Expresiones del femicidio en América Latina

Expresiones del femicidio en América Latina

 

Según el Modelo de Protocolo Latinoamericano de Investigación de las Muertes Violentas de Mujeres por Razones de Género, publicado en el año 2014 por la Organización de Naciones Unidas (ONU), el femicidio se entiende como la muerte violenta de mujeres por razones de género, ya sea que tenga lugar dentro de la familia, unidad doméstica o en cualquier otra relación interpersonal, en la comunidad, por parte de cualquier persona, o que sea perpetrada o tolerada por el Estado y sus agentes, por acción u omisión; violencia resultante de la posición de subordinación, marginalidad y riesgo en el cual se encuentran las mujeres en la sociedad.

Es decir, el femicidio es la forma extrema de violencia contra la mujer, la cual se caracteriza y diferencia del homicidio por sus motivaciones sexistas y misóginas, así como, por su comisión en el contexto de desigualdades por razones de género y relaciones de poder, dominación y dependencia.

En América Latina este tipo de crímenes alcanzan altos índices de ocurrencia, se manifiestan de forma sistemática, repetida y, se caracterizan por su particular crueldad y sexualización. Así lo ponen en evidencia las estadísticas oficiales de 16 países de la región, específicamente Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay y Venezuela, en los cuales entre los años 2005 a 2018 se contabilizan un total de 13847 femicidios.

Estas cifras pueden ser más elevadas debido a que la mayoría de los países comenzaron a registrar estos delitos a partir del año 2014, muchos de ellos invisibilizan las motivaciones sexistas y misóginas de estos crímenes (siendo procesados como homicidios comunes), en algunos países no se contabilizan de forma regular, confiable y transparente estos delitos; o simplemente no se publican las cifras para evitar los señalamiento por su inoperancia ante la grave situación.

las estadísticas oficiales de 16 países de la región contabilizan,  entre los años 2005 a 2018,  un total de 13.847 femicidios.

Respecto a las características de estos crímenes, si bien cualquier edad es una condición de riesgo, incluso para las niñas y las adultas mayores, la comisión de este tipo de delitos es predominante en las mujeres en edad reproductiva. La mayoría de los agresores son hombres con los que la víctima tuvo algún tipo de relación sexo-afectiva (pareja o ex pareja), los crímenes por lo general son cometidos en la vivienda que la víctima compartía con su agresor o donde ella residía; y algunas de ellas ya había denunciado a su victimario, sin embargo, no fueron protegidas por el Estado.

En los femicidios la violencia excesiva suele ser la norma, para perpetrarlos no hay un arma o modalidad predominante, los agresores hacen uso de armas de fuego, armas blancas, asfixia, estrangulamiento, golpes, pero también recurren al fuego u otros medios de combustión. Aunado a ello, las mujeres también son victimizadas en el contexto de la violencia sexual y las redes de trata, específicamente durante las fases de secuestro, traslado y explotación.

muchos de ellos invisibilizan las motivaciones sexistas y misóginas de estos crímenes (siendo procesados como homicidios comunes),

Las cifras también muestran que el femicidio aumenta significativamente cada año en la mayoría de los países, entre los cuales México ocupa el primer lugar en esta carrera de la muerte, seguido por Guatemala, El Salvador, Argentina y Perú. No obstante, pese a los altos índices de ocurrencia de estos delitos y las demandas de movimientos feministas, investigadoras, activistas, familiares y personas cercanas a las víctimas, esta problemática ha sido continuamente invisibilizada y desatendida.

Ante esta situación predomina la inoperancia de los Estados latinoamericanos, no existen políticas públicas de prevención, los gobiernos se han conformado con la aprobación de penas ejemplificadoras en la normativa jurídica (las cuales en pocos casos son aplicadas porque predomina la impunidad); y la situación de desprotección de las mujeres se profundiza cuando los crímenes contra ellas cometidos son justificados y naturalizados por la población en general, los medios de comunicación y por el sistema penal.

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    Osvaldo Buscaya 3 semanas

    “Según el Modelo de Protocolo Latinoamericano de Investigación de las Muertes Violentas de Mujeres por Razones de Género, publicado en el año 2014 por la Organización de Naciones Unidas (ONU), el femicidio se entiende como la muerte violenta de mujeres por razones de género, ya sea que tenga lugar dentro de la familia, unidad doméstica o en cualquier otra relación interpersonal, en la comunidad, por parte de cualquier persona, o que sea perpetrada o tolerada por el Estado y sus agentes, por acción u omisión; violencia resultante de la posición de subordinación, marginalidad y riesgo en el cual se encuentran las mujeres en la sociedad”, pues el estado actual con la globalización, es posterior al delirio del transexual ecuménico perverso patriarcado. Existió un total delirio milenario en la imposición cultural y educativa de lo real, de lo racional, de la crítica, de la anticrítica, del sometimiento y de la crisis de la peligrosa e irreversible ambigüedad sexual del varón. Han recorrido todos los caminos signos y mensajes sin restricción alguna reencontrándonos colectivamente frente a la crucial pregunta ¿Qué hacer después del delirio del transexual ecuménico perverso patriarcado?
    “En América Latina este tipo de crímenes alcanzan altos índices de ocurrencia, se manifiestan de forma sistemática, repetida y, se caracterizan por su particular crueldad y sexualización. Así lo ponen en evidencia las estadísticas oficiales de 16 países de la región, específicamente Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay y Venezuela, en los cuales entre los años 2005 a 2018 se contabilizan un total de 13847 femicidios”. La angustia sobrecoge a la mujer en un panorama muy triste, al reflexionar sobre los resultados de la pedantería del transexual ecuménico perverso patriarcado, pero el espectáculo más lamentable se le ofrece al fijar realmente en la historia de la miserable forma cultural, que la humanidad ha adoptado, como consecuencia del sometimiento femenino y en la de sus descendientes, del derecho negado a la igualdad.
    “Estas cifras pueden ser más elevadas debido a que la mayoría de los países comenzaron a registrar estos delitos a partir del año 2014, muchos de ellos invisibilizan las motivaciones sexistas y misóginas de estos crímenes (siendo procesados como homicidios comunes), en algunos países no se contabilizan de forma regular, confiable y transparente estos delitos; o simplemente no se publican las cifras para evitar los señalamientos por su inoperancia ante la grave situación”. El ideal de perfección que, el transexual ecuménico perverso patriarcado realiza como superior a lo femenino ha sido distinto en las diferentes épocas, además de ser, en todo tiempo genocida. La forma metodológica a saber; por la aniquilación de toda la libertad de la razón y de la voluntad femenina.
    Respecto a las características de estos crímenes, si bien cualquier edad es una condición de riesgo, incluso para las niñas y las adultas mayores, la comisión de este tipo de delitos es predominante en las mujeres en edad reproductiva. La mayoría de los agresores son hombres con los que la víctima tuvo algún tipo de relación sexo-afectiva (pareja o ex pareja), los crímenes por lo general son cometidos en la vivienda que la víctima compartía con su agresor o donde ella residía; y algunas de ellas ya había denunciado a su victimario, sin embargo, no fueron protegidas por el Estado. Lo podemos juzgar viendo los héroes, en los cuales el transexual ecuménico perverso patriarcado ha encontrado realizado su ideal, pues sí reconocemos en un solo concepto lo que los machos realmente éticos y morales, pueden tener en común con los paranoicos psicopatológicos y los canallas, obtenemos aquella imposición de la voluntad, que el transexual ecuménico perverso patriarcado exige de sus ideales.
    “En los femicidios la violencia excesiva suele ser la norma, para perpetrarlos no hay un arma o modalidad predominante, los agresores hacen uso de armas de fuego, armas blancas, asfixia, estrangulamiento, golpes, pero también recurren al fuego u otros medios de combustión. Aunado a ello, las mujeres también son victimizadas en el contexto de la violencia sexual y las redes de trata, específicamente durante las fases de secuestro, traslado y explotación. Muchos de ellos invisibilizan las motivaciones sexistas y misóginas de estos crímenes (siendo procesados como homicidios comunes)”. La fantasía del transexual ecuménico perverso patriarcado no se escandaliza con su “mitología”. Los machos deliberan, se hacen la guerra abandonándose a su homosexualidad sádica, que satisfacen sobre la mujer “piadosamente” lograda en la jauría del combate y la ocupación. En la “evolución” del transexual ecuménico perverso patriarcado, sus bárbaras costumbres como sus sacrificios humanos, etc. se plasma la fe general del varón, basada en la milenaria tradición machista; las crueldades de la inquisición, hoguera sobre las “brujas”, la intolerancia de toda forma y tipo sobre lo femenino, no es cosa de la fantasía; es la tradición santificada por su antigüedad, pretensiosamente basada en “derechos” y legitimidad genocida demostrada racionalmente con argumentos viejos, que persisten eternamente como nuevos.
    Ante esta situación predomina la inoperancia de los Estados latinoamericanos, no existen políticas públicas de prevención, los gobiernos se han conformado con la aprobación de penas ejemplificadoras en la normativa jurídica (las cuales en pocos casos son aplicadas porque predomina la impunidad); y la situación de desprotección de las mujeres se profundiza cuando los crímenes contra ellas cometidos son justificados y naturalizados por la población en general, los medios de comunicación y por el sistema penal.. No podemos sentirnos orgullosos frente al transexual ecuménico perverso patriarcado, que venera el sometimiento de la mujer como irracional artículo de fe, valiéndose de su razón y su derecho. Todos los argumentos “ad hominem” (del latín; contra el hombre) del transexual ecuménico perverso patriarcado, mesiánicamente pretende apoyarse en una razonable fe “proselitista” sometiendo lo femenino, almacenando la alegría de ver “arder” a la mujer como en las hogueras de la ecuménica inquisición, ubicando al feminismo, hoy, en la creencia de pretender destruir el mundo. Discurso de un gran interés de palabras místicas, a las sofisterías y a las fórmulas vacías, que impone el transexual ecuménico perverso patriarcado. Solo en los últimos tiempos en que las mujeres “reciben” algunos derechos, por lo menos algunos derechos del macho, ha comenzado una nueva manifestación humana gracias al feminismo descartando la obediencia pasiva y regirse independientemente en esta senda de derrotar absolutamente el poder del transexual ecuménico perverso patriarcado.
    Mi Femeninologia Ciencia de lo femenino es la serie de configuraciones que con mi conciencia voy recorriendo constituyendo, más bien, la historia que desarrollo en la formación de mi conceptualización. Es decir, una suerte de escepticismo consumado, que en realidad sería, el propósito de no rendirme, a la autoridad de los pensamientos de otro, sino de examinarlo todo por mí mismo ajustándome a mi propia convicción; o mejor aún, producirlo todo por mí mismo y considerar como verdadero tan solo lo que yo hago.
    Hoy, como ese infante entre los 4 a 5 años adaptando mi pensar en la realidad, interpretando mi actividad onírica.
    El sentido y la verdad del feminismo (la mujer) es absolutamente la derrota del varón; perverso irresoluble y ambiguo sexual.
    Buenos Aires
    Argentina
    14 de noviembre de 2019
    Osvaldo V. Buscaya (Bya)
    (Psicoanalítico)

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