El entrismo en el movimiento feminista

El entrismo en el movimiento feminista

“entrismo”. Una táctica que impide el desarrollo propio de los diversos movimientos de masas reconduciéndolos en otra dirección.

 

Desde mis tiempos universitarios, en los que cayó en mis manos la obra de Engels Del socialismo utópico al socialismo científico, he tenido la sospecha de que, justo en ese momento de su publicación, se inició un enorme error histórico que ha marcado todo el siglo XX y nos ha privado de orientaciones políticas que hoy serían muy convenientes ante la disyuntiva irresoluble entre un comunismo fracasado y un capitalismo suicida. Exactamente el despreciado “socialismo utópico” por Engels, representado en el socialismo libertario, desapareció del horizonte de las posibles soluciones o correcciones frente a un triunfante capitalismo industrial en virtud del auténtico socialismo científico, poco menos que encarnado en la persona de Karl Marx: “Faltaba el hombre genial que ahora se alza ante la humanidad con la verdad, al fin, descubierta” (Engels) Tanto el mito de la verdad como el de la ciencia, amén del culto a la persona, dieron al traste con otras posibles opciones políticas y económicas como las propuestas por Saint-Simon, Fourier, Owen, Proudhon, Bakunin o Emma Goldman entre otros. Hoy se buscan posibles vías de salida desde “lo común”, que no es el comunismo, sino que guarda un significativo parentesco con aquel utopismo del siglo XIX al que se impidió crecer.

Dicho esto, quiero añadir que aquellos seguidores de Marx siguen empeñados en el triunfo de su idea porque es “la verdad” y, por tanto, merecen ser, por derecho propio, la vanguardia de cualquier movimiento de masas. Los comunistas sin más tienen claro que el sujeto de su posible revolución es la clase obrera o clase trabajadora, que ya no se sabe muy bien quien es con toda una clase media amenazada de precarizarse en cualquier momento. Pero hay otros grupos heterodoxos dentro de la fe marxiana, que propugnan introducirse en los movimientos de masas para, desde ahí, tomar la fuerza necesaria para su revolución, la de la Cuarta Internacional o trotskista. “Fuera de las organizaciones de masas no se creará nada que pueda resistir la fuerza del tiempo”, se repiten en su soliloquio revolucionario. Y a esta estrategia es a la que se ha llamado “entrismo”. Una táctica que impide el desarrollo propio de los diversos movimientos de masas reconduciéndolos en otra dirección.

Pues bien, uno de los movimientos de masas elegidos ha sido el feminismo, sin duda alguna. Al menos en nuestro país. Y a medida que va creciendo y haciéndose fuerte, la praxis del entrismo se va aplicando con más y más afán, con más y más precisión, hasta el punto de que están desapareciendo palabras como mujer y feminismo dentro del Movimiento mismo. Muchos autores han puesto de relieve la relación entre el lenguaje y el poder – Chomsky, Foucault, Bourdieu, John Austin, etc. – y que quien domine el discurso conceptual en un movimiento se llevará el gato al agua. Pues bien, tanto el feminismo ilustrado como el radical están a punto de perder la batalla. Les cuento.

Para el próximo 8 de marzo se ha organizado por parte de la Coordinadora una serie de actividades preliminares. La convocatoria reza así: “Compañeras precarias, diversas, oprimidas, racializadas, disidentes, cuidadoras, pensionistas, estudiantes….”La verdad es que no sé en qué incluirme, yo, que llevo cuarenta años en el feminismo, porque no dice feministas por ningún lado. Pero es que, además, se introducen adjetivos que no son necesariamente propios del feminismo: “diversas” (movimiento LGTBIQ) “disidentes” (TRANS género o sexual) “racializadas” (que supone una lucha postcolonial)

¿Por qué un gay o un trans tienen que pertenecer ‘per se’ al movimiento feminista? En muchos casos son de lo más misógino.

El feminismo no es un cajón de sastre o “desastre” que incluya todas las luchas y sufrimientos humanos con intereses muchas veces encontrados. ¿Por qué un gay o un trans tienen que pertenecer ‘per se’ al movimiento feminista? En muchos casos son de lo más misógino. ¿O por qué las mujeres inmigrantes, a quienes se está instigando contra las europeas blancas y colonialistas (también ‘per se’) se incluyen en el feminismo con un afán de enfrentar a las mujeres mismas? La intención del “entrismo” consiste en desvirtuar el movimiento feminista con otros movimientos reales o inventados para hacerse con una vanguardia que desplace la auténtica.

”La verdad es que no sé en qué incluirme, yo, que llevo cuarenta años en el feminismo, porque no dice feministas por ningún lado. Pero es que, además, se introducen adjetivos que no son necesariamente propios del feminismo:

Continúo con la convocatoria: “El objetivo de esta acción es señalar y denunciar las violencias que sufrimos como cuerpos feminizados, visibilizar las distintas propuestas que el movimiento feminista hacemos para combatir el cisheteropatriarcado y aunar fuerzas con nuestras amigas, vecinas y aliadas para avanzar hacia un 8 de marzo combativo y disidente”. Ojo al parche. ¿Qué demonios son los cuerpos feminizados? Por lo visto es lo que sustituye a “mujeres”, a las cuales se nos pretende arrumbar en el Movimiento, empujadas por toda una serie de sujetos advenedizos y sobrevenidos a quienes les importa un bledo el feminismo y que incluye a los gays con aspecto femenino o feminoide. Y más: ahora resulta que lo que hay que combatir no es el patriarcado en todas sus ramificaciones y dominios, sino el “cisheteropatriarcado” (término muy adecuado para las vecinas convocadas). Todo en esta convocatoria requiere traducción y hasta hermenéutica. Resulta que lo “cis”, que significa más acá, en oposición a trans, fue utilizado por el sexólogo Volkmar Sigush para identificar la identidad de género con el fenotipo sexual, es decir, para definir a hombres y mujeres que identifican su sexo con su género. Pues bien, ahora resulta que el sistema patriarcal se reduce a las normas heterosexuales y a la coincidencia “burguesa” del género con el sexo, a fin de que la batalla contra este sistema quede en manos de los gays y de los trans. Se trata de desactivar a las mujeres feministas en esta lucha que nos es propia y que el “entrismo” quiere reconducir hacia su propia revolución.

Las feministas, entre nosotras, hemos seguido la máxima de hacer valer lo que nos une más que lo que nos separa con vistas a la acción conjunta, pero ha llegado el momento de parar los pies al entrismo y a sus palabros de camuflaje. No olvidemos que cierto lenguaje puede llegar a ser performativo, es decir, que produce lo que enuncia, y el enemigo se esconde detrás del simulacro. Sin duda que la Coordinadora del 8 de marzo es la que va marcando la agenda feminista como antes la Coordinadora Estatal y luego la Asamblea desde los años setenta. Esa Coordinadora decide además que el tema de la abolición de la prostitución no entra en el debate feminista porque eso divide. Ya ¿Y no divide toda esa panoplia de cis y trans, de racializadas y caucásicas, de cuerpos feminizados y mujeres, de disidentes e integradas? Nunca las feministas nos hemos dividido por la raza, por la clase o por la orientación sexual, pero ahora han aprovechado para pescar en aguas revueltas y hacerse con la batuta de mando aprovechando el aluvión.

Las cosas se están precipitando, por eso si vis pacem, para bellum. Si queremos recuperar el movimiento feminista pacíficamente, que nos está siendo arrebatado, y con él sus conceptos propios, tendremos que prepararnos para la guerra de la crítica fundamentada, de la contestación y, sobre todo, para la lucha por la recuperación de las palabras que constituyen nuestro acervo y la riqueza que da sentido a nuestras genealogías. El entrismo de otros movimientos nos ha llevado muy lejos, pero es que somos tan buenas, tan comprensivas, tan madres con otros sujetos de opresión, que olvidamos todo el sufrimiento que nos ha costado llegar hasta aquí. No deberíamos traicionar nuestra propia memoria histórica.

 

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