#Familias que cuentan: mujeres-madres sin pareja

#Familias que cuentan: mujeres-madres sin pareja

 

Pese a quien le pese, las mujeres llevamos un largo recorrido de luchas feministas y el empoderamiento ha sido fundamental para que podamos decidir sobre nuestras maternidades. Ser madres sin pareja no es nada nuevo, pero ahora elegimos si queremos serlo o no desde que se aprobara la Ley del Aborto.

Ahora la familia monomarental es un poco más visible que antes, y esto se debe por varias cuestiones que tienen que ver con los cambios producidos en nuestro país tanto a nivel cultural como social, donde las mujeres hemos jugado un papel fundamental para esas transformaciones.

Ser madre soltera en una época era visto como un «atentado» contra el propio Estado. La dictadura franquista propugnaba la familia patriarcal como institución única y posible. Era donde se trasmitía los valores del movimiento y, por ello, condenó a las madres solteras al estigma, aunque esas mujeres hubiesen sido violentadas sexualmente. Evidentemente lo eran para aquellas que contaban con menos recursos. A ellas se las abocaba al abandono y no tenían reconocimiento como familia. En otros casos sus hijos/as eran dados a “las familias” del Régimen.

El divorcio no se aprobó hasta 1981, por tanto era poco probable que la mayoría de las mujeres tuvieran la libertad de decidir sobre sus vidas anteriormente, teniendo en cuenta cómo se contruyó el ideario de la división sexual durante el franquismo. También el aumento de las posibilidades de decidir ser madres en solitario se debe a los avances de la ciencia: las mujeres podemos tener hijos/as sin la necesidad de contar con una segunda persona.

Pero todo ello también, y como pieza fundamental, se ha podido dar por la la incorporación en el mercado laboral de las mujeres, al tener mayor independencia económica de la que contaron nuestras madres y abuelas. Aunque la precariedad actual del mismo y las nulas políticas públicas enfocadas a nuestro modelo familiar hace que nuestras familias sean las que sufran mayores tasas de riesgo de pobreza frente a otros modelos, según diversas estadísticas españolas y europeas. No obstante, aun así, hemos tomado las riendas de nuestras vidas y luchamos juntas contracorriente de un modelo familiar tradicional, biparental y heteronormativo que se perpetúa y se promueve desde diversos espacios, entre ellos desde la configuración de las políticas públicas. Sin embargo, las familias formadas por una mujer-madre como cabeza de familia venimos para quedarnos. Le pese a quien le pese. Sobre todo a aquellos/as que han entrado con gran representación en los últimos comicios.

Es de esperar que los/as que abogan por la defensa de una institución patriarcal como la familia, les duele que las mujeres somos y hemos sido capaces siempre de cuidar a nuestros/as hijos/as en solitario, aun con muros en frente casi indestructibles, entre ellos el Estado que reproduce el modelo de familia tradicional. Parece ser que quieren seguir abandonando a las madres y a sus hijos/as porque no cumplen con sus estándares de familia “normal” y “natural”, y pretenden invisibilizarnos y recluirnos como lo hicieron con nuestras antepasadas, dejando a las familias monomarentales en el lugar de la indiferencia y estigmatizando a nuestros/as hijos/as por el hecho de haber decidido que en nuestra familia no hay un hombre representando la figura paterna.

Elisabet Ruano Crespo

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