Kajsa Ekis Ekman: “Los defensores de la prostitución no escuchan a las supervivientes”

Kajsa Ekis Ekman: “Los defensores de la prostitución no escuchan a las supervivientes”

Kajsa Ekis Ekman, este octubre en Madrid.

Cuando Kajsa Ekis Ekman tenía 19 años, su país llegó a considerar que la prostitución es violencia machista y que además hace inalcanzable la igualdad entre los sexos, mientras los hombres consideren que pueden prostituir a mujeres y niñas. La estrategia sueca aprobada en 1999 no resultó demasiado compleja, pero sí muy novedosa: multar la compra de servicios sexuales, mantener despenalizada la venta, proveer amplios fondos sociales dirigidos a las mujeres que deseen dejar la prostitución y destinar recursos adicionales para educar a la sociedad. 

El modelo funciona y en 2019 ya no es un experimento aislado: Islandia, Canadá, Noruega, Irlanda o Francia tienen legislaciones abolicionistas. “Esta ley salva vidas”, dice Kajsa Ekis Ekman. Hoy, la periodista y escritora se ha convertido en una de las voces más conocidas contra la explotación del cuerpo de las mujeres. Recientemente en Madrid, invitada por el observatorio Feminicidio.net, la autora de “El ser y la mercancía” (Bellaterra, 2017), con un perfecto español latino narra al público esta vieja historia: 

“Yo soy sueca pero he vivido en América y en Barcelona. Allí justamente empezó el viaje que he hecho contra la prostitución. En Barcelona conviví con una mujer de origen ruso que se prostituía en la carretera. Cuando supe que había muerto, a los treinta y pocos años, y que la habían enterrado en una fosa común, decidí dedicarme a esta lucha histórica en contra del sistema de dominación más cruel de nuestro tiempo”.

Antes de hablar de leyes, Ekman se pregunta, ¿qué es la prostitución? “Es sexo entre dos personas, una que quiere y otra que no quiere. Y ese no es la base de toda prostitución”, afirma. Así avanza una conferencia en la que describe la historia de una doble opresión, entre patriarcado y capitalismo, en la que denuncia desde la derecha neoliberal, a la izquierda posmoderna o los falsos “sindicatos de trabajadoras del sexo” de toda Europa. Al día siguiente, antes de su vuelta a casa, le propongo un pequeño reto: rebatir en corto, como una ráfaga, los muchos subterfugios mentales que escuchamos día tras día para esconder la cruda realidad.

– Kajsa, vamos a hacer este diálogo como una ficción, ¿vale? Imagina que yo soy ahora un personaje un poco siniestro, un hombre, un putero progre… y tú me das una réplica rápida a todos los lugares comunes y excusas que te voy dar.

– De acuerdo.

– Empezamos. “A las feministas no os gusta el sexo. Y el sexo es placer, es sanísimo”.

– Bueno, si no nos gusta el sexo con usted, a lo mejor es que no lo hace muy bien, ¿no?

– “Tenéis envidia de las mujeres que pueden vivir de su cuerpo, porque lo que os pasa a las feministas es que sois feas, yo no os tocaría ni con un palo”.

– Pues no nos toques, muy bien. Yo creo que la mayoría de las mujeres son más guapas que la mayoría de los hombres. 

– “Kajsa, tú eres muy guapa, podrías ganar mucho dinero con eso, no seas tonta… las mujeres hermosas pueden comprarse caprichos, cosas. ¿Por qué no lo van a a hacer?”

– Yo gano más dinero con lo que hago y estoy muy contenta.

– “Estáis mintiendo. Hay chicas que están ganando mucho dinero fácil, y esas mujeres existen”.

– ¿Tú las conoces?

– “Sí”.

– ¿Y cómo las conoces?¿Eres tú quien les da el dinero? Son los proxenetas quienes se lo llevan, no las mujeres.

– “Lo que pasa es que os dominan todos vuestros prejuicios religiosos, tenéis una idea sagrada de la vagina o algo así”.

– La vagina es sagrada.

– “Mirad, feministas: ¡dejad a las mujeres en paz! Sois sobreprotectoras”.

– Yo les diría a los hombres que dejasen a las mujeres en paz.

– “Pero ¡dejadme en paz a mí! Si ella se lleva lo suyo y yo me llevo lo mío…”

– ¿Y qué es lo tuyo?

– “Yo me llevo el sexo, y ella se lleva el dinero”.

– ¿Te llevas el sexo? ¿Cómo te llevas el sexo?

– “Las abolicionistas les estáis quitando el pan de la boca a las más necesitadas”.

– Les estamos quitando la verga de la boca, que es otra cosa.

– “¿Sabes qué? Hay trabajos asquerosos por ahí y no os metéis con ellos?. Es mucho peor fregar váteres de una discoteca por una miseria que vivir de la prostitución”.

– Pues vive tú en la prostitución. Haz que los hombres te den por culo, a ver si entiendes la diferencia.

– “Yo soy un tío de izquierdas, ¿sabes? Es verdad que la explotación capitalista es muy mala, así que lo hay que cambiar son las condiciones. Si mejoramos las condiciones de la prostitución, dejaría de ser explotación”.

– Entonces, ¿por qué tendrían que estar las mujeres ahí y los hombres como compradores? ¿Podríamos también “cambiar esas condiciones” y hacer que los hombres se prostituyan y las mujeres compren?

– “¡La solución son las cooperativas de putas! Así nadie las explotaría, ¿no?”

– Igual el comprador sí las explota.

– “Les negáis sus derechos laborales, para tener una pensión, seguro de desempleo…”

– Según usted, el derecho de las mujeres es chupar verga.

– “Yo creo que legalizar la prostitución quita el estigma que pesa sobre ella”.

– Eso no es verdad. Porque el estigma viene de parte de los hombres. Ellos van de putas, pero luego no presentarían a una chica a sus padres, diciendo “me voy a casar con ella”, “¿y a qué te dedicas?”, “a la prostitución”. Ahí está el estigma. Yo diría que después de veinte años con la ley sueca, hay menos estigma porque las supervivientes hablan más abiertamente que antes, con su cara y nombre. Hay como quince supervivientes en Suecia que hablan públicamente, con menos de mil personas en prostitución; mientras que en Alemania, con casi un millón de mujeres en prostitución, hay solo dos supervivientes públicas: eso te dice algo del estigma.

– “Sois unas hipócritas. Siempre va a haber prostitución”.

– Siempre la va a haber si los hombres compran. Pero si dejan de hacerlo, no: es la opción del hombre, comprar o no comprar. Es un pretexto, si eres tú quien elige. Antes decían, “siempre va a haber esclavitud”.

– “Mira. Los hombres queremos sexo, y lo vamos a buscar, sí o sí”.

– Bueno, que busques sexo está muy bien, pero con alguien que quiera tener sexo contigo, ¿verdad? Y si no hay nadie, pues ponte las pilas y piensa por qué no.

– “Kajsa, ¡apiádate de mí! Soy feo, antipático, nadie me va a querer si no es pagando”.

– ¡Yo qué sé! Ponte otra ropa, ve al gimnasio, haz algo. ¿No decías antes que las feministas eran feas? Además creo que no es por feo, sino por machista, por lo que no te quieren.

– “Pero Kajsa, es que soy un hombre con discapacidad y necesito una asistenta sexual”.

– Yo creo que una persona que realmente tuviera una discapacidad no diría eso. Una persona con discapacidad que busca una pareja, está buscando sentirse querido de verdad, no a una chica drogada, traficada y miserable que solo quiere llevarse su dinero e irse lo más pronto posible.

– “Sois unas blancas burguesas”.

– ¡Con mucho orgullo!

– “Por eso, las mujeres “racializadas”, migrantes, no os preocupan”.

– Eso lo contrario, ¿quién está en la prostitución? Son mujeres migrantes en su mayoría.

– “Si esas mujeres migrantes tuvieran papeles podrían encontrar otros trabajos. El problema no es la prostitución, son las leyes de inmigración”.

– Pues cambia esas leyes, entonces. Pero lo que haces cuando compras sexo es explotar la vulnerabilidad de otra persona. Si realmente te preocupa su situación, su hambre, le pones un pan en la boca, no tu verga.

– “Prostitución y matrimonio en el fondo son lo mismo, solo que en el segundo, con un solo cliente: hay mucha gente que se casa por interés, ¿por qué no pedís la abolición del matrimonio?”

– El matrimonio ya no es así. Está hablando de una época feudal. La mayoría de la gente se elige mutuamente.

– “Sois la censura y no dejáis hablar a las putas. No las escucháis a ellas”.

– Yo creo que es lo contrario, son los defensores de la prostitución quienes no escuchan a las supervivientes.

– “Sois tan excluyentes que no atendéis a las transexuales, que son las más vulnerables de todas. ¡Sois blancas cis!”

– Yo no soy la madre de nadie. Si quieren crear sus propios grupos, que lo hagan, ¿por qué me están esperando? Las feministas no son la madre de todos y todas, no debemos nada a nadie.

– “La abolición sería un desastre como lo fue la Ley Seca en Estados Unidos. Traería más delincuencia, más problemas”.

– Es mejor comparar con los países que ya han introducido la abolición, como Suecia, Francia o Irlanda. No ha pasado nada de eso. Nadie extraña la prostitución, porque no estamos quitando el sexo, sino el sexo forzado. Que el sexo sea libre está muy bien.

– “Hay que legalizar la prostitución como hay que legalizar las drogas, como el cannabis. Porque somos gente tolerante”.

– Ajá. Lo ves así, como una droga. Vale, pues vamos a legalizarlo todo, ¿no? El asesinato, el abuso. Si yo te pego ahora, no te molesta, ¿verdad? Porque tú eres tolerante.

– “La trata es un delito, pero la prostitución no tiene por qué ser mala”.

– ¿Y por qué no?

– “Lo que queréis con todo esto es gastaros el dinero de las ayudas a las mujeres en vuestros chiringuitos feministas” –ahora soy un poco más de derechas–.

– ¿Y cuáles son nuestros chiringuitos? Lo que vemos es que los capitalistas se están gastando el dinero de todo el país, no somos las feministas.

– “Hay ONGs muy importantes que están a favor de la legalización, como Amnistía Internacional, de eso no decís nada”.

– Pero a ver, ¿quién está detrás de esa decisión? La jefa del lobby que informó a Amnistía Internacional para tomar justamente esa posición, ahora está en la cárcel: veinte años por trata de personas.

“¿Ya está? Lo has hecho muy bien, pareces uno de estos tipos”. Una amplia sonrisa se dibuja en la cara de Ekman cuando corto la grabación y le doy mi regalo de despedida, una chapa que dice: “El feminismo es abolicionista”.

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