El feminismo Frankenstein

 

Si tuviéramos que destacar alguna realidad del 2019, sería la mercantilización feminista. ¡Sí amigas!, en 2019 el feminismo se ha convertido en un producto al servicio de las grandes corporaciones. Antes que alcen sus voces de rechazo, por favor, lleguen hasta el final de estas líneas, será un viaje interesante sobre procesos sociales. No obstante, si eres neoliberal abstente de perder el tiempo leyendo esto, porque te comunico que voy a criticar el modus operandi del capitalismo patriarcal en el que vivimos.

El capitalismo es un sistema absurdo, en el que todas las partes implicadas pierden. Las asalariadas no tienen la propiedad sobre lo trabajado y eligen tener una vida de subordinación, mientras, que las capitalistas están encadenadas a un proceso de inversión sin la garantía de obtener beneficios. A pesar de esta realidad, ¿por qué se sigue confiando en este sistema a pesar de su inmoralidad? Boltanski y Chiapello respondieron a esta cuestión: El capitalismo convence a la sociedad de ser el único sistema válido, apropiándose del argumentario de sus opositores, ya que, carece de recursos propios para convencer a la ciudadanía de su valía.

Las grandes corporaciones han hecho creer a la sociedad que el feminismo es estar sentado en el sillón de casa, viendo series y películas supuestamente “feministas, comprando ropa o cualquier tipo de decoración con eslóganes como “La Revolución será feminista o no será”,

El movimiento feminista (ejemplo de opositor) es la antítesis del capitalismo, asumir que el feminismo puede ser compatible con el capitalismo es impensable; el primero aboga por la igualdad y el segundo por la desigualdad de clases, de étnicas, de géneros etc. A pesar de ello, para sobrevivir a las investidas del movimiento feminista, el capitalismo se ha apropiado de sus ideas, adaptándolas a su naturaleza, lo que ha supuesto que el feminismo se desfigure y se haya convertido en Frankenstein.

Es en este punto donde entra en escena la mercantilización feminista. Las grandes corporaciones han hecho creer a la sociedad que el feminismo es estar sentado en el sillón de casa, viendo series y películas supuestamente “feministas, comprando ropa o cualquier tipo de decoración con eslóganes como “La Revolución será feminista o no será”, “Somos las nietas de las brujas que no quemasteis en la hoguera” y compartiendo post en nuestras redes sociales sobre lo feministas que somos. ¡Por favor!, ¡ser feminista no es ponerse un eslogan o consumir una serie!, como dice Noelia Garberí, “¡ser feminista no se compra ni se lleva en una comisa!”, ¡somos feministas si luchamos contra la violencia patriarcal!

La revolución feminista se consigue con capacidad crítica y siendo personas activas. Lo primero, se basa, por ejemplo, en ser conscientes que somos machistas por naturaleza o investigando si esas empresas que usan valores feministas son coherentes en su praxis (¿tienen igualdad salarial?, ¿tienen derechos de maternidad y paternidad?, ¿promueven la conciliación laboral?, ¿prohíben la explotación laboral? etc.). Lo segundo, consiste en movilizarnos, salir a las calles y alzar nuestras voces contra todas aquellas situaciones que promueven la discriminación de las mujeres por ser mujeres. Sin embargo, el sistema capitalista ha conseguido ¡EL OBJETIVO!, desarmar la revolución feminista y convertirla en consumismo y pasividad.

Aunque, las ideas feministas se han convertido en una oportunidad para ganar dinero, hay un grupo de mujeres, cada vez mayor, que se están resistiendo a ese feminismo Frankenstein. ¡Es una empresa ardua!, ¡pero, no imposible! Como feministas,  no podemos permitir que las generaciones actuales y futuras entiendan el feminismo como un simple producto que se puede consumir, debemos resistir y luchar para que este movimiento siga siendo un motor de cambio social.

 

CATEGORÍAS
Comparte

COMENTARIOS

Wordpress (0)
Disqus ( )