Declaración del Estado de Emergencia Feminista: 20S

Declaración del Estado de Emergencia Feminista: 20S

El verano vuelve a resultar insoportable y asfixiante. El odioso calor parece cada vez más intenso a medida que avanzan las vacaciones estivales. Aumenta el peligro, más asesinatos machistas, más violencia, más agresiones. El tiempo libre, el ocio y las fiestas se convierten en aliados del enemigo machista, violento y asesino. El número mil quedó atrás hace mucho tiempo y nos encaminamos hacia el dos mil, las muertes no cesan. Así de repugnante y así de despiadado es como suena realmente. Crímenes, violencia, manadas, violadores, abusadores, pederastas, proxenetas y mujeres asesinadas, maltratadas, vendidas, compradas y alquiladas. El verano es así, todo se mezcla y se confunde. Entre el descanso, la playa y el calor encontramos la violencia y las muertes. Un momento del año en el que se acentúa la inclinación, tan habitual en los últimos tiempos, a utilizar expresiones que pueden parecer más técnicas y menos emotivas, todo ello hace posible una visión más aséptica y desembarazada de contenido sentimental o moral. Los discursos eufemísticos suelen acompañarse de imágenes que, por una parte, muestran normalidad y naturalidad y, por otra, amabilidad y sensibilidad.

Estado de Emergencia Feminista. Se trata de un grito contra la barbarie, una esperanza en la lucha: unidas seremos más fuertes. Las muertes y violaciones producidas durante el verano dejan el rastro que conduce al clamor contra todo tipo de injusticias causadas por el terrorismo machista

Un menor y trece mujeres han sido asesinadas en julio y, sin embargo, aparece la tendencia a suavizarlo todo, a normalizarlo, a enseñar la cara afable, quizás para no fastidiar el verano y proporcionar de todo una imagen casi lúdica y divertida. Mientras la violencia y los asesinatos aumentan surgen campañas ridículas que muestran a mujeres felices y sonrientes que se supone han sido maltratadas. Carteles que no exponen una sola referencia a la violencia machista y mujeres con un aspecto impecable que parecen decirnos: no pasa nada, solo tienes que llamar, mira que feliz puedes ser. Mostrar el horror de la verdadera realidad en la que viven muchas mujeres debe quedar feo, no es estéticamente aceptable, desentona con el verano. La idea está clara ¿Por qué mostrar terribles imágenes de mujeres maltratadas, torturadas o asesinadas en lugar de mujeres radiantes de alegría? Probablemente el mensaje no pretende quedarse en esta pregunta superficial, obviamente trata de transmitir un sentido positivo. Algo así como “tú puedes salir de esta situación, volverás a ser estupenda, vivir merece la pena y tú puedes conseguirlo”. Pero también es evidente que no crítica ni denuncia el dolor y la violencia machista que son la verdadera causa de estas situaciones. La profundidad del mensaje está vacía, limpia, carece de toda referencia a lo despreciable del asunto. Solo a ella se le pide que actué, que tome la iniciativa, que sea feliz. Una forma de no delatar a los culpables y de ofrecer únicamente una visión positiva y optimista.

Carteles que no exponen una sola referencia a la violencia machista y mujeres con un aspecto impecable que parecen decirnos: no pasa nada, solo tienes que llamar, mira que feliz puedes ser. Mostrar el horror de la verdadera realidad en la que viven muchas mujeres debe quedar feo, no es estéticamente aceptable, desentona con el verano

Tampoco sabemos de las necesidades de las mujeres que se ofrecen a gestar bebés de los que se desprenderán en el momento del nacimiento, ni vemos muchas imágenes de esas espantosas granjas de mujeres preñadas que parirán hijos que serán comprados por otros, o según reclaman algunos, niños y niñas acogidos gracias a la libre voluntad de una madre altruista, perdón, madre no, gestante altruista. Muchos se escandalizan por este uso del lenguaje. Y, de nuevo, vemos imágenes de padres que desbordan amor y felicidad porque han conseguido satisfacer su deseo de tener hijos, superando todas las adversidades por un precio razonable y asequible, porque la imposibilidad biológica o las dificultades para engendrar hijos puede superarse. Las contracciones, el parto, la sangre, el dolor, los problemas durante el embarazo, la cesárea que es casi segura… son palabras que no deben usarse, expresiones que están casi prohibidas cuando se habla de los vientres de alquiler, perdón, de la gestación subrogada. Los tecnicismos y el nuevo lenguaje creado para la ocasión entran en contradicción con una descripción objetiva de lo que realmente sucede. La dureza y el tormento que entrañan todos estos sucesos quedan desterrados de las descripciones que se presentan.

Asumo el riesgo de crear polémica por comparar y mezclar diferentes temas, pero siento la obligación moral de hacerlo y de expresar la repulsa contra todos los actos crueles. En todos los casos desaparece lo malsonante, lo feo, lo violento, se ocultan las imágenes que podrían mostrar los hechos desnudos, hechos brutales. Y se muestran imágenes agradables, tratando de despertar simpatía y afectos positivos. Los eufemismos resultan agotadores, las bonitas imágenes que encubren la realidad son sofocantes y resultan verdaderamente angustiosas. ¡Qué no nos engañen! No debemos seguir soportándolo, no debemos mirar para otro lado, nos están amenazando, nos están violando, nos están comprando y vendiendo y nos están matando. ¡Qué no nos confundan más! Debemos alzar la voz y combatir el machismo.

Esta situación es insostenible y, por esta razón, la Plataforma feminista de Alicante ha presentado recientemente un comunicado en el que declara el Estado de Emergencia Feminista. Se trata de un grito contra la barbarie, una esperanza en la lucha: unidas seremos más fuertes. Las muertes y violaciones producidas durante el verano dejan el rastro que conduce al clamor contra todo tipo de injusticias causadas por el terrorismo machista. El próximo 20 de septiembre se convocará una manifestación para iluminar la oscuridad e inundar todos los rincones de nuestras las calles y llenar la noche de luz violeta. Reaccionemos, no debemos aceptar y normalizar la violencia, enfrentémonos a ella con el firme objetivo de expulsarla de nuestras vidas para siempre y ser libres. Muchas ciudades se sumarán a esta iniciativa, es necesario gritar, es el momento de exigir paz, igualdad y libertad. La emergencia feminista se extenderá para reclamar y exigir el final de la violencia machista institucionalizada por el patriarcado.

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