Distorsión en la monitorización de delitos y violencia desagregados por sexos

Distorsión en la monitorización de delitos y violencia desagregados por sexos

 

Probablemente basada en la mejor de las intenciones, con el fin de dar un tratamiento respetuoso a un colectivo vulnerable, en los últimos años se está produciendo una tendencia en países de habla inglesa (como Estados Unidos, Gran Bretaña, etc.), tanto a nivel oficial como informativo que, aunque probablemente no hayan sido anticipadas inicialmente, está teniendo unas consecuencias inesperadas para el indicador “mujeres” como catagoria analitca/estadistica.

Voy a poner unos ejemplos para comentarlos a continuación:

En relación al tratamiento informativo, un primer y clarísimo ejemplo es el siguiente titular publicado en el medio británico The Star (), en relación a un terrible caso de pornografía infantil:

Sheffield woman found with over 1,000 indecent images of children hauled before the court [] “Mujer de Sheffield, a la que le encontraron más de 1000 fotografías de pornografía infantil, es llevada ante los tribunales”.

Otro ejemplo, esta vez en la Costa Este de los Estados Unidos:

US Attorney: Lawrence woman, 19, produced videos of herself sexually abusing young children” [] “Fiscalía: Una mujer de Lawrence, de 19 años, produjo videos de sí misma abusando sexualmente de niños pequeños”.

En Australia, por otra parte, el periódico The Sydney Morning Herald informa de un violento intento de asesinato múltiple de la siguiente manera:

Evie Amati jailed for brutal axe attacks at Sydney 7-Eleven” “Evie Amati encarcelada por los brutales ataques con hacha en el 7-Eleven de Sydney”.

Estas noticias resultan muy chocantes por la baja prevalencia de delitos violentos y sexuales cometidos por mujeres, como nos demuestran las estadísticas.

 

Estadísticas de delitos sexuales en España, 2017, desagregados por sexo. Fuente: INE.

 

Los delitos sexuales cometidos por las mujeres son únicamente el 4,30% del total registrado, correspondiendo a los hombres una apabullante mayoría del 95,70% restante. Sin embargo, cuando entramos a leer los artículos, nos encontramos en todos los casos con una información no anticipada por el titular. En concreto: En el primer caso –la noticia de Sheffield (Reino Unido)–, al acceder al contenido del artículo encontramos la siguiente somera aclaración:

a transgender woman whose legal forename is Anthony” : “una mujer transgénero cuyo nombre legal es Anthony”.

En la noticia de los Estados Unidos únicamente encontramos el siguiente texto:

Jakob Nieves, who also goes by the name Dakota” “Jakob Nieves, quien también utiliza el nombre de Dakota”.

Y en la noticia de los ataques de Sydney la siguiente información:

She said her mental health had deteriorated since she started taking hormones to transition from male to female.” “Ella dijo que su salud mental se había deteriorado desde que empezó a tomar hormonas para su transición de varón a mujer”.

De manera que se trata en los tres casos de delitos cometidos por varones que se identifican como mujeres, hayan cambiado o no su estatus legal o su anatomía.

Los ejemplos escogidos son chocantes por su crudeza, pero no resultan aislados. Como he comentado al principio, este tratamiento informativo se está generalizando en los países anglosajones por una determinada interpretación de lo políticamente correcto.

De hecho, al igual que el Sydney Morning Herald, la BBC ni siquiera ha considerado relevante mencionar ni una sola vez la palabra “transgénero” en su cobertura del caso de Evie Amati:

Sydney axe attack: Woman guilty of trying to kill strangers.”[] “Ataque con hacha en Sydney: una mujer es culpable de intentar matar a desconocidos”.

La única mención a su condición de varón trans se encuentra en la siguiente frase:

Amati testified that her mental health had declined after she began taking hormones to transition from male to female.” “Amati testificó que su salud mental había declinado tras empezar a tomar hormonas para transicionar de hombre a mujer”.

Sin embargo, dado que existe una gran diferencia en los patrones de comportamiento social y delictivo en nuestra sociedad según los sexos y que para el feminismo visibilizar y hacer frente a la violencia masculina es una cuestión fundamental, me pregunto qué consecuencias puede tener este sesgo informativo aunque sea bienintencionado. Puede que sea necesario aclarar en este punto que creo firmemente que cada persona puede vivir su vida como desee, además de creer más firmemente aún que los estereotipos de género son tremendamente dañinos para ambos sexos, por lo que siempre he sentido mucha simpatía hacia todas las personas que expresan su rebeldía frente a los mandatos del género, como es común en las feministas. No tengo una visión determinista de los sexos y creo que las distintas personalidades deben permitirse ser expresadas como más conveniente les resulte.

Por otra parte, la violencia masculina en nuestra sociedad ha sido siempre muy evidente para mí por razones personales y cualquier circunstancia que pueda impedir al feminismo denunciarla en toda su amplitud me resulta muy preocupante.

Ambas posiciones no son contradictorias. Las personas de talante conservador achacan estas diferencias de comportamiento entre los sexos a la biología y a una supuesta naturaleza pasiva por parte de la mujer; el feminismo, por otra parte, considera que esta diferencia de comportamientos está directamente relacionada con la diferente socialización recibida por las niñas y niños desde su nacimiento, la cual se traduce en juegos violentos para ellos pero muñecas, maquillaje y cocinitas para ellas. El entrenamiento recibido, por llamarlo de alguna manera, es radicalmente diferente.

Volvamos a las estadísticas que nos ofrece el INE, desglosando ahora los delitos sexuales según tipología:

 

 

Aparece un pequeño número de mujeres en los delitos de agresión sexual, abusos sexuales, acoso sexual, exhibicionismo, etc. Pero ninguna en el delito de violación. Veamos cuál es la definición de este delito en nuestro Código Penal:

Artículo 179.

Cuando la agresión sexual consista en acceso carnal por vía vaginal, anal o bucal, o introducción de miembros corporales u objetos por alguna de las dos primeras vías, el responsable será castigado como reo de violación con la pena de prisión de seis a 12 años”.

De manera que no es materialmente posible tener “acceso carnal” (término legal para indicar penetración del órgano genital masculino) sin contar con un pene, con lo que las mujeres sólo podrían cometer un delito de violación en caso de “introducción de miembros corporales u objetos”, lo cual tampoco sucede. No parece haber necesidad de penetración en la psique femenina.

En el Reino Unido, la consideración del delito de violación es muy similar, especificando con todas las letras la necesidad de contar con un pene para la definición legal de violación:

«Offences committed on or after 1 May 2004 are prosecuted under the Sexual Offences Act 2003. The 2003 Act extends the definition of rape to include the penetration by a penis of the vagina, anus or mouth of another person.» [https://www.cps.gov.uk/publication/cps-policy-prosecuting-cases-rape]: ( “Los delitos cometidos el o después del 1 de mayo de 2004 serán procesados según la Ley de Delitos Sexuales de 2003. La ley del 2003 amplía la definición de violación para incluir la penetración por un pene de la vagina, ano o boca de otra persona”.)

Sin embargo, en el Reino Unido, nos encontramos con el siguiente artículo en el periódico The Times (marzo 2018) en relación al incremento de violencia por parte de las mujeres británicas y a la cifra récord de mujeres condenadas por delitos sexuales, en el que se indica, además, la siguiente información:

«Six females were convicted of rape» “Seis mujeres fueron condenadas por violación

Pero, si la definición de violación según la normativa del Reino Unido requiere de penetración con un pene, ¿cómo es posible condenar a mujeres por dicho delito si ello es materialmente imposible? Ello resulta posible si las autoridades, al igual que están haciendo los medios de comunicación, registran el dato del sexo (en realidad, el género) en función de la autodeclaración de la persona detenida. Y, efectivamente, eso es lo que está sucediendo. La prueba nos la ofrece de nuevo el periódico The Times en su artículo de marzo 2019:

Letting criminals self-identify gender ‘putting women at risk’” :Permitir a los delincuentes autoidentificar su género pone a las mujeres en riesgo”.

En el artículo, se recoge el hecho de que el ministro de Justicia escocés (equivalente a consejero autonómico en España) confirmó ante el Parlamento de Escocia que los delitos se registran en función de la autoidentificación del género de las víctimas, testigos y sospechosos.

La diputada Joan McAlpine declaró: “Aparte de la corrupción estadística, no puedo ser la única mujer que encuentre profundamente ofensivo que la violencia sexual masculina sea registrada como un delito femenino”.

La propia Policía escocesa confirmaba en junio que seguían este criterio, no avalado por ninguna ley en vigor, por el que se permite a los acusados de un crimen autodeclarar su género sin aportar ningún tipo de documentación, algo que les ha valido críticas por parte de asociaciones feministas:

Police Scotland criticised over allowing suspects to self-identify gender” La Policía en Escocia es criticada por permitir a los sospechosos autoidentificar su género”.

Según se indica en el artículo, ha sido este año 2019 cuando el público ha conocido el cambio de criterio, pero la policía escocesa no ha sido capaz de confirmar la fecha de dicho cambio en la recogida de los datos. Según ellos, ha sido una política que ha “evolucionado con el tiempo”.

En Canadá, en la misma línea, las personas acusadas autodeclaran igualmente su género, considerándose éste masculino o femenino según la “expresión pública” de cada persona, sin aclarar si esto se limita a cuestiones superficiales como vestimenta, peinado, etc. Esta política oficial no ha sido comunicada públicamente sino que ha sido una feminista quien acogiéndose a su derecho de consulta a las autoridades, ha obtenido una respuesta oficial:

«Statistics Canada is No Longer Recording the Sex of Criminals and They Have Not Bothered to Inform the Public“(El Instituto de) Estadísticas de Canadá ya no recoge el sexo de los delincuentes y no se han molestado en informar al público”.

De manera que en los países anglosajones se están mezclando en las estadísticas oficiales y sin posibilidad de distinción, los delitos cometidos por varones con los cometidos por mujeres, difuminándose de esta manera la violencia masculina, muchísimo más predominante, como nos muestran las estadísticas que aún se desagregan por sexo, como las recogidas en nuestro país.

Por si fuese necesario aclarar el concepto de autoidentificación del género, se refiere a la percepción íntima que algunas personas declaran tener aunque ello contradiga su realidad biológica y sin que sea necesario que sea avalada por ningún especialista de la medicina o psicología. De ahí que muchas de las personas transgénero no realicen intervenciones en su organismo y por ello, muchos varones deciden retener sus genitales completos, aunque consideren que su esencia interior sea femenina.

El concepto de autoidentificación se contrapone al procedimiento seguido hasta ahora, en el que sólo era posible cambiar legalmente el sexo en la documentación personal tras haber seguido un período determinado de seguimiento con profesionales especializados, por lo que era también más fácil poder contar con indicadores respecto de sus circunstancias o evolución.

Por ejemplo, en Suecia se publicó en 2011 un estudio de seguimiento continuado (1973-2003) a la totalidad de las personas transexuales que se habían sometido a cirugía de reasignación genital en dicho país durante el mencionado período (en total, 324 personas: 191 varones que habían transicionado a mujer y 133 mujeres que habían transicionado a hombre).

El objetivo del estudio era estimar la mortalidad, morbilidad y ratios de criminalidad tras la transición médica:

«Long-Term Follow-Up of Transsexual Persons Undergoing Sex Reassignment Surgery: Cohort Study in Sweden” 

En las conclusiones se establece que las personas que sufrieron cirugía de reasignación genital tenían considerablemente mayores riesgos de mortalidad, conducta suicida y morbilidad psiquiátrica que la población general. Y, en relación a la criminalidad, se especifica que

Female-to-males, but not male-to-females, had a higher risk for criminal convictions than their respective birth sex controls.” ( “Las mujeres que transicionan a hombre, pero no los varones que transicionan a mujer, tenían un mayor riesgo de condenas penales que sus respectivas poblaciones de control según cada sexo”.)

Es decir, los patrones de criminalidad de los varones que se han sometido a cirugía de reasignación genital, tras un período de acompañamiento en su transición con profesionales especializados, no varían respecto a la población de control del estudio (varones de edad y otras circunstancias similares, que no han sufrido este tipo de cirugía).

Por lo que no cabría esperar que los patrones de comportamiento delictivo en los varones que autoidentifican su género sufriesen tampoco ninguna variación respecto del conjunto de la población masculina, los cuales son muy diferentes de los de las mujeres.

Esta posibilidad de la autoidentificación del género genera otros problemas en la monitorización de la violencia masculina, en concreto en relación a la llamada violencia de género (violencia ejercida por hombres contra mujeres), ya que puede ser utilizada para manipular de forma muy consciente las cifras de violencia machista.

José Luis Sariego Morillo, abogado de familia y coautor, nada menos, del libro “Manual del síndrome de alienación parental” (Planeta-Paidós 2017), síndrome que el propio Poder Judicial insiste que no debe ser utilizado para privar a mujeres de las custodias de sus hijos, por tratarse una teoría «pseudo-científica» , escribió el pasado junio un incalificable artículo en la web Confilegal (diario digital especializado en información jurídica) titulado “Cómo evitar ser acusado en un Juzgado de Violencia sobre la Mujer” , en el que vertía los siguientes consejos (el destacado es mío):

(…) las leyes autonómicas han ido más allá, y hablan de identidad de género que es cuando una persona se percibe a sí misma con otro sexo u orientación sexual.

Este derecho permite a cualquier hombre identificarse a sí mismo como mujer en cualquier momento, por ejemplo, cuando es denunciado por su pareja, o en el momento de la detención“.

Por ello, si un hombre dice que se siente mujer cuando es detenido por la Policía o la Guardia Civil, no se le puede aplicar el “protocolo de actuación” de violencia de género de la SES del Ministerio del Interior.

Asimismo, si la denuncia va a un juzgado especial de Viogen, se ha de plantear de inmediato una cuestión de falta de competencia funcional del Juzgado, por cuanto se está en un Juzgado que no puede investigar a un ciudadano con identidad de género diferente a la de ser hombre y heterosexual“.

Parece un poco loco el argumento de este artículo, pero en los países donde se vienen aplicando leyes similares sobre identidad de género, ya existen sentencias que me dan la razón porque, al fin y al cabo, los jueces deben aplicar las leyes que aprueban los políticos que son, a la sazón, los legisladores que han aprobado estas leyes”.

De manera que la corrección política y legislación progresista pueden ser utilizadas, incluso con toda la intención, de forma que invisibilicen la violencia machista sobre la mujer.

Debemos exigir a nuestra clase política legislación y actuaciones que protejan a colectivos vulnerables sin que ello implique ningún tipo de merma en las protecciones, garantías o seguridad de las mujeres, el mayor colectivo vulnerable del planeta.


Pa’trás, ni pa’ tomar impulso.

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COMENTARIOS

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    Irene 1 mes

    Digamos mas bien que los derechos de las personas trans se están utilizando como excusa para quitarles a las mujeres sus derechos y volver a encerrarlas en casa. En estos países ya esta habiendo casos de chicas que no van a la escuela cuando tienen la regla porque están obligadas a compartir el baño con sus compañeros varones que se identifican como trans. Y si a los hombres se les permite acceso a las divisiones femeninas de los hospitales según su identificación (en Inglaterra ya hay un nuevo protocolo sobre esto), cuantas mujeres preferirán quedarse con su enfermedad, por muy grave que sea, antes que ser hospitalizadas? Etc…

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