La pobreza energética en Madrid tiene rostro de mujer

La pobreza energética en Madrid tiene rostro de mujer

natasaelena / shutterstock

Carmen Sánchez-Guevara, Universidad Politécnica de Madrid (UPM); Ana Sanz, Universidad Politécnica de Madrid (UPM); Cristina Linares Gil, Instituto de Salud Carlos III; Francisco Javier Neila González, Universidad Politécnica de Madrid (UPM); José Antonio López Bueno, Universidad Complutense de Madrid; Julio Díaz, Instituto de Salud Carlos III; Marta Gayoso Heredia, Universidad Politécnica de Madrid (UPM) y Miguel Núñez Peiró, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

Según el Estudio técnico sobre pobreza energética en la ciudad de Madrid, un 23 % de los hogares madrileños se encuentra en riesgo de pobreza energética. Entre ellos, más de la mitad tienen a una mujer como sustentadora principal. Esto tiene implicaciones para el abordaje de estudios sectoriales sobre la pobreza energética de la población.

A día de hoy, son escasos los informes que recogen la existencia de una brecha de género asociada a la vulnerabilidad energética. El informe de Ingeniería sin Fronteras y el documento sobre el papel de la mujer en la transición energética del Parlamento Europeo solicitado por FEMM committee han sido de los primeros estudios en abordar esta temática de forma específica.

Feminización de la pobreza energética en Madrid

La Universidad Politécnica de Madrid, en colaboración con investigadores del Instituto de Salud Carlos III, está desarrollando el proyecto FEMENMAD: Feminización de la pobreza energética en Madrid. Exposición a extremos térmicos. Este proyecto está financiado por el Ayuntamiento de Madrid y su objetivo es detectar las desigualdades de género en materia de pobreza energética en los hogares de la capital.

Entre los principales resultados obtenidos hasta el momento se ha detectado que la vulnerabilidad de sufrir pobreza energética aumenta significativamente en el caso de los hogares liderados por mujeres, pasando de un 23 a un 32 %. Este riesgo puede llegar, además, hasta el 45 % en hogares unifamiliares de mujeres mayores de 65 años, e incluso al 51 % en hogares monomarentales.

Los resultados confirman que, en aquellos hogares donde la mujer proporciona el sustento principal, el riesgo de sufrir pobreza energética se incrementa entre un 35 y un 120 % con respecto a la media del municipio.

Brecha de género, también en salud

Una de las consecuencias más graves de la pobreza energética es el impacto que supone sobre la salud de las personas que la sufren. El género supone también aquí un factor diferenciador: las mujeres pasan más tiempo que los hombres en la vivienda debido a un reparto desigual de las labores de cuidados (atribuidas históricamente a ellas) y sufren por lo tanto de manera directa la exposición a condiciones de habitabilidad adversas. Además, la respuesta fisiológica al calor es diferente según el sexo.

Estudios previos sobre la mortalidad han mostrado diferencias en el impacto que el calor tiene en hombres y en mujeres. Por cada grado en que la temperatura máxima diaria supera los 36 °C, se produce un incremento de la mortalidad por todas las causas de un 14,7 % en los hombres de 65-74 años, mientras que en las mujeres es del 16,2 %.

Ese efecto se ve mucho más marcado en el grupo de mayores de 75 años. En este caso, la mortalidad por cada grado por encima de 36 °C es del 12,6 % para los hombres y del 28,4 % para las mujeres.

También encontramos diferencias por género en los ingresos hospitalarios en la Comunidad Madrid. La temperatura a partir de la que los ingresos por todas las causas aumentan de forma estadísticamente significativa en relación al calor es de 34 °C en vez de 36 °C, como ocurría para la mortalidad diaria.

Para los hombres no se producen ingresos por calor, mientras que para las mujeres estos aumentan un 0,8 % por cada grado en que la temperatura máxima diaria supera los 34 °C. Lo mismo ocurre para los ingresos por causas respiratorias: los hombres no ingresan por esta causa, mientras que los ingresos de mujeres aumentan un 3,8 % por cada grado por encima de la temperatura umbral de 34 °C.

La diferente fisiología de hombres y mujeres puede explicar estas diferencias. Pero es indudable que también influyen otros factores como los diferentes estilos de vida, las distintas condiciones socioeconómicas, las condiciones de las viviendas e incluso las diferentes patologías que afectan a uno u otro género.

Diferencias entre barrios

Es necesario conocer los barrios y las viviendas que habitan estas mujeres para mejorar su situación. También lo es profundizar en las diferentes problemáticas que enfrentan las madrileñas ante el riesgo de sufrir pobreza energética.

Hogares madrileños con mujeres sustentadoras al frente y riesgo de sufrir pobreza energética.
FEMENMAD, Author provided

En este sentido, las mujeres mayores de 65 años que viven solas se concentran en los distritos de Moratalaz, Chamberí, Ciudad Lineal y Salamanca. Sus viviendas se caracterizan por ser antiguas y de gran superficie, lo que repercute en una mayor demanda de energía.

La pensión media más alta para las madrileñas se da en Chamartín y está por debajo de la pensión media más baja entre los hombres, registrada en Puente de Vallecas. Esta enorme desigualdad en los ingresos de las pensionistas las sitúa en una posición de clara desventaja frente a los varones.

Hogares con una mujer sola mayor de 65 años y el riesgo a sufrir pobreza energética.
FEMENMAD, Author provided

Los hogares con altas necesidades energéticas se concentran en los distritos del centro y del sur, donde la baja eficiencia de las viviendas se suma al incremento de las temperaturas por el fenómeno de la isla de calor urbana. Ante estas condiciones extremas, la imposibilidad de utilizar aire acondicionado en verano los sitúa en una posición más vulnerable durante los meses más cálidos.

En cambio, los hogares monomarentales se concentran en las áreas periféricas de la ciudad: los distritos de Villa de Vallecas, Vicálvaro y Hortaleza. Estos hogares tienden a ocupar un parque de viviendas de reciente construcción, pero el 50 % de estas familias se encuentran bajo el umbral de la pobreza monetaria. Su vulnerabilidad ante la pobreza energética aumenta, por tanto, por su incapacidad de hacer frente a las facturas.

Hogares monomarentales madrileños y riesgo de sufrir pobreza energética.
FEMENMAD, Author provided

Próximos pasos

Los resultados obtenidos hasta ahora demuestran la existencia de una desigualdad de género asociada a la pobreza energética en la ciudad de Madrid. Sin embargo, la información estadística disponible presenta limitaciones, por ejemplo, para analizar las desigualdades intrahogar que pueden estar produciéndose.

Durante los próximos meses, el equipo de investigación espera avanzar en la recogida de datos de hogares con el fin de ampliar el análisis de la situación de las mujeres. El proyecto quiere contribuir a la incorporación de un enfoque integrado de género en las políticas de vivienda y salud pública para reducir las condiciones de pobreza energética en Madrid.The Conversation

 


Carmen Sánchez-Guevara, Profesora ayudante doctora en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura, Universidad Politécnica de Madrid (UPM); Ana Sanz, Investigadora en el Departamento de Urbanística y Ordenación del Territorio, Universidad Politécnica de Madrid (UPM); Cristina Linares Gil, Investigadora en el Departamento de Epidemiología y Bioestadística, Instituto de Salud Carlos III; Francisco Javier Neila González, Catedrático de universidad en el Departamento de Construcción y Tecnologías Arquitectónicas, Universidad Politécnica de Madrid (UPM); José Antonio López Bueno, Investigador en el Área de Salud y Bioestadística, Universidad Complutense de Madrid; Julio Díaz, Jefe de área del Departamento de Epidemiología y Bioestadística, Instituto de Salud Carlos III; Marta Gayoso Heredia, Investigadora posgraduada no doctora, Universidad Politécnica de Madrid (UPM) y Miguel Núñez Peiró, Investigador en el Departamento de Construcción y Tecnologías Arquitectónicas, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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