Castigo ejemplar para las abolicionistas del género

Castigo ejemplar para las abolicionistas del género

 

Escribía Julie Bindel hace un par de meses en sus redes sociales un texto bastante duro, en el que explicaba que no quería recibir mensajes en los que le explican por qué la persona que le manda el mensaje “no puede” enfrentarse a la ideología extrema del transgenerismo y la misoginia, pero agradeciéndole a la propia Julie que ella sí lo haga. Seguía explicando que ella no es un saco de boxeo o una mártir. Afirmaba, además, que esa postura es cobarde y una desgracia para el movimiento de las mujeres. Para terminar, escribía en este post, que prefería que no se comunicasen con ella estas personas, hasta que decidiesen que ya pueden hablar en contra la mayor amenaza para el movimiento de la liberación de las mujeres que hemos encontrado.

Cuando leí esto, tuve sentimientos encontrados. Por un lado, el género que me impregna (educada para anteponer al resto, por nacer mujer), hizo que me pareciese demasiado dura, pobrecitos, ¿no?

Pero parte de mí entendía la importancia de lo que estaba explicando Julie Bindel. En mi cabeza queda resaltada la frase en la que explica que no es un saco de boxeo ni una mártir. ¿Qué implica el hecho de que no nos atrevamos a defender una postura, pero esperar que otras personas lo hagan? ¿No las empuja inexorablemente contra toda crítica y amenaza, justo por el hecho de dejarlas solas? ¿No es mayor la carga y el castigo que reciben?

La ideología transactivista, como lobby del patriarcado y del capitalismo que es, está ganando mucha fuerza, asentándose en la sociedad, buscando la destrucción del feminismo desde dentro, a través de la banalización y modificación del significado del concepto “género” y sus implicaciones. Gracias a la teoría queer, el género deja de entenderse como la herramienta educativa que sustenta y mantiene el patriarcado, para ser una realidad individual, performativa y modificable. El transactivismo y sus leyes de autodeterminación borran la categoría “mujer”, deshaciendo el sujeto político del feminismo, y con esto, al propio feminismo.

Es el nuevo tipo de patriarcado: el patriarcado troyano. Y esto es porque lo hace en nombre del progresismo, la inclusión y la empatía, siguiendo la estrategia del caballo de troya. Y eso provoca que detectar la misoginia que trasciende de esta ideología y señalarla, conlleva la repulsa inmediata de toda la sociedad bajo la acusación de transfobia.

en Reino Unido, han aprovechado para ha eliminado la clasificación por sexo en los culpables de delitos por violación.

Ahora, como está denunciando en sus redes Elena de la Vara, en Reino Unido, han aprovechado para ha eliminado la clasificación por sexo en los culpables de delitos por violación. Es decir, ha eliminado la referencia a que los violadores son hombres. A su vez lo han sustituido por unos «pronombres inclusivos y respetuosos con las identidades de género».

En este mismo país, nuestras compañeras, no anuncian los congresos y charlas radfem hasta el día anterior para evitar ataques, agresiones y expulsiones de los espacios.

Estas últimas semanas en España, es Lidia Falcón y el Partido Feminista, quienes están sufriendo ataques, amenazas, insultos y críticas por haberse posicionado a favor de las mujeres. El primer partido que se posiciona por las mujeres. Sin embargo, se ha llegado al punto en el que se están recogiendo firmas para expulsar al Partido Feminista de Izquierda Unida. Cuando Ana de Blas ha denunciado en sus redes que ocurra esto, la respuesta que ha recibido ha sido una amenaza a ella y para todas las que pensemos igual.

Esta semana pasada se han quemado libros de Harry Potter debido a un tweet de apoyo de J. K. Rowling a Maya Forstater, que ha sido despedida de su trabajo (era experta en impuestos en el Centro para el Desarrollo Global) por ser abolicionista de género. Ahora, portadas de todos los periódicos a nivel mundial describen el tweet de J. K. Rowling como “transfobo” o que “atenta contra el colectivo LGTB”. Sin embargo, bajo mi punto de vista, es un mensaje extremadamente educado:

La propia Julie Bindel, a quien mencionaba al principio del artículo, ha sido agredida por defender la abolición del género. Twitter está lleno de mensajes explicando el placer sexual que experimentan determinados transactivistas al imaginarse torturando a una “terf”, sin embargo, las expulsadas de Twitter son las feministas.

Denunciaron por incitación al odio a las ponentes de las Rosario de Acuña de julio 2019. Hace un par de meses todas firmamos un comunicado en apoyo a Laura Lecuona por el acoso que recibe. Con la enfermedad y la posterior muerte de la joven activista crítica del género Magdalen Berns, nos llegaron de forma constante mensajes de transactivistas misóginos alegrándose y celebrándolo.

En Canadá las feministas radicales no pueden hablar abiertamente y tienen que esconderse para poder hacer activismo. En la ponencia que dio Megan Murphy que organizaron recientemente, arriesgándose de forma desmesurada, recibieron un escrache, insultos y acoso, hasta el punto de que las mujeres que asistieron a la ponencia tuvieron que ser escoltadas por la policía.

El año pasado se hizo viral un vídeo de un transfemenino agrediendo a una feminista radical en Argentina mientras esta intentaba hablar en una asamblea feminista. Muchas veces tuve que leer que era normal que le pegasen si pensaba así. Nuestras compañeras radfems de diferentes países de América Central y del Sur, describen la expulsión de los espacios que están sufriendo como una cacería de brujas.

Uno de los últimos comentarios que me han dejado en mi canal de YouTube dice “tragedia el desperdicio de balas”. Es el tercer canal de YouTube sobre feminismo que abro, ya que me los cierran por “incitación al odio” por analizar la propuesta de ley trans y denunciar el borrado de las mujeres que supondrá. Entre los mensajes del último ataque masivo que he tenido en Instagram destaco uno en el que me decían “¿Tratas en masculino a una mujer trans? Eso es violencia. Eres una puta. Y una terf de mierda. Cómo te encuentre te parto la boca contra un bordillo, puta terf”.

La censura persigue a todas las que nos posicionamos en este tema tan importante para la lucha feminista. La última vez que me han censurado una charla, que iba sobre el tratamiento histórico de las mujeres en la ciencia y medicina, tuve ocasión de escuchar la amenaza que recibían quienes organizaban la ponencia, en la que explicaban “hoy en día ya no se pueden permitir tibiezas como que la charla no vaya sobre eso, no se puede permitir que una persona así dé charlas sobre nada”.

Este artículo no está escrito con ánimo de queja o desahogo. Las que recibimos este tipo de mensajes a diario, acabamos creando tolerancia y deja de afectarnos. Este artículo pretende visibilizar el problema existente y animar a todas las mujeres a posicionarse. Mientras seamos pocas las mujeres que nos atrevemos a dar la cara y hablar claro, el castigo que recibiremos será ejemplar para asegurar que el resto no se posiciona. Mientras seamos pocas, seguiremos siendo sacos de boxeo y mártires, como refería Julie Bindel.

Lo que nos estamos jugando es demasiado importante como para no luchar. Nos tienen declarada la guerra a las mujeres. El patriarcado nos mata, mutila, viola, agrede, violenta y humilla a diario. Y ahora, gracias a este patriarcado troyano que implica el transactivismo, nos borra a las mujeres y destruye el feminismo, con el beneplácito de todo el mundo. Si no luchamos nosotras por las mujeres, ¿quién lo hará?

 

 

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COMENTARIOS

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    Eva Paz 5 meses

    El Patido Feminista con sus pretensiones de volver a igualar genero y sexuacion, despues de tantos años de activismo tratando de lograr que se diferenciase, se ha ganado lo que esta pasando. Acaso no saben que con esas ideas volvemos a la sociedad «de antes»? Y precisamente en Izquierda Unida estan escamados de la sociedad «de antes». Fuera ideologas de Hitler. Y no les perdonan la incompetencia? No. Mire usted. No, Esta usted en un partido politico, jugando con el futuro de la gente, no en la cocina. Las primeras en llegar al poder no necesariamente son las mas cualificadas.

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    Irene 5 meses

    Julie Bindel tiene toda la razón. Acaso su tranquilidad y seguridad vale menos que la de otras mujeres? Por supuesto que no, y no hay otra opción que dar la cara, porque el precio del silencio sera altísimo y afectara a todas.

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