La endometriosis, una lucha ecofeminista desconocida (II)

La endometriosis, una lucha ecofeminista desconocida (II)

La endometriosis es una enfermedad muy relacionada con la contaminación ambiental. Ante la proliferación de la endometriosis en las últimas décadas y el aumento de casos que empeoran de forma veloz y agresiva, numerosas afectadas se preguntan qué pueden hacer para evitar exponerse a tóxicos ambientales que podrían estar agravando su condición.

En un almuerzo de nuestro colectivo es muy frecuente que muchas de nosotras realicemos dietas con numerosas restricciones alimenticias que intentan evitar la exposición a disruptores endocrinos. Muchas afectadas tienen un marcado interés por conocer el modo concreto en que los tóxicos ambientales se relacionan con la endometriosis para poder adoptar hábitos de vida saludables.

He observado que en algunos casos se produce un excesivo rigor en las pautas vitales. Creo que tal vez sería pertinente la reflexión de la médica ecofeminista Carme Valls: “las múltiples caras de las exposiciones ambientales pueden desencadenar angustia en muchas personas cuando se inician en el conocimiento de los riesgos ambientales de la salud. Pueden creer que en todos los actos de nuestra vida, tanto en casa como en la calle, cuando comemos y cuando respiramos, podemos estar expuestos a tóxicos ambientales. Vivir con esa sensación constantemente podría incrementar la ansiedad y causar también problemas de salud”.

Al margen de la cuestión del exceso de celo, bastantes afectadas llevan hábitos de vida que procuran estar libres de tóxicos ambientales, no solo en la alimentación sino también en el uso de cosméticos y productos de limpieza. Para responder a estas necesidades del colectivo, en nuestras redes sociales difundimos este tipo de contenidos de modo cotidiano, promovemos hábitos de vida ecológicos y organizamos eventos de concienciación acerca del impacto medioambiental sobre la salud de las mujeres.

Fuentes de exposición a tóxicos ambientales:

Para resolver algunas de nuestras dudas, el año pasado entrevistamos al científico Nicolás Olea, paisano mío, en la facultad de medicina. Queríamos que nos diera algunas pautas fiables y concretas de alimentación y nos respondió: “la alimentación es clave y tenemos más percepción de su peligrosidad que en el caso de otras fuentes de exposición. En parte porque vemos cómo unos trabajadores completamente tapados y cubiertos con mascarillas echan tóxicos a unos tomates (aplicando glifosato). Puede que te preguntes cómo es posible que unos trabajadores así vestidos apliquen esta sustancia en la puerta de la escuela”.

“Es más difícil que la gente vea la importancia de los cosméticos. Pero lo cierto- señala Olea- es que tienen una gran capacidad de penetración en el organismo. El polvo de casa contiene también numerosos químicos, como retardadores de la llama y otros químicos, que se evaporan. Así llegan al polvo. El gobierno danés dice que para eliminar disruptores endocrinos es conveniente ventilar dos veces al día, no mover el polvo sino aspirarlo y no dejar los aparatos electrónicos encendidos sino apagados, porque cuando están encendidos calientan el polibromado y este se evapora y se va al polvo”.

El científico añade “hay riesgos cotidianos que no percibimos. El olor a nuevo de un coche es exposición fresca a sustancias. Igual que el olor a pintura (ftalatos, polibromados). El olor a nuevo significa que se están evaporando estas sustancias y que las estamos respirando. No es conveniente pintar la habitación de un bebé que está por nacer”.

Francisco Artacho, científico presente en la misma entrevista, añade que podemos adoptar hábitos saludables si sabemos “cuáles son las fuentes de exposición y las disminuimos. Hemos de minimizar la exposición a tóxicos. Por ejemplo los parabenos y benzofenonas tienen relación con la endometriosis. Hay que evitar los productos que tengan estas sustancias: desodorantes, champús, cremas, pintalabios, etc. A día de hoy existen líneas 0%. Debemos decantarnos por estas”.

Artacho añade: “En alimentación sabemos que el bifenol A, relacionado con la endometriosis, está en el plástico. Toda la comida envuelta en plástico puede ser perjudicial para la endometriosis. También los compuestos organoclorados, que aunque ya no se utilizan, se acumulan en el medio ambiente porque aparecen en el fitoplacton, y pasan al pececillo, al pez mas grande, al águila y finalmente al ser humano que es el animal más expuesto. Son disruptores lipofílicos, que se acumulan en la grasa. Por eso los animales y comestibles con más grasa son los más estrogénicos, los que contienen más disruptores, por ejemplo la mantequilla y los huevos. Hay que comer vegetales (aunque tengan pesticidas), es lo menos expuesto. Es preferible alimentarse de peces pequeños (que no pezqueñines) que de peces grandes porque su exposición a disruptores es menor (tienen menos tiempo de vida para acumular disruptores endocrinos)”.

La filósofa Alicia Puleo expone que “con una alimentación que no provenga de la producción ecológica, se pueden llegar a consumir hasta cincuenta variedades de pesticidas por día”. Los xenoestrógenos son sustancias químicamente similares al estrógeno femenino natural que alteran nuestro funcionamiento hormonal, incrementando en exceso nuestros estrógenos y “se encuentran en los pesticidas organoclorados, las dioxinas de las incineradoras, las resinas sintéticas, las pinturas, los productos de limpieza, los envoltorios de plástico y otros objetos de uso cotidiano”.

La médica ecofeminista Carme Valls enumera otras fuentes de riesgo tóxico que interesan particularmente a las afectadas de endometriosis: “los ftalatos están presentes en champús, acondicionadores, desodorantes, lacas para el pelo, perfumes, jabones, esmalte de uñas, envases de alimentos, recubrimiento de productos farmacéuticos de liberación prolongada, etc. Otros disruptores están presentes en los materiales de teflón como las paelleras y sartenes, impermeables, andiadherentes”.

Valls añade que “el bisfenol A se libera a partir de los productos de plástico PVC cuando estos se calientan mucho y dejan pasar el bisfenol A a los líquidos, agua y comida. Esto puede pasar con biberones, envases y latas de conserva, latas de leche para bebés, etc. Puede ocurrir cuando se calienta comida en el microondas en el interior de un recipiente o cuando se introduce un líquido caliente en un vaso o cuenco de plástico. El uso del PVC está prohibido en utensilios para bebés. Deben utilizarse alternativas como recipientes de vidrio o plásticos de polietileno. También debe evitarse el consumo frecuente de comida enlatada y las palomitas de microondas”.

La médica resalta que las mujeres estamos especialmente expuestas a estas sustancias: “también son tóxicos muchos productos de limpieza y los insecticidas que se usan en el hogar. Estos productos comparten que son solubles en grasas y pueden depositarse en las células grasas del cuerpo. Como las mujeres poseen de forma natural de un 15 a un 20% más de células grasas que los hombres, cuando las mujeres están expuestas a estas sustancias puede aumentar su nivel de estrógenos volviéndose excesivo. El exceso de estrógenos tiene efectos sobre la salud como el aumento de incidencia del cáncer de mama”.

“Las mujeres- continúa Valls- somos las más expuestas a la toxicidad de los productos del hogar como limpiadores universales, jabones y detergentes, quitamanchas, limpiacristales. Los ambientadores aportan cantidades adicionales de contaminantes orgánicos volátiles. Algunos cosméticos como los champús que contienen parabenos y formalehidos, o los desodorantes que contienen formalehido y sales de aluminio son disruptores endocrinos. Las cremas solares también contienen sustancias nocivas para la salud”.

Disruptores endocrinos desconocidos:

Como vemos, una atención cotidiana excesiva a esta cuestión podría conducir a la paranoia, especialmente en personas desesperadas por el padecimiento de un dolor crónico insoportable al que no encuentran remedio.

Los testimonios de numerosas afectadas de endometriosis ponen de manifiesto que los cambios en la dieta y en los hábitos de vida mejoran los síntomas de la enfermedad, pero la masiva exposición social a los disruptores endocrinos que se ha descrito vuelve imposible la exposición nula a los mismos.

Artacho enfatiza la dificultad de la materia, pues todavía ni siquiera se conocen todos los disruptores endocrinos. Por ejemplo, se habla últimamente de que el paracetamol podría ser un disruptor endocrino. Es una cuestión sobre la que hay que indagar. El científico señala que, al estar bajo sospecha, habría que desaconsejar por precaución su uso en fases críticas como el embarazo.

En este sentido Carme Valls señala que deberíamos tener precaución con el uso de anticonceptivos hormonales como tratamiento de las alteraciones de ciclo. Los anticonceptivos hormonales por vía oral y vaginal se convierten también en estrógenos (incluso los progestágenos se acaban convirtiendo en estrógenos en el organismo de las mujeres), tienen un efecto acumulativo y se suman a los numerosos disruptores hormonales a los que ya ha sido expuesta la mujer durante toda su vida. La científica considera que ante las actuales evidencias científicas, deberíamos actuar siempre siguiendo el principio de precaución y evitar la continua exposición hormonal a la que son sometidas las mujeres de la sociedad industrializada.

Transformar las políticas públicas:

En cualquier caso, como han señalado Pilar Aguilar o Zizek, es importante no cargar sobre la ciudadanía de a pie el peso del cambio hacia unos hábitos ecológicos. Se han depositado sobre la ciudadanía numerosas normas como reciclar, no usar coches, no hacer turismo en avión ni en barco, no comprar comida procesada, apostar por el comercio de proximidad y por la agricultura local, reducir el consumo, etc.

No cabe duda de la importancia de que la ciudadanía se implique en estos cambios, pero la transición hacia un mundo sano no se logrará solo con las acciones diarias de la ciudadanía de a pie, realizadas a veces con significativas restricciones y con un sacrificio enorme. Es necesario que obliguemos a las instituciones y empresas a que se impliquen en el cambio.

Carme Valls considera que no deberíamos cargar sobre las personas el peso de la salud ambiental, y este consejo es especialmente importante para las mujeres con endometriosis. La médica señala: “si toda la población se hace consciente de que cuidar nuestro ambiente es cuidar la salud, contribuirá a no degradar más nuestro entorno y a exigir políticas públicas que limiten la contaminación”. Es decir, la ciudadanía no puede dejar que las instituciones y grandes empresas se laven las manos mientras nos hacen sentir culpables por no tener hábitos de vida suficientemente ecológicos. Debemos demandar políticas públicas que eviten que la ciudadanía tenga que realizar esfuerzos ímprobos para evitar la exposición a tóxicos ambientales.

Alicia Puleo dice: “las mujeres deberíamos reclamar políticas medioambientales que nos tengan en cuenta”. La filósofa añade que resulta indignante saber que los intereses económicos de industrias específicas están obstaculizando la eliminación, por medio de la regulación europea, de productos dañinos que podrían ser fácilmente reemplazados por otros inocuos. No podemos ignorar que el modelo económico en el que vivimos privilegia el lucro sobre el bien común y genera un consumismo irreflexivo que causa “daños colaterales” sobre la salud, especialmente sobre la de las personas oprimidas, como las mujeres y la clase trabajadora.

Nicolás Olea añade que las instituciones saben que las enfermedades endocrinas aumentan muy rápido: endometriosis, cáncer de mama, de próstata, infertilidad…pero las soluciones que nos ofrecen son (como las afectadas de endometriosis sabemos bien) una salida hacia delante con más técnica para arreglar los problemas que han generado el capitalismo y la técnica. A nosotras nos tratan el dolor con analgésicos o, en los casos graves, con parches de morfina, y nos tratan la infertilidad en clínicas en las que algunas de nuestras compañeras han perdido todos sus ahorros con la esperanza de lograr un embarazo que nunca llegó.

Olea señala que el poder de la industria no debería frenar a la Unión Europea en su deber de regular la exposición a sustancias. Algunas fábricas de textiles o cosméticos podrían perder un poco de dinero si se realizan las oportunas regulaciones (pues tendrían que sustituir algunas sustancias por otras inocuas, de similar coste). También se perderían puestos de trabajo. Olea señala que en Cartagena hay una fábrica de General Electric que es la mayor fabrica de bisfenol A de Europa. Este es uno de los disruptores endocrinos más asociados a la endometriosis.

La agenda ambiental de las afectadas de endometriosis:

Cuando las afectadas de endometriosis acudimos al Parlamento Europeo el año pasado, consultamos las autoras y autores mencionados para elaborar una agenda medioambiental y exigírsela a las instituciones. Estos podrían ser algunos de los puntos de una agenda ecologista del colectivo:

 1-Que la Unión Europea restrinja el uso de disruptores endocrinos en la fabricación de alimentos, textiles, plásticos, envasados y pesticidas, mediante regulaciones que tenía pendientes y que se paralizaron por presiones de la industria. Olea señaló que las regulaciones tienen que tener en cuenta el “efecto coctel” al establecer los niveles de toxicidad permitida (el efecto combinado de varias sutancias) y el principio de precaución.

 Este principio implica que si existe sospecha de que una sustancia puede ser peligrosa, son la industria y las instituciones las que deben probar la ausencia de peligrosidad y no se debe exigir a la ciudadanía y a la comunidad científica que aporte pruebas totalmente concluyentes de peligrosidad, pues nos encontramos ante una materia muy compleja. Los efectos de la exposición a una sustancia pueden tardar décadas en manifestarse, además de que es difícil conectar de forma irrefutable los efectos con las causas. Por ejemplo, es dificilísimo relacionar una enfermedad que aparece en la adultez con una exposición fetal, que ya nadie recuerda, a una sustancia específica.

 2-Reducir los plásticos y prohibir los plásticos desechables como los tenedores, cucharitas y cuchillos de un solo uso (la Unión Europea ya está dando tímidos pasos en esta materia). Al final quienes ganan con esos materiales son las industrias petrolíferas.

 3-Educación de las personas en los factores ambientales de la salud. Las decisiones de cada día influyen sobre la salud y la ciudadanía tiene derecho a conocer las fundadas sospechas relativas a la peligrosidad de muchas sustancias de uso común.

 4-Identificación de los riesgos en el etiquetado. Es necesario que las consumidoras y los consumidores podamos elegir, el público tiene derecho a conocer. Aunque personalmente un político o política no crea en los estudios científicos (financiados por las instituciones públicas) que aportan sólidos indicios de la inducción endocrina, debemos exigirle que se nos especifique la composición de lo que compramos. Y deberíamos poder saber cuáles son los componentes sin necesidad de tener una gran agudeza visual (es decir, las etiquetas no deben diminutas e ilegibles). Sorprende la cantidad de parabenos que tienen las cremas que compramos. Es crucial el etiquetado, pues la situación actual vulnera el principio de precaución.

Esta exigencia debe extenderse también a los textiles. Luego hemos de saltar a la gran asignatura pendiente de la UE: el etiquetado relativo al procesamiento y el envasado de los productos. Olea señala que debemos saber cómo se ha elaborado el producto: por ejemplo, si se ha elaborado en sartenes libres de perforado. No solo queremos que se etiqueten los aditivos reconocidos, sino todos los disruptores endocrinos. Se usan muchos paquetes que tienen un coste enorme en salud: los plásticos que envuelven y contienen la comida.

Conclusión:

Para concluir este artículo quiero animar a los colectivos que integran el movimiento ecologista internacional a contar con las asociaciones de pacientes de los distintos países, pues hay muchas personas (especialmente mujeres) que estamos sufriendo en nuestros cuerpos los efectos de los tóxicos ambientales. Si la investigación y el activismo unen sus fuerzas con las de las víctimas más directas, obtendremos una fuerza mayor para lograr cambios. Las afectadas de endometriosis somos unos dos millones de españolas. Las asociaciones de pacientes, el movimiento feminista y el movimiento ecologista, podemos unirnos para firmar manifiestos y desarrollar una estrategia común.

Para contactar con la Asociación de Afectadas de Endometriosis Crónica-Adaec, pueden escribir a: info@adaec.es.

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