Feminismo y transactivismo (II)

Tres aclaraciones previas:

  1. Yo estudié latín durante siete años. Siete. Por el contrario, no estoy especialmente impregnada de anglofilia (aunque conozco las aportaciones universales de su cultura, claro). O sea: no uso la palabra versus en su variante anglosajona (belicosa) sino en su variante latina: “movimiento de ida y vuelta realizado por los labradores cuando aran la tierra”.Pero observo que ya nadie estudia latín y, sin embargo, todo el mundo estudia inglés. Consecuencia: hay quien, ya de entrada, toma el título de mis artículos como declaración de guerra.A mí la palabra versus me parece bonita y evocadora (en su sentido latino) pero, como no tengo ningún interés en crear desencuentros con detalles evitables y sin mayor enjundia, desde ahora, titularé Feminismo y transactivismo.
  1. Algunas personas, aun estando de acuerdo con el fondo de mi artículo, alegan que el transactivismo no es, para nada, lo que yo digo y sostienen que el transactivismo está básicamente de acuerdo con los planteamientos feministas que expuse. Aclaro, pues: con ese transactivismo no tengo discrepancia (al menos de fondo). Aunque está claro que hay variantes de transactivismo que para nada comparten los criterios feministas que evoqué en mis dos artículos anteriores.Pero acepto la observación que me hacen e intentaré matizar.
  1. A mí me gusta polemizar (por lo que dije en el primer artículo sobre las virtudes de la polémica) pero no me gusta especialmente agredir ni ser agredida. Repito que mi objetivo es aclarar términos y conceptos, interpelar a personas con quienes dialogar, desbrozar caminos e ideas. Tengo mucha fe en el intercambio, aunque sé que, con determinada gente, es inútil ni intentarlo porque, para debatir, hay que tener “un fondo de armario” común.

A mí me gusta polemizar (por lo que dije en el primer artículo sobre las virtudes de la polémica) pero no me gusta especialmente agredir ni ser agredida.

 

Ahora, voy con el tema de este artículo.

Transactivismo, feminismo, teoría queer, etc. parten de una constatación común: el género es opresivo, limitador y coercitivo.

Pero, para algunas personas (muchas trans, no digo que todas) el género es opresivo, limitador y coercitivo si no es el que quieren y “sienten”. En consecuencia, según ellas, la solución consiste en cambiarse al otro. Yo no me opongo a que lo hagan, digo que eso no tiene nada que ver con el feminismo.

No tiene nada que ver porque el feminismo afirma que el género es opresivo, limitador y coercitivo, pero 1. sobre todo y con muchísima diferencia es opresivo, violento e injusto para las mujeres. 2. Para el feminismo la solución no es cambiar de género. Ni acabar con la dualidad sexual (cosa imposible, por otra parte) sino acabar con todo lo que, en el patriarcado, conlleva ser hombre o mujer.

Ciertas personas, que se reclaman de la teoría queer (aunque la teoría queer es ya un conjunto de dimes y diretes bastante variopinto en el que cabe todo y que, en ciertos casos, poco tiene que ver con lo que Butler dijo) sostienen que su objetivo también es acabar con los géneros, pero que “elles” quieren hacerlo mediante lo que en la terminología queer se formula como “multiplicación paródica” de los mismos.

Como comenté hace algún tiempo, leí a una que alardeaba de que un día se iba de fiesta vestida como una Barbie y al día siguiente se iba de fiesta, pero, esta vez, disfrazada de hombre. Añadía que así “jugaba con los roles de género para romper barreras”. Esta chica se equivoca de época. Cuando Almodóvar hizo Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón causó gran impacto. Tanto que creó “escuela”. Surgieron programas como Esta noche cruzamos el Mississippi y, después, Crónicas marcianas que se especializaron en personajes “anómalos, raritos y frikis”: Carmen de Mairena. La Pantoja de Puerto Rico, Carlos Jesús, Pocholo… Pero, ojo, Pepi, Luci, Bom… se estrenó en 1980. Cuarenta años han pasado, cuarenta… Hace lustros que Almodóvar (que es muy listo) se dio cuenta de que el filón ya estaba agotado y se pasó al melodrama.

Y ¿quién piensa que algo realmente revolucionario puede tener acogida entusiasta y masiva en la tele?

Hoy, creer que disfrazarse de Barbie o de legionario es iconoclasta es como considerar rompedor el derecho al divorcio (que sí, que habrá gente que aún quiera prohibirlo, pero socialmente es una ley totalmente aceptada, incluso por quienes la combatieron con ferocidad, porque, desde entonces, se han divorciado ya un par de veces).

Y que quede claro: yo no me opongo a que alguien multiplique paródicamente su género. Yo no me opongo a que alguien diga que no es mujer, ni hombre, ni trans, ni no-binario ni cualquier otra categoría que sega surgiendo. No me opongo a que compaginen, por ejemplo, esplendorosa barba con esplendorosas tetas de silicona.

Pero niego rotundamente que

  1. eso tenga nada que ver con el feminismo.
  2. tales conductas individuales debiliten la estructura genérica. Para el patriarcado, son pelillos a la mar, inocentes divertimentos. Vivimos en la postmodernidad, por si alguien aún no lo sabe…

Y afirmo que lo que debilita al patriarcado y hace avanzar a las mujeres en su conjunto es y ha sido la lucha feminista. Las feministas son quienes han peleado y siguen peleando por conseguir los derechos políticos y cívicos, el acceso a la educación, la igualdad legal y salarial, las leyes contra la violencia, la no sumisión de las mujeres, etc. etc.

 

No me opongo a que compaginen, por ejemplo, esplendorosa barba con esplendorosas tetas de silicona. Pero niego rotundamente qu eso tenga nada que ver con el feminismo.

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