Tácticas obnubilantes

Tácticas obnubilantes

No me parece negativo el hecho de que una feminista milite, además, en un partido político, en una organización o movimiento social (ecologista, sindical, vecinal, etc.).

Como alguna vez he comentado, mi experiencia me dice que rara vez las feministas no se implican en nada más.

Llegas a una ciudad, contactas con las feministas y compruebas que también se interesan por el urbanismo, la cultura, la participación ciudadana, los servicios sociales, la educación, los emigrantes, etc. etc…

Es decir, poseen mentes muy activas que aplican el análisis crítico a todo lo que las rodea. Las feministas tienen, pues, horizontes éticos en muchos campos y luchan por mejorar la vida humana desde diferentes perspectivas.

O sea, no seré yo quien critique las dobles, las triples, cuádruples o quíntuples militancias.

Comprendo, incluso, que a cada cual le apasione lo tuyo (su partido, su sindicato, su organización) y que, en cierta manera, ese apasionamiento le distorsione la mirada. Lo entiendo porque, quién esté libre de pecado, que tire la primera piedra y porque así somos: un compuesto de razón y emoción que no siempre resulta fácil de armonizar.

Lo entiendo… siempre que se mantenga dentro de ciertos límites que no impidan ver que “lo primero es antes”.

Y, por el contrario, no entiendo que militar en un partido obnubile la mente hasta el punto de cortocircuitar la inteligencia.

Así, por poner un ejemplo práctico: la polémica actual sobre el Ministerio de Igualdad.

En todos los partidos (hablo de partidos de izquierdas) hay mujeres que consideran aceptable e incluso estupendo estupendísimo que no exista un Ministerio de Igualdad de las Mujeres -como ingenuamente muchas creíamos o esperábamos que habría- sino un ministerio que abarque a otros diversos colectivos. Ni siquiera consideran pertinente pararse a pensar por qué criterio el Ministerio de Igualdad ha de ocuparse de ciertos colectivos (el de hombres gays, por ejemplo) y ha de desdeñar otros (los emigrantes, por ejemplo) mucho más necesitados de igualdad y mucho más numerosos.

Pero, sea como fuere, les parece bien el criterio y las competencias del actual Ministerio de Igualdad.

Ese criterio y esas competencias son las estipuladas de manera oficial (en el BOE). Es decir, el Ministerio está oficialmente constituido así, lo que significa que la responsabilidad es del gobierno y, en último extremo, del Presidente y de los pactos PSOE-UP, no de la ministra (aunque esta haya defendido con desbordante entusiasmo tal opción).

En consecuencia, las partidarias de un Ministerio de Igualdad “Variada” -no solo para las mujeres sino para los homosexuales hombres y los trans- deben estar contentas y celebrarlo por igual, pertenezcan al partido que pertenezcan. Aunque, eso sí, les agradecería que no lo llamaran “feminista” (a no ser que a todos los ministerios se les cuelgue el añadido “feminista”, claro).

Pero también hay feministas de todos los partidos que consideran que las mujeres, siendo como somos más de la mitad de la población y estando como estamos sometidas a tantas injusticias, necesitamos un ministerio que se ocupe exclusivamente de nuestros problemas. Las feministas quieren, además, que ese ministerio tenga competencias importantes, esté suficientemente dotado desde el punto de vista económico, de personal, etc.

Es decir: las feministas –sea cual sea su partido- deben estar descontentas ante el actual desaguisado.

Pero como saben –ya lo dije- que ese desatino depende de los pactos entre PSOE y UP, lógicamente deberían andar “dando la vara” en sus respectivas organizaciones, interpelando a los responsables, a los cargos políticos y exigiendo una rectificación en toda regla.

Eso debería hacer cada feminista o grupo feminista con su propio partido. Y yendo un poco más allá, estaría bien que las feministas celebraran alguna reunión interpartidos para compartir estrategias…

Digo yo que militar en un partido no supone creer que todo lo que hace el partido es divino. Es más ¿cómo mejorar el propio partido –objetivo que supongo que cualquier militante desea para el suyo- si no es con espíritu crítico constructivo?

Lo mismo podemos decir respecto a la Ley trans. Cierto que la presentó Podemos, pero igualmente cierto que el PSOE aceptó incluirla en el pacto de estado. Sería deseable que las feministas de los distintos partidos difundieran la crítica a esa ley dentro de sus propias organizaciones, presionándolas para que rectifiquen.

En resumen: cada palo que aguante su vela y cada cual que intente gobernar su nave.

Pero, por ahora, comprobamos con desolación que, lejos de ser así, van de: “Vosotras también, vosotras más y vosotras desde antes”.

 

Hemos de ser conscientes de que vivimos momentos muy peligrosos para el feminismo. Ante nuestro avance, el patriarcado está inventando nuevas tácticas y estrategias. Nos entretienen con folclore porque su objetivo es difuminar nuestras demandas y perpetuar así nuestra opresión.

 

 

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