El peligro de la falsa equidistancia

Vamos para atrás, como los cangrejos. Esta es una frase que cada vez oigo con más frecuencia entre mis amigas y amigos que tienen por bandera la lucha por la igualdad. O sea, el feminismo, que hay que llamar a las cosas por su nombre y la propia RAE define el feminismo como el movimiento que lucha por la realización efectiva del principio de igualdad de derechos entre la mujer y el hombre.

Pues bien, aunque me he resistido con uñas y dientes a reconocerlo -que a mí a optimista y positiva no me gana ni la mismísima Junta de Andalucía- he de claudicar. Vamos hacia atrás sin que quepa duda alguna. Y me atrevo a decir que no como los cangrejos, sino como un bólido desbocado en que se atascó la marcha atrás.

Mira que llevamos tiempo con eso de que el feminismo y el machismo no son equivalentes, ni antónimos. Y, desde luego, no son equidistantes. El feminismo está dentro de la ley, y cualquier asociación que lo promueva no solo es legal sino que es deseable, y el otro, el machismo, está o debería estar fuera, y cualquier asociación que lo promueva será, de inmediato, declarada ilegal por ilicitud de su objeto, si es que llega a existir. Exactamente igual que no existiría una asociación racista, ni se pueden equiparar a quines luchan contra el racismo con los partidarios de la discriminación por razón de raza.

El feminismo está dentro de la ley, y cualquier asociación que lo promueva no solo es legal sino que es deseable, y el otro, el machismo, está o debería estar fuera, y cualquier asociación que lo promueva será, de inmediato, declarada ilegal por ilicitud de su objeto,

Pues bien, aunque parecía que poco a poco a poco se iba asumiendo, después de las meteduras de pata de algunos blogeros y famosillos de pro, nos encontramos que, al menos, un periódico de considerable tirada, al hablar de la investidura de la presidente de la comunidad e Madrid, resume los términos del debate en el enfrentamiento “feminismo vs machismo”, Me gustaría preguntarle al autor o autora del artículo a quien les coloca el dorsal de uno u otro, a ver si eso me aclara algo. Pero no creo. Lo que sí estoy segura en que ningún protagonista se conformaría con dicha asignación

Por desgracia, esto no es más que fruto de los nuevos tiempos. De unos nuevos tiempos en que, en lo que a igualdad de género se refiere, hemos retrocedido hasta el punto de cuestionar cosas que se consideraban incuestionables. Y sí, me refiero a la Ley Integral de Violencia de Género, esa ley que en 2004 se aprobó por unanimidad de toda la Cámara, incluido uno de los partidos que hoy no solo pacta con quien niega su existencia, sino que se niega a pronunciar su nombre como si le saliera ictericia con solo pronunciar estas tres palabras juntas: Violencia de Género.

Y claro, una cosa lleva a la otra. De pronto, para no molestar a los negacionistas que han metido cabeza en las instituciones y tienen que hacer de muleta de otros, se hace tabla rasa del debate. Y tenemos que tragarnos que en el Parlamento y, por supuesto, en tertulias de café de televisión y de redes sociales, se considere por igual a quienes defienden la existencia de la violencia de género y luchan contra ella y a quienes niegan su existencia y abogan por la derogación de toda ley que la reconozca y le proporcione recursos y medios. Así, ya hemos llegado, dando pasos atrás, hasta la famosa equidistancia.

No podemos consentirlo. No podemos reducir a una cuestión de opinión algo tan incuestionable cómo si existe la violencia de género o no existe, si hay que legislar para proteger a las víctimas o no hay que hacerlo. Y esto por una razón muy sencilla. Quienes abogamos por la defensa de la ley de violencia de género estamos defendiendo la legalidad vigente, y quienes la niegan no están haciendo otra cosa que luchar por subvertirla, por subvertir una ley que ha sido declarada, más de cien veces, constitucional por el supremo garante de la Constitución, el Tribunal Constitucional, según ese texto supremo con que a algunos se les llena la boca para otras cosas.

el hecho de que la eliminación de los judíos estuviera consagrada legislativamente no convierte en buenos los actos que la llevaran a cabo.

No hay equidistancia posible entre quienes defienden el cumplimiento de la ley y quienes defienden su incumplimiento, nos pongamos como nos pongamos. Sea cual sea la autoridad de que aparezca revestido quien se opone a la ley. No olvidemos que quienes vestimos toga hacemos un juramento por el que debemos guardar y hacer guardar la Constitución y resto del ordenamiento jurídico. Ordenamiento jurídico en el que se encuentra, les guste o no a algunos, la Ley Orgánica de medidas de Protección integral contra la violencia de género.

Ya sé que habrá quienes, a toda velocidad, me traigan el manido ejemplo de la legislación nazi, y que esgriman que el hecho de que la eliminación de los judíos estuviera consagrada legislativamente no convierte en buenos los actos que la llevaran a cabo. Y, como no podía ser de otro modo, estoy de acuerdo. Pero a quienes utilizan semejante argumento se les olvida traer a colación un pequeño detalle: nuestra ley es democrática, fruto de un consenso ente todos los partidos que representaban en las Cortes a todos los españoles y españolas que les habían votado, cosa que en absoluto puede predicarse de la legislación de Hitler y sus secuaces –de Alemania y de fuera de Alemania-, como sabemos. Por más que les guste el ejemplo y eso de llamarnos feminazis crean que es un toque ingenioso que les va a dar puntos en el festival del humor.

No obstante, aunque quizá sea el más evidente, no es el único ejemplo de esa mal entendida equidistancia que no debe ser tal por tratarse de defensa de la ley contra el ataque a la misma. Otro caso vendría dado por la gestación subrogada, eufemismo elegante de lo que toda la vida se ha llamado “vientre de alquiler”. Se insiste en que es una cuestión de opiniones, que lo que hay es una situación de alegalidad que necesita ser regulada y argumentos semejantes. Pues bien, no olvidemos que, aunque quieran hacer entender otra cosa, no se trata de una situación que no tiene regulación y la necesita. El contrato de alquiler de vientre está contemplado en nuestra legislación en el sentido de prohibirlo, y no hay laguna legal que valga. Así que no se trata de opinión sino de legalidad pura y dura.

Por último, me gustaría llamar la atención sobre un detalle, aun a riesgo de ser malinterpretada. Por regla general, quienes niegan la existencia de la violencia de género o evitan la prohibición de la gestación subrogada pueden llegar a usar distintas varas de medir. Son defensores a ultranza de la ley para otras cosas, como ocurre con todo lo relacionado con el independentismo, pero no la defienden tan a machamartillo cuando de otros temas se trata. Y aquí, por supuesto, tampoco aplican la tan traída y llevada equidistancia.

Ojalá me equivoque, y el bólido que va desbocado marcha atrás enderece a tiempo su camino. Porque, de lo contrario, habrá que agarrarse los cinturones. Las curvas nunca son equidistantes.

 

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COMENTARIOS

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    Eva Paz 1 mes

    El peligro de mama reptil.

    Mama reptil no sabe diagnosticar a las crias cuando les falta algun nutriente o sufren una sobrecarga psicologica.
    Mama reptil se aprovecha en esas situaciones.
    Pero un porcentaje de las crias de mama reptil sobreviven y prosperan, pero su cuerpo no puede olvidar.

    En los confines de la biologia esta el motivo de la imposibilidad de su ideal de sociedad.

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