La endometriosis, una lucha ecofeminista desconocida (I)

La endometriosis, una lucha ecofeminista desconocida (I)

 

El ecofeminismo es la integración del feminismo y el ecologismo en una misma teoría y en una misma lucha. La filósofa Alicia Puleo expone las historias de movimientos ecofeministas de todo el mundo que pueden servir de ejemplo para comprender qué es el ecofeminismo.

Algunos de estos colectivos son las ecopacifistas de la Greenham Common, el Colectivo de Mujeres de Boston que promovía una medicina no sexista en fomento de la salud preventiva y el cuidado de la naturaleza, el movimiento Chipko de mujeres rurales del Himalaya que lucharon para salvar los bosques desde postulados ecologistas y pacifistas, el movimiento del Cinturón Verde de Kenia que promueve la vida de las mujeres rurales pobres mediante medidas ecológicas, los colectivos latinoamericanos vinculados a la Teología de la Liberación que demandan ecojusticia para las mujeres y los países empobrecidos, los movimientos por la Soberanía Alimentaria como el Vía Campesina, el liderazgo femenino de algunos movimientos por los Pueblos Originarios, los grupos de mujeres de todo el mundo que promueven la agroecología y los colectivos animalistas y ecologistas que actúan desde parámetros feministas.

Un movimiento ecofeminista poco conocido es el que conformamos las afectadas de endometriosis. La endometriosis es una enfermedad femenina en la que el tejido endometrial crece fuera de su lugar normal. Se trata de una enfermedad crónica, que afecta a muchísimas mujeres (una de cada diez) y que puede resultar incapacitante para el trabajo y la vida corriente.

El endometrio es el tejido que recubre el útero y que se desprende en cada menstruación y la enfermedad consiste en que ese endometrio crece de manera anómala, provocando quistes y adherencias que afectan al funcionamiento de diversos órganos y causando dolor. Los órganos afectados suelen ser los más cercanos al útero, como los ovarios, las trompas, la vejiga o el intestino, pero el tejido puede viajar por vía linfática y alcanzar cualquier órgano del cuerpo (por ejemplo los pulmones). Los síntomas más comunes de la enfermedad son un intenso dolor menstrual, dolor pélvico crónico, dolores con la defecación y las relaciones sexuales, dolor de cabeza y fatiga.

¿Qué tiene que ver la endometriosis con el ecologismo?

La Conferencia de la Mujer de Naciones Unidas celebrada en el año 2000 señaló que las mujeres somos las primeras perjudicadas por la contaminación ambiental. La médica ecofeminista Carme Valls explica que las sustancias tóxicas nos afectan más a las mujeres porque tenemos un mayor porcentaje de materia grasa en el cuerpo (un 15% más que en los hombres) lo que nos convierte en bioacumuladoras químicas de las sustancias liposolubles. Los tóxicos ambientales entran en el organismo por el aire, el agua, la alimentación, los cosméticos, los textiles y la utilización de plásticos.

Otra de las causas por las que las mujeres somos más dañadas por los tóxicos ambientales es que los productos que afectan al sistema nervioso central ven facilitada su entrada por los estrógenos, por lo que el cerebro de las mujeres se ve más afectado que el de los hombres aunque estemos expuestas a la misma cantidad de sustancias químicas. Además, la carencia de reservas de hierro, de predominio femenino por la menstruación en edad reproductiva, hace más vulnerable el cerebro de las mujeres a minerales y químicos ambientales.

Finalmente, existen también diferencias en las condiciones de trabajo y en la división de tareas que hacen que las mujeres estemos más expuestas que los hombres a agentes químicos potencialmente tóxicos, porque realizamos más tareas de limpieza o de proximidad con la exposición a pesticidas, como en el caso de la jardinería.

Las mujeres somos quienes estamos más expuestas a la toxicidad de los productos del hogar como limpiadores universales, jabones y detergentes, quitamanchas y limpiacristales. Alicia Puleo cita el informe de Greenpeace “La casa química”, que alerta de los daños que producen compuestos nocivos que se encuentran en el interior de los hogares: en la cocina, el baño, los dormitorios, los suelos, la ropa y el plato. Las mujeres también estamos expuestas a un mayor número de cosméticos, que son otra fuente de toxicidad ambiental (en la categoría de “cosméticos” se incluyen también las cremas y los productos de higiene como gel y champú, que contienen parabenos y otros tóxicos).

Además del sexo, también resulta relevante la clase social. Las personas que trabajan en profesiones industriales y manuales tienen una exposición mayor a sustancias contaminantes. Alicia Puleo señala, en relación con esta cuestión, que aquellas mujeres que trabajan en fábricas, campos de cultivo o trabajan en invernaderos están más expuestas a xenoestrógenos.

Los ambientadores, pinturas y los pesticidas y herbicidas arrojados a las tierras cultivadas y los parques públicos son tóxicos ambientales. Incluso el barrio o la ciudad en la que se viva inciden sobre esta exposición, pues en los barrios pobres suelen situarse las dioxinas de incineradoras, las fábricas y los focos de radiaciones electromagnéticas.

Dentro de los tóxicos ambientales merecen una mención especial los disruptures endocrinos, que son aquellas sustancias cuya estructura química puede alterar el equilibrio de las hormonas. Se ha descubierto que muchos compuestos químicos presentes en el ambiente tienen la capacidad de alterar las hormonas y cada día se identifican nuevos disruptores endocrinos.

El investigador Nicolás Olea expone que algunas de estas enfermedades son la endometriosis, la infertilidad, el cáncer de mama, algunos tipos de discapacidad intelectual, los déficits de desarrollo neuroconductual, algunas alteraciones de comportamiento, las enfermedades del tiroides, el cáncer de próstata, y las malformaciones congénitas: todas ellas parecen estar ligadas a un desarreglo hormonal.

El médico critica que la medicina parece seguir creyendo que las hormonas son algo que se limita a actuar en el interior del cuerpo, pero hay contaminantes ambientales de carácter químico que modifican nuestro equilibrio. La toxicidad ambiental afecta de muchas maneras: originando cáncer, mutación o trastornos en el embrión o feto y también modificando el equilibrio hormonal.

Los datos oficiales confirman lo que afirman las fuentes citadas: según el National Cancer Institute de Estados Unidos, entre el 70 y el 90% de los cánceres de todo tipo están relacionados con el medio ambiente. Carme Valls señala que el cáncer de mama ha aumentado de forma alarmante con la industrialización y que, aunque existe la creencia de que el cáncer de mama tiene un origen genético, en el 95% de los casos está relacionado con la sobreexposición a estrógenos. Cuanto más prolongada sea la exposición a estrógenos durante la vida, más elevado es el riesgo de cáncer.

La médica añade otras enfermedades que parecen estar asociadas con los disruptores endocrinos: las alteraciones del ciclo menstrual, el síndrome de ovario poliquístico, los fibromas uterinos, los trastornos de implantación del feto, la mama fribroquística, las enfermedades tiroideas e incluso algunas aparentemente desconectadas de las hormonas, como la fibromialgia. Las enfermedades endocrinas afectan a un mayor número de mujeres que de hombres, por que lo somos las mujeres las más afectadas por la toxicidad ambiental.

En los últimos veinte años se ha constatado un enorme incremento de la endometriosis y, aunque se desconocen las causas de esta enfermedad, es una de las enfermedades con indicios más sólidos de asociación con la contaminación ambiental. Los disruptores endocrinos asociados a la endometriosis son los que afectan a los estrógenos, porque la endometriosis es una enfermedad estrógeno dependiente.

Carme Valls señala que hay estudios que asocian la endometriosis con la exposición a ftalatos, bisfenol A, teflón, dioxinas, pesticidas y cadmio. Incluso hay estudios acerca del tipo de endometriosis que se asocia a la exposición a distintos tipos de sustancias. Así, parece que la endometriosis ovárica se asocia más a los pesticidas organoclorados, mientras que la endometriosis profunda se asocia al bisfenol A, de modo que podría ser que distintos tipos de endometriosis tengan una causa ambiental diferente.

Los estudios también apuntan que la exposición a tóxicos ambientales que causa endometriosis no es solo la que se produce durante la vida adulta, sino también aquella que comienza durante la vida fetal. En efecto, como señala Olea, las fases de mayor susceptibilidad a los disruptores endocrinos son el embarazo (especialmente los primeros cuarenta días), el primer año de vida del bebé y la pubertad. Sabemos que estas fases son las más peligrosas para el organismo, pero el problema es que los efectos de la exposición fetal pueden tardar treinta años en plasmarse y es más difícil demostrar la correlación.

Nicolás Olea apunta, en relación con la endometriosis, que uno de los disruptores que pueden estar detrás son los pesticidas organoclorados, que aunque fueron prohibidos ya hace unas décadas en los países desarrollados, su estructura química no se degrada en el medio ambiente.

Para seguir avanzando en el estudio de la relación entre la endometriosis y los tóxicos ambientales, la ginecóloga Olga Ocón y el investigador Francisco Artacho están trabajando en un proyecto de investigación de la Universidad de Granada en el que estudian cuáles de estos disruptores se asocian específicamente con el desarrollo de la endometriosis. Buscan tanto pesticidas tradicionales como disruptores endocrinos novedosos como parabenos y bezofenonas, de uso habitual en cosméticos, así como compuestos perclorados que están en utensilios del hogar como sartenes, también retardadores de la llama que están en mesas y estanterías para prevenir que prendan en un incendio.

El estudio de Granada es heredero de otro conocido estudio liderado por la ginecóloga feminista Enriqueta Barranco sobre tóxicos ambientales y sangre menstrual. En el estudio de Olga Ocón y Francisco Artacho colaboran Nicolás Olea, Marieta Fernández, Juan Pedro Arrebola, Carmen Padilla, Jorge Fernández Parra y Rafael Sotelo. Enriqueta Barranco es la directora de la cátedra que ha permitido, con su financiación, que el citado estudio de endometriosis tenga lugar. Muchas mujeres de nuestra asociación participan en este estudio para que se analice la presencia de estas sustancias en nuestros cuerpos.

La salud ambiental forma parte las reivindicaciones del colectivo de afectadas de endometriosis en todos los países, pues deseamos el alivio de los síntomas de la enfermedad, así como el hallazgo de las causas de misma y de una cura. Para muchas de nosotras la adopción de hábitos de vida ecológicos constituye el tratamiento en el que depositamos nuestras esperanzas de mejora y las investigaciones que indagan sobre las causas de la misma, como la que desarrolla la Universidad de Granada, nos parecen de máximo interés. Por eso procuramos darles divulgación y mostrar su utilidad social. En la segunda parte de este artículo expondré qué acciones ecologistas realizamos en el día a día y cuál es la agenda ecologista de nuestro colectivo. Es necesario exigir a los poderes públicos que introduzcan medidas normativas para frenar la exposición de la población a los tóxicos ambientales.

Para contactar con nosotras, la Asociación de Afectadas de Endometriosis Crónica-Adaec, pueden escribir a: info@adaec.es.

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