Feminismo y transactivismo IV

Feminismo y transactivismo IV

Claro que las feministas tenemos motivos de preocupación. Y claro que los asaltos provenientes del conglomerado trans-queer-modernos-guays que sufre el feminismo no son casuales.
Como vengo diciendo, las problemáticas que afectan a las personas trans-queer etc. no tienen más proximidad con el feminismo (incluso creo que menos) que las de personas que sufren desahucios, desprecios, ataques y humillaciones por ser emigrantes, por ser obesas, pobres, negras, gitanas, discapacitadas, etc.

El feminismo dice que cualquier sumisión, rechazo, abuso, injusticia que pueda padecer cualquier persona se agrava en el caso de las mujeres. Sencillamente porque para la sociedad patriarcal esa persona suma dos “minusvalías”: la que le caiga en (mala) suerte y la de ser mujer. Por ejemplo, como explica Mari Mar Molpeceres en el libro Se acabó el silencio, las mujeres discapacitadas sufren mayor agresividad familiar, menores atenciones y cuidados, más agresiones sexuales y tienen muchas menos posibilidades de encontrar trabajo que los hombres en su misma situación.

El feminismo no ignora opresiones ni abusos, pero enfoca las problemáticas sociales desde el prisma de las mujeres: centrándose en la desigualdad estructural y generalizada que sufren.
Lo que no significa, vuelvo a repetir, que se desinterese de otras luchas. Más bien al revés: a menudo, las feministas suelen ser también activistas en otros campos. Juntarse con las feministas de cualquier pueblo o ciudad (y eso os lo aseguro yo que me “paseo” por muchos sitios y trato con ellas), es juntarse con “las fuerzas vivas” de ese lugar, o sea, con personas que están en vanguardia de todos los demás movimientos sociales.

¿Quiere eso decir que el feminismo debe sustituir a sindicatos, partidos, asociaciones antirracistas, antixenófobas, ecologistas, a las entidades que luchan por mejorar la vida de las personas con minusvalías, a las que luchan contra la sobreexplotación que sufren las cuidadoras (mujeres en altísimo porcentaje), etc. etc.? Pues está claro que no.
Y ninguno de esos movimientos lo pide. Ni acusa al feminismo de marginarlos, ni lo agrede con el furor que, a veces, usa el conglomerado trans-queer-modernos-guays (aviso: sé que no todas las trans están en esa onda, me refiero a las personas que sí lo están).

El feminismo no tiene nada en contra de las personas trans en tanto que trans. Y no digo que no pueda haber una feminista que “odie” a las (personas) trans. Digo que esto no va de personas, va de política, va de problemáticas y soluciones sociales. El feminismo se opone a que grupos cuyos objetivos no son los del feminismo (y, ojo, es el feminismo quien define sus propios objetivos) hablen en nombre del feminismo, intenten acaparar las manifestaciones feministas (manifestaciones en sentido amplio), definan cuáles han de ser nuestras reivindicaciones y nuestro orden de prioridades, exijan que el feminismo asuma como propias las metas que ellas marcan (incluso cuando manifiestamente esas metas se oponen a las metas feministas).

¿quién ha decidido que el feminismo tenga que interesarse específicamente por las reivindicaciones trans? ¿Por qué más que por las reivindicaciones de las personas desahuciadas?

Cabe preguntarse ¿quién ha decidido que el feminismo tenga que interesarse específicamente por las reivindicaciones trans? ¿Por qué más que por las reivindicaciones de las personas desahuciadas? (digamos de paso que, estadísticamente las mujeres tienen más probabilidad de serlo porque padecen más paro, porque viven en monoparentalidad más a menudo) ¿más que por las personas emigrantes o refugiadas? El feminismo se interesa por esas situaciones, por supuesto, porque (como ya he dicho) sabemos que las mujeres son “las negras de los negros”, “las proletarias de los proletarios” (Engels dixit). Y quien sostenga lo contrario, es que tiene A) mucho cinismo. B) un claro objetivo de adulterar la realidad y atacar al feminismo.

¿Qué otro movimiento se interesa específicamente por el subempleo de las mujeres, por las nefastas condiciones de trabajo de las profesiones feminizadas, por la exclusión social que padecen las emigrantes y refugiadas, por los abusos sexuales que sufren tantas, por la explotación familiar (no sé cómo llamarla de otro modo) que muchas viven, por el ninguneo médico de las que tienen enfermedades específicamente femeninas, por la falta de políticas que de verdad permitan a las que deseen ser madres (las que lo deseen, ojo) serlo sin sacrificar su vida, su ocio, sus opciones laborales, por todas las problemáticas adyacentes a nuestro cuerpo sexuado, etc. etc.

Y ahora pregunto ¿por qué el movimiento trans reclama que el feminismo preste más atención a sus reivindicaciones que a estas otras reivindicaciones específicas de las mujeres? ¿por qué el movimiento trans no interpela con igual ahínco al movimiento antirracista, por ejemplo, pues yo creo que objetivamente tienen más afinidades y reivindicaciones comunes con ese movimiento que con el feminismo? ¿es casual? Creo que no y en otro artículo intentaré abordar este punto.

Pero también digo: el problema real al que se enfrenta el feminismo no es que existan personas que son biológicamente varones pero que viven como mujeres. No debemos caer en esa trampa.
El feminismo no es individualista, es un movimiento político que ha de centrar sus demandas en leyes y medidas concretas.

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