanalítico)
    Femeninologia (Ciencia de lo femenino)
    Lo femenino es el camino
    Buenos Aires
    Argentina
    4/3/2020

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